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Ilustración nocturna inspirada en los poemas infantiles de Federico García Lorca con un niño mirando la luna

Los poemas más bonitos de Federico García Lorca para leer con niños

Tabla de contenidos

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Decía Ana María Pelegrín (investigadora, ensayista, pedagoga y una de las más importantes especialistas sobre literatura de tradición oral hispánica y autora de antologías de gran calidad de poesía en español para niños) que escribir poesía infantil no es infantilizar la poesía. El infantilismo poético es un atentado contra la belleza y contra la sensibilidad del niño.

Para llegar a los niños pequeños hay que tener alma y espíritu de niño pequeño, y con ese don se nace. Federico García Lorca se entendía muy bien con los niños, y los niños se dan cuenta enseguida de quién sabe hacerles caso sin afectaciones de infantilismo. Lo primordial no es la niñez como tema, sino como actitud.

Si los dos elementos esenciales de la poesía infantil son el ritmo y la rima, nada como los versos de Federico García Lorca para ofrecérselos a los pequeños. 

Muchos de estos poemas pueden disfrutarse simplemente escuchando cómo suenan las palabras, aunque los niños todavía no comprendan completamente su significado. La musicalidad, las imágenes y el ritmo forman parte de la magia de la poesía de Lorca.

Si buscas un poema concreto de Federico García Lorca, puedes ir directamente desde aquí a las distintas poesías de esta recopilación:

Los mejores poemas de Federico García Lorca para niños

Los poemas de Federico García Lorca siguen emocionando a niños y adultos más de cien años después de haber sido escritos.

Cómo suenan sus versos, sus imágenes llenas de naturaleza y su manera de jugar con las palabras hacen que muchas de sus poesías funcionen especialmente bien en la infancia.

En esta recopilación encontrarás algunos de los poemas más conocidos y bonitos de Lorca para leer con niños, recitar en clase o descubrir poco a poco el universo poético de uno de los grandes escritores españoles del siglo XX.

El lagarto está llorando

Es probablemente uno de los poemas más queridos y recordados de Federico García Lorca. Su mezcla de ternura, ritmo y escenas inesperadas hace que muchos niños conecten enseguida con estos dos pequeños lagartos que lloran desconsolados por la pérdida de su anillo.

El lagarto está llorando.
La lagarta está llorando.
El lagarto y la lagarta
con delantalitos blancos.

Han perdido sin querer
su anillo de desposados.
¡Ay, su anillito de plomo,
ay, su anillito plomado!

Un cielo grande y sin gente
monta en su globo a los pájaros.
El sol, capitán redondo,
lleva un chaleco de raso.

¡Miradlos qué viejos son!
¡Qué viejos son los lagartos!
¡Ay cómo lloran y lloran!
¡Ay, ay, cómo están llorando!

Caracola

Federico García Lorca convierte un objeto cotidiano en algo mágico y lleno de imaginación. La caracola parece guardar dentro todo un mar secreto, con sonidos, agua y pequeños peces de plata.

Me han traído una caracola.
Dentro le canta
un mar de mapa.

Mi corazón
se llena de agua
con pececillos
de sombra y plata.

Me han traído una caracola.

Mariposa

“Mariposa” tiene un ritmo suave y repetitivo que hace que muchos niños quieran volver a escuchar el poema una y otra vez. Sus colores y sus sonidos crean una escena pequeña y luminosa.

Mariposa del aire,
qué hermosa eres,
mariposa del aire
dorada y verde.

Luz del candil,
mariposa del aire,
¡quédate ahí, ahí, ahí!

Canción tonta

Vemos en estos versos la sencillez y la musicalidad de las canciones que muchos niños escuchan desde pequeños. El diálogo entre la madre y el niño convierte estos versos en una escena tierna y fácil de recordar.

Mamá,
yo quiero ser de plata.

Hijo,
tendrás mucho frío.

Mamá.
Yo quiero ser de agua.

Hijo,
tendrás mucho frío.

Mamá.
Bórdame en tu almohada.

¡Eso sí!
¡Ahora mismo!

Agua, ¿dónde vas?

Aquí el agua, el mar y los árboles parecen tener voz propia. Las preguntas y respuestas hacen que el poema avance como una pequeña conversación llena de agua, árboles y movimiento.

Agua, ¿dónde vas?
Riyendo voy por el río
a las orillas del mar.

Mar, ¿adónde vas?
Río arriba voy buscando
fuente donde descansar.

Chopo, y tú ¿qué harás?
No quiero decirte nada.
Yo..., ¡temblar!

¿Qué deseo, qué no deseo,
por el río y por la mar?

(Cuatro pájaros sin rumbo
en el alto chopo están.)

Cancioncilla sevillana

Todo en este poema parece suave y luminoso: el amanecer, las abejas, las flores y el olor del naranjo. Sus versos tienen un ritmo muy cercano al de las canciones populares andaluzas que tanto inspiraron a Lorca.

Amanecía
en el naranjel.
Abejitas de oro
buscaban la miel.

¿Dónde estará
la miel?

Está en la flor azul,
Isabel.
En la flor,
del romero aquel.

(Sillita de oro
para el moro.
Silla de oropel
para su mujer.)

Amanecía
en el naranjel.

La Tarara

Con su ritmo repetitivo y su aire de canción popular, “La Tarara” es uno de los textos más alegres y musicales relacionados con Lorca. Sus imágenes llenas de color y movimiento hacen que muchos niños disfruten recitándolo en voz alta.

La Tarara sí,
la Tarara, no
La Tarara, niña
que la he visto yo.

Lleva mi Tarara
un vestido verde
lleno de volantes
y de cascabeles.

La Tarara sí,
la Tarara, no
La Tarara niña
que la he visto yo.

