Las actividades extraescolares crecieron con la incorporación de la mujer al mercado laboral, para garantizar que los hijos de familias trabajadoras estuviesen en entornos seguros durante la jornada laboral de sus padres. Más recientemente han ganado valor como recursos educativos que pueden ampliar los aprendizajes y mejorar el desarrollo cognitivo y social de niños y adolescentes, especialmente de los más desfavorecidos. Aunque paradójicamente las extraescolares han sido también un espació de reproducción de desigualdades sociales, porque algunas familias con pocos recursos no pueden acceder.

Hablar de actividades extraescolares es hablar de educación no formal.

Hay unos objetivos, pero estos no se validan de la misma forma. Engloban actividades de ocio educativo para niños y jóvenes de 3 a 16 años, de lunes a viernes en horario extraescolar y con una cierta regularidad. Las actividades extraescolares han de tener como objetivo la protección, el afecto, la socialización y la estimulación del niño para favorecer el desarrollo de sus habilidades.

Las actividades extraescolares no han de ser una inversión para el futuro del menor, sino ayudarlo a ser feliz y contribuir a su desarrollo global. Es importante romper con la rutina de la escuela que hace estar a nuestros hijos atentos y tantas horas sentados.

Para los expertos es importante que los niños y jóvenes participen en la decisión de qué extraescolares hacer, así como evitar proyectar en los hijos nuestros anhelos personales. Aunque es cierto que las extraescolares pueden cumplir la función de espacio para custodiar a los niños ante la dificultad de los padres para conciliar trabajo y familia, no hemos de olvidar pasar tiempo de calidad con ellos en vez de apuntarlos a un montón de actividades, y evitar que el niño llegue tan cansado a casa que no pueda hacer nada más. También los jóvenes han de tener tiempo para ellos.

Los niños necesitan jugar.

Nuestros hijos han de tener tiempo suficiente para el juego libre, para estar con sus amigos y con la familia. Pero también hay que tener presente que los niños son activos, y que estar demasiado tiempo haciendo lo mismo les aburre. Si se organiza bien la semana, y la cantidad de deberes escolares es razonable ―no excesiva como a menudo acostumbra a ocurrir―, hay tiempo para organizarse la vida y poder realizar actividades que permitan adquirir nuevos aprendizajes. Actividades extraescolares habituales son fútbol, básquet, natación, música, danza, idiomas, teatro, cultivar un huerto ecológico, hacer animación en 3D, periodismo, experimentación científica, etc. Podría haber muchas más como habilidades para la vida (life skills), habilidades de afrontamiento (coping skills), habilidades de comunicación como la oratoria, meditación, relajación, mindfulness, autonomía personal, competencias emocionales

Las actividades extraescolares son aprendizajes que no están contemplados en la práctica educativa habitual. Es importante incorporar todo aquello que es importante para el crecimiento integral de todo el alumnado, pero siempre habrá aspectos que no están suficientemente contemplados como ocurre ahora con los idiomas, la educación emocional y otras posibilidades que justificarán las actividades extraescolares.

Lo importante es que los niños en el tiempo libre hagan lo que les guste hacer, que aprendan lo que les gusta. Que no lo hagan por obligación impuesta por los padres si no lo quieren hacer. Las actividades extraescolares no han de ser un motivo de desazón o estrés. Sólo se justifican cuando son una oportunidad de desarrollo personal y de bienestar.

¿Cuál ha de ser el papel de las extraescolares en la vida cotidiana del niño?

Todo aquello que queda fuera de la escuela es extraescolar. Desde esta perspectiva estamos hablando de unas actividades que tienen un fuerte componente educativo, que combinan el pasárselo bien con aprender.

El reto es mayúsculo porque hemos de combinar el ritmo del adulto con el ritmo del menor, y el ritmo del niño acostumbra a ser diferente. Los adultos ―que somos los que diseñamos los proyectos, organizamos las escuelas, diseñamos las actividades extraescolares― a menudo perdemos de vista este norte y no vemos, desde la experiencia vital de un adulto, que quizás el niño puede tener otros deseos, otros ritmos y otras necesidades.

En muchas ocasiones las actividades extraescolares están diseñadas para adaptar el ritmo de los niños al ritmo adulto, y lo que acaba ocurriendo es que hay extraescolares que son como un servicio de guardería. No se sabe hasta qué punto el niño está allí porque le gusta y porque le apetece o porque nosotros, como padres, no podemos asumir el estar con nuestro hijo por la incompatibilidad de los horarios laborales.

Las actividades extraescolares generan estrés cuando no parten de tener en cuenta las características e inquietudes del niño, en el momento en que la familia proyecta sus intereses por encima de buscar una postura más colegiada. Es fundamental tener en cuenta la opinión del menor, y también sus características. Quizás a menudo no tenemos en cuenta que estamos ante un niño que es muy movido, y no es un problema el que haga extraescolares sino el que lo estemos cerrando en un aula para estudiar un idioma cuando ese niño lo que necesita para sentirse a gusto y desarrollarse es moverse y hacer actividad física.

