La dislexia es un trastorno neurológico que dificulta el aprendizaje de la lectura y la escritura, pero que no tiene nada que ver con la inteligencia

¿Qué quiere decir ser disléxico? ¿Cómo se detecta? ¿Qué medidas se han de tomar? ¿Cómo hemos de comportarnos en casa con el pequeño? ¿Cómo se le explica a un niño que tiene dislexia? ¿Se puede confundir con otros trastornos?

¿Qué es la dislexia?

Se caracteriza porque las adquisiciones de la persona en el ámbito de la lectoescritura se encuentran muy por debajo del nivel esperado en función de su inteligencia y su edad cronológica. Es un problema de tipo cognitivo, que afecta a aquellas habilidades lingüísticas asociadas con la escritura, particularmente el paso de la codificación visual a la verbal, la memoria a corto plazo, la percepción y la secuenciación. Se manifiesta con una dificultad de automatización especialmente en la lectura, la ortografía y, en ocasiones, también en el cálculo aritmético.

Dislexia: ¡no soy tonto, sólo disléxico!

Exigir a una persona que sufre dislexia el mismo nivel de conocimientos ortográficos o la misma velocidad lectora que al resto de los alumnos, es abocar al fracaso a una persona que, con una inteligencia y capacidad intelectual dentro de la media tiene un problema específico de aprendizaje.

Sencillamente, los disléxicos tienen una manera diferente de aprender

La mayoría de las personas disléxicas están suficientemente capacitadas para acceder a cualquier nivel de enseñanza, pero a menudo el sistema educativo les cierra el paso abocándolas al fracaso escolar o bien ofreciéndoles salidas para las que no están nada motivadas y que son el origen de profundas frustraciones personales.

¿Cómo explicamos este problema a los niños?

Siempre con la máxima naturalidad posible

No podemos decirle a un niño que no le pasa nada después de haberle llevado a un especialista y de haberle hecho toda una batería de pruebas. Le hemos de explicar el resultado de esas pruebas: “Sabes que el tema de leer no acaba de funcionar del todo bien, por eso hemos ido a averiguar el por qué”. La técnica es ir respondiendo las preguntas a medida que el niño las vaya haciendo.

¿Por qué me cuesta leer?

“Sabes que hay personas que llevan gafas. Pues también hay personas que tienen esta dificultad para leer, y para solucionar esto no hay gafas. Nos hemos de entrenar de otra forma”.

¿Por qué dicen que soy gandul? Yo hago lo que puedo

El comentario siempre es: “podría hacer mucho más de lo que hace”. ¿Es esto real? Aquí se involucran los factores emocionales, la sensación de fracaso, la sensación de que nadie entiende el esfuerzo que estoy haciendo. Si  me estoy esforzando, si todos dicen que me he de esforzar más, si yo ya no puedo más… Y si llegamos a la adolescencia con esta sensación… Nos encontramos a una criatura totalmente desconcertada, no sólo con lo que ya supone la adolescencia sino con todo lo que sería su proyecto de vida.

Dislexia: ¡no soy tonto, sólo disléxico!

¿Cómo se sabe que alguien tiene dislexia?

Es algo progresivo. Cuando llevamos a un niño al colegio se espera que vaya siguiendo un proceso evolutivo

Los niños evolucionan: empiezan a hablar, a caminar, empiezan a ir a la escuela, adquieren motricidad más fina… y empiezan a reconocer las letras y a ponerles nombre. Cuando este aspecto es el que falla, el niño no aprende las letras, no aprende el nombre de los colores… En cambio, si le pedimos que pinte algo de color rojo lo pinta de color rojo. Pero si le decimos coge el color rojo nos mira extrañado. Es una cuestión lingüística.

La dislexia es un trastorno neurolingüístico

Todo aquello que en el lenguaje presente un retraso evolutivo, sea en lenguaje oral, sea en la adquisición de aquellas habilidades que nos permiten leer y escribir, es un síntoma de riesgo. Es cuando se ha de intervenir.

En P4 el niño no tiene la misma fluidez a la hora de retener las letras y los sonidos que corresponden a cada letra. En P5 no acaba de hacerlo. Entra a 1º y los niños ya leen, y este niño no lo hace. Llegamos a 2º y lo que se piensa es: “este niño debería leer más en casa”, y se traspasa la responsabilidad de la lectura a unos padres que no necesariamente están preparados. Cuando empieza 3º el profesor está esperando a un niño que ya controle a nivel de automatismo la lectura, y este niño no lo hace: “¿qué pasa con este niño que no sabe leer?”

