Los niños con padres exigentes o “tigre” presentan más dificultades para adaptarse a las adversidades, incluso de adultos.

En estos tiempos, la fórmula hacia el éxito resulta como una regresión infinita: una carrera profesional fructífera presupone haber cursado en una universidad de excelencia, lo que a su vez exige haber triunfado en un buen colegio tanto en secundaria como en preescolar.

En este contexto, parece que la responsabilidad de los padres consiste en presionar y exigir.

Mas ¿debemos animar a nuestros niños mediante tiernas alabanzas o, por el contrario, acicatearles con la estrategia asiática de la “madre tigresa” basada en críticas y castigos?

Investigaciones recientes señalan que los progenitores que abruman a sus hijos con ásperas reprimendas pueden también estarles cargando de ansiedades, las cuales tal vez duren toda la vida.

Aquí puedes leer el artículo completo de Morgen Peck, en la revista Investigación y Ciencia.

Fuente: INVESTIGACIÓN Y CIENCIA

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