Luce mi Tarara
su color de seda
sobre las retamas
y la hierbabuena

Ay, Tarara loca.
Mueve la cintura
para los muchachos
de las aceitunas.

Galán

Este poema tiene algo de copla y algo de juego cantado. Sus versos suenan casi como una canción antigua aprendida de memoria. Las repeticiones y las palabras populares hacen que tenga mucha fuerza al leerlo en voz alta.

Galán
galancillo.
En tu casa queman tomillo.

Ni que vayas, ni que vengas,
con llave cierro la puerta.

Con llave de plata fina.
Atada con una cinta.

En la cinta hay un letrero:
"Mi corazón está lejos."

No des vueltas en mi calle.
¡Déjasela toda al aire!

Galán,
galancillo.
En tu casa queman tomillo.

Los reyes de la baraja

Sus repeticiones y su ritmo rápido hacen que muchos niños lo memoricen casi sin darse cuenta.

Si tu madre quiere un rey,
la baraja tiene cuatro:
rey de oros, rey de copas,
rey de espadas, rey de bastos.

Corre que te pillo,
corre que te agarro,
mira que te lleno
la cara de barro.

Del olivo
me retiro,
del esparto
yo me aparto,
del sarmiento
me arrepiento
de haberte querido tanto.

Arbolé, arbolé

Aparecen en esta composición muchos de los elementos más característicos del universo de Lorca: el viento, los caballos, Andalucía, los colores y la música popular. Mientras se lee, da la sensación de que el viento, los caballos y los personajes avanzan lentamente como dentro de una canción popular andaluza.

Arbolé, arbolé
seco y verde.

La niña de bello rostro
está cogiendo aceituna.
El viento, galán de torres,
la prende por la cintura.

Pasaron cuatro jinetes,
sobre jacas andaluzas.
con trajes de azul y verde,
con largas capas oscuras.

"Vente a Granada, muchacha."
La niña no los escucha.

Pasaron tres torerillos
delgaditos de cintura,
con trajes color naranja
y espada de plata antigua.

"Vente a Sevilla, muchacha."
La niña no los escucha.

Cuando la tarde se puso
morada, con luz difusa,
pasó un joven que llevaba
rosas y mirtos de luna.

"Vente a Granada, muchacha."
Y la niña no lo escucha.

La niña del bello rostro
sigue cogiendo aceituna,
con el brazo gris del viento
ceñido por la cintura.

Arbolé arbolé
seco y verde.

Despedida

El balcón abierto, el campo y las naranjas dejan una sensación de calma y tristeza difícil de olvidar.

Si muero,
dejad el balcón abierto.

El niño come naranjas.
(Desde mi balcón lo veo.)

El segador siega el trigo.
(Desde mi balcón lo siento.)

¡Si muero,
dejad el balcón abierto!

Canción primaveral

El poema empieza con alegría infantil, pero poco a poco aparecen imágenes más profundas y melancólicas que sorprenden muchísimo al lector.

Salen los niños alegres
de la escuela,
poniendo en el aire tibio
del abril canciones tiernas.

¡Qué alegría tiene el hondo
silencio de la calleja!
Un silencio hecho pedazos
por risas de plata nueva.

Voy camino de la tarde,
entre flores de la huerta,
dejando sobre el camino
el agua de mi tristeza.

En el monte solitario,
un cementerio de aldea
parece un campo sembrado
con granos de calaveras.

Y han florecido cipreses
como gigantes cabezas
que con órbitas vacías
y verdosas cabelleras
pensativos y dolientes
el horizonte contemplan.

¡Abril divino, que vienes
cargado de sol y esencias,
llena con nidos de oro
las floridas calaveras!

Escuela

Las preguntas del maestro y las respuestas del niño hacen que el poema parezca casi un pequeño cuento.

Maestro.
¿Qué doncella se casa con el viento?

Niño.
La doncella de todos los deseos.

Maestro.
¿Qué le regala el viento?

Niño.
Remolinos de oro y mapas superpuestos.

Maestro.
Ella ¿le ofrece algo?,

Niño.
Su corazón abierto.

Maestro.
Decid cómo se llama.

Niño.
Su nombre es un secreto.

(La ventana del colegio tiene una cortina de luceros.)

Cancioncilla del primer beso

Los colores y las emociones aparecen mezclados en unos versos que suenan casi como una canción soñada.

En la mañana verde,
quería ser corazón.

Corazón.

Y en la tarde madura
quería ser ruiseñor.

Ruiseñor.

(Alma,
ponte color de naranja.
Alma,
ponte color de amor)

En la mañana viva,
yo quería ser yo.

Corazón.

Y en la tarde caída
quería ser mi voz.

Ruiseñor.

¡Alma,
ponte color naranja!
¡Alma,
ponte color de amor!

Idilio

La primavera, los árboles y el río aparecen aquí envueltos en una atmósfera suave y casi mágica. Leyéndolo despacio, casi parece que las palabras giren suavemente alrededor del río, los árboles y la primavera.

Tú querías que yo te dijera
el secreto de la primavera.

Y yo soy para el secreto
lo mismo que es el abeto.

Árbol cuyos mil deditos
señalan mil caminitos.

Nunca te diré, amor mío,
por qué corre lento el río.

Pero pondré en mi voz estancada
el cielo ceniza de tu mirada.

¡Dame vueltas, morenita!
Ten cuidado con mis hojitas.

Dame más vueltas alrededor,
jugando a la noria del amor.

¡Ay! No puedo decirte, aunque quisiera,
el secreto de la primavera.

Mi niña se fue al mar

El mar aparece en muchos poemas de Lorca como un lugar lleno de misterio, emoción y recuerdos. Aquí, a través de unas imágenes sencillas, el poema deja una sensación de ausencia y de tristeza silenciosa.