Ahí se ha perdido un tiempo fantástico. Se ha de hacer una evaluación neuropsicológica del niño y ver que capacidades tiene a nivel cognitivo en todos los ámbitos. En última instancia, lo que determinará que sea o no disléxico es que ese niño, que no tiene ninguna causa para no aprender, no aprende. No tiene problemas ni de visión, ni de audición, tiene una buena capacidad, tiene una buena integración social…

¿Se puede confundir la dislexia con el TDAH?

No necesariamente. La dislexia es un trastorno de aprendizaje, y el TDAH es un trastorno de conductaEn la escuela confluyen en no poder seguir de una forma normalizada los aprendizajes. Lo que sí es cierto es que por el hecho de ser disléxico, como el proceso es muy fatigante, podría disminuir el nivel de atención del niño.

Un índice que se tiene poco en cuenta es el de fatigabilidad

Un niño con dislexia se cansa mucho más y por tanto su nivel de atención disminuye, como nos ocurre a los adultos. En este sentido se podría confundir con TDAH. En este caso es un especialista el que ha de diagnosticar, porque a veces el problema también puede ser que confluyan los dos trastornos. Puede existir comorbilidad: a la vez el niño puede ser disléxico y ser TDAH.

Es un especialista quien, después de un estudio exhaustivo, lo ha de diagnosticar. Es quien determinará si el niño tiene un trastorno específico del lenguaje, un trastorno específico de la lectoescritura, un trastorno de la conducta como el TDAH o una discalculia.

Dislexia: ¡no soy tonto, sólo disléxico!

¿Por qué tiene “mala fama” la dislexia? ¿Hay pocos casos? ¿Es un trastorno desconocido?

Realmente hay más casos de los que se cree. La dislexia está infra diagnosticada, y en ocasiones está detrás del fracaso escolar

Si un niño es miope le ponen gafas. Si tiene diabetes sabemos que necesita insulina. Ningún profesor le dirá a un niño en el colegio” “¡Quítate las gafas porque todos hemos de ser iguales!”.

Si un niño es TDAH, y le hacen un diagnóstico de TDAH, sabemos que hay un tratamiento psicológico y farmacológico, y por tanto de alguna manera no es algo que dependa tanto de la escuela.

En el caso de la dislexia el hecho de leer y escribir es la base de la escuela

Para el profesor, que se siente responsable de que esto ocurra, el que un niño no aprenda a hacer eso que es tan fundamental hace que en el fondo se sienta mal y muy descolocado. A veces se percibe como un fracaso propio, no sólo del alumno, y no se entiende. Cuando algo no lo entendemos y lo que queremos es conseguir lo imposible, no hay manera.

“Yo pensaba que era tonto”

Es lo que acostumbra a responder un niño cuando se le explica que significa ser disléxico y se le dice que él es disléxico: “¡Ah, soy disléxico, no soy tonto!”

A todos nos ocurre. Todo aquello que nos pasa y que no sabemos a qué es debido nos crea desconcierto. Imaginémonos como adultos  pasando cada día en un lugar en el que nos hicieran ver que hacemos lo que es fundamental (porque en la escuela leer y escribir es fundamental) mucho peor que los demás. Te están diciendo constantemente que tú no vales, que no sirves, que eres tonto.

¿Qué se ha de hacer?

De la misma forma que lo haríamos si un niño tuviese un brazo roto que le produjese una dificultad en la capacidad motora. Al niño con dislexia se le ha de entrenar. Pero no se ha de hacer de  una manera pesada y como un castigo, se ha de buscar la forma de que el pequeño pueda ir avanzando. Todo aquello que hagamos por el lenguaje cuando el niño tiene 4, 5 o 6 años, desde el lenguaje propiamente oral, nos servirá para que tenga un mayor desarrollo en esta dishabilidad que tiene. Es un entrenamiento.

