Decía Jorge Luis Borges que, con el tiempo, aprendes que disculpar cualquiera lo hace pero perdonar sólo es cosa de almas grandes. La vida social no sería posible si no tuviésemos cierta capacidad de perdón. Sin embargo necesitaríamos ejercitar nuestros “músculos del perdón” con mayor regularidad. La mejor manera de hacerlo es recordar cuando hemos necesitado que otros nos perdonen en el pasado.

El poder de saber perdonar.

Hay quien cree que el perdonar es un acto de debilidad. No es cierto, es todo lo contrario. Perdonar es un acto de fortaleza emocional, porque utilizas muchos valores para conseguirlo: tienes que ser generoso, tienes que olvidar, hacer un sacrificio por la otra persona, es un componente empático y altruista, o sea que no tiene nada que ver con la debilidad.

Perdono pero no olvido. Olvido pero no perdono.

Son frases que a menudo utilizamos, ¿hay alguna diferencia entre ellas? La verdad es que no. Cuando se estudia psicológicamente el perdón, el perdón realmente no requiere de la reconciliación con la persona, ni de que la otra persona te pida el perdón. El perdón es una experiencia interna, y entonces perdonar supone siempre olvidar.

Está claro que, cuando alguien te ha ofendido, no borras de tu memoria lo que ha pasado. En ese sentido no se olvida. Pero sí que cuando perdonamos olvidamos todas aquellas acciones negativas de venganza, de tomarnos la justicia por nuestra mano contra esa persona.

Perdonar y olvidar van de la mano, pero no porque se borre de la memoria sino porque olvidar supone parar. Dejar de pensar en el agravio. Dejar de recrearte en qué harías con esa persona. Dejar de desearle que sufra lo mismo que has sufrido tú. Por eso decimos que perdonar y olvidar son dos aspectos de una misma acción.

¿A quién beneficia el perdón? ¿A quien lo recibe o a quien lo da?

El perdón beneficia a ambas partes, principalmente a la persona que lo da. Perdonar es un acto purificativo, en el sentido de que cuando trabajamos el perdonar a quien nos ofendió o las circunstancias que pasaron, realmente tenemos una esperanza mayor y encontramos bienestar y tranquilidad. Se dejan de tener pensamientos negativos hacia esa persona e incluso aumentan los pensamientos positivos hacia lo que pudo pasar.

Por supuesto también cuando perdonamos al otro le liberamos de la culpa y de esa responsabilidad. También tenemos que hablar de que todo en su justa medida, porque hay cosas que son imperdonables. Aquella persona que ha sufrido vejaciones, una violación, malos tratos, es muy difícil que quiera la reconciliación con la otra persona ni que quiera eximirle de la culpa ni de la responsabilidad.

Lo que tenemos que tener claro es que una cosa es la venganza y otra cosa es la justicia, y tiene que haber una justicia para aquellas cosas que son actos delictivos. Pero el perdón en este caso sí beneficia al que lo da, el perdonar lo que pasó hará que esa persona al menos pueda vivir sin sufrimiento.

“Aferrarse a la ira es como aferrarse a una brasa candente con la intención de tirársela a otro; tú eres el que se quema.” —Buda

¿Por qué nos cuesta tanto perdonar?

Son varios los motivos. Uno es por el dolor sufrido. Cuando algo te duele, como es algo que está ahí continuamente removiéndose, te está recordando que es lo que ocurrió, y cuesta.

También hay personas que no quieren perdonar por miedo a que se vuelva a repetir: “si yo perdono esto puede ser que esto me vuelva de nuevo a ocurrir”.

En otras ocasiones es por esta ley divina de “ojo por ojo y diente por diente” que todos tenemos y por la que no queremos perdonar. Queremos que la otra persona sufra lo mismo que uno ha sufrido. Pero realmente esto no nos aporta ninguna solución, porque cuando esto ocurre acabas tú por buscar el perdón porque terminas avergonzándote de actos y de pensamientos que no te gustaría tener.

Y también nos cuesta perdonar por no tener una interpretación benevolente. Muchas veces cuando alguien hace algo decimos “esto lo hace para fastidiarme”, “es que es una mala persona”. Hacemos siempre un juicio de valor negativo que nos impide perdonar.

La venganza va unida a la falta de perdón

Porque es algo que llevamos viendo en las películas, en las series, en la literatura, en el día a día. Es como una necesidad de que el otro sufra, porque parece que si el otro sufre lo mismo que he sufrido yo de alguna forma yo me voy a encontrar mejor.

Es una idea equivocada, porque luego nos damos cuenta de que la persona tampoco se libera del dolor que ha sufrido. Y ahí es donde decimos que hay una diferencia muy grande entre lo que es la venganza y lo que es la justicia.

El hecho de perdonar nos tiene que llevar a no idear una venganza, porque ese recrearnos en “fíjate lo que pasó”, “fíjate lo que me hicieron”, y estar todo el día pensando lo que te gustaría que le pasara a la otra persona: “ojalá llegue su momento”, “porque lo que se siembra se recoge”… Todos esos refranes que nos hacen todavía sufrir más hacen que no estemos en descanso.

La justicia es otra cosa

Es cierto que si alguien ha cometido un acto contra ti que es motivo de justicia hay que reclamarlo. Lo que no podemos dejar es que la gente que se porta mal y cruza los límites pase de forma impune porque tú le perdonas.

Porque hay muchas mujeres que dicen “¿cómo le voy a denunciar si es el padre de mis hijos?”. Pues debes denunciarlo, porque seguramente puede tener una conducta delictiva con tus hijos o con cualquier otra mujer, y porque lo que ha hecho está mal. Y porque la gente tiene que tener una consecuencia cuando se porta de una forma que está mal. No hay que dejar pasar hechos que son injustificables sin que esa persona tenga el castigo o la consecuencia que su comportamiento debe tener.