Mi niña se fue al mar
a contar olas y chinos,
pero las olas venían
y se llevaba los chinos.

Tuvo el agua que llorarla
sin descanso y sin alivio.
Mi niña se fue a la mar
y nunca volvió conmigo.

Adelina de paseo

Entre frutas, colores y referencias al mar, el poema tiene un aire alegre muy ligado a las canciones andaluzas.

La mar no tiene naranjas.
ni Sevilla tiene amor.
Morena, qué luz de fuego.
Préstame tu quitasol.

Me pondrá la cara verde,
zumo de lima y limón,
tus palabras, pececillos,
nadarán alrededor.

La mar no tiene naranjas.
Ay, amor.
Ni Sevilla tiene amor!
Ilustración en acuarela de un olivo bajo la luna inspirada en la poesía de Federico García Lorca

Poemas cortos de Federico García Lorca

Muchos de los poemas más breves de Lorca tienen un ritmo y una fuerza visual que los hacen especialmente adecuados para niños. En apenas unos versos aparecen escenas llenas de emoción, naturaleza y fantasía.

La luna asoma

La luna fue una de las imágenes más importantes y misteriosas en la poesía de Lorca. En esta composición, a medida que aparece la luna, el paisaje se vuelve extraño y silencioso, como si todo entrara poco a poco en un sueño.

Cuando sale la luna
se pierden las campanas
y aparecen las sendas
impenetrables.

Cuando sale la luna,
el mar cubre la tierra
y el corazón se siente
isla en el infinito.

Nadie come naranjas
bajo la luna llena.
Es preciso comer
fruta verde y helada.

Cuando sale la luna
de cien rostros iguales,
la moneda de plata
solloza en el bolsillo.

Madrigalillo

En apenas unos versos aparecen el amor, el paso del tiempo y la pérdida con una delicadeza sorprendente.

Cuatro granados
tiene tu huerto.

(Toma mi corazón
nuevo.)

Cuatro cipreses
tendrá tu huerto.

(Toma mi corazón
viejo.)

Sol y luna.
Luego...
¡ni corazón
ni huerto!

Al oído de una muchacha

Brevemente, Lorca crea una imagen delicada y llena de movimiento. La naturaleza aparece mezclada con la emoción de una forma suave y casi soñada.

No quise.
No quise decirte nada.

Vi en tus ojos
dos arbolitos locos.
De brisa, de brisa y de oro.

Se meneaban.
No quise.
No quise decirte nada.

Árbol de canción

Todo en esta poesía parece balancearse lentamente: la voz, las flores, el sol, la luna o las ramas. Los versos se mueven lentamente, como si siguieran el ritmo de una canción antigua.

Caña de voz y gesto.
Una vez y otra vez
tiembla sin esperanza
en el aire de ayer.

La niña suspirando
lo quería coger;
pero llegaba siempre
un minuto después.

¡Ay sol! ¡Ay luna, luna!
Un minuto después.
Sesenta flores grises
enredaban sus pies.

Mira cómo se mece
una y otra vez,
virgen de flor y rama,
en el aire de ayer.

Balada del caracol negro

El poema empieza casi como un cuento contado a media voz, pero poco a poco va dejando una sensación más misteriosa y emocional.

Caracoles negros.
Los niños sentados
escuchan un cuento.

El río traía
coronas de viento
y una gran serpiente
desde un tronco viejo
miraba las nubes
redondas del cielo.

Niño mío chico
¿dónde estás?
Te siento
en el corazón
y no es verdad.

Lejos esperas que yo saque
tu alma del silencio.
Caracoles grandes.
Caracoles negros.

Canción china en Europa

Estos versos tienen algo de escena teatral y algo de canción antigua. Todo parece moverse suavemente entre abanicos, puentes y grillos que cantan.

La señorita
del abanico,
va por el puente
del fresco río.

Los caballeros
con sus levitas,
miran el puente
sin barandillas.

La señorita
del abanico
y los volantes,
busca marido.

Los caballeros
están casados,
con altas rubias
de idioma blanco.

Los grillos cantan
por el Oeste.

(La señorita.
va por lo verde.)

Los grillos cantan
bajo las flores.

(Los caballeros,
van por el Norte.)

Cortaron tres árboles

En ocasiones Lorca utiliza poquísimas palabras para transmitir imágenes realmente intensas. En este caso, la desaparición de los árboles va dejando una sensación de silencio, vacío y tristeza que permanece incluso después de terminar de leerlo.

Eran tres.
(Vino el día con sus hachas.)

Eran dos.
(Alas rastreras de plata.)

Era uno.
Era ninguno.

(Se quedó desnuda el agua.)

Canción del naranjo seco

En la obra de Lorca, los árboles, el agua o la luna muchas veces parecen sentir y hablar como si fueran personajes. En este poema, el naranjo transmite una mezcla de tristeza, cansancio y deseo de desaparecer que resulta muy evocadora.

Leñador.
Córtame la sombra.
Líbrame del suplicio
de verme sin toronjas.

¿Por qué nací entre espejos?
El día me da vueltas.
Y la noche me copia
en todas sus estrellas.

Quiero vivir sin verme.
Y hormigas y vilanos,
soñaré que son mis
hojas y mis pájaros.

Leñador.
Córtame la sombra.
Líbrame del suplicio
de verme sin toronjas.

Paisaje

Un árbol, unos niños y la luz fría de la tarde bastan para crear una escena que parece salida de un sueño.

La tarde equivocada
se vistió de frío.

Detrás de los cristales,
turbios, todos los niños,
ven convertirse en pájaros
un árbol amarillo.

