Todo a punto para las vacaciones, ¡Y ahora tiene exámenes en septiembre! 

Ya estamos en verano, aprieta el calor y empezamos a pensar en las vacaciones. Decidimos donde iremos, hacemos planes para disfrutar al máximo pero, cuando llegan las notas escolares de fin de curso, nuestro hijo nos trae un suspenso, o dos, o tres… Y ahora, ¿qué hacemos?

En el Blog de pares de Catalunya Ràdio  han hablado con el profesor, consultor pedagógico y conferenciante Juanjo Fernández sobre cómo planteamos el verano cuando los hijos tienen que estudiar para los exámenes de septiembre.

De entrada mucha calma cuando nos enteramos de las notas para las que, a estas alturas, no hay nada que hacer. Le han preguntado a Juanjo Fernández sobre cómo planificar las horas de trabajo, cómo animar a los estudiantes, sobre técnicas para calmar sus nervios y consejos para evitar cometer los mismos errores en el próximo curso.

Llegan las notas escolares y tenemos un suspenso ¿qué hacemos?

De entrada TRANQUILIDAD, seguro que las notas no han sido de hoy para mañana.

Puede haber quedado colgada una evaluación, de una asignatura. Quizás el chaval ha ido al límite, se ha confiado…  pero siempre hay pistas para la familia, si se ha querido estar atento: las notas en la agenda, las agendas vacías durante días, las calificaciones en las pruebas, los ejercicios corregidos,… ¿todo esto se ha visto, o no se ha visto en casa?  Una vez llegan las notas mucha calma. La realidad es la que es y solo queda cooperar ante lo inevitable.

Ante todo evitar reacciones melodramáticas del tipo “nos has destrozado las vacaciones a toda la familia”, o simplificaciones como “mira, tú mismo, ya te apañarás”. Son actitudes que NO AYUDAN en ningún caso.

Si el niño es un poco vago, si se ha descuidado y confiado, no será la primera vez que escucha una argumentación de este estilo, y queda claro que no le ha hecho mucho efecto en ocasiones anteriores. Si el suspenso es porque no ha podido con aquella asignatura, diciéndole cosas de este tipo dejaremos al niño indefenso, desprotegido ante una situación  que seguramente le supera y sin herramientas para tirar adelante.

Verano entre libros ¿ponemos además un castigo?

El hecho de que se tenga que preparar el examen para septiembre es una consecuencia de lo que ha hecho o ha dejado de hacer. Es recomendable seguir los pasos que proponen Adele Faber y Elaine Mazlish en su libro Cómo hablar para que los niños escuchen. Y cómo escuchar para que los niños hablen (hay también una versión para adolescentes).

Ellas hablan de comunicar los sentimientos propios, nuestros sentimientos como padres: estamos disgustados, dolidos, enfadados, molestos, desconcertados… Comunicar también nuestras expectativas: “esperamos que nos expliques lo que  pasa”, “que nos pidas ayuda cuando la necesites”, “que te esfuerces”, “que seas constante”, “que confíes en nosotros”…

Notas escolares. ¿Y si queda alguna para SEPTIEMBRE?

Nos hemos de sentar y hablar ¿cómo lo hacemos?

Hay que enseñar al hijo a corregirse: “Has de sacar tiempo para prepararte la recuperación de la asignatura”. Para ello hemos de ofrecerle alternativas: O BIEN “deja esta actividad de verano”, o “te quitamos el móvil”, o “no puedes conectarte a internet tanto rato como te conectabas”…”, O BIEN “nos escribes cuando estudiarás durante la semana, a qué horas, que días”. Ofrecerle esta posibilidad y seguir esta progresión, en vez de actuar reactivamente: “¿Has suspendido?: CASTIGADO”.

¿Castigado a qué? Mejor que trabaje y apruebe en septiembre.

Es necesario hacer una buena planificación del trabajo

La familia tiene suficiente información, en el momento de programar las vacaciones, como para pensar que existe la posibilidad de que el hijo o la hija puedan suspender, pero para nada esto  ha de marcar los planes familiares. Lo que si se ha de hacer es una buena planificación.

No podemos dejar que pasen días de vacaciones sin tener claro que es lo que hay que recuperar y cómo: ¿Hay trabajos pendientes?, ¿hay cuadernos de repaso?, ¿hay materiales específicos?, ¿qué entrará en la prueba?, ¿cómo será el examen?…

Asegurémonos de que sabemos exactamente qué es lo que se tendrá que hacer y qué es lo que se tendrá que estudiar. Qué no nos encontremos a mitad del verano, o el día uno de septiembre: “¡Ah sí! Tenía que hacer aquellas láminas!, ¡tenía que leerme…!”… Eso hay que dejarlo claro al comienzo.