¿Qué necesita un niño cuando acaba la jornada escolar?

Conciliar vida familiar y laboral es difícil. Las actividades extraescolares, más allá de ayudarnos a compaginar nuestra vida con el horario escolar, pueden tener vida propia y ofrecer algo interesante a nuestro hijo.

Cada niño es diferente, y lo que necesita es hacer la actividad que realmente le apetezca y le guste. La decisión puede ser compartida entre el padre, la madre y el niño. La escuela también puede tomar partido en esta decisión, teniendo en cuenta que conocen bien a nuestro hijo. Puede haber diálogo entre todas las partes.

Si se genera un indicador de estrés, si el niño llega a casa y por ejemplo duerme menos de 8 horas, algo está pasando. Quiere decir que no se ha encontrado la conexión entre la necesidad y como es ese  niño de singular.

¿Qué diferencia hay entre una actividad en la escuela, que pueda ser más o menos lúdica, y una extraescolar?

Hemos de saber entender que por una parte está la educación formal y por otra la educación no formal. El complemento de ambas es lo que ayuda al desarrollo del niño. Uno de los problemas que tenemos con las actividades extraescolares es cuando queremos duplicar, o complementar en exceso, lo que es la educación formal. Es importante entender que la educación no formal tiene un espacio, y que tiene una serie de actividades que desarrollan este complemento en la educación del menor.

Aprender a aprender, aprender a ser.

En la parte de educación formal el niño aprende a aprender. La parte de educación no formal es una oportunidad para aprender a ser, a desarrollar itinerarios e inquietudes que durarán para toda la vida. En la parte académica quizás estamos buscando cual será nuestro futuro en un tercio de nuestra vida, nuestra vocación profesional. En la parte de educación no formal estamos aportando al niño el tercio de la parte lúdica y de crecimiento personal que también tendrá en un futuro en su vida.

Si hablamos de actividades extraescolares que fomenten el aprendizaje “más bien académico”, nos hemos de preguntar si la función de las extraescolares es llegar allí donde la escuela no llega. Desde está lógica hay en este momento un debate muy vivo y acertado, que cuestiona el enfoque de las actividades extraescolares teniendo en cuenta que quizás hemos de revisar más el tiempo lectivo y de la mano de las extraescolares ver cómo lo podemos complementar.

Por otro lado es común que en todas las extraescolares haya un aprendizaje más personal, y eso tiene que ver con las habilidades sociales, con la confianza, con un entorno protegido. Pero la gran contradicción que encontramos en muchas actividades extraescolares, aún siendo conscientes de este debate, es el no poder hacer otra cosa que acabar dando soporte a muchos niños y jóvenes que se encuentran en riesgo educativo, porque de otra forma ―sin esa función compensadora― no llegarían al punto que se les pide desde el propio currículum.

En ocasiones a la educación no formal se la carga de una manera exagerada, en el sentido de que quizás esta flexibilidad de aprender a ser debería ser compartida… Hagamos una pausa en la clase si hay alguna cosa que se ha de afrontar, es algo que se debería tener presente también en la educación formal. En la escuela se debería abordar el cómo nos relacionamos y cómo nos cuidamos.

Las actividades extraescolares en la población más desfavorecida.

¿Cómo pueden las actividades extraescolares ayudar a mejorar el rendimiento académico de algunos niños? Hasta que punto esto es así, y hasta qué punto es cierto lo que dicen algunos de que las extraescolares lo que favorecen es que no todo el mundo puede acceder y promueven la desigualdad.

Hay dos grandes ámbitos en los que tiene todo el sentido entrar. Uno es el ámbito de la equidad: ¿Cuáles son los elementos que garantizan que el conjunto de niños, jóvenes y familias puedan acceder con igualdad de oportunidades a una oferta educativa? Y en segundo lugar está la propia calidad o lo que serían condiciones más metodológicas, el cómo se desarrolla el propio proyecto educativo.

Hay experiencias muy interesantes de escuelas, centros educativos sobretodo de primaria pero también de secundaria, donde van de la mano la actividad lectiva y lo que sería la extraescolar. Dentro del tiempo lectivo muchos equipos educativos de extraescolares están pensando, diseñando, comentando, negociando… concretando actividades educativas, tanto con el profesorado y educadores de las extraescolares, como dando voz en algún momento al niño desde cual es su deseo.

Esta manera de abordar el tema es algo que provoca mucho más aprendizaje, porque de alguna forma se están asegurando las diferentes partes: por un lado la comunicación entre lo que pasa dentro del aula y fuera, y por otro se asegura también que el niño pueda explicar que es lo que quiere hacer. Además, con datos en la mano, se asegura una parte importantísima que es la parte curricular que no se ha de dejar a un lado.

La colaboración entre escuelas y extraescolares es uno de los principales retos.

Se ha de buscar que haya una coherencia y una integración de las actividades extraescolares con lo que es el proyecto educativo de centro. Cuando se proyectan las extraescolares se ha de tener en cuenta que el menor sale de un espacio lectivo, y que quizás deba haber un rato en el cual el niño pueda descansar y oxigenarse antes de entrar en otra actividad.