La tarde está tendida
a lo largo del río.
Y un rubor de manzana
tiembla en los tejadillos.

Agosto

Casi se puede notar el calor del verano y el olor de la fruta madura mientras se lee.

Agosto.
Contraponientes
de melocotón y azúcar,
y el sol dentro de la tarde,
como el hueso en una fruta.

La panocha guarda intacta
su risa amarilla y dura.

Agosto.
Los niños comen
pan moreno y rica luna.

Tan, tan

El diálogo breve y repetitivo hace que el poema recuerde enseguida a un juego infantil. 

Tan, tan.
¿Quién es?
El otoño otra vez.
¿Qué quiere el otoño?
El frescor de tu sien.
No te lo quiero dar.
Yo te lo quiero quitar.

Tan, tan.
¿Quién es?
El otoño otra vez.

Media luna

La escena transmite mucha calma, como si todo estuviera reflejándose lentamente sobre el agua.

La luna va por el agua.
¡Cómo está el cielo tranquilo!

Va segando lentamente
el temblor viejo del río
mientras una rana joven
la toma por espejito.

¡Adiós, sol!

Lorca juega con la noche como si fuera un escenario de teatro. La luna, la música y los personajes aparecen mezclados en un poema lleno de fantasía, humor y pequeñas imágenes sorprendentes.

¡Adiós, sol!
Bien sé que eres la luna,
pero yo
no lo diré a nadie,
sol.

Te ocultas
detrás del telón
y disfrazas tu rostro
con polvos de arroz.

De día, la guitarra del labrador;
de noche, la mandolina
de pierrot.

¡Qué más da!
tu ilusión es crear el jardín
multicolor.

¡Adiós, sol!
no olvides lo que te ama
el caracol,
la viejecilla
del balcón, y yo...
que juego al trompo con mi...
corazón.

Cazador

Aún siendo tan corta, esta poesía transmite mucho movimiento y mucha tensión. Las palomas, el pinar y las sombras crean una escena fácil de imaginar que parece quedarse suspendida en el aire.

¡Alto pinar!
Cuatro palomas por el aire van.

Cuatro palomas
vuelan y tornan.
Llevan heridas
sus cuatro sombras.

¡Bajo pinar!
Cuatro palomas en la tierra están.

Refrán

Esta composición juega con los meses del año como si fueran personajes distintos. Los versos tienen la sencillez y el ritmo de los refranes populares que pasan de generación en generación.

Marzo
pasa volando.

Y Enero sigue tan alto.

Enero,
sigue en la noche del cielo.

Y abajo Marzo es un momento.

Enero.
Para mis ojos viejos.

Marzo.
Para mis frescas manos.

Crótalo

Más que explicar algo, parece un poema hecho para disfrutar simplemente del sonido de las palabras, las repeticiones y la música del lenguaje para crear unos versos cercanos al juego y a la recitación infantil.

Crótalo.
Crótalo.
Crótalo.
Escarabajo sonoro.

En la araña
de la mano
rizas el aire
cálido,
y te ahogas en tu trino
de palo.

Crótalo.
Crótalo.
Crótalo.
Escarabajo sonoro.

Adivinanza de la guitarra

La guitarra se convierte aquí en una especie de adivinanza llena de misterio.

En la redonda
encrucijada,
seis doncellas
bailan.

Tres de carne
y tres de plata.

Los sueños de ayer las buscan
pero las tiene abrazadas,
un Polifemo de oro.

¡La guitarra!

Pueblo

El pueblo parece detenido en el tiempo, entre olivos, callejas silenciosas y torres que no dejan de girar.

Sobre el monte pelado
un calvario.
Agua clara
y olivos centenarios.
Por las callejas
hombres embozados,
y en las torres
veletas girando.
Eternamente
girando.
¡Oh pueblo perdido,
en la Andalucía del llanto! 

Es verdad

El ritmo de estos versos recuerda al de una canción antigua o una copla popular. Lorca mezcla emoción, sencillez y un ritmo muy cercano a las canciones populares para hablar del amor de una forma delicada y cercana.

¡Ay, qué trabajo me cuesta
quererte como te quiero!

Por tu amor me duele el aire,
el corazón
y el sombrero.

¿Quién me compraría a mí
este cintillo que tengo
y esta tristeza de hilo
blanco, para hacer pañuelos?

¡Ay, qué trabajo me cuesta
quererte como te quiero!

La calle de los mundos

Entre abanicos, risas y pianos vacíos, el poema parece una pequeña escena de teatro. Todo él está lleno de pequeños movimientos y detalles visuales que le dan un aire elegante e imaginativo.

Detrás de las inmóviles vidrieras
las muchachas juegan con sus risas.

(En los pianos vacíos,
arañas titiriteras.)

Las muchachas hablan de sus novios
agitando sus trenzas apretadas.

(Mundo del abanico,
el pañuelo y la mano.)

Los galanes replican haciendo
alas y flores con sus capas negras.

Vals en las ramas

Leer este poema es casi como entrar en un sueño atravesado por sonidos extraños, imágenes inesperadas y escenas que cambian constantemente.

Cayó una hoja
y dos
y tres.

Por la luna nadaba un pez.
El agua duerme una hora
y el mar blanco duerme cien.

La dama
estaba muerta en la rama.

La monja
cantaba dentro de la toronja.

La niña
iba por el pino a la piña.

Y el pino
buscaba la plumilla del trino.

Pero el ruiseñor
lloraba sus heridas alrededor.
Y yo también
porque cayó una hoja
y dos
y tres.

Y una cabeza de cristal
y un violín de papel
y la nieve podría con el mundo
una a una
dos a dos
y tres a tres.

