Hay niños a quienes les toca pasar por traumas terribles, sobre todo cuando viven en zonas de guerra

A menudo vemos cómo sobreviven

Cómo se sobreponen a la situación y cómo consiguen convertirse en adultos equilibrados. Para eso hace falta que se den algunos factores de lo que en psiquiatría se llama RESILIENCIA. Con uno de los grandes teóricos en la materia han hablado en el programa A punto con La 2: el psiquiatra francés Boris  Cyrulnik, quien sufrió, el mismo, un importante trauma en su infancia.

Una historia sobre la resiliencia

Sus padres, judíos de Burdeos, tomaron la decisión de esconderle para evitar que los soldados nazis lo arrestaran junto a ellos durante la ocupación. Murieron en un campo de concentración mientras él, un niño de seis años, sobrevivía de escondite en escondite. Boris Cyrulnik nació el 26 de julio de 1937, es psiquiatra y neurólogo, y ha dedicado toda su vida profesional a desarrollar la teoría de la RESILIENCIA: la capacidad del ser humano de RECUPERAR LA ALEGRÍA DE VIVIR después de un trauma.

¿Qué es la resiliencia? Boris Cyrulnik en 2014

Boris Cyrulnik en 2014

«Durante la guerra tenía que callar, si no me habrían matado. Tenía seis años y medio y, si hubiera hablado, sólo con que hubiera dicho mi nombre me habrían arrestado y habría muerto en Auschwitz. Después de la guerra yo quería explicarme, como niño, y la gente se reía de mí porque no me creía: “para”, “se acabó”, “¿qué dices?”, ¿qué cuentas?”, “¿de dónde lo has sacado?”… Me dije a mi mismo que los adultos no podían comprender. Así que quedé… partido en dos.»

Uno de los factores de protección para poder desarrollar la RESILIENCIA, según su teoría, es que la sociedad escuche y comprenda lo que la persona narra sobre su experiencia.

«Si la cultura entiende lo que digo me sentiré integrado socialmente. Pero si la cultura me hace callar quitando importancia a mis palabras, haciendo que pare de hablar, una parte de mí se expresará sin problema de lo que puede ser comprendido, pero otra parte de mí sufrirá en secreto.»

Si la persona no tiene a nadie con quien compartir su sufrimiento, el peso del trauma puede llegar a destruirle.

«Si uno está solo rumía, se repite, y se dirige a la depresión o hacia el síndrome psicosomático. Porque al estar solo las preguntas son: “¿Por qué me han hecho eso?”, “¿Por qué no me responde?, ¿Por qué sufro?”… uno rumía, repite, y repite… y va reforzando la memoria de la desgracia.»

Cuando hay alguien a quien confiarse, capaz de comprensión, uno se siente seguro para hablar. La posibilidad de narrar el trauma vivido contribuye a que surja la RESILIENCIA.

No fue hasta los 80, cuando se emitió “SHOAH” (el documental de Claude Lanzmann que daba fe y testimonio del holocausto), cuando Boris  Cyrulnik empezó a sentir que la cultura francesa por fin comprendía lo sucedido, y daba por cierto lo que desde los seis años había intentado explicar.

«Me interrogaron amigos, periodistas, me devolvieron la palabra y me dijeron que tenía que dar testimonio. Que tenía que explicarme. Entonces me expliqué. Fue cuando la cultura francesa me devolvió la palabra, 40 años más tarde, cuando me sentí aceptado. Me sentí mucho mejor porque ya podía ser auténtico. Ya podía decir lo que se me pasara por la cabeza. Ya podía hablar y la gente ya estaba dispuesta a escucharme.»

Hay otra manera que ayuda a recuperarse de un trauma, y es a través de la escritura. Boris  Cyrulnik decidió iniciar un proceso de reflexión sobre su memoria y sobre la memoria en general, poniéndose a escribir sobre ello en seguida. Y así hasta una decena de libros, el último de los cuales presenta ahora en español: Las almas heridas.

«Cuando me pongo a escribir me dirijo al lector invisible, me dirijo al amigo que va a comprenderme a la perfección, y voy a buscar en mi pasado un relato que voy a dirigirle mientras hago el trabajo de la escritura. Pues no se piensa igual con la mano que con la boca. Cuando uno habla es la zona temporal izquierda del cerebro la que consume energía. Cuando uno escribe es una parte del cerebro posterior a la zona temporal izquierda. No es el mismo esfuerzo neurológico, y no es el mismo esfuerzo intelectual.»

Somos seres narradores, y necesitamos un relato para dar sentido a lo vivido, por más duro que haya sido. Poder hablar, explicarse, escribir,… sobre todo ser escuchados, se hace imprescindible para recuperar las ganas de vivir.

   

 

Imagen de portada:  Little flower  / Flickr Delphine Devos

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