También se debe diferenciar lo que es la actividad extraescolar ―que es una actividad específica en la que la familia ha invertido una cuota para que se trabaje una actividad concreta―, del espacio del mediodía, en el cual sí que se ha de dar el máximo protagonismo al niño: se han de generar mecanismos de participación, se ha de trabajar mucho más lo que es la educación no formal pero a partir de los valores de la convivencia, de la empatía, del trabajo de las emociones… Cuanto más integrado esté el centro y todo vaya en la misma línea, es algo que sin duda irá en beneficio del niño.

Queda mucho camino por hacer, sobretodo porque falta cultura de liderazgo compartido con los centros educativos. Aún hoy se considera a todos los agentes de educación no formal como un invitado no del todo reconocido dentro de lo que es el rol educativo del niño.

En ocasiones la mercantilización de los servicios ha ayudado muy poco a la imagen que se tiene de las extraescolares. El proyecto extraescolar, por encima de la actividad que se realice, ha de tener un carácter y una intencionalidad educativos, y una voluntad de integrarse en el centro y no ser un negocio. Por otro lado es una entidad pequeña de acción territorial, algo positivo, porque las acciones territoriales son las más personalizadas y adaptadas al entorno más cercano.

Cómo ayudar al niño a escoger una actividad extraescolar

Hablamos de niños pequeños ―aunque hablemos de niños de 10 años son niños pequeños―, que en su rato “no formal” quieren jugar. Hablamos de que ellos escojan lo que les gusta, pero tienen 10, 8, 3 años… y ni siquiera saben todas las opciones que hay.

Los niños tienen claro lo que les gusta en base a su experiencia, pero a veces es también en base a imitación: ¿a todos los niños les gusta realmente tanto el fútbol?, quizás si no hubiese pelota y se les presentaran otras cosas no estarían todos jugando al fútbol. Se trata de ayudarles a escoger, de estar atentos para ir ofreciéndoles opciones y que ellos se cuestionen sus propios gustos.

El niño ha de poder escoger, pero así como el trabajo por ambientes en el horario lectivo no surge de la nada y está condicionado, la propuesta de actividades extraescolares ha de partir de un proyecto previo y de una intencionalidad. A partir de aquí están por un lado las características del niño, que pueda escoger, pero ha de ir acompañada de una cierta consciencia de responsabilidad. Las extraescolares no son para que el niño se lo pase bien y si no le gusta dejarlas, se ha de trabajar el compromiso y la responsabilidad del pequeño.

En lo que respecta a la elección, la obligación o el reto del centro educativo es hacer una oferta global que responda al valor de la diversidad. Uno de los valores de la escuela es la diversidad y la pluralidad, y una propuesta de extraescolares ha de representar al máximo número de niños de la comunidad educativa. Después ha de facilitar el itinerario de los niños, y que los niños puedan ir probando diferentes experiencias a lo largo de su etapa de primaria. No deja de ser un vivero de generación de inquietudes: el niño prueba, y al final encuentra aquello que le gusta y a lo cual quiere dedicarse algo más.

¿Qué no hemos de hacer como familia?

No proyectar nuestras ambiciones personales en nuestro hijo.

No tener la percepción de que hay que especializar al niño desde pequeño en una actividad, y es aconsejable escoger menos las vinculadas al aprendizaje formal.

Intentar que el niño sienta interés por los diferentes ámbitos que abarcan las extraescolares, y si es posible no exceder los dos o tres días semanales de actividades extraescolares.

¿Qué hemos de hacer como padres?

Una de las primeras cosas que pueden hacer los padres, previamente a hablar con su hijo sobre que le puede gustar hacer, es dirigirse a un proyecto educativo (hay fundaciones y entidades que desarrollan programas y actividades para niños, jóvenes, familias y entidades), y observar, y preguntar… interesarse. De la misma forma que tiene valor educativo una escuela, también lo tiene una entidad de base educativa que pone en marcha una extraescolar.

En ocasiones la oferta está dentro del mismo colegio al que acude el niño, en ese caso es fácil de observar. Si está fuera tampoco es un problema, los equipos educativos de estas entidades están encantados de recibir a los padres para poder tener un primer contacto y explicar que tiene de adecuado ese proyecto educativo para su hijo.

La tendencia hoy de estos proyectos educativos es hacer itinerarios educativos de comunidad. Con datos en la mano se sabe que los niños que participan en más de una extraescolar ―no en exceso pero si combinadamente―, que puede ser una actividad artística, una práctica deportiva de un día y un soporte escolar de un día, por ejemplo, es algo que gusta mucho y genera mucho aprendizaje. Las entidades están encontrando cada vez más alianzas para ofertar proyectos educativos de comunidad: no me inscribo sólo en una extraescolar sino que puedo participar en más de una, aunque sean promovidas por más de una entidad o más de una escuela. Ese es el nuevo horizonte.

