Convocados por ONU-Habitat, el Programa de Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos, se ha reunido en Granada un grupo de cincuenta expertos internacionales. Una cita enmarcada en el dato que los expertos no dejan de recordarnos: el éxodo hacia las ciudades hará que en el año 2050 el 70% de la población de todo el mundo sea ya urbana. Millones de personas habrán dejado lo rural para concentrarse en las ciudades. Uno de los principales retos del urbanismo es planificar esa concentración y que no derive en ciudades de aluvión e improvisadas. Los cincuenta expertos reunidos en Granada lo han hecho con el objetivo de elaborar un informe con sus diagnósticos y recetas. Un informe que deberán presentar al secretario general de la ONU, António Guterres.

Urbanismo con perspectiva de género

Alcanzar un desarrollo urbano sostenible, con ciudades inclusivas y resilientes son objetivos de la Nueva Agenda Urbana en base a la que los expertos reunidos en Granada desarrollarán un documento de conclusiones.

La gestión urbanística y el paisaje urbano.

La ciudad de papel.

Las ciudades generan más del 75% de la riqueza mundial y eso atrae a muchas personas que buscan un futuro mejor. Y al haber más personas se necesitan más viviendas, pero, a veces, a falta de una vivienda asequible, la única alternativa es vivir en barrios precarios.

Los servicios básicos son cada vez más necesarios pero a veces son muy caros y no funcionan bien. ¿Y cuál es la consecuencia? Aparecen enfermedades y epidemias, especialmente en los tugurios. Las personas tienen que ganarse la vida y si no encuentran un trabajo normal en su ciudad, buscan dinero en otro sitio y así se produce el auge de las economías no formales y las actividades ilegales.

Muchas ciudades siguen un modelo tradicional de planificación urbana con una zonificación estricta. Es decir, con zonas residenciales aquí, industrias allí, zonas comerciales en el casco urbano y más suburbios residenciales por todas partes. El resultado es un crecimiento urbano descontrolado. Y, al crecer la ciudad, las personas tienen que recorrer mayores distancias para llegar al trabajo. ¿Y cómo se desplazan? La mayoría utiliza el automóvil, produciendo embotellamientos que generan lentitud en el tránsito y también en la economía urbana.

Las ciudades son grandes contaminadoras. De hecho son responsables del 70% de las emisiones medibles de gases de efecto invernadero, que es la causa principal del cambio climático.

Los desastres naturales y las tormentas están poniendo a prueba la resiliencia de nuestras ciudades. Las pérdidas de vidas humanas, la destrucción de propiedades y la recesión económica constituyen un problema mundial.

Ante esta situación, las ciudades necesitan un replanteamiento. Las ciudades deben aplicar un enfoque integral e incluyente a su desarrollo para dar cabida a un mayor número de personas y ofrecer las mismas oportunidades a todas.

Y ¿cómo debe ser una ciudad para que funcione? Las calles de las ciudades deben ser rectas, con intersecciones suficientes para que el tráfico sea fluido y los accesos e interconexiones más fáciles. Las ciudades deben tener un uso mixto del suelo urbano, ser más compactas y combinar las zonas residenciales con oficinas, tiendas y esparcimiento. Esto eliminaría trayectos largos.

También necesitan una combinación social adecuada y, para ello, deben promover barrios con diversos tipos de viviendas para todos los presupuestos. Las ciudades bien planificadas aumentan sus puestos de trabajo en un 15%.

Pero las ciudades tienen que aspirar a más; tienen que ofrecer incentivos adecuados para que el sector económico prospere y deben proporcionar puestos de trabajo a los pobres que viven en ellas. Los barrios precarios deben mejorarse y conectarse a la ciudad, no sólo en términos de movilidad sino también desde el punto de vista social, para crear un tejido social sólido y promover la inclusión.

El acceso universal a los servicios básicos es una importancia primordial. Las ciudades deben reservar al menos un 30% de su superficie para espacios públicos, porque los espacios públicos son vitales para las relaciones sociales. En ellos se realizan actividades de esparcimiento, deportivas y culturales y son lugares donde los ciudadanos interactúan.

Las ciudades deben librarse de la tiranía de los automóviles y crear sistemas atractivos de transporte público y promover alternativas de movilidad y transporte no motorizadas como caminar o usar la bicicleta. Estas prácticas reducirán la congestión y pondrán freno a la contaminación mundial.

Las ciudades deben ser más verdes para mitigar los efectos del cambio climático y proporcionar un entorno limpio a sus ciudadanos. Al mismo tiempo, las ciudades deben ser más resistentes a los efectos adversos del cambio climático y prepararse a enfrentar tormentas, tsunamis y olas de calor.

Todas estas características son de una ciudad feliz.

Planificación participativa en Nepal. © ONU-Hábitat

Planificación participativa en Nepal. © ONU-Hábitat

Pensando la ciudad. Planeamiento urbanístico.

En aquellos lugares donde por fortuna se planifica, se piensan las ciudades, una de las variables que tiene cada vez más peso es el urbanismo de género. ¿Y eso qué es? Hace sólo unas semanas hemos tenido un ejemplo en España. Los autobuses municipales de Vigo o Bilbao han empezado a parar por las noches allí donde lo pidan las viajeras, aunque quede lejos de la parada oficial. Eso aumenta la seguridad de las mujeres y su sensación de seguridad. Terrassa lo está haciendo también; y Zaragoza, San Sebastián y Vitoria se lo están planteando.

Aunque es algo puntual, suma para hacer de una ciudad un entorno más habitable al final para todos. Pero el urbanismo de género va mucho más allá. El pasado 19 de febrero, el colectivo catalán de mujeres urbanistas, Col·lectiu Punt 6, realizó una marcha exploratoria por Sant Adrià del Besós para que las vecinas contaran que puntos del barrio les generan inseguridad. Blanca Valdivia forma parte del colectivo: “lo que suele salir en estas marchas exploratorias son temas relacionados con las condiciones físicas del espacio, de iluminación, temas de falta de señalización, de falta de mantenimiento de los espacios, muchas veces equipamientos que se hacen nuevos que no tienen ventanas ―no tienen transparencias que comuniquen con el exterior y por lo tanto generan inseguridad―.”

La seguridad es uno de los elementos importantes del llamado urbanismo con perspectiva de género, pero no el único. Zaida Muxí es Doctora Arquitecta y profesora en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona: “Si la ciudad tú la piensas desde una perspectiva que falsamente se ha hecho universal y neutral, que es la del hombre, pues a la ciudad le faltan muchas cosas.”

Los estudios muestran que los hombres son más conductores y las mujeres más peatonas. Y eso se refleja a la hora de levantar una ciudad, porque son las mujeres las que más han hecho la compra y las que suelen tener personas a su cargo. Es por eso que necesitan aceras más anchas, bordillos más bajos, más zonas verdes, centros de salud y escuelas próximas a la vivienda o una colocación y un tiempo estratégicos de los semáforos. Para los hombres es importante tener abundantes plazas para aparcar, las calzadas anchas y buenas conexiones a puntos como el aeropuerto y zonas industriales.

La perspectiva de género lo que quiere en primer lugar es poner en igualdad de condiciones los requerimientos del mundo reproductivo ―o mundo del género femenino― y del mundo productivo ―o género masculino―. Porque la manera de utilizar la ciudad que deriva de tener personas a cargo, de tener que realizar tareas de cuidado, labores de cuidado de la casa, las compras, etc. es muy diferente del que solamente va a un trabajo, va en coche y vuelve por la noche y tiene el plato de comida listo y la ropa limpia para el siguiente día.”

Desde que en 2003 se hizo una trasposición de una directiva europea, todos los planes urbanísticos deben incluir un informe de impacto de género. Pero quince años después se observa que estos informes se han empezado a elaborar hace relativamente poco tiempo. Lo dice Inés Sánchez de Madariaga, profesora de urbanismo de la Universidad Politécnica de Madrid, directora de la  Cátedra UNESCO de Género y asesora de ONU-Habitat: “los planes urbanísticos en España tienen carácter de ley, entonces tienen que tener evaluación de impacto de género. Hasta ahora las administraciones públicas han mirado para otro lado. ¿Por qué se está empezando a hacer ahora? Pues porque ha habido un par de sentencias, del Tribunal de Justicia de Madrid y otra en Andalucía, que han anulado el plan de Loeches y el plan de Boadilla por no tener evaluación de impacto de género.”

