El día más esperado por los pequeños de la casa

Y, por qué no decirlo, también para los que ya no son tan niños

Niños impacientes esperando la hora de abrir sus regalos. Algunos no pegarán ojo y otros se despertarán antes de hora gritando a sus padres que se levanten porque han venido los Reyes Magos: “¡Que ya han llegado los Reyes!”

Un relato personal de la historia, por Nieves Concostrina

Un Santo señor llamado Mateo escribió un Evangelio según él, en donde escribió que unos magos, nunca dijo cuantos, ni especificó si eran astrólogos o senderistas, regalaron a un niño dones: oro, incienso y mirra.

Reyes Magos. Ilustración de Richard Hook

Ilustración de Richard Hook

Aquello aconteció la noche del 5 de enero del año Cero

Desde entonces unos magos mantienen la tradición de hacer regalos

Aquella historia de San Mateo, que en apenas cuatro líneas la lió parda, pese a que ninguno de sus otros colegas evangelistas la ratificaron, fue corregida y ampliada unos siglos después. Hasta redondear una leyenda que merece el Óscar al mejor guión adaptado:

■ Se puso número a los magos: TRES

■ Se concluyó que eran Reyes

■ Se les asignó nombre, edad y raza

Y se decidió que Melchor fue el que ofreció al niño el ORO, símbolo de realeza; Gaspar el INCIENSO, símbolo de divinidad; y Baltasar la MIRRA, que significaba que el hijo del hombre debía morir.

No se sabe porqué eligieron al negro para dar la mala noticia

Reyes Magos. Ilustración de Max

Ilustración de Max

Nadie ponga en duda la existencia de los tres Reyes Magos

La más contundente prueba de que vivieron es que murieron. En la Catedral de Colonia, en Alemania, enseñan sus huesos, y justifican su presencia allí con el relato de un viaje que deja pequeño al de Willy Fog.

Dice la tradición católica que los huesos de los tres magos los encontró en el siglo cuarto Helena, la madre del emperador Constantino, el que legalizó el cristianismo.

¡Cómo no iban hacer a Santa Helena patrona de los arqueólogos!, si lo encontró todo: los huesos de los magos, las diecisiete cruces, los treinta y ocho clavos.

Los restos de los Reyes viajaron de Saba a Constantinopla

Y luego a Milán por los Balcanes, hasta recalar en Colonia. Y allí, en la catedral, en fechas señaladas, dejan ver a los devotos los cráneos de Melchor, Gaspar y Baltasar.

Nunca en época navideña, por razones obvias

Fuente: Acontece que no es poco / Imagen de portada: Ilustración de Sergiopop

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