Lo que ocurre en la práctica es que hay muchas familias que no conocen el sentido educativo de las actividades extraescolares. Y si no existe esta comunicación entre las familias y los proyectos, por diferentes motivos, hay muchas familias que se quedan fuera, porque no ven de inicio este valor educativo y por tanto ya no se acercan a tener esta comunicación de la que se hablaba al principio.

¿Qué esperamos los padres de las extraescolares?

Los padres en general esperamos resultados. Y hemos de esperar resultados, pero no sólo resultados académicos. Lo que hemos de esperar si nos plantean una actividad es que haya un buen proyecto genérico dentro del centro, que en esa actividad haya un contenido y un programa, y que esté conducida por un buen profesional. El primer resultado es que el niño se lo pase bien y que aprenda, que esté satisfecho y encuentre sentido a lo que está haciendo.

En Estados Unidos, un país con una larga trayectoria de investigación educativa, en este contexto, uno de los indicadores que se utiliza más para identificar la calidad en las escuelas es la satisfacción de los alumnos. El que un alumno diga “¡me lo paso bien yendo al colegio!”. Desde esta lógica lo que debemos esperar como padres es que nuestro hijo venga contento de la actividad extraescolar.

Aprendizaje y beneficios

Ajedrez

¿Cómo enseñar a los niños a tomar decisiones? ¿Cómo ayudarles a plantearse la pregunta adecuada para resolver sus problemas? La práctica del ajedrez en edades muy tempranas los empuja a automatizar los procesos de pensamiento lógico. Si además lo hacen mientras se divierten jugando, los resultados pueden ser muy positivos. El ajedrez favorece la concentración, mejora el razonamiento y la capacidad para buscar soluciones a los problemas, enseña al niño que cada una de sus acciones tiene una consecuencia, aumenta el rendimiento en distintas asignaturas académicas, como matemáticas y comprensión lectora… Está demostrado que es una actividad muy beneficiosa para los niños.

Extraescolares, ¿aprendizaje o estrés?

Arte y manualidades

Dibujo, pintura, manualidades, escultura, barro… cualquiera de estas actividades permite a los niños dar rienda suelta a su imaginación. Las enseñanzas artísticas son actividades que estimulan la comunicación, la creatividad y la sensibilidad de los más pequeños. Otro beneficio interesante de este tipo de actividades es que les permite aumentar su capacidad de concentración. Por último los relajará y reducirá sus niveles de ansiedad.

Extraescolares, ¿aprendizaje o estrés?

Artes marciales

Karate, judo, aikido, kung-fu, taekwondo, mugendo, kickboxing… a los niños les encanta practicar un arte marcial para aprender técnicas nuevas de defensa personal y, aunque ellos no lo saben, les va bien para conectar cuerpo con mente.  Las artes marciales ayudan a disminuir el estrés y los problemas de hiperactividad, mejoran el autocontrol y eliminan la agresividad. Además permiten ganar flexibilidad y fuerza, y previenen posibles problemas de espalda. Se practican en un ambiente de respeto y disciplina y los niños se acostumbran a cumplir normas de conducta, fomentando el respeto hacia el adulto.

Extraescolares, ¿aprendizaje o estrés?

Baile

Clásico, ballet, jazz, contemporáneo, hip-hop, rock and roll, bailes de salón, sevillanas, claqué, flamenco, danza oriental. Es una actividad que ayuda a evitar problemas de depresión ya que permite expresar emociones y canalizar la adrenalina. Los pequeños bailarines lograrán ser más conocedores de su cuerpo, mejorarán su capacidad de coordinación y se divertirán notablemente. Es una herramienta para que puedan expresarse desarrollando su talento y creatividad. Son muchos los beneficios que se pueden destacar:

■ Mejora la condición física: El baile ayuda a controlar el cuerpo, a fortalecer los músculos y a mejorar la coordinación. Ayuda a mejorar aspectos como la flexibilidad, la circulación sanguínea, la resistencia física, la salud cardiovascular y la fuerza.

■ Favorece la disciplina: es necesario no sólo seguir las indicaciones constantes del profesor sino también tener el máximo nivel de concentración y ensayar mucho. Cualquier niño que asista a clases de baile aprenderá valores como la citada disciplina o la capacidad de esforzarse y trabajar de manera constante, que tan importantes le serán para otros aspectos de su vida presente y futura.

■ Mejora las habilidades académicas: El baile les ayuda a concentrarse y también a esforzarse, dos aspectos que son fundamentales para estudiar y para lograr un buen expediente académico.

■ Desarrolla la capacidad para relacionarse con los demás: es una actividad excelente para niños que son muy tímidos y a los que le cuesta entablar contacto con otros pequeños. Es una herramienta muy útil para que forjen nuevos contactos y amistades, y lo hacen de manera divertida y diferente, a través de la música y de valores como la necesidad del trabajo en equipo y la tolerancia a los demás.

