Hay quien ama el silencio, quien lo detesta, hay quien lo persigue, quien lo evita…

El silencio es necesario

Es imprescindible en todos los días de nuestra vida. Esta semana la escuela La Llacuna del Poblenou, en Barcelona, ha decidido cambiar la actividad de las clases para dedicar un espacio al silencio. Dedican la semana a que los alumnos reflexionen sobre la ausencia de sonido.

La idea surgió hace un año

Pensaron en realizar algunos ejercicios con los más pequeños y un grupo reducido de alumnos, pero finalmente se ha convertido es una semana completa destinada a la ausencia de sonido.

Nos falta silencio a todos y en especial a los niños

Lo explica Jordi Canelles, director de este centro educativo. Dice también que a la sociedad le falta silencio.  Faltan momentos para pararse y escuchar. Para saber lo que hacemos, y porqué hacemos lo que hacemos. A los niños, como a todos, eso les falta, y la escuela ha de ser un lugar que lo propicie.

En la escuela La Llacuna esto se traduce, durante esta semana, en  provocaciones artísticas alrededor del silencio. Han transformado el colegio en instalaciones artísticas contemporáneas que provoquen reflexiones sobre el silencio.

No se trata para nada de permanecer callados. Se trata de encontrar momentos para poder hablar del silencio

silencio

Los alumnos acogen muy bien esta propuesta

Los niños siempre están dispuestos a que se les brinden oportunidades de hacer cosas interesantes y transformadoras. Se muestran expectantes, abiertos, participativos… y juegan con los adultos a correr riesgos que en todos provocan transformaciones.

Antes se pedía silencio en clase

Hay silencios malos –explica Jordi-, los que coartan, los que están alrededor del miedo y no dejan ser uno mismo, los que silencian la injusticia… Son silencios malos, que no interesan. Interesan los silencios que nos permitan encontrarnos con nosotros mismos.

Una propuesta muy “azañista” la de esta escuela

Manuel Azaña dijo en una ocasión: “Si los españoles hablásemos sólo de lo que sabemos, se generaría un inmenso silencio que  podríamos aprovechar para el estudio”. También podríamos aprovecharlo para hablar del silencio.

En esta sociedad todos sabemos y opinamos de todo.

En cualquier lugar se habla de cualquier cosa. Muchas veces, quizás, deberíamos callarnos y escuchar más, concluye Jordi Canelles.

“Tenemos dos orejas y una boca para que podamos escuchar el doble de lo que hablamos”. Epicteto

 

487 talento para el diálogo. Ilustración de Janice Nadeau

Ilustración de Janice Nadeau

 

Los superpoderes del silencio

¿Alguna vez has escuchado el silencio?

El silencio de verdad no es el que percibimos en el breve momento en el que la tele se queda suspendida entre canal y canal, mientras hacemos zapping. Tampoco es la tensa ausencia de ruido que nos inquieta mientras subimos o bajamos en ascensor acompañados de un vecino tímido.

El silencio es un sonido blanco, que llena el vacío

Y que es capaz ce interrumpir las voces, el tráfico, el zumbido del móvil y el llanto de un bebé.

Nuestro cerebro adora dejar de escuchar

La ciencia ha comprobado los numerosos beneficios que tiene aislarse del ruido al menos unos minutos al día, y mejor si desconectamos una o dos horas. Una investigación publicada en 2013 demostró que, el cerebro de las personas que se sientan en silencio durante dos horas cada día, se pone a fabricar células en la región del hipocampo, una zona vinculada a la memoria y a la capacidad de aprendizaje.

La bióloga alemana Inke Kisce quería saber si la música es capaz de regenerar células en el cerebro

Para ello separó tres grupos de ratoncillos

A un grupo le puso música, a otro le hizo escuchar un ruido regular y, al tercer grupo, le hizo escuchar sonidos de ratones lactantes. Como grupo de control, para poder comparar, empleó a otro grupo de ratones a los que dejó en silencio durante dos horas cada día.

La sorpresa que se llevó es que, los que mejoraron su salud física y mental no fueron los que escucharon a Mozart, ni los que recibieron ruido blanco. Ni siquiera los que recibieron constantes llamadas de ratoncitos bebés. Los ratones más felices fueron los que estuvieron en un ambiente silencioso.

Algo parecido descubrió Luciano Bernardi, en la universidad italiana de Pavia

Estudió el efecto que desencadenaba en los cerebros de un grupo de voluntarios hacerles escuchar seis secuencias con distinto tipo de música. Ni el jazz, ni el rock, ni la clásica, ni la música electrónica. Lo que más agradaba al cerebro eran las pausas que Bernardi hacía entre canción y canción.

Hay médicos que recetan el silencio

Ya hay profesionales que recetan a sus pacientes estresados que hagan retiros de varios días de silencio. Está probado que el cerebro es más eficaz rebajando la tensión arterial cuando no escucha nada que cuando le sometemos a una sesión de música zen.

Es más, algunas personas se ponen muy nerviosas cuando escuchan cánticos de monjes budistas o de los niños cantores de los Alpes suizos. Es mejor para la salud escuchar el ruido del mar, o del viento en las copas de los árboles, que someterse a una sesión de shakuhachi, la flauta japonesa con la que se alivian las tensiones los monjes de la secta Fuke Zen.

La ciencia demuestra que el cerebro prefiere un paseo en silencio por el parque que una canción de Pablo Alborán, ¿qué le vamos a hacer?silencio

Fuente: La Ventana de Cadena Ser (15/11/16) y Secretos del cerebro de Radio 5 (26/10/16) / Imagen de portada: flickr Francisco Abato Helguera / Imagen interior: pixabay

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