La presencia de personas tóxicas puede afectarnos más de lo que pensamos, aunque no nos demos cuenta

Nuestro cerebro no tolera la ambigüedad, tenemos un cerebro que está programado para conectar con otro: necesitamos vincularnos intercerebralmente con otra persona. Es algo que puede sonar extraño pero nuestro cerebro fisiológicamente lo necesita, es lo que nos hace ser seres sociales. Constantemente nos vamos a estar relacionando con otra gente, y eso nos va a exponer a situaciones mejores y peores. Por ello es necesario saber detectar a la gente tóxica.

¿Qué ocurre al relacionarnos con una persona tóxica?

Si nos relacionamos con una persona sana nos va a ayudar a mejorar: nos va a hacer sentir bien, mejorará nuestra energía, nos comprenderá y ayudará en los momentos complicados. En cambio si nos relacionamos con una persona tóxica ocurrirá todo lo contrario.

Quizás no conozcas este dato pero es revelador: 9 de cada 10 personas que tienen problemas en el trabajo los sufren por culpa de compañeros tóxicos, cuyas conductas negativas provocan situaciones de tensión muy desagradables.

Es algo que no ocurre sólo en el ámbito laboral. Las relaciones familiares y de amistad también se pueden ver muy enturbiadas por gente que siempre se está quejando, imponiendo su opinión o criticando todo lo demás.

Lo ideal sería salir corriendo, pero no siempre es posible

De ahí la importancia de saber relacionarnos y anticipar situaciones como seres sociales que somos, y la necesidad de ser capaces de manejar esas situaciones. Cuando una persona nos hace sentir mal lo normal sería escapar, pero no siempre podemos hacerlo: ¿y si tu padre es así? ¿Y si tu hijo es así? ¿Y si tu jefe es así? ¿O un compañero de trabajo? ¿O tu hermano?

Una cosa es como los tenemos que tratar a ellos, y otra como nos tenemos que tratar a nosotros mismos para poder manejarles

Ocurre a veces que nos encontramos con personas que nos hacen daño, pero es que nos enganchamos. El saber hacer frente a esta situación nos puede ayudar de algún modo a estar alerta y despegarnos de esa persona o saberla manejar. Dejando claro que, siempre que se pueda, huir de esta relación es la mejor solución.

Retrato oficial de Hitler en la cancillería (1938).

Retrato oficial de Hitler en la cancillería (1938).

¿Cómo es la gente tóxica? ¿Lo hacen voluntariamente o sin querer?

En general son personas que absorben la energía y nos hacen sentir mal. Acostumbran a tener una autoestima muy baja, y en lugar de solucionarlo como lo haría otra persona (preguntándose “¿por qué estoy así? ¿Qué me pasa? ¿Por qué me siento inferior?…”), lo que hacen es coger la energía del otro. Es como si fuese una transfusión: “te veo bien y voy a ir a machacarte hasta que te vea mal, y entonces es cuando yo me voy a sentir bien”. Todos hemos estado con alguna persona así y hemos pensado “¡Caray, es que me da pena, pero me hace sentir fatal!”.

Normalmente no se dan cuenta, lo hacen de forma totalmente involuntaria. Son personas que sienten un malestar interior muy grande, y ese malestar que sienten lo proyectan fuera.

Hay muchos tipos de personas tóxicas:

■ La persona quejicosa

Son personas agotadoras, y ellos no se dan cuenta. Sienten una grandísima angustia y muchísima culpa. Para ellos todo está mal. Y realmente todo está mal, pero no fuera sino dentro. Lo que ocurre es que ellos no lo ven, y al no verlo lo que hacen es decir que todo lo de fuera está mal.

Todos hemos estado en situaciones con gente así, y lo que acostumbramos a hacer es sentir pena y les aguantamos. Pero eso no es lo que tendríamos que hacer, porque si yo estoy aguantando y doy coba a una persona que se queja hoy del tiempo, mañana del trabajo, pasado del coche y al día siguiente del compañero… Esta persona puede estar pasando una mala etapa, que todos las tenemos… pero cuando esta actitud se convierte en algo regular, y cuando no cede a algún tipo de racionalización y de ayuda (porque son personas que están siempre dando vueltas a la queja, y de quejarse han hecho un hábito), entonces no hay que seguirle la corriente con sus quejas.

■ La persona agresiva, manipuladora y controladora

Son las personas que están enfadadas con el mundo. Esas personas que parece que ellos son los que hacen todo bien y que son los demás los que hacen todo mal. Podemos estar en una conversación fantástica y ellos con facilidad la negativizan, y estamos deseando que se callen de una vez.

