Son las dos y media de la tarde, hora en la que termina la jornada escolar para Javier. Un adolescente de 14 años apasionado e inquieto que dedica su tiempo libre a la tecnología, el baloncesto y, sobre todo, a su curiosidad por el cine.

Su expediente académico es aceptable, pero las relaciones personales con los compañeros de clase no terminan de ser satisfactorias.

Cuando Javier tenía 8 años los profesores detectaron u140449340n problema de adaptación en el colegio. A sus padres les comunicaron que mostraba una actitud rebelde con algunos profesores y, según les explicaron, estaba desinteresado y desmotivado. No fue hasta que le hicieron un test de inteligencia en la escuela cuando se dieron cuenta del problema real: Javier era un niño con altas capacidades.

La falta de información y de medios ha provocado que Javier haya tenido que cambiar de centro educativo en cinco ocasiones y que, para el siguiente curso, tenga que volver a hacerlo.

“Vamos buscando el sitio donde creemos que van a cubrir sus necesidades porque él llega un momento en el que se siente impotente y rechazado por el sistema. Ha llegado a tener problemas de acoso en el colegio porque sus compañeros sienten que es un niño que no encaja en sus perfiles” afirma su padre.

Uno de los apoyos que recibieron fue el de la Fundación Belén, una organización que se dedica a orientar a los padres que no tienen las herramientas disponibles para atender, entre otras, las necesidades de niños conflictivos, con discapacidad o con problemas de comunicación. Allí fue dónde les informaron sobre las cualidades y las posibilidades que tienen las personas con altas capacidades y dónde le recomendaron el colegio por el que van a apostar el año que viene.

En su web tienen un volumen de visitas de 3.000 personas diarias. Lo cual, según  explica Leticia Escardó, Secretaria General de la fundación, ofrece una muestra representativa de las principales preocupaciones de los padres en la actualidad: “Este año han sido la comunicación efectiva con los padres, los problemas por divorcio de los padres o la adicción tecnológica”.

(En el programa Hablar por hablar de Cadena Ser)

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