La palabra es nuestra herramienta de comunicación por excelencia

Pero entre palabras, antes o después de ellas, hay silencios. Silencios que tienen un significado. A veces son mucho más elocuentes que lo que se dice. En el programa Para todos la 2 lo explica Teresa Baró, escritora, formadora, conferenciante internacional y experta en comunicación personal y lenguaje no verbal.

Los silencios ¿pueden tener tanta fuerza como la palabra?

El silencio puede tener muchísimo poder. Forma parte de nuestro comportamiento, no solo en las conversaciones o en un discurso.

Un silencio puede acarrear consecuencias muy importantes en nuestras vidas

Callarnos cuando somos espectadores de una injusticia tiene un significado, y habla de que tipo de persona somos. O cuando tenemos una información que puede beneficiar a alguien, y no la decimos. Es también un tipo de silencio, y tiene consecuencias. A veces muy positivas y a veces negativas.

Hay silencios colectivos, silencios individuales, silencios voluntarios y silencios obligados (el poder, a veces, obliga a determinados silencios).

En cualquier conversación, en nuestro día a día, es importante el saber gestionar los silencios

Si dos quieren hablar, y ninguno de ellos tiene la actitud de silencio, no hay escucha. No hay una conversación posible. La gestión de la palabra es tan importante como la gestión del silencio.

Los silencios en una conversación pueden tener distintos significados

Pueden querer decir: Quien calla, otorga, pero también pueden servir para evitar el conflicto: “mejor me callo, no voy a decir nada para no complicar las cosas”. O simplemente pueden ser un síntoma de desinterés: “para que voy a decir nada. No me interesa el tema. Ni me interesa la persona con quien estoy hablando”.

¿Hay para quien el silencio representa debilidad, sumisión?

En ocasiones podría serlo. Hay personas que no hablan porque no se atreven, o porque no se creen en la posición de poder opinar.

El silencio también es una señal de poder

Hay jefes, por ejemplo, que pueden estar mirando a un subordinado en silencio, durante largo rato, y esta es una forma de ejercer autoridad, de ejercer poder. Es algo que hacen también los profesores, el mirar en silencio a alguien. Y le están transmitiendo una información importantísima: “yo tengo poder sobre ti”.

La personas que tienen seguridad en sí mismas, soportan mejor los silencios

Eso es cierto. En cambio hay personas que no soportan bien los silencios en situaciones determinadas. Cuando están acompañadas necesitan hablar y hablar. De sí mismas, del tiempo… de cualquier cosa con tal de rellenar la ausencia de palabras.

Son personas que hablan mucho. Pero hablan por hablar, de temas que no interesan al otro, ni tampoco se preguntan qué es lo que puede interesar a su interlocutor. Acaban siendo aburridas y pesadas. Muchas veces terminan metiendo la pata. Explicando cosas suyas, de su familia o de su empresa, que son confidenciales.

434 Ilustración de Janice Nadeau

Ilustración de Janice Nadeau

¿Y los silencios que se producen en los ascensores?, nos crean una situación de cierta incomodidad

Es interesante tener la habilidad para romper esos silencios, aunque sea hablando del tiempo. Son conversaciones intrascendentes que, en esos casos, nos acercan a los demás.

Si empezamos a hablar podemos tener más empatía con las otras personas, porque al hablar sonreímos, nos miramos a los ojos… aunque no sea muy importante lo que estamos tratando, el romper ese silencio nos permite acercarnos a los demás.

A la hora de hacer un discurso, las pausas, los silencios, también dan juego

Es una técnica que los grandes profesionales dominan

Los magos, por ejemplo, o los actores que se dedican sobre todo al humor, dan una gran importancia a las pausas. Hacen una broma, una observación, y después se quedan en silencio. Es una manera de indicar al publico que lo que han dicho es una broma, para darle tiempo a reaccionar y a que los espectadores se puedan reír, para que puedan aplaudir.

El silencio es tan importante como las palabras

Quien prepara un discurso, en general, le da tanta importancia a estas pausas como a las frases que tiene que pronunciar. Es algo que se entrena y se ensaya.

Hay políticos que son expertos

Obama es un maestro de los silencios

Hace unas pausas fantásticas, siempre bien colocadas en el discurso y, además, largas. Es capaz de hacer pausas importantes delante de dos personas o de cincuenta mil. Siempre acompañando con el lenguaje corporal: pecho abierto, vista hacia el público, con la cabeza levantada, sin rehuir la mirada. De esa manera da importancia a lo que acaba de decir, y además prepara a su público para lo que vendrá después.

En el mítico discurso de Martin Luther King vemos también como juega con estas pausas

Este discurso es un muy buen ejemplo. En primer lugar no hay ningún motivo para ir deprisa cuando estamos en una conversación importante, o cuando estamos dando un discurso. Las pausas marcan un ritmo, están dando importancia a lo que se acaba de decir, y también le indican al público cuando puede aplaudir.

Fuente: Teresa Baró / Imagen de portada: Fragmento de la portada de Dibujos invisibles  de Gervasio Troche

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