¡Oh, duro marfil de carnes invisibles!
¡Oh, golfo sin hormigas del amanecer
Con el muu de las ramas,
con el ay de las damas,
con el croo de las ranas,
y el gloo amarillo de la miel.

Llegará un torso de sombra
coronado de laurel.
Será el cielo para el viento
duro como una pared
y las ramas desgajadas
se irán bailando con él.

Una a una
alrededor de la luna,
dos a dos
alrededor del sol,
y tres a tres
para que los marfiles se duerman bien.

Poemas más intensos y simbólicos de Federico García Lorca

Aunque muchos poemas de Lorca conectan bien con los niños por su musicalidad y sus imágenes imaginativas, el poeta también escribió composiciones más misteriosas, emocionales y simbólicas. En estos versos aparecen la noche, la tristeza, el destino o el miedo envueltos en una enorme belleza poética.

Algunos de estos poemas pueden resultar más adecuados para niños mayores, adolescentes o lecturas compartidas con adultos. 

Aire nocturno

Desde los primeros versos se nota una sensación de miedo y tristeza y acompaña todo el poema hasta el final.

Tengo mucho miedo
de las hojas muertas,
miedo de los prados
llenos de rocío.
Yo voy a dormirme;
si no me despiertas,
dejaré a tu lado mi corazón frío.
¿Qué es eso que suena
muy lejos?
Amor. El viento en las vidrieras,
¡amor mío!

Te puse collares
con gemas de aurora.
¿Por qué me abandonas
en este camino?
Si te vas muy lejos,
mi pájaro llora
y la verde viña
no dará su vino.

¿Qué es eso que suena
muy lejos?
Amor. El viento en las vidrieras,
¡amor mío!

Tú no sabrás nunca,
esfinge de nieve,
lo mucho que yo
te hubiera querido
esas madrugadas
cuando tanto llueve
y en la rama seca
se deshace el nido.

¿Qué es eso que suena
muy lejos?
Amor. El viento en las vidrieras,
¡amor mío!

Sorpresa

El farol temblando en mitad de la calle es una imagen que cuesta olvidar después de leer el poema.

Muerto se quedó en la calle
con un puñal en el pecho.
No lo conocía nadie.

¡Cómo temblaba el farol!
        Madre.
¡Cómo temblaba el farolito
      de la calle!

Era madrugada. Nadie
pudo asomarse a sus ojos
abiertos al duro aire.

Que muerto se quedó en la calle
que con un puñal en el pecho
y que no lo conocía nadie.

Preciosa y el aire

El romance avanza como una persecución llena de música, viento y escenas casi fantásticas. Todo sucede como en un cuento misterioso que avanza entre canciones, persecuciones y noches llenas de magia.

Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene,
por un anfibio sendero
de cristales y laureles.

El silencio sin estrellas,
huyendo del sonsonete,
cae donde el mar bate y canta
su noche llena de peces.

En los picos de la sierra
los carabineros duermen
guardando las blancas torres
donde viven los ingleses.

Y los gitanos del agua
levantan por distraerse,
glorietas de caracolas
y ramas de pino verde.

Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene.
Al verla se ha levantado
el viento que nunca duerme.

San Cristobalón desnudo,
lleno de lenguas celestes,
mira la niña tocando
una dulce gaita ausente.

Niña, deja que levante
tu vestido para verte.
Abre en mis dedos antiguos
la rosa azul de tu vientre.

Preciosa tira el pandero
y corre sin detenerse.
El viento-hombrón la persigue
con una espada caliente.

Frunce su rumor el mar.
Los olivos palidecen.
Cantan las flautas de umbría
y el liso gong de la nieve.

¡Preciosa, corre, Preciosa,
que te coge el viento verde!
¡Preciosa, corre, Preciosa!
¡Míralo por dónde viene!
Sátiro de estrellas bajas
con sus lenguas relucientes.

Preciosa, llena de miedo,
entra en la casa que tiene,
más arriba de los pinos,
el cónsul de los ingleses.

Asustados por los gritos
tres carabineros vienen,
sus negras capas ceñidas
y los gorros en las sienes.

El inglés da a la gitana
un vaso de tibia leche,
y una copa de ginebra
que Preciosa no se bebe.

Y mientras cuenta, llorando,
su aventura a aquella gente,
en las tejas de pizarra
el viento, furioso, muerde.

Romance sonámbulo

Verde que te quiero verde” es uno de los versos más famosos de toda la poesía española. Los colores, la luna y las imágenes misteriosas hacen que este romance avance como si fuera un sueño difícil de olvidar.

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.

Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.

Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando
desde los puertos de Cabra.

Si yo pudiera, mocito,
ese trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.

Compadre, quiero morir
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?

Trescientas rosas morenas
lleva tú pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo.
Ni mi casa es ya mi casa.

Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
¡Dejadme subir!, dejadme
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.

Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal,
herían la madrugada.

Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está tu niña amarga?

¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!

Sobre el rostro del aljibe,
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche se puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.

Romance de la pena negra

La tristeza de Soledad Montoya termina impregnando todo el poema.

Las piquetas de los gallos
cavan buscando la aurora,
cuando por el monte oscuro
baja Soledad Montoya.

Cobre amarillo, su carne,
huele a caballo y a sombra.
Yunques ahumados sus pechos,
gimen canciones redondas.

Soledad: ¿por quién preguntas
sin compaña y a estas horas?

Pregunte por quien pregunte,
dime: ¿a ti qué se te importa?
Vengo a buscar lo que busco,
mi alegría y mi persona.

Soledad de mis pesares,
caballo que se desboca,
al fin encuentra la mar
y se lo tragan las olas.

No me recuerdes el mar
que la pena negra, brota
en las tierras de aceituna
bajo el rumor de las hojas.