Modelo de perdón (REACH), de Everett Worthington

Everett Worthington es ingeniero nuclear y psicólogo, e investiga sobre el perdón (y otras virtudes). Ha escrito más de 30 libros sobre temas como el perdón de los demás, el auto-perdón, la fuerza del carácter, la religión y la psicología, y la terapia de parejas, y ha publicado más de 350 artículos y capítulos académicos. Él dice que Las personas con resentimiento se mueren antes.

Para ayudar a la gente a tomar la decisión de perdonar y alcanzar el perdón emocional, ha desarrollado un proceso de cinco pasos llamado REACH que ha sido probado con resultados positivos en numerosos estudios científicos:

R (de Recuerda, en inglés sería remember)

Recuerda la emoción que sentiste cuando te sentiste amenazado. ¿Por qué? Pues porque hay veces que tratamos de evitar las emociones, y al evitar la emoción no aceptamos el sufrimiento. Queremos resarcirnos pensando que eso se va a recuperar y no es así. Es ideal ponerle un nombre a la emoción: sentí frustración, sentí pena, sentí rabia, y acepto que esto pasara. No lo puedo cambiar.

E (de Empatizar, en inglés sería empathize)

Empatiza con tu ofensor y trata de no juzgar. ¿Por qué debemos tener empatía? Porque si hablamos de situaciones más cotidianas ―situaciones con la pareja, con los hijos, con un amigo―, por ejemplo una amiga que tenía que llamarte cuando estabas enferma y que se olvidó, y a partir de ahí “no la perdono porque yo no hubiera hecho eso con ella”. No sabes la situación de tu amiga en ese momento, no sabes que problemas tenía, no sabes realmente como hubieras reaccionado tú. El ponerte en su lugar, el permitirle que hable contigo y entender porqué ocurrió, te ayudará a perdonar.

A (de Altruismo, en inglés sería altruism)

La conducta altruista nos beneficia a todos. Cada vez que tú te comportas de forma altruista con alguien sientes niveles de bienestar. Y para ser altruista sería bueno recordar todas las veces que te han perdonado a ti, por tener simplemente un modelo.

C (de Compromiso, en inglés sería commitment)

Coge un compromiso con el perdón. Significa poner fecha a la llamada de esa persona, o ponerte a ti un momento, un día a la semana en el que digas ahora me voy a sentar y voy a recordar y a limpiar y decidir que este tema se cierra en mi vida. Pongamos un día al igual que lo hacemos para empezar con los nuevos objetivos.

H (en inglés viene de Hold, en español significaría algo como “una sujeción”)

Muchas de las veces en que nosotros nos vemos relacionados con algo que nos ha ofendido, está claro que cuando alguien te ofende tú no tienes culpa, pero si es cierto que podemos desarrollar una serie de anclajes o una serie de habilidades sociales, o de poner límites a la gente y saber decir que no, para que el próximo día seamos más fuertes ante esa situación y nos podamos defender.

La mayoría de las veces cuando alguien cruza los límites los cruza, seas tú una persona tímida, introvertida o extrovertida, es la persona la que los ha cruzado. Pero si nosotros mirásemos en qué medida podríamos haber hecho más, seguro que hay una serie de habilidades que podemos entrenar.

Y normalmente esas habilidades son las habilidades sociales, la capacidad para poner límites a la gente, el decir que no o el rechazar peticiones. Porque luego hacemos responsables a los demás de según qué emociones y de cosas que nos han ocurrido, pero si nosotros no trabajamos y entrenamos esa capacidad para tener nuestro espacio puede ser que nos siga ocurriendo.

De hecho dicen que de las personas tímidas se aprovecha más la gente, o sea que se supondría que son personas más vulnerables y que tendrían que estar perdonando más veces. Igual la persona tímida tiene que plantearse en qué momento debe dejar esa timidez o incapacidad para eludir los conflictos. Hay personas que, con tal de no tener un conflicto, meten piedras en su mochila, o aceptan cosas que no desean, o no dicen un NO a tiempo. Esas personas luego dicen: “es que la gente se aprovecha de mí, y ahora tengo que perdonar”, pues aparte del perdón tienen que entrenarse para que eso en su vida no ocurra.

¿Todo se puede perdonar?

Depende. Si “todo es perdonable” significa que yo deje pasar cosas que de verdad tienen que tener una consecuencia, NO. Si hablamos del perdón en términos psicológicos, como un acto o esa experiencia individual en la que yo trato de sentirme en paz y equilibrio, para no estar sufriendo por actos del pasado que ya no puedo recuperar ni puedo resarcir de ninguna manera, entonces SÍ.

Hay gente poco rencorosa, y gente que lo es más.

Aquella gente que es más rencorosa tiene un nivel de sufrimiento mucho mayor, y a la gente que no es rencorosa lo que le dicen es “tú eres tonto, tu todo lo olvidas”.

Cuando tú te recreas en lo que te han hecho no consigues ninguna solución, y encima estás con un sin vivir de manera continua. Por eso decimos que no ser rencoroso o el perdonar no es un signo de debilidad. Es una forma de tener bienestar en la vida y de poder vivir en paz.

Eso no quita para que tú digas “yo perdono a esta persona pero no la quiero tener en mi vida. No quiero ninguna relación. No la necesito”. Perdonar no lleva a que yo me tenga que llevar bien con esa persona, simplemente es un acto en el que yo decido ser feliz a pesar de la injusticia que uno pueda haber sufrido en la vida.

Cómo perdonar

Fuente: Patricia Ramírez en A punto con la 2 de RTVE (9/05/2016) / Imagen: flickr Guillermo Alonso

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