Son los nómadas del campus.

Estudiantes que han de alargar la jornada universitaria y cambiar de facultad entre una y otra asignatura  para no perder ninguna clase. Todo con el fin de probar las diferentes carreras antes de decidirse del todo por una de ellas. Una opción (el llamado grado abierto) que es novedad de este curso en la Universidad Pompeu Fabra.

Son 22 los alumnos que este año cursan este Grado abierto que permite a los estudiantes elegir asignaturas de diferentes carreras, para acabar de decidir cuál es su vocación.

La coordinadora del programa, Ana Delgado, subraya que en ningún caso es un recurso para estudiantes mediocres (la nota de acceso ha sido de 11’45) ni una puerta falsa de entrada al sistema, sino la respuesta a alumnos que tienen mucha capacidad e intereses muy amplios. “¿Por qué hemos de privar de la opción -se pregunta Ana Delgado- de tener un conocimiento más amplio a estudiantes que están capacitados para hacerlo?”

Pese a que en el primer curso se matriculen en créditos de diferentes grados, la filosofía es que estos estudiantes hayan terminado sus estudios en los mismos 4 años que el resto de alumnos, o estirando como mucho un trimestre más. Delgado también insiste en que el grado abierto no es un atajo para llegar a un grado sin tener la nota de corte suficiente.

Puede ser el caso de Gemma, una alumna que el curso pasado hizo periodismo en Madrid. Quiere hacer divulgación científica, y enseguida vio que en periodismo no conseguiría la especialización que buscaba. Por ello, su primera opción este curso era hacer biología. No tenía suficiente nota y se ha decidido por el grado abierto. Se ha matriculado en algunas asignaturas de Biología humana y en otras de Ingeniería Biomédica. Si terminado este curso se decidiera por la primera opción su acceso no sería inmediato y debería demostrar, aunque no está claro de qué manera, que está al mismo nivel que los alumnos que entraron en Biología con una nota de corte superior.

La teoría es muy atractiva para los alumnos (algunos expertos apuntan que en el futuro todos los estudios universitarios deberían seguir este modelo),  pero la aplicación práctica requiere también un plus de esfuerzo. Del tutor o tutora, para hacer un seguimiento cuidadoso de las preferencias y evolución de cada alumno, y de los propios estudiantes, en cuestiones tan cotidianas como cuadrar horarios o organizarse para trabajar con grupos diferentes, en los que siempre son “los nuevos”.

Alba, estudiante de primer curso del grado abierto UPF, explica la dificultad de cuadrar los horarios (audio en catalán):

Gemma, estudiante del grado abierto de UPF, explica el esfuerzo añadido que supone simultanear asignaturas de diferentes grados (audio en catalán):

A finales de este curso, Alba, Gemma y el resto de sus compañeros tendrán que elegir definitivamente qué carrera de las que han empezado quieren completar. Aquella que más les guste, pero sobre todo, subraya la tutora, aquella para la que tengan “más talento”

(Este post es traducción de un reportaje de SOLEDAD DOMÍNGUEZ en SER CATALUNYA)

 

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