Hacerlo a una edad temprana es fundamental

La escuela infantil debería ser la escuela del lenguaje. Todo aquello que se haga para trabajar y establecer el lenguaje de los niños, una buena estructura, un buen ritmo… será beneficioso y favorecerá el aprendizaje de la lectoescritura. ¿En que nos apoyamos cuando aprendemos a leer y a escribir? En el lenguaje que tenemos preestablecido.

Dislexia: ¡no soy tonto, sólo disléxico!

¿Hay diferentes grados de dislexia?

Sí, como en todo. Lo que ocurre es que las variables que influyen en el rendimiento son múltiples: el entorno familiar, las posibilidades económicas de la familia, la comprensión de la escuela, el sistema de la escuela, la posibilidad de estar o no estar diagnosticado, la presión que se ejerce socialmente… La propia capacidad real del niño, porque hay niños que tienen mucha capacidad para enfrentarse a las cosas, y hay personas que se hunden con facilidad. Hay diferentes grados y la severidad se ha de valorar teniendo en cuenta todas las variables.

¿Qué se le puede pedir a la escuela?

Lo primero el respeto. No se puede avergonzar a un niño porque no pueda hacer un dictado. No se puede avergonzar a un niño haciéndole leer en público si no puede o no quiere leer.

¿Hemos de dejar sin leer a un niño que es disléxico y al que le cuesta mucho leer?

No. Se le puede decir que se prepare un pequeño párrafo. El niño puede leer y por tanto es un niño tranquilo, porque no es diferente a sus compañeros.

A los profesores decirles que escuchen a los niños, porque los niños son honestos y conocen sus necesidades. Habrá niños que necesitarán que se les repita la información varias veces. Veamos cómo se puede hacer conjuntamente. Hay compañeros que pueden leer el problema o el ejercicio a toda una mesa. Es sentido común, respeto y curiosidad por averiguar cómo a este alumno esto le va a llegar mejor.

¿Podré ir a la universidad siendo disléxico?

Capacidad de lucha, de no conformarse. Una persona con dislexia tendrá que sudar mucho, y eso los niños lo saben. Siempre tendrán más dificultades, la clave está en no renunciar. Lo que necesitan estos niños, al igual que lo necesitan el resto de niños y todas las personas, es un mínimo de calma y tranquilidad. Menos tensión. Si no hago esto se hunde el mundo… ¡Nunca se hunde el mundo!

Dislexia: ¡no soy tonto, sólo disléxico!

Las personas con dislexia son a menudo despistadas y tienen poca memoria a corto plazo

La dislexia no tiene absolutamente nada que ver con la inteligencia

Es una disfunción de unas determinadas áreas neurológicas que no tienen nada que ver con la capacidad de aquello que entendemos por inteligencia. De la misma forma que a nadie se le ocurriría decir de una persona miope que, por este motivo, pueda ser más o menos inteligente.

Cómo síntomas de riesgo está el hecho de que haya un familiar más o menos cercano que sufra dislexia

La Asociación pide que en el colegio, en los cambios de ciclo, se hagan pruebas para detectar pronto posibles problemas. Hacer una evaluación estandarizada desde P4 sería la forma de detectar si un alumno se está retrasando respecto a la media, y ver de qué manera se puede intervenir en función a esta resistencia al aprendizaje que presenta el niño, sea por el motivo que sea. La escuela ha de entender estos problemas y facilitar el aprendizaje, es el concepto de accesibilidad.

Por ley la escuela ha de atender a estos niños

En la ley de educación, en el artículo 82, está contemplado que las escuelas deberán atender a los alumnos que tienen trastornos específicos de aprendizaje.

Y en casa mucha comprensión y buscar la ayuda necesaria

El profesional que trata el lenguaje es el logopeda, ha de ser una persona preparada para tratar este tema.

En casa no podemos machacar al niño con una doble jornada. Un niño que ha tenido cinco horas de clase y que ha pasado todo el día en el colegio, no puede estar al llegar a casa dos o tres horas haciendo deberes. Si además lo tenemos en reeducación… Ha de tener tiempo para el juego.

Leer mucho con ellos es una práctica necesaria

Que la lectura se tenga como un factor de vida, no de escuela. Leemos a nuestros hijos cuando son pequeños. Pero a veces, cuando ellos aprenden a leer, ya no les leemos nunca más.