Son narcisistas, pero realmente son personas muy inseguras que necesitan controlar el exterior cuando realmente son ellos los que están mal. Jamás van a crecer, porque si yo tengo un problema y lo proyecto fuera, dime tú qué crecimiento y que mejoría se va a dar. Acostumbran a tener una atención selectiva y muy buena para identificar a las personas que se dejan manipular. Son capaces de darle la vuelta a la tortilla y vendernos cualquier cosa en un plis plas, despistándonos de nuestros objetivos. Siempre que sea posible nos hemos de apartar de este tipo de gente tóxica.

Para tratar a este tipo de personas lo que tenemos que hacer es no perder nunca jamás de vista nuestros objetivos. Si yo digo que me voy a ir al campo este fin de semana, me voy a ir al campo este fin de semana. Por mucho que me digan que va a hacer frío, por mucho que me digan lo que sea,  ¡Voy a ir al campo este fin de semana!

Muchas veces viene bien el preguntarles directamente “¿qué es lo que quieres de mí? ¿Qué es lo que esperas?”. Especial atención a los padres o a las personas que nos preocupamos por otras y que queremos siempre el bien para ellas, y siempre es como que estamos buscando el fallo para ayudarles a mejorar. Pero en lo que nos convertimos es en auténticos perseguidores, y las consecuencias son muy negativas.

Raúl Pérez parodia a Donald Trump en el programa LATE MOTIV de Andreu Buenafuente:

■ La persona envidiosa

En este caso es complicado. La envidia es una emoción que está muy encubierta y no es fácil detectarla. Las personas envidiosas son personas que envenenan. Tú te puedes estar alegrando por algo y ellos están alerta, como con un radar, detectando que es lo que tienes tú que ellos no tienen. Detrás de una persona envidiosa hay poca capacidad, poca resistencia a la frustración y poca empatía.

Son personas que ocultan su egoísmo y no nos lo dejan ver. Viven en una eterna angustia y nunca son felices, porque siempre están deseando lo que no tienen. Son personas que normalmente no van a mejorar, porque no se están dando cuenta de que tienen un problema. Ante esta situación lo que tenemos que hacer es no explicarles nuestras cosas, y punto. Tenemos que contar nuestras historias sólo a aquellas personas que sabemos que realmente se van a alegrar.

■ La persona celosa

La persona celosa vive con una grandísima angustia. Puede ser que tenga miedo o puede ser que tenga la certeza de que la persona a la que quiere se va a ir. El celoso tiene muy buen pronóstico de sanación para solucionar sus problemas, siempre y cuando sean celos pasionales (arrebatos) o sean celos obsesivos, porque en ambos casos tienen momentos en los que son conscientes de que no es correcto lo que hacen, de que es producto de su mente (Caso aparte sería el de los celotípicos. Si hablamos de celos delirantes es algo que requiere asistencia psiquiátrica, no solo psicológica)

Las personas celosas lo pasan fatal. Los que se dan cuenta de ello sufren muchísimo, porque son conscientes de que están alejando a su propia pareja. Acostumbran a ser personas que han sufrido situaciones en las que han sentido a los padres algo más distantes, en las que no se han sentido queridos, pueden haber sufrido bullying en la etapa escolar, y viven con miedo al abandono. Se puede ser celoso no sólo de la pareja, sino también de la familia o de los amigos.

Con este tipo de personas lo ideal es la prevención en la infancia y en la educación. Se ha de tratar que sean personas con una autoestima alta y que no tengan miedo, porque en el fondo son personas inseguras. Pero si ya es tarde para esto y estamos sufriendo un brote de celos, lo que tenemos que hacer es identificar si estamos dando motivos para ello. Si los estamos dando vamos a retirarlos y tratar de dar confianza. Si esto no funciona lo que tampoco se debe hacer es facilitar esas conductas controladoras.

Las personas tóxicas influyen y afectan no a quienes ellos quieren, sino a quienes se lo permiten. Normalmente la gente tóxica va a personas que se dejan manipular y comer el espacio. Si nos viene una persona celosa vamos a tratar de darle seguridad, pero si nos empieza a limitar en exceso… “¡Por mucho que te quiera, más me quiero yo!”. Es necesario saber poner límites.

■ La persona chismosa

Los chismosos no hacen más que exagerar y traernos las cosas negativas de los demás, y seguro que cuando hablan de  nosotros hacen lo mismo. No hacen más que malmeter. Aquí si no hay oreja que escuche no hay chismorreo. Lo mejor con este tipo de personas es o no darle importancia a lo que nos cuentan, o exagerar lo que están diciendo (“¡Sí, sí, sí!”).