Sólo Euskadi y Catalunya incluyen en sus leyes de igualdad un artículo sobre urbanismo. Extremadura lo hará en breve pero al revés, incluirá artículos sobre igualdad en su legislación de urbanismo.

Las mujeres comparten la tierra, Camboya. © ONU-Hábitat

Las mujeres comparten la tierra, Camboya. © ONU-Hábitat

¿Cuáles son los objetivos de la ONU? ¿En qué está trabajando en materia de género cuando mira las ciudades?

Eduardo Moreno es director de investigación y desarrollo de capacidades de ONU-Habitat, tiene su base en Nairobi que es donde su equipo trabaja: “Lo primero y fundamental es que en una ciudad se diferencia en donde vives, en donde trabajas, en donde tienes elementos de descanso, etc., y cada uno de ellos tienen que ver con formas de diseño y tienen que ver con formas de acceso a la ciudad. El espacio, las calles, las ciudades, las distancias… se diseñan más que en función del hombre en función de los negocios, en función de las ventajas y de una visión muy corta del desarrollo. Curiosamente ―y España no es una excepción de eso― los espacios públicos, las calles de acceso, las calles peatonales se han ido reduciendo en los últimos veinte años. España redujo, Madrid redujo, en un 10-15% los accesos públicos y calles. Las que hay no se diseñaron en función de una distinción de necesidades y exacerbaron accesos para hombres y mujeres en los que las mujeres casi siempre salen perdiendo en ese diseño.”

No hay diseño de las ciudades. Se van construyendo casas y se van dibujando las ciudades que ya están en función de los negocios: “efectivamente, y como los negocios significan las ventas vemos un incremento de los espacios privados y una reducción de los públicos. Y en esa reducción alguien pierde, y casi siempre el que pierde es donde hay una ausencia de diseño, hay una falta de visión de quien puede vivir la ciudad y acceder a ella. Y por naturaleza la mujer es número dos en ese proceso desafortunadamente.”

Y además la vivienda vuelve a ser un problema en España, después de haber sido el ladrillo el sector que precipita la gran crisis en nuestro país con el tema de las hipotecas. Vuelve a ser ahora un problema porque hay una burbuja de alquiler, aunque los expertos dicen que no es burbuja. Sin entrar en si técnicamente lo es o no lo cierto es que el acceso a la vivienda vuelve a ser complicado. Comprar vivienda sigue siendo complicado y hay una expulsión del centro de las ciudades de las economías medias.

Si como se anuncia se va a producir una concentración de personas en las grandes ciudades, y el acceso a la vivienda de las grandes ciudades es cada vez más imposible ¿hacia dónde vamos?: “vamos a un modelo de desarrollo que olvida una de las grandes funciones, e incluso hace 2.000 años los teóricos de la ciudad lo dijeron, que es la prosperidad. Es el beneficio de vivir en la ciudad, es una visión de largo plazo dónde vas a realizar tus sueños y tus aspiraciones. Y entonces las ciudades se convierten en espacios donde sólo algunos realizan esos sueños y esas aspiraciones y otros viven mucho más las partes negativas de las ciudades.”

¿Cuáles son las partes negativas de las ciudades? Es innecesariamente tener que viajar una hora más en transporte, innecesariamente pagar un 10-15% de tus ingresos en transporte y en desplazamientos a zonas de inseguridad o a zonas con equipamientos mucho más limitados. Todo esto porque hay la idea de que como el suelo es muy caro hay que buscarlo en lugares más baratos. Y eso hace que las ciudades crezcan y crezcan. Un dato importante, Madrid en los últimos veinticinco años creció tres veces más de lo que necesitaba. ¿Cómo puedes decir que es lo que necesitaba y que es el crecimiento de la población? Si tú comparas población y ciudad te darás cuenta de que las ciudades… digamos que tu ropa creció tres veces más que tu cuerpo, y entonces piensas ¿quién la hizo crecer así? Y te das cuenta que fueron factores muy vinculados a la promoción inmobiliaria, a los agentes de vivienda, etc., que hicieron que esas periferias se hicieran cada vez más distantes.”

Eso contradice totalmente la versión del Gobierno cuando se le pregunta justamente por los precios de alquiler de la vivienda, cuando dicen que es un problema de oferta y demanda y que es que no hay viviendas. Si la ciudad ha crecido tres veces lo que necesitaba no es un problema de que haya o no haya viviendas, sino de cómo se permite el acceso a esas viviendas de las personas: “es un problema de diseño urbano. Pero el diseño, y eso es lo que es importante, no es un ejercicio técnico ―no es trazar una calle―, es un ejercicio político. Es decidir que en lugar de trazar una calle hay que hacer que la gente llegue a vivir otra vez en los centros históricos de las ciudades. Que haya mucha más diferenciación social en las ciudades, más usos de suelo mixtos. Para las ciudades nuevas hacen lo contrario, separar y separar y separar. Y en esa separación de nuevo la mujer es cada vez más relegada porque no es parte de ese diseño.”

Y además tiene una derivada muy importante que es la de contaminar. Expulsar del centro de las ciudades a la mayoría de la población obligándola a usar transporte público choca de frente con la batalla contra la contaminación en el mundo: “contra la batalla y contra las políticas. Porque si el Gobierno tiene políticas que lo que dicen es que vamos a reducir gases de efecto invernadero, que vamos a reducir el consumo de energía, etc., la forma de la ciudad que creció tres veces más va en contra de esa política. Entonces tú estás creando un mecanismo que genera muchos efectos negativos medioambientales y al mismo tiempo políticas que los combaten. Cuando la verdadera respuesta era un mejor diseño de la ciudad, evitar que creciera tres veces más y hacer que gastara mucha menos energía y produjera menos gases y tuviera menos consumo de espacios verdes en las periferias urbanas ―muchas veces en zonas protegidas sin mecanismos muy claros de cómo se accedió a ese tipo de suelos, muchas veces muy especulativos, muchas veces muy ilegales. Porque hay cambios de usos de suelo de los planes iniciales que se hicieron en la sombra, y cuando nos queremos dar cuenta ya está hecha la ciudad o el desarrollo de que se tratara―.”

Es un problema global, independientemente del nivel de desarrollo de cada país: “es curioso porque tú puedes vivir en África ―en un país cuyo ingreso per cápita es un tercio que el de España―, o puedes vivir en Asia que es igual, o en Europa ―en otros lugares donde puede ser algo más elevado que en España―, pero es el mismo fenómeno. Estimamos que el 50-60% de las ciudades el verdadero agente que las diseñó son los promotores inmobiliarios, no el Estado, no el municipio, no los planes sino mecanismos directos e indirectos de especulación y desarrollo. Ese fenómeno acontece en ciudades ricas, muy ricas y pobres. Hay toda una tendencia mundial, un cierto capitalismo mundial que se expresa de la misma manera. Y las ciudades sufren ese efecto de la misma manera.”

Eso explica el que un asunto tan capital como este no ocupe el espacio en el debate público que debería ocupar. Porque no se habla tanto de esto en el debate público, otra cosa es que cada uno cuente la amargura de conseguir una vivienda en algunos sitios. Y el derecho a la vivienda es muy básico. Desde una vivienda, desde el lugar donde uno está protegido de la intemperie, puede proyectar la vida. Si eso no está garantizado, una vida está truncada de antemano.

“Hablando de otros países, hoy día por ejemplo en Latinoamérica hay tres países que están celebrando elecciones presidenciales. El debate de la ciudad, el debate de la vivienda, el debate de vivir con prosperidad en las zonas urbanas está muy ausente del discurso político. Y muchas veces éste se monopoliza por discusiones casi banales sobre los candidatos y sobre ciertas características de ellos. Las cuestiones más trascendentales del desarrollo, del futuro y de la durabilidad, de la sustentabilidad mundial, no están en la agenda como deberían de estar. No están políticamente porque se ha perdido un poco esa función de bien común del desarrollo.”