¡Soledad, qué pena tienes!
¡Qué pena tan lastimosa!
Lloras zumo de limón
agrio de espera y de boca.

¡Qué pena tan grande! Corro
mi casa como una loca,
mis dos trenzas por el suelo,
de la cocina a la alcoba.
¡Qué pena! Me estoy poniendo
de azabache, carne y ropa.
¡Ay mis camisas de hilo!
¡Ay mis muslos de amapola!

Soledad: lava tu cuerpo
con agua de las alondras
y deja tu corazón
en paz, Soledad Montoya.

Por abajo canta el río:
volante de cielo y hojas.
Con flores de calabaza,
la nueva luz se corona.
¡Oh pena de los gitanos!
Pena limpia y siempre sola.
¡Oh pena de cauce oculto
y madrugada remota!

Romances y poemas famosos de Lorca

Los romances y poemas más famosos de Federico García Lorca mezclan musicalidad, símbolos, paisajes andaluces y emociones profundas. Aunque algunos tienen imágenes más complejas, muchos niños y adolescentes conectan con ellos por la fuerza de sus versos y el ritmo casi hipnótico de sus palabras.

Romance de la luna, luna

La luna aparece aquí convertida en un personaje casi mágico que baila, habla y fascina al niño que la contempla. Este romance es una de las composiciones más conocidas de Lorca y es uno de esos poemas que muchos lectores recuerdan toda la vida.

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.

Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.

Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.
Cómo canta la zumaya,
¡ay cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.
Ilustración en acuarela de una guitarra bajo la luna inspirada en la poesía de Federico García Lorca

La guitarra

Pocos poemas transmiten tan bien la tristeza y la emoción a través de la música como éste. Da la impresión de que la guitarra estuviera llorando de verdad mientras avanza el poema.

Empieza el llanto
de la guitarra.
Se rompen las copas
de la madrugada.
Empieza el llanto
de la guitarra.
Es inútil callarla.
Es imposible
callarla.
Llora monótona
como llora el agua,
como llora el viento
sobre la nevada.
Es imposible
callarla,
Llora por cosas
lejanas.
Arena del Sur caliente
que pide camelias blancas.
Llora flecha sin blanco,
la tarde sin mañana,
y el primer pájaro muerto
sobre la rama
¡Oh guitarra!
Corazón malherido
por cinco espadas.

Canción del jinete

Mientras avanza el poema, da la sensación de que el jinete nunca conseguirá llegar a Córdoba. Los versos avanzan lentamente, como si acompañaran el viaje nocturno del jinete.

Córdoba.
Lejana y sola.

Jaca negra, luna grande,
y aceitunas en mi alforja.
Aunque sepa los caminos
yo nunca llegaré a Córdoba.

Por el llano, por el viento,
jaca negra, luna roja.
La muerte me está mirando
desde las torres de Córdoba.

¡Ay qué camino tan largo!
¡Ay mi jaca valerosa!
¡Ay, que la muerte me espera,
antes de llegar a Córdoba!

Córdoba.
Lejana y sola.

El niño mudo

Lorca habla de la voz y del silencio en esta poesía, utilizando imágenes delicadas y llenas de imaginación.

El niño busca su voz.
(La tenía el rey de los grillos.)
En una gota de agua
buscaba su voz el niño.
No la quiero para hablar;
me haré con ella un anillo
que llevará mi silencio
en su dedo pequeñito.

En una gota de agua
buscaba su voz el niño.

(La voz cautiva, a lo lejos,
se ponía un traje de grillo.

Canciones populares y poemas tradicionales

Lorca sintió siempre una profunda admiración por las canciones populares, las nanas y la tradición oral española. Muchas de estas composiciones tienen ritmo de copla o de canción tradicional, algo que hace que conecten especialmente bien con la musicalidad y la memoria infantil.

Los pelegrinitos

Encontramos en esta composición el ritmo y la alegría de las canciones populares que se transmitían de generación en generación. Su historia sencilla, sus repeticiones y su sonoridad hacen que todavía hoy muchos niños lo aprendan y lo canten.

Hacia Roma caminan
dos pelegrinos,
a que los case el Papa,
porque son primos.

Sombrerito de hule
lleva el mozuelo,
y la pelegrinita,
de terciopelo.

Al pasar por el puente
de la Victoria,
tropezó la madrina,
cayó la novia.

Han llegado a palacio,
suben arriba,
y en la sala del Papa
los desaniman.

Le ha preguntado el Papa
como se llaman.
Él le dice que Pedro
y ella que Ana.

Le ha preguntado el Papa
que qué edad tienen.
Ella dice que quince
y él diecisiete.

Le ha preguntado el Papa
de dónde eran.
Ella dice de Cabra
y él de Antequera.

Le ha preguntado el Papa
que si han pecado.
Él le dice que un beso,
que le había dado.

Y la pelegrinita
que es vergonzosa,
se le ha puesto la cara
como una rosa.

Y ha respondido el Papa
desde su cuarto:
¡Quién fuera pelegrino
para otro tanto!

Las campanas de Roma
ya repicaron,
porque los pelegrinos
ya se casaron.

Nana de Sevilla

Su ritmo suave y repetitivo recuerda enseguida a las canciones que antiguamente se cantaban para dormir a los niños.

Este galapaguito

no tiene mare
No tiene mare, sí
No tiene mare, no

Lo parió una gitana,

lo echó a la calle
Lo echó a la calle, sí
Lo echó a la calle, no

Este niño chiquito

no tiene cuna
No tiene cuna, sí
No tiene cuna, no

Su padre es carpintero

y le hará una
Y le hará una, sí
Y le hará una, no

Las morillas de Jaén

Este poema forma parte de las canciones tradicionales que Lorca recopiló y ayudó a conservar. Sus repeticiones, sus nombres sonoros y su ritmo musical hacen que parezca una historia cantada que ha pasado de generación en generación.