■ La persona pasivo agresiva

Son estas personas que están calladitas, que mantienen una actitud fantástica y que saben estar perfectamente. Pero tienen una agresividad interna importante que no vamos a notar. De repente estamos con esa persona y nos suelta algo que nos deja bloqueados: “¿Y tú siempre vas así, con esas pintas? ¿Siempre vas por la calle sin peinar? Es que siempre que te he visto vas así. Perdona ¡Te lo digo por tu bien! ¡Espero que no te moleste!”. Esta persona está actuando con premeditación, sueltan esa agresividad contenida y el problema es que no les vemos venir. A personas así hay que ponerles límites asertivos: “Pues perdona, me dices que no me moleste pero si me molesta, porque no entiendo a qué viene este comentario”. Y ponerles delante un espejo: “¡¿Tú te has visto como llevas…?!”

Gente tóxica, canción de Pedro Guerra incluida en su disco El mono espabilado:

Todos podemos ser tóxicos en un momento determinado

Si nosotros colocamos nuestro dolor en el centro del universo, porque a veces podemos estar sufriendo cargas (si nos echan del trabajo, si nos deja la pareja…). Cómo no ser tóxicos con las personas más cercanas en una situación así, si estamos ávidos de afecto porque todo nos va fatal.

Todos tenemos dentro un Caín y un Abel

Todos tenemos una cosa buena y una cosa mala. La diferencia que existe entre una persona sana y una persona tóxica es que una persona sana, cuando se siente mal, intenta identificar el por qué se siente mal: un sentimiento, una emoción de malestar, “¿qué es lo que me está pasando?, ¿qué es lo que estoy pensando que me hace sentir así?” E intenta solucionarlo haciendo introspección. Las personas tóxicas necesitan la consulta del psicólogo porque creen que es todo lo de fuera lo que no funciona, aunque en realidad son ellos los que están mal.

De 1 a 10 ¿cuánto de tóxico eres?, ¿y los que te rodean?, ¿has conocido a un vampiro emocional?

La diferencia entre el parásito y el vampiro es que el parásito se acomoda en tu cuerpo y vive de ti, y el vampiro es el que necesita morderte, el que sabe que te está sangrando. El narcisista, maligno, psicopático, disfruta viendo a la otra persona controlada, se siente el rey del universo y ve como la está destruyendo y como se victimiza y como va a llorarle.

Hay otras muchas personas tóxicas que no disfrutan con ello, que son parásitos porque necesitan parasitar, necesitan la estima del subalterno (del que han escogido porque con otro no se atreven).

Desgraciadamente los vampiros reales no son tan románticos como los del cine, más bien todo lo contrario. Nos roban la energía, nos manipulan, y al final nos destruyen. Los hay en el trabajo, en nuestra familia y también entre nuestros amigos. Es muy típico que, en un grupo, la persona tóxica va a elegir a aquella a la que puede parasitar, y esa parasitación no se va a producir a la fuerza. La persona parasitable es una persona que tiene necesidades.

Para que haya una persona tóxica es necesario que también exista necesidad y poder

Las empresas están empezando a elegir jefes “psicopatillas”, y se establece una relación tóxica consentida entre ese jefe (mal jefe) y el segundo jefe. Y ese es el que hoy se considera en muchos casos un buen jefe, sin empatía: hoy eso es funcionalidad. El hecho de ponerle a una persona un uniforme y darle poder es algo de un calibre psicológico muy  grande… Desde el momento en que alguien tiene poder, y no tiene los elementos suficientes internos para utilizar ese poder de una manera equilibrada, pues es como darle un bazoca.

Una persona tóxica ¿puede dejar de ser tóxica?

Para que eso ocurra el primer paso es que la persona se dé cuenta de que está mal. Si uno mismo no sabe que está mal ¿cómo va a pedir ayuda? Nadie se sana si no sabe que tiene que ser sanado. En ocasiones nos encontramos con personas que a lo mejor tras su comportamiento (por ejemplo alguien muy negativo y controlador, como podría ser una persona celosa), ven las consecuencias de su actitud (por ejemplo que su pareja se aleja) y empiezan a ser conscientes de lo que están haciendo.

La envidia, el egoísmo, los celos y la falta de autoestima están ligados a las personas con cualidades tóxicas de las que hay que huir

Adolf Hitler era una persona tóxica con un pueblo totalmente vulnerable. Tenía una autoestima por los suelos y estaba totalmente deprimido. Necesitaba a alguien que le hablara como le hablaba y que se identificara con ello. Si no escapamos a tiempo el toxificado perece, y las consecuencias en la salud pueden ser importantes. Ya sabes, mejor dejemos a los vampiros para las películas

David Fernández parodia a Hitler en el programa LATE MOTIV de Andreu Buenafuente:

Fuente: Entre paréntesis de Radio 5 (28/04/17) y El canto del grillo de RNE (29/04/16) / Imagen de portada: Wikimedia commons

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