Barrio marginal de Mathare en Nairobi. © ONU-Hábitat

Barrio marginal de Mathare en Nairobi. © ONU-Hábitat

¿Qué es el urbanismo feminista?

El urbanismo con perspectiva de género parte de la base de que el urbanismo no es neutro y que nuestras ciudades y nuestros barrios se han configurado a partir de los valores de una sociedad que es patriarcal, y que la forma física de los espacios ha contribuido y contribuye a perpetuar y reproducir estos valores. Frente a esto, el urbanismo feminista propone poner la vida de las personas en el centro de las decisiones urbanas.

¿De qué personas estamos hablando? Diferentes personas teniendo en cuenta la diversidad de género pero también cruzada con otras variables identitarias como la edad, el origen, la identidad sexual, el tipo de unidad de convivencia donde vives, la clase social, la diversidad funcional, etcétera; y cómo estas variables se cruzan y se materializan en forma de privilegios o en forma de opresiones en la ciudad y en los espacios que se utilizan.

Por ejemplo, no es lo mismo vivir y experimentar la ciudad siendo un chico joven, adolescente, homosexual y de origen extranjero, que una mujer mayor, de cerca de 80 años, que vive sola y que tiene que moverse con un caminador en el espacio público. Van a vivir los espacios de maneras diferentes porque tienen necesidades y experiencias diferenciadas.

El urbanismo feminista, por lo tanto, incorpora la diversidad de experiencias de las personas y considera que estas experiencias y necesidades son esenciales para introducir en cualquier proceso y proyecto urbanístico. ¿Y cómo se tiene que introducir esta información? Pues a través de la participación comunitaria.

¿Qué espacios trabajamos? Trabajamos los espacios donde transcurren las vidas que tenemos. La calle, la plaza, el barrio, el núcleo urbano, el territorio disperso, los pueblos, las ciudades; y no sólo el tamaño de los espacios ―las escalas que tienen― sino cómo se vinculan entre sí y cómo se les da forma. Por ejemplo las delimitaciones administrativas, cuando una calle separa dos poblaciones, o las áreas monofuncionales como los polígonos industriales o las urbanizaciones que desarticulan las actividades cotidianas de las personas. Esta desarticulación no viene bien para la complejidad de la vida cotidiana, para la cantidad de actividades que desarrollamos. A la vida cotidiana no le vienen bien estas delimitaciones; la vida que tenemos las personas traza redes cotidianas complejas y necesita de espacios que puedan apoyar, cuidar, relacionar las actividades que hacemos. Tanto si vienen de la esfera propia como de la comunitaria o si son parte de los trabajos reproductivos y productivos que tenemos. Por eso nos interesan los espacios que en sus cualidades hablan de lo doméstico, lo comunitario y lo público.

La vida de las personas se puede mejorar a través del espacio si se tienen en cuenta sus necesidades derivadas de la vida cotidiana, y sobre todo cómo satisfacer estas necesidades en el espacio.

Nuestras ciudades, nuestros barrios y nuestros pueblos se han pensado a través de una lógica económica que lo que ha priorizado son los desplazamientos a través del vehículo privado, ha creado unas grandes áreas homogéneas a lo largo de todo el territorio que no ha hecho más que alimentar un sistema capitalista que ha formalizado el territorio y las ciudades de esta forma.

Los espacios que tienen en cuenta las necesidades de la vida cotidiana son aquellos espacios que permiten el cuidado propio y el de los otros, fomentan espacios de intercambio y de ayuda mutua y generan comunidad.

No hay fórmulas mágicas para saber exactamente cómo tienen que ser los espacios desde esta perspectiva porque no se puede replicar exactamente, nos tenemos que acomodar a cada contexto territorial o a cada población, pero si podemos hablar de cinco cualidades urbanas:

La proximidad, aquella cualidad que te permite que todo te quede muy cerquita de casa, que puedas ir caminando o en transporte público.

La diversidad, es decir que en esta proximidad te puedas encontrar con los equipamientos, con los comercios, con el transporte urbano público variado… independientemente de tu edad, tu origen, tu diversidad funcional, tu tipo de familia o tus dependencias.

La autonomía, es una cualidad que tiene que ver con la accesibilidad universal y sobre todo con la percepción de seguridad, con que puedas utilizar los espacios de forma segura, libre, en cualquier momento del día.

La vitalidad, es aquella cualidad que le da a los espacios vida en la calle, para que nos podamos encontrar, socializar, pedir ayuda en caso de necesitarla, estar más seguras.

La representatividad, que está relacionada a la participación en las decisiones urbanas ―en las decisiones de cómo tiene que ser tu barrio―, pero también está relacionada a que se tenga en cuenta la historia y la memoria y aquí, fundamentalmente, lo que nos interesa es que se valore y se visibilice la historia de las mujeres y todas nuestras aportaciones a la sociedad.

Hablamos de urbanismo feminista y no solamente de urbanismo con perspectiva de género, porque si bien el género es una herramienta analítica que nos permite visibilizar las diferencias en el uso de los espacios por el hecho de ser mujeres y ser hombres, y las tareas, estereotipos y roles que se le atribuyen a cada uno; vamos un paso más allá y analizamos cómo estos roles de género influyen y tienen implicaciones directas en las decisiones urbanas. Apostamos por transformar la sociedad a partir de repensar los espacios, porque consideramos que los espacios también contribuyen a reconfigurar las realidades.

Port-au-Prince, Haití. © ONU-Hábitat

Port-au-Prince, Haití. © ONU-Hábitat

La ciudad del siglo XXI, un reto para el urbanismo.

¿Qué es una ciudad? Historia de las ciudades.

La ciudad es lo que caracteriza la época moderna, antes distinguíamos mucho entre campo y ciudad. El campo está casi desapareciendo, la mayoría de la gente vive en ciudades o en zonas urbanizadas aunque no tienen calidad de ciudad, en periferias inmensas.

A principios del siglo XIX la población urbana mundial no llegaba al 3% de la población total, y hoy ya superamos la mitad. Realmente es un reto para los urbanistas y para diseñar ciudades más habitables y más sostenibles.

El crecimiento urbano en los últimos años ha sido bastante improvisado. Hemos ganado en rigor técnico pero hemos perdido en ilusión. En los últimos tiempos los planes se habían orientado mucho hacia el crecimiento ―seguramente por incidencia de la burbuja inmobiliaria― y en toda esa dinámica prácticamente parecía que lo único que justificaba un plan urbanístico era hacer crecer la ciudad. Pero los ayuntamientos no tienen que vivir de construir, tienen que sacar el dinero de donde tienen que sacarlo y no de las licencias de obras.

Port Moresby. © ONU-Hábitat

Port Moresby. © ONU-Hábitat

Más de la mitad de la población mundial vive en ciudades, cifra que en Europa llega hasta el 80%. Las ciudades son la imagen de nuestra sociedad, muestran a golpe de vista las desigualdades sociales y hacen visible el poder. Son, en muchos casos, el motor del desarrollo económico de los países. Sólo ocupan el 2% de la superficie terrestre pero consumen el 60 o el 80% de la energía que se consume en el mundo. El desarrollo urbano sostenible es por tanto uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo.

Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto.

Estas palabras en ‘Historia de dos ciudades’, de Charles Dickens, podrían resumir el espíritu de la ciudad: dinámico, complejo, contradictorio, inestable, fortuito. Es el lugar donde puede ocurrir cualquier cosa en cualquier momento. El lugar de las oportunidades y también del conflicto.

Las ciudades son una especie de laboratorio para observar el comportamiento humano. El escritor italiano Italo Calvino decía que las ciudades son el gran escenario del mundo. Para el geógrafo urbanista Jordi Borja la ciudad, la civilización urbana, es casi lo mismo que la sociedad contemporánea: “Concentración de población ya significa muchas cosas. Significa intensidad de relaciones, significa que tiene que haber unos bienes y servicios accesibles a toda la población, significa poblaciones que se mezclan ―hay pautas de comportamiento en parte comunes y en parte distintas y a veces conflictivas―. La ciudad es la sociedad actual.”