■ Conocer otras culturas y respetarlas: los niños podrán conocer otras culturas a través de sus bailes típicos o tradicionales, y desarrollar respeto hacia las mismas. Se conseguirá que los niños sean tolerantes con los demás, que comprendan qué es la multiculturalidad y la diversidad y que desarrollen una mente mucho más abierta.

Baloncesto

El baloncesto es un deporte divertido y dinámico. Aleja a los niños del sedentarismo, les proporciona seguridad en sí mismos y también promueve una buena autoestima. Además de los beneficios sociales que tiene por ser un deporte de equipo, ayuda a desarrollar la coordinación, fortalece los músculos de las piernas y desarrolla los bíceps. El baloncesto contribuye además a mejorar la rapidez, la agilidad y la flexibilidad del niño.

■ Mejora la resistencia metabólica: como cualquier deporte de alta intensidad, demanda un gran gasto energético y metabólico. Los ataques, las carreras, los saltos y el movimiento constante les exigen a los niños un sobreesfuerzo físico que contribuye a mejorar su resistencia. Como resultado, este entrenamiento a intervalos estimula su capacidad aeróbica, fortalece sus pulmones y aumenta su nivel de energía y resistencia metabólica. También es una práctica excelente para potenciar la resistencia cardiovascular y regular la circulación sanguínea y la presión arterial en los niños.

■ Desarrolla el control muscular: la capacidad para controlar los músculos y cada parte del cuerpo se desarrolla de forma natural a medida que el niño va creciendo y va ganando en autocontrol. La práctica de baloncesto contribuye a que los pequeños ganen control muscular, fortalezcan sus músculos y mejoren la planificación de las secuencias de movimientos. De hecho, es un deporte ideal para mejorar el equilibrio en los pequeños y estimular su agilidad, sobre todo debido a las respuestas de bloqueo, pase, salto y carrera.

■ Agudiza la coordinación y el balance corporal: el baloncesto requiere una gran coordinación del torso superior, así como entre todas las partes del cuerpo y entre los ojos y las manos. Realizar los pases, ejecutar las capturas, correr evadiendo a los contrarios y encestar son destrezas que requieren una buena dosis de planificación, precisión y una reacción rápida. Además, caminar hacia atrás prestando atención a los otros jugadores, y correr mientras se ejecuta el goteo del balón, son ejercicios complejos que resultan muy útiles para estimular la conciencia corporal y la coordinación entre las distintas partes del cuerpo.

■ Estimula la agilidad funcional, física y cognitiva: se trata de un deporte que demanda gran agilidad para mover los pies y responder con rapidez ante los cambios de dirección e impulso. Facilita que los niños desarrollen destrezas físicas y cognitivas que les permiten esquivar a los contrarios, planificar jugadas agresivas y moverse en la cancha con habilidad. Además, suelen tener una gran capacidad para responder con rapidez, una ventaja que estimula su creatividad, pensamiento abstracto y concreto, a la vez que les permite solucionar problemas con mayor rapidez que sus coetáneos.

■ Fomenta las habilidades sociales: Es un deporte en grupo en el que es crucial la disciplina y la comunicación verbal y no verbal con el resto de jugadores. De hecho, practicar baloncesto desde edades tempranas enseña a los niños a trabajar en equipo, a crear vínculos con los demás, a estar atentos a los otros y responder en consecuencia. De esta manera, aprenden a trabajar junto a otros niños por un objetivo común, desarrollan la empatía, su capacidad para lidiar con la frustración, mejoran el autocontrol emocional y acrecientan sus habilidades comunicativas.

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Cocina

La cocina nunca estuvo tan de moda como lo está hoy. Los más pequeños de la casa tampoco se salvan del boom de la cocina que está viviendo España en los últimos meses. Ni qué decir tiene que el programa de MasterChef Junior tiene mucha culpa de ello. Dejando modas a un lado, los beneficios que aprender a cocinar aporta a los niños son sorprendentes:

Extraescolares, ¿aprendizaje o estrés?

■ Fomenta el desarrollo de la comunicación y el trabajo en equipo, ya que durante la elaboración de una receta han de mantener conversaciones, aprender a escuchar y a razonar.

■ Mejora la confianza en uno mismo, al sentir que están realizando tareas reservadas a adultos.

■ Es una actividad divertida, el principal objetivo ha de ser disfrutar juntos y pasarlo bien cocinando.

■ Los niños aprenden a conocer los nutrientes de los alimentos y descubren nuevas texturas, al manipular diferentes alimentos en su mayoría crudos. Es importante concienciar a los niños de las claves de la buena alimentación, así como en la necesidad de aprovechar la comida y no desperdiciarla.

■ Desarrollan la motricidad fina y gruesa a través del uso de los utensilios de cocina.

■ Sienten más predisposición a probar nuevos alimentos. El hecho de que ellos manipulen los alimentos y elaboren las recetas les anima a probarlas. Es siempre más fácil acercarse a lo que se conoce.

■ Fomenta la autonomía. Después de realizar recetas conjuntamente, los pequeños empiezan a desarrollar una autonomía que les ayudará a realizar tareas tan sencillas como pelar un plátano o echar azúcar a la leche.

