La familia es el principal círculo social que una persona puede tener

En su seno nos desahogamos, nos apoyamos y fijamos los pilares de nuestra autoestima. Hemos de permitir con nuestro acompañamiento, orientación, y con el clima emocional que se respire en casa, que nuestros hijos descubran y vayan calibrando a partir de su propia experiencia los recursos que poseen.

De la experiencia de vivir en familia, aprendemos también a confiar en los que nos rodean

Desde pequeños, en la familia aprendemos a respetar, a convivir y, lo más importante, a amar y a sentirnos amados. El psicólogo Maurice J. Elías, especialista en educación emocional, tiene talleres para ayudar a las personas a convivir mejor en casa, en familia. Asegura que esto tiene mucho que ver con nuestra capacidad para controlarnos.

“Hay dos legados perdurables que podemos trasmitir a nuestros hijos: Uno, raíces; otro, alas”  Hodding Carter.

Para comprobar el clima emocional en nuestro hogar nos sugiere la prueba del vecino

En este vídeo Elsa Punset explica en que consiste. Se trata de una prueba sencilla y reveladora.

La educación emocional sirve para ayudar a que nuestros hijos e hijas alcancen el bienestar personal y se desarrollen como adultos saludables, es nuestra responsabilidad como padres y madres enseñarles habilidades emocionales, por ejemplo a reconocer, expresar, aceptar y regular sus propias emociones y las de los demás. Estas enseñanzas tienen aplicación tanto en el presente como en el futuro.

En el presente nos ayudarán a generar un clima familiar más positivo y a mantener relaciones más gratificantes entre padres y madres e hijos e hijas. En el futuro, cuando nuestros hijos sean adultos, lo que han aprendido durante su infancia les servirá para enfrentarse al mundo y a sus dificultades con fortaleza, de una forma más saludable y eficaz.

Algunos consejos para la vida diaria:

Fomenta desde la más tierna infancia la autoestima de tus hijos. Dales seguridad y previsibilidad. No hay nada que genere más inseguridad que las normas cambiantes, la imprevisión y los cambios bruscos.

Hay que enseñar a los hijos a tolerar la frustración. Es muy educativo que aprendan que cada error conlleva una consecuencia, y que no todo lo que se quiere se consigue.

Es preciso enseñarles a demorar las recompensas. La inmediatez en recibir cualquier compensación hace que nuestros hijos sean exigentes y ansiosos. Obviamente, habrá que ir acompasando esta demora a la edad.

Los límites educativos, el favorecimiento de la autoestima, la curiosidad, tienen que ver con la inteligencia emocional.

Debemos acostumbrar a nuestros hijos al sentido del humor, a ser optimistas y a tener expectativas de éxito. La autoprofecía cumplida tiene que ver con las expectativas que vayamos teniendo para con ellos. Si les transmitimos unas expectativas favorables y realistas tenderán a esforzarse por cumplirlas y, por el contrario, cuando éstas sean bajas, se desanimarán y no se obligarán por mejorar.

También existen otras cualidades no menos importantes que se deben trabajar desde la propia familia: la empatía (ponerse en la piel del otro) y la resiliencia (capacidad para sobreponerse en las adversidades). Para ello es mejor predicar con el ejemplo.

En la sociedad del futuro se va a hacer cada vez más necesaria la existencia de personas con una gran madurez emocional capaces de tolerar la frustración, de trabajar en equipo, de ser fácilmente motivables y con gran capacidad de liderazgo. Capacidades relacionadas con la inteligencia emocional como la perseverancia en la tarea, la capacidad de innovación y creatividad, la empatía… van a ser necesarias para mejorar en los aspectos personales y también en las competencias profesionales. ¡Qué mejor que educar estas competencias desde la niñez!

Clima emocional en el hogar

Imagen de portada: Ilustración de Víctor Rivas Fernández

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