Siria. © ONU-Hábitat

Siria. © ONU-Hábitat

La historia de la civilización es la historia de las ciudades. Desde las antiguas urbes de Babilonia o el Antiguo Egipto a las polis griegas. Troya, Alejandría, Damasco, Roma, Constantinopla, Florencia, San Petersburgo, las calles del barrio latino en París, la plaza de las Tres Culturas en Ciudad de México, el muro de Berlín o la Plaza de Tiananmén en Pequín. En la ciudad se hace la historia.

El mito de la ciudad es el mito de la Torre de Babel. La ciudad es donde la gente se encuentra y se expresa, y se ha construido contra los dioses y contra los poderes también. Históricamente la ciudad ha sido, en teoría, de gentes libres e iguales, y por tanto los poderes establecidos siempre han temido la ciudad. La Torre de Babel lo presenta como un caos. Precisamente la gracia de la ciudad es que haya gentes distintas que se encuentren y es también el lugar del conflicto social.

Todavía se pueden apreciar en algunas ciudades restos de las primeras piedras que las configuraron. Cádiz presume de ser una de las ciudades más antiguas de Occidente. En la Península Ibérica las primeras urbes son de la época fenicia y griega, vinieron luego los romanos con sus planos regulares como campamentos militares. Las  ciudades musulmanas con sus calles estrechas y sinuosas y las de origen cristiano en torno a una iglesia o catedral ambas rodeadas de murallas.

El Renacimiento, y después la Ilustración, mejoraron las infraestructuras urbanas. Aparecen las plazas mayores, ayuntamientos, iglesias, palacios y jardines que todavía hoy adornan los denominados centros históricos. Hay ciudades en las que el tiempo parece detenido, dice el escritor español José Carlos Llop:

“Hay ciudades que poseen cierto desmayo antiguo, con empañados rastros de un imperio de ultramar perdido hace ya siglos. En ellas está el tiempo detenido, y los colores de sus fachadas, rojos, azules y ocres, sombra son de una riqueza de maderas, navíos y especias.”

Proyectos de ONU-Hábitat en Puerto Príncipe, Haití. © ONU-Hábitat

Proyectos de ONU-Hábitat en Puerto Príncipe, Haití. © ONU-Hábitat

A finales del siglo XIX  las ciudades experimentan un crecimiento vertiginoso, como consecuencia de La Revolución Industrial ―que provocó una fuerte migración del campo a la ciudad― y del desarrollo del transporte. Las urbes empiezan a crecer en altura y los rascacielos terminarán diseñando el perfil urbano como antes lo habían hecho las cúpulas y campanarios de las iglesias y las torres de los palacios. Unos rascacielos que impresionaron a Federico García Lorca:

LA AURORA

La aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno
y un huracán de negras palomas
que chapotean las aguas podridas.

La aurora de Nueva York gime
por las inmensas escaleras
buscando entre las aristas
nardos de angustia dibujada.

La aurora llega y nadie la recibe en su boca
porque allí no hay mañana ni esperanza posible.
A veces las monedas en enjambres furiosos
taladran y devoran abandonados niños.

Los primeros que salen comprenden con sus huesos
que no habrá paraíso ni amores deshojados;
saben que van al cieno de números y leyes,
a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.

La luz es sepultada por cadenas y ruidos
en impúdico reto de ciencia sin raíces.
Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes
como recién salidas de un naufragio de sangre.

Tráfico en Shanghai. © ONU-Hábitat

Tráfico en Shanghai. © ONU-Hábitat

Las ciudades de España.

En España el proceso expansivo está marcado por los ensanches ―conjuntos urbanos unidos a la ciudad pero con una estructura propia de calles rectas y anchas y amplias manzanas con jardines donde se levantaron edificios que ocupó la burguesía―, los más famosos son el Plan Cerdá para el ensanche de la ciudad de Barcelona y el Plan Castro para Madrid.

Dice Ricardo Aroca, arquitecto, que “Madrid y Barcelona deben una gran parte de su éxito y de sus problemas a Castro y a Cerdá. En un momento clave, después de siglos de estar las ciudades constreñidas dentro de la muralla, se decide cual va a ser la forma de comienzo de la ciudad. En Barcelona se decide bien y permite que la ciudad siga creciendo según el plan, y en Madrid se plantea mal con unas miras muy estrechas y da lugar a una ciudad más complicada que se resuelve en gran manera ―y ahí hay otra decisión urbana esencial― cuando en tiempos de La República se decide prolongar la Castellana hacia el norte y que la Castellana sea el eje de Madrid.”

La Guerra Civil supuso un parón en la economía y en el desarrollo urbano de España. Hasta los años 50 la construcción de casas estuvo en manos del Estado a través de organismos como la Dirección General de Regiones Devastadas.

La Ley del Suelo de 1956 introduce la planificación urbanística en el desarrollo de las ciudades. Califica el suelo como urbanizable o no urbanizable, y atribuye poder al municipio para elaborar sus planes de ordenación urbana obligatorios a partir de cierto umbral de población.

En 1957 se crea el Ministerio de la Vivienda, que impulsa planes y leyes para construir viviendas de protección oficial. “El tema legal en relación con el suelo y con la vivienda ha sido en España muy desafortunado. Realmente las sucesivas leyes del suelo han sido hechas por abogados y están mucho más ligadas a defender o precisar los intereses de los dueños del suelo. Por ejemplo la primera ley del suelo establecía una obligación de los ayuntamientos de que fueran haciendo un patrimonio de suelo que nunca hicieron, y que hubiera servido para laminar o reducir las tensiones especulativas.”

Para Ricardo Aroca, profesor y catedrático de estructuras, que ha sido director de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura y decano del Colegio de Arquitectos de Madrid, la propiedad del suelo también ha determinado en buena medida el crecimiento de las ciudades españolas: “Cerdá o Castro tienen todavía una formación que dice ‘mire usted, la propiedad será la que sea, pero la forma de la ciudad se equivocaron, no tiene que ser esta’. Desde hace ya muchos años el tema de los trazados urbanos ha sido pervertido por la propiedad del suelo. El tema de las plusvalías del suelo, las implicaciones legales, etc. han pervertido los trazados. El barrio de Salamanca o los barrios del Ensanche, pese a sus problemas y a los errores iniciales, pues son la parte reconocible de Madrid, porque tienen la geometría buena. Barcelona tiene toda entera una buena geometría. A partir de eso el resto del crecimiento de Madrid ha sido caótico, por más urbanistas que han pasado algunos de ellos excelentes.”

Barrio marginal de Mathare en Nairobi. © ONU-Hábitat

Barrio marginal de Mathare en Nairobi. © ONU-Hábitat

Los años 60 son años de migración masiva del campo a las ciudades y de gran desarrollo urbano. Aparecen las ciudades dormitorio, las chabolas, se construyen viviendas de mala calidad en buena parte sobre suelo ilegal. Un crecimiento desordenado y difuso de las urbes que se configuran mediante la anexión de núcleos rurales próximos en torno a los cuales se habían formado arrabales de población obrera.

Siempre nos quedarán las afueras”, escribió Pablo García Casado:

Las afueras

Por más que se extiendan las ciudades hasta juntarse
unas con otras, por más desengaños que el sexo, la muerte
o las oposiciones nos deparen, quedarán siempre las afueras,
la oscuridad de los polígonos industriales, la ineficacia,
el ministerio de obras públicas, por más que se empeñen
colectivos ciudadanos, asociaciones de vecinos, seguirán
amaneciendo los restos del amor en las afueras.

La ley del suelo de 1976 trata de conseguir un crecimiento de las ciudades más ajustado a las necesidades reales e insiste en la exigencia de un planeamiento previo a cualquier desarrollo urbano.

