Vivir cerca del mar tiene efecto relajante inmediato

Lo saben bien los que nacieron en una ciudad marinera y después se desplazaron a vivir a una de interior. El cerebro echa en falta el relajante ruido de las olas, el olfato añora el olor de la bajamar, y el córtex visual lamenta cada día no poder encontrar la línea del horizonte a poco que se levanta la cabeza.

Lora Fleming, de la Universidad de Exeter, se dedica a estudiar los beneficios que tiene la playa para nuestra salud

Ha observado que, al menos en el Reino Unido, las personas que viven en la costa tienen mejor salud que los que viven en ciudades del interior. La doctora Fleming recuerda que ya en el siglo XVIII los médicos empezaron a prescribir a sus pacientes baños de mar, como tratamiento a numerosas enfermedades.

Los viejos galenos recetaban playas un poco al tun tun, pero como veían que sus pacientes regresaban a la consulta con una sonrisa de oreja a oreja, seguían recomendándoles viajar a los reinos de las sardinas, las caballas y las acedías. Y así poco a poco, lo que empezó siendo una mera excursión terapéutica, terminó inventando el negocio de los hoteles en la playa y la venta de bikinis, chanclas y flotadores.

Más recientemente se ha comprobado que todo tiene una explicación científica

Experimentos con resonancia magnética funcional prueban que el cerebro relaciona el ruido del mar con otros sonidos naturales que le generan seguridad y confianza, como los latidos del corazón.

El doctor Cheryl Bates, de la Universidad de Stanford,  explica que la razón es que el ruido de las olas tiene un volumen y una frecuencia que no agrede al cerebro. Y un patrón de onda lento, regular y predecible. Apenas unos instantes después de escuchar el batir de las olas, se desencadena una reacción química que nos relaja, al reducir el nivel en la sangre de cortisol, una de las principales hormonas vinculadas al estrés.

Y la guinda de este gustazo costero es mirar al horizonte

El neurocientífico Michael Merzenich explica que el cerebro humano disfruta, y se siente seguro y protegido, en aquellos lugares en los que puede echar la vista a kilómetros de distancia, ya que comprueba fácilmente que no hay amenazas potenciales de las que preocuparse.

El mar cura el cuerpo y la mente

Pero ya sabemos que a los científicos les encanta enredar. Han comprobado también que otros ruidos predecibles y regulares, como el de un ventilador, puede tener para algunos cerebros el mismo efecto balsámico y relajante que el de escuchar in situ al Océano Pacífico.

A lo mejor, pero no me negarás que no es lo mismo pasear junto al mar de los siete colores que encender el secador del pelo en el cuarto de baño de tu casa, diga lo que diga la neurociencia.


El poder relajante del mar

Fuente: Secretos del  cerebro de Radio 5 (21/09/16) / Imagen de portada: Flickr Luis Marina

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