Importante saber qué ha pasado

Tenga la edad que tenga hay que saber el por qué ha suspendido: ¿ha sido por falta de ganas?, ¿por limitaciones personales?, ¿problemas en casa?, ¿cambio de domicilio?… son factores que pueden desencadenar dificultades de adaptación. A partir de ahí podremos decidir que es mejor.

Si por ejemplo ha sido por falta de ganas, habrá que ser muy cuidadosos en establecer un ritmo claro de trabajo en un espacio adecuado. Si puede ser en casa, porque hay alguna persona que pueda ocuparse de que a esta hora se ponga y a esta otra hora acabe, esa será siempre la mejor opción. Si esto no es posible, habrá que encontrar otra alternativa.

Que el niño tenga a mano todo el material que vaya a necesitar, distribuir el tiempo, hacerse un propósito de que es lo que quiere conseguir en este rato de estudio.

Y nuestra labor como padres: ANIMARLO cada día

Nada de decirle: “¿Ves cómo has de estar ahora?, estudiando, haciendo deberes… si hubieses trabajado…”. Eso ya ha pasado.

Lo que hay que transmitirle es: “Piensa en lo tranquilo que estarás cuando comiences el curso con todo aprobado”. Que él vea que hay una aplicación de aquello que está estudiando: una capacidad de leer mejor, de escribir mejor, de hacer mejor esas operaciones matemáticas… y que cuando acabe su rato de estudio tenga la recompensa de poder descansar, poder desconectar, para seguir trabajando al día siguiente de la mejor manera posible.

¿Algunas ideas para programar bien las horas de estudio?

Qué no sea toda la semana cuando se ha de estudiar, pensar por ejemplo de lunes a jueves, y mejor las primeras horas del día.

Levantarse, almorzar y aprovechar ese primer momento de la mañana en que no hace tanto calor. Una hora y media trabajando puede estar bien. Es preferible no alargarse mucho. Si se hace bien una hora y media es muy provechosa. Haciéndolo así le está quedando todo el día por delante, y eso es algo que motiva al chaval a querer continuar haciéndolo bien, a descubrir que tiene la capacidad de concentrarse y de trabajar.

¿Cómo lo repartimos si ha de hacer trabajos y también estudiar para el examen?

Dependiendo de lo que se tenga que hacer y de lo que se tenga que estudiar. Normalmente, de una asignatura que se ha de recuperar, habrá unas tareas que hacer y una serie de temas a estudiar.

Un buen planteamiento puede ser dedicar una primera parte del verano a los temas prácticos. Más hacia el final del verano, ya encarando septiembre, dedicarse a la parte teórica y de estudio.

Si se ha hecho bien la parte práctica, será más fácil el estudio y tendrá más sentido.

Cuando se plantea un examen de septiembre no se plantea normalmente un examen de máximos, sino que se plantea un examen de mínimos. Se trata de recuperar la asignatura. Por lo tanto habría unos mínimos que se tendrían que saber. Hemos de aprovechar las indicaciones que se nos hayan dado de esos contenidos mínimos.

A medida que se acerca el examen el niño  puede tener nervios

¿Está nervioso siempre en los mismos exámenes?, ¿le pasa siempre con la misma asignatura?, ¿con el mismo profesor? Es importante intentar acotar, diagnosticar y saber que está pasando.

También se han de tener en cuenta situaciones de dificultad más concretas. En cursos de primaria, a veces, hay niños a los que se les descubren problemas de visión  tarde, o el niño o la niña que tiene un trastorno de dislexia, que tarda mucho en hacer el examen, que es lento… puede ser que necesite más tiempo.

Dejando de lado estas situaciones más específicas, en términos generales si hay tantos, tantos nervios, puede ser interesante en casa hacer una simulación de examen.

Y enseñarles técnicas para recuperar la calma

Es conveniente que nuestros hijos dominen alguna técnica básica de relajación, sobre todo para salir del bloqueo: “me he quedado en blanco”. RESPIRA.

Una técnica básica de relajación es la llamada TÉCNICA DEL CUADRADO. Se trata de dibujar un cuadrado. En el primer lado de este cuadrado coges aire. En el segundo lo mantienes. En el tercer lado lo dejas ir. En el último lado aguantas. Y otra vez: coges, aguantas, dejas, aguantas. Con que  haga cuatro o cinco de estas respiraciones, ya está haciéndolo con calma y seguramente ya no estará tan bloqueado.