El urbanismo se convierte en una actividad cada vez más compleja que requiere de la colaboración de profesionales diversos como subraya José María Ezquiaga, arquitecto urbanista: “Es común contar con ingenieros de caminos, que a veces incluso dirigen los propios equipos. Es común trabajar con sociólogos o geógrafos o economistas. ¿Por qué? Porque los ingredientes del urbanismo siempre llevan como elemento esencial a las personas, a la gente que habita el lugar, y por tanto aproximarse desde la sociología, el conocimiento de la composición, estructura y dinámica de la población es muy importante. También dimensionar de una manera fehaciente sus necesidades de equipamientos ―escuelas, sanitario, deportivo, bienestar social, salud, etc. ―. Pero además también son muy importantes los ámbitos o las cuestiones ambientales, los temas infraestructurales, las redes de saneamiento, abastecimiento de agua y energía, etc. son elementos clave. Y fundamentalmente también los temas económicos de financiación y viabilidad de las actuaciones.”

La Constitución de 1978 distribuye las competencias de urbanismo y vivienda entre las comunidades autónomas. En los años 80 se detiene la migración del campo a la ciudad, pero fue una época ilusionante para los urbanistas según José María Ezquiaga, autor de los planes territoriales de Menorca, Guernica, León o Ávila entre otras ciudades y del pasillo verde ferroviario y el barrio de Valdebernardo en Madrid: “Yo diría que desde el advenimiento de la democracia en España y los primeros ayuntamientos elegidos por sufragio universal y electos que desembarcaron con mucha ilusión en la revisión de sus planes urbanísticos en todo el país, en los años 80 principalmente, hasta nuestros días, podemos decir que hemos ganado en rigor pero hemos perdido en ilusión. El urbanismo en gran medida ha reducido un poco sus aspiraciones. Como en los años 80 las ciudades españolas crecían poco  los planes urbanísticos se fijaban mucho en cuestiones complementarias tales como la regeneración urbana, la rehabilitación, cuestiones de mejora de la urbanización y las condiciones de habitabilidad de los barrios, etc.”

“En España hubo en los años 80 un fuerte protagonismo de los ayuntamientos democráticos. Las ciudades españolas con la democracia mejoraron mucho” dice Jordi Borja, geógrafo urbanista y sociólogo que ha ocupado cargos directivos en el ayuntamiento de Barcelona y ha participado en planes y proyectos de desarrollo urbano en Europa y Latinoamérica. En su opinión, la gran diferencia entre los años 80 y la actualidad es que entonces había un proyecto de ciudad: “Había un proyecto de ciudad porque gracias a la dictadura tuvimos mucho tiempo para pensarlo. Yo volví a España a finales del 68 y ya entonces con gente como Pascual Maragall, que curiosamente trabajamos ambos como técnicos en el ayuntamiento de los últimos años del franquismo, se había ido construyendo una cultura en que coincidían los movimientos sociales ciudadanos o de barrio, los colegios profesionales, los sectores políticos democráticos entonces que no eran legales. Se había creado una especie de consenso que después simplemente se aplicó, porque los Juegos Olímpicos fueron una excusa y pudimos hacer más deprisa lo que nos hubiese costado más tiempo. Lo que me extraña es que en muchos casos la gente llega a los gobiernos de la ciudad sin saber que quiere hacer en realidad, sin tener un proyecto de ciudad.”

Pero no todo se hizo bien. En aquella España de los 80 se empiezan a construir en la periferia viviendas unifamiliares exentas o adosadas y conjuntos residenciales de pisos para la burguesía o la clase media que busca mayor calidad de vida a precios asequibles. Son modelos separados del tejido urbano que hoy se juzgan poco sostenibles porque dependen del automóvil para desplazarse y consumen una gran cantidad de recursos naturales como el suelo y el agua.

Los urbanistas dicen que esas urbanizaciones no son un modelo sostenible. Pero esas urbanizaciones están proyectadas todas por urbanistas y tienen su plan parcial, se atienen al plan general, etc. Yo creo que ahí ha habido el espejismo de que todos íbamos a ser más ricos, cada vez más, y entonces el tema de irse fuera o bien el fin de semana o bien permanentemente con los problemas de transporte, de pérdida de tiempo, los costes y consumo de energía. Realmente ese fue el modelo americano. La expansión de las ciudades americanas se produce después de la Segunda Guerra Mundial con la creación de estos enormes suburbios en los que se depende exclusivamente del coche para moverse.”

Se conforma así un territorio metropolitano difuso, de baja intensidad, urbanizado de forma discontinua y sin límites precisos que no son ni campo ni ciudad. Para Jordi Borja son una ciudad distinta, porque la distinción entre lo urbano y lo no urbano ha cambiado: “Hay que distinguir la ciudad compacta, la ciudad compleja, la ciudad lugar de encuentros y de diversidad de poblaciones, y las periferias que no tienen calidad de ciudad pero que son zonas urbanizadas. Por otra parte hay que también darse cuenta que las zonas rurales, sobre todo en los países más o menos desarrollados, muchas veces forman parte de sistemas urbanos. Por ejemplo en Europa población rural puede haber, pero esta población tiene los mismos comportamientos y necesita los mismos servicios que la población urbana, y siempre tiene una ciudad cerca.”

Después de los 80 llegaron los 90 con la ley de 1998 que supone la liberalización del suelo excepto en terrenos protegidos, lo que dio lugar a un urbanismo salvaje en todo el territorio español muy opuesto al urbanismo sostenible que ya se predicaba en Europa. Ricardo Aroca, que abrió su estudio de arquitectura en 1964, establece diferencias entre aquellos tiempos y  los actuales. La primera que en los años 60 había pocos arquitectos, y la segunda que sabían cuál era su papel: “Nosotros teníamos muy claro que éramos una especie de árbitro. Es decir que, aunque estábamos contratados por un promotor o por la administración, realmente nos debíamos fundamentalmente a la gente que iba a vivir luego en las casas o que iba a usarlas. Manteníamos una independencia no sólo teórica sino efectiva y real respecto al promotor y al constructor, una cierta equidistancia. Luego la cosa se fue complicando cuando empezaron a aparecer los promotores constructores. Y ahora mismo yo creo que desgraciadamente la sociedad nos ve más como un apéndice de la promotora que como un defensor de sus intereses. Lo que ocurre es que conforme ha ido habiendo muchísimos más arquitectos hay menos trabajo, eso ha propiciado la sumisión a los promotores con lo cual tampoco se les hace ningún favor. Al defender el edificio uno está defendiendo los intereses del promotor en mucha mayor medida de lo que el propio promotor creía.”

La fiebre constructora iniciada a mediados de los 90 provocó un aumento desmesurado no sólo del número de viviendas sino también del precio, sin que ello supusiera un aumento de la calidad arquitectónica. Cada ayuntamiento gestiona su propio urbanismo y el litoral se urbaniza de forma descontrolada. Los años del boom inmobiliario propiciaron también la aparición de edificios simbólicos diseñados por los denominados arquitectos estrella que fueron en muchos casos un síntoma más de la banalización de la ciudad.

Nos fijamos más en los edificios que en las calles y plazas, aunque el urbanismo tenga grandes implicaciones sociales y gran influencia sobre nuestras vidas. José María Ezquiaga puntualiza que en realidad el urbanista es sólo el autor técnico, no el autor definitivo de un plan urbanístico: “Los planes urbanísticos son de los ayuntamientos que los promueven, son de la comunidad, son de la gente realmente. Las ciudades son de la gente. Si la gente, los vecinos, los ciudadanos son conscientes, elegirán ayuntamientos que sean capaces de expresar esas aspiraciones y de ahí surge un plan urbanístico. Y nosotros lo traducimos en formas, lo traducimos en visiones arquitectónicas, en visiones urbanísticas y hasta incluso en un formato legal que es el que establece la normativa en nuestro país. Pero la verdadera autoría debiera ser siempre la de la propia gente, la de la propia ciudadanía.”