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Equitación

Uno de los beneficios de la equitación es el vínculo que existe entre el niño y el animal. Se trata de un intercambio en el que el caballo se deja acariciar y el niño le da de comer, lo peina y lo cuida. Si eliges esta actividad para tu hijo disfrutará de un deporte sano y divertido al mismo tiempo, que le dará seguridad y confianza. La equitación tiene diversas disciplinas, como salto, doma clásica, concurso completo, raid, etc.

Aún cuando pueda parecer que la equitación no supone un gran esfuerzo físico, es un deporte muy completo que permite desarrollar la musculatura ―principalmente de las piernas y los glúteos―, mejorar la coordinación, el equilibrio y el sentido de la orientación.

Junto a los beneficios físicos, la equitación ayuda en la socialización del niño, fomenta la confianza y seguridad en sí mismo, mejorando su capacidad de concentración y disciplina. Además, se consigue que el niño adquiera muchos de los valores y actitudes fundamentales de nuestro día a día que lo harán mejor ante los problemas cotidianos: responsabilidad, liderazgo, respeto por los animales y la naturaleza, cooperación, disciplina, esfuerzo, autocontrol, compañerismo, igualdad…

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Esgrima

Dicen que practicar esgrima es como jugar al ajedrez en movimiento. Has de estar pensando que hace tu contrincante, que le quiero hacer yo, atacar según la reacción del rival, tomar la iniciativa en un momento determinado… Es un deporte completo, de inteligencia y concentración, de mucho control de emociones y de técnica, con unos valores asociados como son el respeto al adversario y al árbitro.

Dejando al margen películas como ‘Star Wars’ o ‘Piratas del Caribe’, donde las espadas tienen un papel importante, hay otras influencias que han podido empujar a los más jóvenes a decantarse por este deporte que cada vez está más de moda. La esgrima se comenzó a practicar cuando las espadas se dejaron de utilizar porque fueron sustituidas por las pistolas, hace algo más de un siglo. El objetivo es tocar al adversario con la punta de la espada, y gana quien más veces lo consigue. Todos los que lo practican tienen algo que aportar, quien es ágil porque lo es, hay quien es más astuto, o más persistente, o sabe identificar mejor lo que hará su contrincante.

En general se puede pensar que es un deporte peligroso, pero es muy difícil lesionarse, como mucho algún moratón. Es el único deporte olímpico que tiene su origen en España.

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Fútbol

El fútbol es uno de los deportes más practicados en el mundo. Favorece la coordinación pierna-ojo, mejora la agilidad de los pies, oxigena la sangre y aumenta la potencia de las piernas. Además favorece el compañerismo y la solidaridad, enseñando a los niños la importancia del trabajo en equipo

Este deporte requiere que los niños corran veloces y troten por todo el campo detrás de la pelota, actividades que mejoran la resistencia y la velocidad. Regatear y chutar la pelota desarrolla la agilidad y favorece la coordinación. Los beneficios para la salud de los deportes activos como el fútbol incluyen huesos y músculos más fuertes y disminuyen las posibilidades de tener sobrepeso.

Jugar con un equipo de fútbol desarrolla la habilidad del niño de cooperar e interactuar con otros niños. Para ganar un partido de fútbol todo el equipo debe comunicarse y trabajar juntos. Las posiciones defensivas deben apoyar a las ofensivas durante los ataques a la meta contraria. Y las posiciones ofensivas deben volver hacia su propia meta para ayudar a las defensivas cuando están bajo presión del otro equipo.

Para mover el esférico por el campo los jugadores deben pasarse la pelota, lo que requiere comunicación del uno al otro sobre adónde debería ir el balón. Estos tipos de actividades cooperativas desarrollan habilidades sociales y confianza en los niños.

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Gimnasia rítmica

La gimnasia rítmica es un clásico que no pasa de moda. Permite trabajar la flexibilidad y la fuerza muscular, da confianza y ayuda a combatir la timidez. Este deporte desarrolla además el sentido del ritmo y ayuda a corregir la postura corporal. Por último es importante recordar la velocidad de reflejos que aporta.

Se trata de una modalidad deportiva que combina el ballet, la gimnasia clásica y la danza de manera coherente, y además tiene la complicación añadida de manejar elementos como las mazas, la pelota, la cinta, las cuerdas o el aro que favorecen la vistosidad y la estética de los ejercicios realizados.

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Idiomas

El bilingüismo puede traducirse en mentes más flexibles y eficientes, con una mayor capacidad de atención, de resolución de problemas y de memoria. Son beneficios demostrados del cerebro bilingüe.

Además de su lengua materna es muy beneficioso que los niños aprendan desde pequeños otro idioma. Aprender un segundo idioma aumenta las conexiones neuronales del cerebro y, como resultado, influye de manera positiva en su capacidad de concentración y resolución de problemas.

Avanzar en el aprendizaje de una lengua es muy gratificante. Cuando los niños se dan cuenta de que son capaces de expresarse en otro idioma aumenta su confianza, sienten que han superado un gran reto y están orgullosos, lo que a su vez les hace tener ganas de aprender más.