Tres moricas me enamoran
en Jaén:
Aixa, Fátima y Marién.

Tres moricas tan garridas
iban a coger olivas,
y hallábanlas cogidas
en Jaén:
Aixa, Fátima y Marién.

Y hallábanlas cogidas
y tornaban desmaídas
y las colores perdídas
en Jaén:
Aixa, Fátima y Marién.

Tres moricas tan lozanas,
iban a coger manzanas
hallábanlas tomadas
en Jaén:
Aixa, Fátima y Marién.

Díjeles: ¿Quién sois, señoras,
de mi vida robadoras?
Cristianas, que éramos moras
en Jaén:
Aixa, Fátima y Marién.

Anda jaleo

“Anda jaleo” tiene la fuerza y la energía de las canciones populares que se cantaban en grupo. Es fácil imaginar esta canción acompañada de palmas, guitarras y voces cantando todas juntas.

Yo me arrimé a un pino verde
por ver si la divisaba,

por ver si la divisaba;
y solo divisé el polvo
del coche que la llevaba;

del coche que la llevaba.

Anda jaleo, jaleo;
ya se acabó el alboroto
y vamos al tiroteo,

y vamos al tiroteo.

No salgas, paloma, al campo,
mira que soy cazador,

mira que soy cazador;
y si te tiro y te mato
para mí será el dolor,
para mí será el quebranto.

Anda jaleo, jaleo;
ya se acabó el alboroto
y vamos al tiroteo,

y vamos al tiroteo.

Por la calle de los muros
mataron a una paloma,

mataron a una paloma.
Yo cortaré con mis manos
las flores de su corona;

las flores de su corona.

Anda jaleo, jaleo;
ya se acabó el alboroto
y vamos al tiroteo,

y vamos al tiroteo.

Los cuatro muleros

Poema que conserva el ritmo sencillo y pegadizo de muchas canciones populares andaluzas. Lorca recuperó este tipo de composiciones tradicionales porque estaban llenas de música, imágenes cotidianas y una enorme fuerza oral.

De los cuatro muleros,
que van al campo,
el de la mula torda,
moreno y alto.

De los cuatro muleros,
que van al agua,
el de la mula torda,
me roba el alma.

De los cuatro muleros,
que van al río,
el de la mula torda,
es mi marío.

A qué buscas la lumbre
la calle arriba
si de tu cara sale
la brasa viva.

Canción de noviembre y abril

Los colores y las estaciones cambian poco a poco, como si el poema respirara lentamente.

El cielo nublado
pone mis ojos blancos.

Yo, para darles vida,
les acerco una flor
amarilla.

No consigo turbarlos.
Siguen yertos y blancos.

(Entre mis hombros vuela
mi alma dorada y plena.)

El cielo de abril
pone mis ojos de añil.

Yo, para darles alma,
les acerco una rosa blanca.

No consigo infundir
lo blanco en el añil.

(Entre mis hombros vuela
mi alma impasible y ciega.)

Biografía de Federico García Lorca para niños

Federico García Lorca es uno de los escritores españoles más importantes y queridos del siglo XX. Son muchos los motivos por los que su poesía sigue emocionando hoy en todo el mundo. En los años que tuvo para desarrollar su obra antes de su asesinato en 1936 cultivó la música, el dibujo, la poesía y el teatro.

Su forma de escribir era única: sensible, musical, imaginativa y profundamente conectada con las canciones populares y la tradición española. Su legado es inmenso y muchos niños han crecido escuchando poemas tan bonitos como El lagarto está llorando o La Tarara.

Para acercar un poco más a los niños a la vida de este inigualable poeta, podéis leer juntos esta pequeña biografía contada de forma sencilla.

La infancia de Federico García Lorca

Federico nació en 1898 en un pequeño pueblo de Granada llamado Fuente Vaqueros, en Andalucía, una tierra llena de canciones populares, guitarras, olivares y tradiciones que influyeron muchísimo en su poesía.

Pertenecía a una familia acomodada y era el mayor de cinco hermanos. Creció feliz, en un ambiente tranquilo y rodeado de naturaleza.

Fotografía de Federico García Lorca cuando tenía seis años de edad
Federico García Lorca a los seis años de edad.

Su madre, Vicenta, que era maestra, supo despertar en él desde muy pequeño el amor por el arte, la lectura y la literatura.

—¿Me vuelves a leer la poesía de ayer? —le pedía Federico muchas noches cuando todavía apenas sabía leer.

Además de la poesía, Federico también sintió un gran interés por la música y estudió piano durante su adolescencia.

En 1909, cuando tenía once años, toda la familia se trasladó a la ciudad de Granada.

Federico García Lorca leyendo junto a su hermana Isabel en Granada hacia 1914
Federico García Lorca con su hermana Isabel en Granada, hacia 1914 | Fotografía de la Fundación Federico García Lorca.

Federico descubre la poesía y el teatro

En 1914 comenzó a estudiar Filosofía y Letras y Derecho en la Universidad de Granada. Poco después se marchó a Madrid para vivir en la famosa Residencia de Estudiantes, donde conoció a artistas e intelectuales que más tarde serían personas importantes.

Allí coincidió con nombres como Salvador Dalí, Luis Buñuel, Jorge Guillén, Dámaso Alonso o Rafael Alberti. Muchos de ellos formarían parte de la llamada Generación del 27.

Federico empezó entonces a tomarse realmente en serio su trabajo como escritor.

—¡Esta obra tuya me encanta, Federico! —le dijo un día su padre—. Voy a ayudarte a publicarla.