Ricardo Aroca subraya sin embargo el carácter político de los planes urbanísticos y su lento desarrollo, y pone el ejemplo extremo de Estados Unidos: “En Estados Unidos se considera que el uso del suelo es una cuestión política, no una cuestión técnica. Los urbanistas americanos, que los hay excelentes, están en las universidades pero no les hacen ningún caso. Realmente tienen muy claro que la decisión de si se construye o de si no se construye y la zonificación es una cuestión política que tiene unas implicaciones económicas. Y entonces el urbanismo tiene un componente político tremendo como no puede ser de otra manera. Por otra parte es muy lento de desarrollo, las cosas tienen muchos cambios. Un arquitecto incurre en una grave responsabilidad, la casa se hace y se puede caer; el urbanista no incurre en casi ninguna porque para cuando se hace algo generalmente se hace una cosa distinta.”

José María Ezquiaga, arquitecto urbanista Premio Nacional de Urbanismo en el año 2005: “Lo que tenemos yo creo que trabajar es la implicación de las personas en sus planes y que pidan cuentas a sus ayuntamientos. Necesitamos en este sentido inspirarnos en los anglosajones en la idea de la responsabilidad. Los responsables son los públicos, deben tener nuestra confianza para tomar las decisiones pero no debemos aplicar nunca el pedir responsabilidad y ser conscientes y conocer las decisiones que se están adoptando. Porque el urbanismo sí o sí va a afectar a nuestras vidas.”

Mujeres reparando su hogar en Pakistán. © ONU-Hábitat

Mujeres reparando su hogar en Pakistán. © ONU-Hábitat

La ciudadanía. La participación ciudadana.

Aristóteles decía que no son las piedras sino las personas las que forman la ciudad. Jordi Borja, vinculado a movimientos sociales desde los años 60 y autor de libros como ‘Revolución urbana y derechos ciudadanos‘, subraya la importancia de la ciudadanía. “No soy muy fanático de las identidades y de los nacionalismos. Finalmente en los nacionalismos se exacerban los nacionalismos del otro lado y al revés, y entonces crean situaciones de bloqueo. La importancia de la ciudadanía es que se considera que las personas ―esto es un término de la Revolución Francesa― nacen y se desarrollan libres e iguales. Ciudadano quiere decir esto, vivir con los otros. Por tanto a mí me gusta más incluso la palabra conciudadano, eres ciudadano con el otro. Y cuando estuve en el Gobierno de Barcelona me confirmó que si no hay movilización social de los sectores populares, de los sectores medios incluso, las políticas que se hacen son las que interesan a los poderes económicos y a las altas burocracias políticas que en general también son cómplices. Y por tanto una de las primeras cosas que hice fue dotar de medios ―medios técnicos y medios económicos― a las organizaciones sociales, para que nos criticaran cuando hiciera falta. Porque cuando estás en una institución pactas con los que tienen fuerza, cuando estás en una institución no haces lo que te da la gana sino que haces lo que puedes.”

Mar Toharia, geógrafa y analista de Metroscopia, considera que nos falta cultura participativa: “La sociedad no tiene cultura de participar, pero también es cierto que no hay canales establecidos de participación ciudadana. Igual que en la Antigua Grecia las ciudades tenían su ágora donde los ciudadanos tomaban las decisiones que les concernían en cuanto al crecimiento urbano, las leyes que querían que les regularan a todos… Pues hoy en día no existe un espacio claro de participación. En la normativa sí que tiene que haber, en los ayuntamientos tiene que haber canales de participación ciudadana, pero normalmente es informativo de cara  a la ciudadanía. Por otra parte también es verdad que, en nuestro modo de vida, la mayoría de la gente considera que no tiene tiempo para implicarse en tomar decisiones que estamos acostumbrados a delegar.”

La sede de ONU-Hábitat. © ONU-Hábitat

La sede de ONU-Hábitat. © ONU-Hábitat

Comprar casa. La crisis y la especulación inmobiliaria. Otra vuelta de tuerca.

La crisis de 2008 ha marcado el urbanismo en nuestro país en los últimos años. La urbanización ha sido uno de los procesos principales de acumulación de capital, y las recalificaciones de terrenos han generado una enorme corrupción. Se confundieron los planes urbanos con los planes inmobiliarios y al final muchos proyectos urbanísticos quedaron en el camino: “Ahora mismo se ven enormes extensiones con carreteras, farolas y el tema de la acometida eléctrica y sin una sola casa, que probablemente no tendrán ninguna casa nunca. Porque realmente ahí también ha habido un sobredimensionamiento brutal del espacio cualificado para construir. Supongo que lo razonable en los años que vienen no es un proceso de recalificación de suelo sino de descalificación de suelo.” Aroca apunta ideas que se habrían podido llevar a la práctica, cambiar las leyes o crear un parque público de vivienda de alquiler: “En un momento dado los holandeses, después de una situación de especulación muy fuerte, establecieron como antídoto que el derecho a construir era del Estado, no del dueño del suelo. Con lo cual se acabó la presión para que mi suelo sea el que se pueda construir y el suyo no. Nosotros hemos puesto una millonada para apuntalar el sistema bancario, lo menos que podía haber hecho el Estado era que a cambio le dieran los pisos y el terreno que tenían los bancos y las cajas, y haber dado a eso un uso social en lugar de propiciar que se vendan a fondos buitre que luego dios sabe lo que van a hacer con ello. Además fondos buitre en los que según se dice ocupan lugares destacados de su organigrama hijos de ministros y de presidentes del Gobierno.”

“Estamos en una época en que hay algo que es novedoso, antes los buenos y los malos eran bastante visibles: estaban los promotores, los constructores, los propietarios del suelo, etc. que tenían unos intereses, y la mayoría social de sectores medios y bajos ingresos que tenían necesidad de vivienda, de equipamientos, etc. Esto ahora se ha hecho más complicado porque es lo que se ha llamado la financialización de las ciudades. En las ciudades los actores visibles son estos, más o menos los mismos, pero lo que está detrás es el sector financiero. Y el sector financiero ya no tiene caras, y además se aprovecha de un marco legal que tampoco depende de los ayuntamientos en muchos casos. Si hay una legislación urbanística permisiva ―como se hizo a finales de los años 90 en que se legalizó la urbanización prácticamente libre excepto solamente ciertas zonas de patrimonio natural― tenemos que los gobiernos locales a veces son cómplices, pero son cómplices en el último grado, a veces para tener recursos acaban dejando que se hagan cosas. Pero son cosas que se hacen porque también el marco legal lo facilita.”

Seguimos todavía inmersos en la crisis provocada por la burbuja inmobiliaria, pero según Ricardo Aroca y José María Ezquiaga no parece que hayamos aprendido la lección.

Ricardo Aroca: “Esta crisis tiene una naturaleza distinta y es peor y mucho más duradera que otras que he vivido. Pero vamos, llevo medio siglo de ejercicio y no sé si esta es la tercera o la cuarta crisis que yo he tocado, las otras fueron más suaves pero no aprendimos nada de ninguna de ellas. Vamos a ser más prudentes porque no vamos a tener más remedio.”

José María Ezquiaga: “Siempre se ha dicho que las crisis eran los momentos ideales para pensar. De hecho, como yo soy urbanista veterano ya viví la crisis de mediados de los 90 y ahí realmente muchas administraciones y ayuntamientos aprovecharon que la dinámica había bajado un poco para replantearse cuestiones, de alguna forma pensar. En esta crisis desgraciadamente ha sido casi una década perdida en lo que respecta a la reflexión: ni se ha hecho autocrítica, ni se ha sabido analizar con profundidad en el ámbito del planeamiento lo que ha fallado, ni se ha renovado la legislación, ni se han corregido los errores sustanciales de la etapa anterior. Más bien lo que ha ocurrido es que los ayuntamientos, a la vista de que ya no había crecimiento, han dicho: ‘pues ya no necesitamos planes urbanísticos, porque en la medida que estamos estabilizados o incluso en retroceso, ¿qué nos puede aportar un plan?’. Y eso es una lástima porque una visión más amplia y más ambiciosa de los planes urbanísticos ve que estos pueden servir sobre todo para mejorar las condiciones de urbanización y de vida y de organización de la ciudad existente.”