Y un buen consejo para que el próximo curso no nos vuelva a pasar lo mismo

Es que nosotros le hemos dado confianza”…  No hemos de confundir DAR CONFIANZA con DESENTENDERSE.

Si la experiencia nos indica que nuestro hijo tiene tendencia a despistarse no podemos dar esta confianza y decir “él que vaya haciendo”. Si vemos que no va haciendo, nos hemos de involucrar. Le hemos de facilitar las herramientas y prestar atención especial a los cursos de final de etapa: sexto de primaria, final de la ESO.

Muy al tanto también en los primeros cambios de etapa, y aún más si hay un cambio de escuela, hay un cambio de edificio, un cambio de profesor… todos estos cambios no se deben  infravalorar. Hay que estar al tanto: controlar la agenda, entrevista con el tutor o tutora sin esperar a que pase algo y seguimiento cotidiano de la tarea.

Y para los que no han suspendido ¿dos meses sin hacer nada?

¿Qué quiere decir sin hacer nada? Incluso se podría admitir que un niño pudiese estar dos meses sin hacer absolutamente nada, dependiendo de cómo haya transcurrido el curso escolar.

¿Qué queremos? Niños que durante todo el curso han estado hiperocupados, a veces incluso algo estresados, en ocasiones por cuestiones propias de logística de la organización de sus padres, que han tenido extraescolares para reforzar contenidos, para aprender inglés, para practicar un deporte… Y ahora en verano ¿han de hacer más cosas?

Ante la duda, rebusquemos en nuestros recuerdos

Es una de las cosas que se valoran muy especialmente de las vacaciones de cuando éramos pequeños. Eran largas, había tiempo para todo. Para aburrirse también, y eso es algo fundamental.

En cambio ahora se oye a veces esa idea de que “es que si no hacen nada durante todo el verano se olvidarán”. En verano puede haber mucha actividad, y cuando se hace bien puede ser una actividad sumamente educativa: hacer cabañas, ir en bicicleta, ir a la playa, excursiones a la montaña, estar en casa, mirar un rato la tele, leer… En esto hemos de ser muy abiertos. Ser honestos y recordar cómo eran nuestras vacaciones ¿qué hacíamos y qué no hacíamos? ¿Cuánto rato podíamos estar sin hacer nada?Notas escolares. ¿Y si queda alguna para SEPTIEMBRE?

¿Y si nosotros les proponemos leer?

Siempre y cuando la lectura sea motivo de placer. Leer, si no se hace a gusto, NO SIRVE PARA NADA.

No ha de ser nunca un castigo. Eso pasa a veces cuando un niño ha acabado los deberes demasiado rápido: “¿ya has acabado?, haz alguna cosa, coge un libro”, como una especie de condicionante, “no puede ser que estés sin hacer nada”.

A la hora de leer si son libros educativos fantástico, pero puede ser también cualquier otra cosa. Si al niño le interesa leer cada día un diario deportivo, por ejemplo, pues estupendo. Quizás en otro momento, a partir de esta lectura, verá que a un entrenador le gusta la poesía, que otro escribe relatos en su tiempo libre,… y el chaval escogerá ir por aquí o por allá.

Para los padres, aunque no hayan suspendido, es inevitable preocuparse por si olvidan lo aprendido

La persona que trabaja en la caja de un supermercado ¿se lleva trabajo para vacaciones? Tenemos derecho a olvidar, a desconectar.

Si han trabajado durante el curso, SE HAN GANADO LAS VACACIONES

Los niños que no han suspendido, y más aún si han tenido buena nota NO DEBERÍAN estar obligados a hacer deberes de verano.

Insistir de nuevo en la CALMA y en la TRANQUILIDAD.

Decía Cervantes que: “los males que no tienen fuerza para acabar con nuestra vida, no la han de tener para acabar con nuestro ánimo”.

Un suspenso es un suspenso, o dos, o tres.  Lo que quedará, cuando pase el tiempo, no será ese suspenso o esa recuperación sino como trabajamos aquel suspenso y aquella recuperación.

Que el sabor que nos quede sea el de un verano en el que nos lo pasamos bien, “fuimos aquí, allá… y además yo tenía que recuperar, pero ya ni me acuerdo”.

Haciéndolo con alegría, con tranquilidad, con voluntad de desconexión y de aprovechar mucho este tiempo de vacaciones para estar en familia, para estar con nuestros hijos, para conocernos y pasárnoslo muy bien. Para querernos que es de lo que se trata.

Imágenes: pixabay

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