Con los niños que tienen dislexia hay que leer. Hay que decirle a nuestro hijo: “¡vamos a leer!”. El que lee es el padre o la madre, pero el niño está al lado y mira como el padre o la madre está leyendo. Es una manera de inducir al niño a leer.

Y no dejar nunca de luchar

Si hay cualquier duda se ha de aclarar. Cuando ya tenemos el diagnóstico hay que hacer todo lo posible para hacer entender al niño que aquello que quiera hacer, evidentemente le costará más esfuerzo, pero el resultado será aún más gratificante.

Estrellas en la tierra (Taare Zameen Par)

Ishaan Awashi es un niño de 8 años cuyo mundo está plagado de maravillas que nadie más parece apreciar: colores, peces, perros y cometas, que simplemente no son importantes en la vida de los adultos, que parecen más interesados en cosas como los deberes, las notas o la limpieza. E Ishaan parece no poder hacer nada bien en clase. Cuando los problemas que ocasiona superan a sus padres, es internado en un colegio para que le disciplinen. Las cosas no mejoran en el nuevo colegio, donde Ishaan tiene además que aceptar estar lejos de sus padres. Hasta que un día, el nuevo profesor de arte, Ram Shankar Nikumbh, entra en escena y se interesa por el pequeño Ishaan.

Estrellas en la tierra (Taare Zameen Par). Dislexia: ¡no soy tonto, sólo disléxico!

En este fragmento de la película hindú el profesor explica a sus alumnos de manera magistral en que consiste la dislexia, y les nombra personajes históricos y famosos que también eran disléxicos y/o tenían problemas de aprendizaje.

Como familia se ha de aprender a afrontar una situación determinada. Informarse y si es posible formarse

Se ha de tener un buen conocimiento de aquello que le ocurre a nuestro hijo. La normalización y la integración, la consciencia de que tendremos que trabajar más para llegar a donde queremos, la consciencia del esfuerzo gratificante, son aspectos fundamentales para que estos niños tiren hacia adelante. Y evidentemente toda la comprensión y el soporte. Y aún así tendrán todas las dificultades del mundo: ser disléxico es un inconveniente importante. No hay nadie que pueda estar sin leer y escribir.

No podemos pedirle al niño aquello que no puede hacer, pero no podemos dejar de pedirle que haga aquello que sí puede hacer. No hay que tener al niño entre algodones, no es tonto. Nos hemos de ajustar a sus capacidades y un poquito más, porque es de la forma que aprendemos.

Un par de libros y algunos consejos

La dislexia es una dificultad, pero hay que mantener una actitud que no agrave más el problema de la persona que lo sufre

Si padres, madres, maestros y profesorado entendemos cuáles son las dificultades que tienen los niños y niñas disléxicos, podremos ayudarles mucho, no sólo con nuestro apoyo, sino también con una ayuda adecuada. Estos dos libros: ‘El niño incomprendido’ y ‘¿Por qué me cuesta tanto aprender?’ pueden resultar de mucha utilidad. También estos breves consejos:

■ No decir nunca a los niños que son gandules. Hay que demostrarles que se valora su esfuerzo.
■ No compararlos con los hermanos o compañeros.
■ El que un trabajo no salga lo suficientemente bien, o un suspenso, no se ha de identificar con la idea de fracaso.
■ No hay que hacer leer al niño en voz alta delante de otras personas, sin su consentimiento.
■ No hay que esperar que aprenda bien la ortografía de una palabra por el hecho de repetírsela varias veces.
■ Hay que tener en cuenta que el niño se puede cansar y desanimar fácilmente.
■ No sorprenderse si su letra es irregular y desordenada.
■ Sus tareas un día pueden ser magníficas y al día siguiente “no tanto”.
■ No repetirle una y otra vez “esfuérzate más”, ya lo hace.
■ Hay que hacerle ver aquello que hace bien.
■ No obligarle a leer.
■ Leerle cuentos, libros o textos; aquello que le guste o necesite.

Dislexia: ¡no soy tonto, sólo disléxico!

Fuente: En el programa Blog de pares de Catalunya Ràdio (23/08/12) interviene Neus Buisán. Ella es logopeda. Es disléxica, madre de dos hijos disléxicos y presidenta de la ACD (Asociación Catalana de Dislexia) / Imágenes: Flickr Philip Dean, Rolands Lakis, John Morgan, Bruno Caimi y makelessnoise

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