Ricardo Aroca: “Hay cosas que tienen soluciones muy fáciles, lo que pasa que son de poco lucimiento, por ejemplo la rehabilitación. Ahí habría una solución facilísima para que se rehabilitara, que es que el Estado ―la administración― avalara los créditos a las comunidades de propietarios para rehabilitar. No costaría un céntimo porque no es más que un aval, las comunidades además acaban pagando siempre. Lo que pasa es que en vez de eso lo que han hecho es una ley gordísima en la que además se dispone que haya una línea especial de crédito para comunidades de propietarios. Es tan enormemente complicado que al final resulta que es imposible entender cómo se puede acceder a aquello que la ley se supone que da. Por favor, hagan ustedes una cosa muy sencilla, ni siquiera hace falta que den un interés preferente ni nada de nada, simplemente el aval estatal.”

Los expertos advierten de que hay que tener cuidado en las operaciones de renovación o rehabilitación de barrios y centros urbanos, porque a menudo se saldan con la expulsión de los antiguos residentes que son sustituidos por otra población de mayor nivel económico. “Si una rehabilitación y una actuación sobre un casco histórico tiene éxito, conduce al desplazamiento de la población marginal que vivía cuando el entorno se vuelve atractivo. Yo he conocido hace muchísimos años la Ile de France en París como una especie de gueto. Ahora es un sitio fantástico, pero ya no vive la gente que vivía allí.” Explica Ricardo Aroca.

Otro problema de los centros históricos es que su uso se limite a oficinas o a una especie de museos para turistas. Un centro sin habitantes es un centro muerto, dicen. La solución es difícil en el caso de ciudades muy turísticas: “En el casco de Toledo prácticamente no vive nadie. Las ciudades turísticas están condenadas a convertirse en un parque temático de sí mismas. Y además probablemente la conservación de lo que la gente viene a ver tampoco es muy compatible con seguir viviendo y tener un estándar de vida semejante al de las otras personas.”

Inundaciones en Pakistán 2013. © ONU-Hábitat

Inundaciones en Pakistán 2013. © ONU-Hábitat

Hace más de 50 años la teórica del urbanismo Jane Butzner Jacobs, en su libro ‘Muerte y vida de las grandes ciudades‘, señalaba que la ciudad es un lugar de intercambio y de convivencia y pierde su naturaleza cuando se produce una segregación o se privatiza el espacio público. No hay ciudad sin una población residente estable y sin el pequeño comercio de proximidad, y es necesario encontrar un equilibrio si queremos que siga existiendo el tejido urbano.

La crisis sin embargo ha aumentado los procesos de exclusión social, y los grandes centros urbanos reflejan las tensiones de la globalización. “Yo creo que el conflicto es sano absolutamente. Hay intereses contrapuestos. No me dirá usted que vamos a armonizar los actuales gobiernos y los bancos con los intereses de los desahuciados, o unos u otros.”

Hay que repensar el oficio, advierten algunos expertos, hay que vincular arquitectura y sociedad. No hay edificios emblemáticos, el valor de un edificio se comprueba cuando entra en funcionamiento, y la ciudad es clave a la hora de determinar la inclusión o exclusión de sus habitantes.

El crecimiento de las ciudades españolas se ha estancado. Muchas ciudades europeas perderán fuerza en el futuro. Las mayores megalópolis actuales son Tokio, con treinta y ocho millones de habitantes y Shanghái y Guangzhou que rondan los treinta millones. Muchas de las grandes urbes del futuro estarán en China, que debe acoger a los millones de campesinos que se trasladan del campo a la ciudad.

Si las grandes ciudades de los países ricos concentran una gran desigualdad social, en Asia, África o América Latina el éxodo rural ha creado enormes villas miseria con graves problemas de infraestructuras y desempleo. El urbanista Jordi Borja apoya la idea de Henri Lefebvre de que la próxima revolución será urbana o no será: “Quiero decir dos cosas. Primero que los cambios se harán desde las ciudades, pero esto siempre ha sido así. Como la sociedad ahora está urbanizada pues es lógico que así sea. Pero es que además hay pendiente una revolución política. Una revolución política en que los ciudadanos se sientan representados y por tanto la ciudad es el lugar donde se puede ir democratizando el Estado. En este sentido, cuando hablamos de revolución urbana quiere decir democratizar desde abajo el sistema político. Como decía un distinguido sociólogo y filósofo, Ralf Dahrendorf ―alemán de origen pero con nacionalidad también británica que fue mucho tiempo presidente de la London School of Economics―, el Estado democrático es frígido, en cambio la ciudad es caliente. La ciudad es un lugar donde la gente se encuentra, se frota, se huele. Es un lugar donde la gente que tiene una ideología política a nivel de Estado y del mundo puede coincidir en intereses e incluso en valores con gente que tiene otra orientación política.”

Movilidad urbana. © ONU-Hábitat

Movilidad urbana. © ONU-Hábitat

Ciudades y comunidades sostenibles. Desarrollo de urbanismo sostenible.

Plan de movilidad urbana sostenible. Problemas de contaminación del aire en las ciudades.

El urbanismo, que nació para dar respuesta a los problemas de la ciudad originados por la Revolución Industrial, debe repensar su función. Los retos son múltiples porque las cuestiones relacionadas con la contaminación del medio ambiente se han convertido en un grave problema como señala Mar Toharia, geógrafa experta en sostenibilidad: “Platón decía que las ciudades no deberían crecer más allá de un umbral que no pusiera en peligro su función original, su unidad. Y hay ciudades que lo han sobrepasado, yo creo que la mayoría. Tienen una escala muy difícil como para poder dar respuesta a las necesidades básicas de su población. ¿Qué se debería hacer? Yo creo que caminar hacia ciudades mucho más equilibradas en los tres pilares en los que se basa la sostenibilidad: el social, medioambiental y económico. Son tres pilares que son interdependientes y totalmente conectados.”

Uno de los problemas más graves es el de la contaminación atmosférica, simbolizado por la característica boina que cubre el cielo de muchas ciudades. Las grandes urbes son responsables de la mayoría de los gases de efecto invernadero. Dieciséis mil personas mueren al año sólo en España por efecto de la contaminación atmosférica. Se impone un cambio de modelo energético si queremos reducir en un 50 o 70% las emisiones de CO2 para el año 2050.

“Se están tomando diferentes medidas. Hay ciudades que empiezan a introducir el tema de otro tipo de combustibles que no sean combustibles fósiles ―el petróleo es altamente contaminante―, y luego medidas como por ejemplo la peatonalización de determinadas zonas de la ciudad. Todo esto contribuirá a un aire mucho más limpio. La población es consciente de esto, el 90% de los españoles considera que ir en coche contribuye enormemente al cambio climático. Pero consideran que cambiar los hábitos, dado que los tenemos muy arraigados, va a ser muy difícil, esto lo opina el 58% de la población.”, explica Mar Toharia.

La movilidad constituye uno de los principales problemas de las ciudades. En Madrid por ejemplo casi el 70% del espacio público lo ocupa el automóvil. El urbanista José María Ezquiaga cree que el problema del tráfico pasa por no primar el vehículo privado: “El automóvil es parte de nuestra vida, y parte podríamos decir ―para bien o para mal― de nuestra civilización contemporánea. Pero el automóvil no puede ser el elemento privilegiado ―el rey de la ciudad―, para nada. La ciudad no se debe rediseñar pensando en el automóvil, porque es una ilusión. Cuantos más carriles tienen las autopistas de entradas en las metrópolis, más automovilistas se deciden a adoptar el uso del automóvil privado y al final hay más congestión. Desgraciadamente no hay un remedio como tal en la congestión. Ahora bien, muchas ciudades se han aventurado en el sentido de dar una alternativa inteligente desde el transporte colectivo ―desde el transporte público, desde otros medios de transporte no mecanizados como la bicicleta―. Ya no es una broma ni un juguete hablar de bicicletas. Invito a ir a Dinamarca, a ir Copenhague, a ir Ámsterdam, a ir a los países escandinavos en general, a pasearse por Nueva York… No es un problema de pobreza ni de tercer mundo. Son los más ricos los que están adoptando en sus ciudades la bicicleta, fundamentalmente porque aprecian la salud y aprecian la calidad urbana. Otras ciudades también, además de eso, se han atrevido a ponerle alguna limitación al automóvil privado. La mayor parte de las ciudades grandes no permiten el acceso indiscriminado de los automóviles porque produciría su colapso, y tienen también muy limitado el tema de los párkings de tal manera que los párkings se utilicen para compras y ocio, pero no principalmente para las estancias de largo tiempo y para los viajes recurrentes de residencia al trabajo y del trabajo a la residencia.”

