A tomar decisiones no nos enseñan ni en la escuela ni en la universidad, y sin embargo es algo que en el día a día hemos de hacer de manera constante

Una persona que quiere alcanzar el éxito en sus proyectos no puede ahogarse en un mar de dudas, pero tampoco puede actuar de forma atolondrada. En el mundo de la empresa y de los negocios, como en la vida, hay que tomar decisiones constantemente. A veces no hay duda sobre qué opción adoptar, pero en otras ocasiones cuesta decidir cuál es la alternativa más conveniente y nadie nos ha entrenado para ello. ¿Cómo podemos tomar decisiones inteligentes?

Las pequeñas decisiones son las más importantes

Las grandes decisiones: cuando uno decide casarse, cuando nos compramos una vivienda, cuando hay un cambio de trabajo… son pocas en la vida

En cambio las pequeñas decisiones no paran de presentarse: ¿Como sano o no como sano?, ¿Leo o no leo?, ¿Hago ejercicio o no hago ejercicio?… La suma de nuestra vida es la suma de esas pequeñas decisiones.

Tomar decisiones inteligentes

Hay métodos que nos pueden ayudar. Estos cuatro son una muestra:

1. Método de las buenas preguntas

Consiste en hacerse a uno mismo buenas preguntas, y en probarse la decisión, como si nos probásemos una camiseta. Coges una decisión y piensas: “¿cómo me siento yo con esto?”, luego pruebas con otra decisión y te haces la misma pregunta: “¿Qué tal me siento con esta otra?”.

Las preguntas que realmente nos podemos hacer son:

■ ¿esta decisión es realmente lo que yo quiero?, ¿o es lo que quieren los demás?”.
■ ¿Estoy decidiendo desde el miedo o desde el amor?” (Que son dos posiciones muy diferentes: “¿tomo esta decisión porque tengo miedo a que pase algo o a perder?” o “¿tomo esta decisión porque es lo que quiero, me apasiona y creo en ello?”).
■ ¿Esta decisión me aporta energía o me la quita?”. Hay veces que nos sentimos flojear nada más escoger una opción, y en cambio en otras ocasiones tomar una decisión nos da fuerza.

Son preguntas que generan sensaciones y emociones, y esas emociones nunca engañan. La mente puede engañar pero la emoción nunca, porque la emoción no se puede fingir. Hay que probarse esas decisiones, ponernos en situación y pensar en cómo nos sentimos con ellas.

2. Método Eisenhower

El expresidente de Estados Unidos decía, muy acertadamente, que raramente lo urgente es importante. Normalmente lo que es urgente no es importante. Y en general la gente anda más en urgencias que en cosas importantes.

Eisenhower distinguía cuatro situaciones:

■ Urgente pero no importante. Cuando una situación es así lo que tenemos que hacer es delegarlo. No hacerlo nosotros porque no es importante.
■ Urgente e importante. Si algo es urgente e importante hay que hacerlo ¡YA! ¡Ahora mismo!. Hay que dejarlo todo porque es urgente y es importante. Tenemos que hacerlo nosotros.
■ No urgente pero importante. Lo tengo que hacer yo pero tengo que buscar un momento en mi agenda. Coger la agenda y pensar cuando lo vamos a hacer.
■ Ni urgente ni importante. Con las cosas que no son ni urgentes ni importantes lo que hay que hacer es olvidarlas. No tienen ninguna importancia.

En general, cuando se presente una urgencia, el mejor sistema es coger la urgencia y guardarla en un cajón, y esperar una semana a ver qué pasa. Muchas veces las urgencias no son en realidad tan urgentes.

3. Método Pareto

Vilfredo Pareto era un economista del pasado siglo. Pareto se dio cuenta de que en Italia el 80% de la riqueza estaba en manos del 20% de las personas del país. Aplicó esto a todas las situaciones de las personas y se dio cuenta de que el 80% de resultados provienen del 20% de esfuerzos.

Con ejemplos esto se entiende de manera rápida:

■ De nuestro vestuario: nos acostumbramos a poner el 20% de la ropa y el 80% restante se queda siempre ahí, colgada en el armario.
■ Si hablamos de amigos: acostumbramos a tener más relación con el 20% de nuestros amigos, y con el 80% de nuestras amistades tenemos menos trato y quedan más apartadas.
■ En el tráfico: el 20% de los conductores provocan el 80% de accidentes y de multas.

Y es así en todo. En el mundo de la empresa el 20% de las tareas generan el 80% de resultados. El 20% de los clientes generan el 80% de las ventas de un negocio.

Lo cual nos lleva a la conclusión de que, a la hora de tomar decisiones, lo que hay que hacer es centrarse en ese 20% porque va a conseguir el 80% de resultados. Se trata de decidir qué forma parte de ese 20%. Al tomar decisiones hay que decidir si algo forma parte de lo importante (de ese 20%) o si simplemente pertenece al 80% irrelevante.

4. Método Bono

Edward de Bono es un economista que diseñó un sistema con una metáfora que consistía en ponerse sombreros. Separando las posibles formas de pensar por colores y concretándolas en distintos «sombreros», los cuales pueden ser usados para actuar según el objetivo de cada uno de ellos.

En el mundo de la empresa, si tenemos un equipo que tiene que tomar una decisión entre todos, lo que vamos a hacer es ponernos todos, a la vez, el mismo sombrero:

 Sombrero blanco, para empezar. Que quiere decir lo lógico, lo objetivo, lo mental, lo racional. Se trata de hacer un análisis racional. Nos quitamos el sombrero blanco y nos ponemos todos el siguiente.
 Sombrero rojo, todo lo contrario. Las emociones, la pasión, lo subjetivo. Al acabar nos quitamos el sombrero rojo y nos colocamos el siguiente.
 Sombrero negro. Lo crítico, lo negativo.
 Sombrero amarillo. Lo optimista y exultante.
 Sombrero verde. La creatividad.
 Sombrero azul, es el último. Vamos a ver la estructura, el total, la globalidad.

Teniendo estas seis visiones será posible tomar decisiones con gran acierto.

Tomar decisiones inteligentes

Estos cuatro métodos son concretos y muy claros, pero hay otros

Podríamos utilizar el método de las listas (los pros y los contras); hacer brainstorming (aportación de ideas que varias personas ponen en común como punto de partida para un proyecto); consultar a un experto si de algo no sabemos (contratar a un consultor para que nos ayude a decidir)…

Son métodos que nos pueden servir en la vida cotidiana y también si queremos emprender cualquier proyecto. Quizás para el día a día el primero, el de hacernos buenas preguntas, sea  el más interesante. La mayoría de las veces la respuesta está dentro de nosotros mismos.

Tomar decisiones inteligentes

Fuente: Raimón Samsó, coach y economista, en Para todos la 2 de RTVE (13/05/15) / Imágenes: flickr gfpeck, Rolands Lakis y Juanedc

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