Música

La música juega un papel importante en el desarrollo del niño. Piano, guitarra, batería, saxofón, lenguaje musical, canto, talleres musicales, cursos de música, clases de música… La música ayuda a desarrollar la concentración, estimula la creatividad, mejora la autoestima y potencia la capacidad de escucha y reflexión, ayuda a los niños a entender lo que es la disciplina, el esfuerzo, la dedicación y la satisfacción de tocar algo que suena bien.

Tocar un instrumento es beneficioso para el cerebro. Cada vez que los músicos tocan sus instrumentos se desatan fuegos artificiales en sus cerebros. Por fuera nos pueden parecer calmados y concentrados leyendo las partituras y ejecutando los movimientos precisos y requeridos. Pero dentro de sus cerebros hay una fiesta.

Extraescolares, ¿aprendizaje o estrés?

En las últimas décadas los neurocientíficos han dado pasos enormes en la comprensión del funcionamiento del cerebro ―estudiándolo en tiempo real con aparatos de imagen por resonancia magnética funcional (IRMf) y tomografía por emisión de positrones (PET)―. Se conecta a las personas a estas máquinas, y al leer o resolver problemas de matemáticas se activan las correspondientes partes del cerebro donde puede observarse actividad.

Cuando los investigadores pusieron a los pacientes a escuchar música vieron fuegos artificiales. Se iluminaron múltiples zonas del cerebro a la vez, conforme procesaban el sonido, lo separaban para entender los elementos como la melodía y el ritmo, y luego lo unificaban nuevamente en una experiencia musical. Nuestros cerebros hacen todo esto en una fracción de segundo, la que transcurre entre que escuchamos la música y empezamos a seguir el ritmo con los pies.

Pero cuando los científicos pasaron de observar los cerebros de quienes escuchaban música a quienes la tocaban los pequeños fuegos artificiales se convirtieron en un jubileo. Resulta que si bien escuchar música hace participar al cerebro en algunas actividades muy interesantes, tocar música equivale para el cerebro a una actividad física completa. Los neurocientíficos vieron encenderse múltiples zonas del cerebro que procesan diferente información simultáneamente en secuencias intrincadas, interrelacionadas, asombrosamente rápidas.

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Pero ¿qué aspecto de la música enciende el cerebro? La investigación es todavía muy prematura, pero los neurocientíficos tienen cierta idea. Tocar un instrumento musical activa prácticamente todo el cerebro a  la vez, en especial las cortezas visuales, auditivas y motrices. Y como con cualquier otro ejercicio, la práctica disciplinada y estructurada de la música fortalece las funciones cerebrales, permitiéndonos aplicar esa fuerza a otras actividades.

La diferencia más obvia entre escuchar música y tocarla es que tocar música requiere motricidad fina, que se controla desde ambos hemisferios del cerebro. También combina la precisión lingüística y matemática ―para la que el hemisferio izquierdo está más desarrollado― con el contenido nuevo y creativo en lo que sobresale el hemisferio derecho.

Por estas razones se ha encontrado que tocar música aumenta el volumen y la actividad en el cuerpo calloso del cerebro ―el puente entre los dos hemisferios― permitiendo que los mensajes lleguen más rápido a través de vías más diversas. Esto podría permitirles a los músicos resolver problemas de manera más eficaz y creativa, en contextos académicos y sociales.

Dado que hacer música implica también elaborar y comprender su mensaje y contenido emocional, los músicos tienen a menudo niveles más altos de funciones ejecutivas, una categoría de tareas interrelacionadas que abarca planificación, formulación de estrategias y atención al detalle, y requiere análisis simultáneo de los aspectos cognitivos y emocionales. Esta habilidad también tiene un impacto en el funcionamiento de la memoria. De hecho, los músicos presentan funciones realzadas de memoria: crean, almacenan y recuperan recuerdos mucho más rápida y eficientemente.

Hay estudios que encontraron que los músicos parecen usar sus cerebros altamente conectados para ponerle a cada recuerdo varias etiquetas: una etiqueta conceptual, una emocional, una de audio, una de contexto, como un buen motor de búsqueda de internet.

Extraescolares, ¿aprendizaje o estrés?

¿Cómo sabemos que esos beneficios son distintivos de la música y no de, digamos los deportes o la pintura? ¿Podría ser que las personas que se dedican a la música ya fuesen más inteligentes de por sí? Los neurocientíficos han explorado estos temas, pero hasta ahora han hallado que los aspectos artísticos y estéticos de aprender a tocar un instrumento musical difieren de cualquier otra actividad estudiada, incluyendo otras artes.

Y varios estudios aleatorizados de los participantes, que mostraron los mismos niveles de la función cognitiva y el procesamiento neural en el inicio, hallaron que quienes fueron expuestos a un periodo de aprendizaje musical presentaban mejoras en múltiples zonas del cerebro, en comparación con los otros. Esta investigación sobre los beneficios mentales de tocar música nos ha permitido comprender mejor la función mental, revelando los ritmos internos y la interacción compleja que componen la orquesta increíble de nuestro cerebro.