“Según la Organización Mundial de la Salud el 80% de la población española respira un aire urbano por debajo de los límites aconsejables. Ya eso, tomar consciencia de que estamos consumiendo a una velocidad rapidísima los recursos naturales ―que son limitados―, empieza a ser visible. Ahora la alimentación de las ciudades se basa en carreteras y en comercio, totalmente pendientes de los combustibles fósiles. Se ha pasado de unos alimentos de proximidad ―locales y de confianza― a consumir productos lejanos. Y los estudios dicen que sólo cinco empresas controlan el 80% del comercio de alimentos.”, explica Mar Toharia.

La participación ciudadana es fundamental en la construcción de la ciudad. Tímidamente empiezan a surgir iniciativas que intentan sustituir los hábitos de consumo por otros más sostenibles. Dice Mar Toharia: “todo este proceso de reintroducción de espacios agrícolas o espacios verdes en los núcleos urbanos ―que empieza a ser algo bastante popularizado en Europa y en el resto del mundo― es una iniciativa que fundamentalmente las riendas las lleva la población, los ciudadanos. Cada vez hay más huertos urbanosazoteas verdes― por ejemplo, en Madrid, en Barcelona y en ciudades europeas. En Berlín gran parte de la población se alimenta de los huertos urbanos. Y esto es una alternativa no sólo para la alimentación de la población sino también de crear otro modo de vivir la ciudad.”

Hay que lograr también casas más eficientes desde un punto de vista energético: “Me temo que la promoción inmobiliaria ahora mismo en España es bastante ignorante en el tema de sostenibilidad, no es una variable que consideren ahora mismo por desgracia muy relevante. Quizás en el mercado de oficinas si se detecta más que los clientes aprecian el ahorro energético. Quizás de cara a sus propios clientes secundarios las empresas valoran que el edificio sea sostenible, sea austero en el consumo de energía y recicle residuos y aguas, pero por desgracia no es una variable que todavía sea decisiva en el ámbito de la vivienda.”

La ley exige dar la calificación energética de los edificios, pero Ricardo Aroca no está muy de acuerdo con algunas medidas. Cree que bastaría con recuperar el sentido común y adoptar medidas de toda la vida como la ventilación cruzada y las orientaciones correctas: “Hay cuestiones esenciales como que las cosas estén bien orientadas. Cuando éramos pobres el tema del consumo energético mínimo se ha tenido en cuenta muchísimo en la construcción. Realmente la buena construcción de viviendas siempre ha sido respetuosa con el medio ambiente, y siempre ha procurado consumir la mínima energía posible. Los muros no se pueden hacer todo lo gordos que debieran, porque si uno tiene el muro muy ancho pues tiene eso menos de ancho en la habitación. Si lo que ocupa el muro no se contara a efectos de la limitación de superficie que se puede construir, el promotor no tendría ningún interés en hacer un muro fino.”

Port-au-Prince, Haiti © ONU-Hábitat

Port-au-Prince, Haiti © ONU-Hábitat

Smart city o ciudades inteligentes.

Hay quien opina que se pone excesivo énfasis en conceptos como smart city o ciudades inteligentes que a veces esconden meros intereses comerciales, cuando el verdadero problema está en el exceso de viviendas o en el déficit de financiación de los municipios. Ricardo Aroca: “A mí las etiquetas me revientan, me sacan de quicio. Tanta sostenibilidad, smart city… Mire usted, cuando necesita ponerle una etiqueta a algo es que está vendiendo un producto de segunda. Lo que es razonable, bueno, etc. no necesita tener la etiqueta de que lo es.”

Jordi Borja: “Es una marca que no puede durar mucho, porque finalmente todas las ciudades serán más o menos smart citys. Esto ha sido una operación publicitaria para que los vendedores de tecnologías engañen a los concejales y a los alcaldes a que apliquen cosas que ellos mismos no saben de que van. Ahora bien, detrás de smart citys hay esto que es negativo pero hay otra cosa que es positiva, que es que  las tecnologías actuales de información y comunicación pueden hacer los procedimientos más seguros, más trasparentes y más participativos. Hay mucha más facilidad para que los ciudadanos sepan en qué se gasta el dinero en cada momento. Para esto hace falta que las administraciones tengan una información preparada para que sea consultable.”

Mar Toharia: “Smart city no es simplemente que te avise de cuándo va a pasar el autobús, sino que realmente la tecnología te pueda favorecer por ejemplo la participación en los asuntos de tu ciudad. O que te ayude a formarte sobre dónde están los puntos limpios, que te ayude en las necesidades que puedas tener. O que las personas dependientes, por ejemplo una abuela que necesita sacar la basura, puedan darle a un botón si necesitan ayuda porque se han quedado atascadas en el ascensor. O sea que depende de que orientación le des a las tecnologías te van a servir para una cosa o para otra. Está por ver.”

De momento la ciudad más inteligente del mundo se está construyendo a veinte kilómetros de Abu Dabi. Masdar city, la ciudad pos petróleo, tiene previsto inaugurarse en 2020 y cuenta con un diseño de última generación. Pero sus promotores están teniendo problemas para vender las partes ya terminadas. De momento es una ciudad fantasma, sin historia, fría y descafeinada.

Escena nocturna de las ciudades. © ONU-Hábitat

Escena nocturna de las ciudades. © ONU-Hábitat

¿Cómo serán las ciudades del futuro?

Ricardo Aroca: “Pues las que tenemos ahora. Lo que tenemos que aprender es cómo usarlas mejor de lo que las hemos usado.”

Jordi Borja: “La imagino sobre todo más humana. Imagino una ciudad más abierta, más convivencial, donde realmente nadie sea extranjero, donde quepan culturas y formas de vida y formas de entender la misma ciudad diversas. Una ciudad que sea capaz de nunca darse por acabada. Siempre ser una obra interminable como el arte mismo.”

Mar Toharia: “Que permitan cuidar a las personas, cuidar el territorio en el que se inscribe. Que permitan dar respuesta a las necesidades de toda la población pero sin poner en riesgo los límites del planeta. Actualmente nuestro modelo de vida urbana está basado en un consumo de recursos exagerado. Necesitaríamos dos planetas como el que tenemos, necesitaríamos tres Españas para seguir manteniendo este nivel de vida que llevamos.”

Ricardo Aroca: “La ciudad futura es la de hoy. La ciudad futura no es Blade Runner ni Alphaville, esas utopías urbanas positivas o negativas. La ciudad futura es lo que hay hoy, pero eso está en proceso constante de cambio y con tendencias opuestas.”

La ciudad del mañana se está construyendo hoy. Los nuevos conjuntos urbanos deberán trenzarse sobre el tejido ya existente. Habrá que hacerla desde la diversidad, incorporando a toda la población para no generar inestabilidad. Mejorando los espacios públicos y fortaleciendo la cohesión social. Supondrá desafíos tecnológicos pero también éticos, como concluía Italo Calvino en ‘Las ciudades invisibles‘:

“El infierno de los vivos no es algo que será; hay uno, es aquel que existe ya aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de no verlo más. La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar, y darle espacio.”

Port-au-Prince, Haití. © ONU-Hábitat

Port-au-Prince, Haití. © ONU-Hábitat

Fuente: Hoy por hoy de Cadena Ser (19/03/2018) / Documentos RNE (8/08/2015): La ciudad del siglo XXI, un reto para el urbanismo / Imágenes: ONU-Hábitat y pxhere

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