Natación

La natación es un deporte muy completo: involucra todos los grupos musculares. En los niños y adolescentes, este ejercicio fundamentalmente aeróbico y realizado de manera regular, provoca no sólo un disfrute activo del ocio, sino una reducción de los factores de riesgo de enfermedad cardiovascular. El medio acuático es el espacio físico más completo que existe para el desarrollo de las aptitudes físicas, psíquicas y neurológicas.

La natación se puede practicar desde los primeros meses de vida, estimulando el reflejo glótico e iniciándose en el aprendizaje a los 3 años. Son múltiples sus beneficios:

■ Controla el peso corporal, lo que previene la obesidad en niños.

■ Ayuda a mantener unas cifras de tensión arterial más bajas.

■ Baja la concentración de colesterol en sangre: reduce el desarrollo de la arteriosclerosis desde la infancia.

■ Disminuye los niveles de glucosa en sangre debido a que el ejercicio aeróbico produce una mayor sensibilidad a la insulina. Por ello, reduce las necesidades de insulina en niños diabéticos.

■ Contribuye a aumentar cualitativamente la capacidad de esfuerzo físico en niños, condicionando una mejor respuesta cardiovascular.

■ Mejora la flexibilidad, coordinación, agilidad, velocidad y fuerza muscular.

■ Saber nadar puede favorecer la socialización y la solidaridad: tener nociones de salvamento y poder ayudar en una situación real es un valor agregado en el aprendizaje.

■ El uso del bañador hace que se muestre la propia imagen, la real, y por lo tanto le ayuda a aceptar su físico, es una forma de autoaceptación, y también de respeto hacia los demás. Además, el contacto personal favorece las relaciones interpersonales y ayuda a superar miedos.

■ En niños con problemas neurológicos y parálisis cerebral, el medio acuático a 28 grados de temperatura hace que los músculos y el sistema nervioso pasen del estado de tensión al de relajación.

Extraescolares, ¿aprendizaje o estrés?

Robótica y programación para niños

La enseñanza de robótica y programación aumenta la motivación, mejora la autonomía y fomenta la creatividad de los estudiantes, además de prepararlos para un mercado laboral que cada vez demanda más profesionales en el área de las TIC. Que la tecnología está cambiando muchos aspectos de nuestra vida cotidiana no es ninguna novedad. Cambia nuestra forma de relacionarnos con otras personas, nuestra manera de trabajar, nuestra manera de aprender.

Aunque ya hace tiempo que los ordenadores llegaron a las aulas, incluso hay alumnos que tienen un netbook como parte de su “material escolar”, el uso que se da a estos dispositivos es el de complemento a libros y cuadernos. Aprender a programar es algo necesario para las nuevas generaciones.

Con la robótica los niños disfrutan de un proceso que no solo les permite divertirse, si no que a la vez aprenderán a pensar de manera lógica, creando supuestos y relaciones entre los sensores y motores que le ayudan a crear un pensamiento inductivo y deductivo. El desarrollar estas habilidades, hará que el niño descubra además la utilidad de los conocimientos aprendidos en matemáticas o física.

Extraescolares, ¿aprendizaje o estrés?

Teatro, cine e interpretación

Los beneficios de asistir a clases y talleres de teatro, cine e interpretación son incontables, van desde la superación del miedo y la vergüenza a hablar en público hasta aprender técnicas de improvisación.

Extraescolares, ¿aprendizaje o estrés?

El teatro es una herramienta imprescindible para educar en valores, para poder cambiar actitudes y tener muchos puntos de vista sobre la vida, sobre los otros y sobre el mundo. Es una herramienta de cohesión social, de aprendizaje juntos, alumnos diferentes… todos tienen cabida. Los niños aprenderán a hablar bien y a leer en voz alta con claridad. El teatro es hacer realidad una acción, unas palabras, pero sobretodo unos sentimientos. Son los niños y niñas los que dan vida a la historia.

Extraescolares, ¿aprendizaje o estrés?

Tenis

El tenis es una actividad muy completa recomendada para niños, adolescentes y adultos. Ayuda a desarrollar la motricidad y la coordinación. Tonifica los músculos y los fortalece. Es un deporte que ayuda también a aumentar la capacidad aeróbica, la flexibilidad y la agilidad. Además aporta beneficios psicológicos como la disciplina y el sentido competitivo.

Practicado de forma individual: jugador contra jugador,  o en pareja: dos contra dos, fomenta la socialización.

Extraescolares, ¿aprendizaje o estrés?

Fuente: L’ofici d’educar de Catalunya Ràdio (04/04/2017) / Imágenes: Flickr Ed Ivanushkin, makelessnoise, USAG-Humphreys, John Morgan, Luis Marina, greg westfall, Philippe Put, Philip Dean, amanda tipton, Susana Fernandez, Yatmandu, Jessica Lucia, Colmena del Sur, Kevin Jarrett y pixabay

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