Gracias al apoyo económico de su familia pudo publicar su primer libro, Impresiones y paisajes. Más adelante llegarían obras famosas como Romancero gitano.

Los últimos años de Lorca

En 1929 Federico viajó a Nueva York, una ciudad que le impresionó muchísimo y que inspiró algunos de sus poemas más conocidos.

A su regreso a España fundó La Barraca, una compañía de teatro universitario ambulante con la que recorría pueblos llevando obras clásicas a personas que muchas veces nunca habían visto teatro.

Durante esos años escribió algunas de sus obras más importantes, como Bodas de sangre, Yerma o La casa de Bernarda Alba.

Pero en 1936, poco después del comienzo de la Guerra Civil española, en una noche de agosto, los franquistas lo fusilaron por sus ideas liberales cuando tenía solo 38 años.

A pesar del paso del tiempo, sus poemas siguen emocionando por cómo suenan, su imaginación y la fuerza de muchas de sus escenas poéticas que continúan llegando tanto a niños como a adultos.

Qué significan algunas palabras de los poemas de Lorca

En la poesía lorquiana aparecen palabras antiguas, populares o propias de Andalucía y de la poesía tradicional española. Algunas pueden resultar extrañas para los niños, pero precisamente eso forma parte también de la sonoridad y la belleza de sus versos.

Galancillo

“Galancillo” es una forma cariñosa de decir galán, es decir, un muchacho elegante o enamorado. Lorca utiliza esta palabra en poemas con ritmo de canción popular.

Riyendo

“Riyendo” es una forma antigua o popular de decir “riendo”. Lorca muchas veces escribía algunas palabras imitando la manera de hablar tradicional andaluza para dar más ritmo de canción a sus poesías.

Jaca

Una jaca es un caballo pequeño, fuerte y muy utilizado antiguamente en los caminos y en el campo. En composiciones como Canción del jinete, la jaca aparece como compañera del viajero.

Toronjas

Las toronjas son frutas parecidas al pomelo o a la naranja grande. Lorca utiliza muchas veces frutas, árboles y elementos de la naturaleza en sus poemas.

Alforja

Una alforja es una bolsa grande de tela que se coloca sobre los caballos para llevar comida, ropa u otros objetos durante un viaje.

Retama

La retama es una planta de flores amarillas bastante común en algunos paisajes secos de Andalucía y otras zonas de España.

Oropel

El oropel es un adorno brillante parecido al oro, muy utilizado antiguamente en decoraciones y fiestas. Lorca usa esta palabra por su sonido y por las imágenes luminosas que transmite.

Crótalo

El crótalo es un instrumento musical pequeño de percusión parecido a unas castañuelas o platillos. Su nombre tiene un sonido con mucho ritmo, algo que fascinaba a Lorca.

Por qué los poemas de Lorca gustan tanto a los niños

Federico García Lorca tenía una capacidad muy especial para escribir poemas que los niños sienten cercanos incluso aunque no entiendan del todo su significado. Sus versos tienen música, ritmo y una enorme fuerza para despertar imágenes en la imaginación.

Muchos de sus poemas parecen canciones. Otros recuerdan a nanas, juegos populares o pequeñas historias contadas en voz alta. Por eso funcionan tan bien cuando se leen despacio o se recitan en clase, en casa o antes de dormir.

Además, Lorca llenaba sus poemas de elementos que conectan enseguida con la infancia: la luna, el agua, los animales, los árboles, el viento, los colores o la música. Todo eso hace que los niños puedan imaginar fácilmente lo que están escuchando, aunque los versos tengan también un punto de misterio.

Otra de las razones por las que gustan tanto es la repetición. Muchas palabras, sonidos y estructuras vuelven una y otra vez, creando un ritmo que casi invita a memorizar los poemas sin darse cuenta.

“La poesía no quiere adeptos, quiere amantes.”
— Federico García Lorca 

Y quizá ahí esté una de las cosas más bonitas de la poesía de Lorca: no hace falta comprender cada símbolo para disfrutarla. Los niños suelen acercarse a sus versos de una forma mucho más natural que los adultos, dejándose llevar por cómo suenan las palabras y por las emociones que transmiten.

Por eso, más de cien años después, poemas como El lagarto está llorando, La Tarara o Caracola siguen emocionando a nuevas generaciones de niños.

Si a tu hijo le gustan este tipo de poemas musicales y llenos de imaginación, disfrutará también con los poemas de Gloria Fuertes, otra de las grandes autoras que mejor supo acercar la poesía al mundo infantil. 

Si algún poema le ha gustado especialmente a tu hijo o alumno, los libros ilustrados de Lorca pueden ser una forma preciosa de seguir descubriendo su poesía poco a poco y de acercar los versos clásicos a los niños de una manera visual y cercana.

Libros de Federico García Lorca para niños

Existen libros y ediciones infantiles para seguir descubriendo la obra de Federico García Lorca de una forma adaptada y visual. Muchas incluyen ilustraciones, selecciones de poemas breves y versiones pensadas para primeros lectores.

Poemas para niños chicos de Federico García Lorca

Edad recomendada: +3 años 🟢

Esta antología reúne algunos de los poemas más musicales, alegres y accesibles de Federico García Lorca para acercar su poesía a los niños desde edades tempranas. La selección pone el foco en temas habituales en el universo lorquiano: la naturaleza, los animales, la infancia, el juego o las canciones populares.

Las ilustraciones, muy coloridas, acompañan bien los versos y ayudan a que los pequeños lectores puedan imaginar fácilmente las escenas y personajes de los poemas.

Es de esos libros que suelen funcionar especialmente bien cuando los niños todavía son pequeños y escuchan la poesía más por el ritmo y por cómo suenan las palabras que por entender cada verso.

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Portada del libro Poemas para niños chicos de Federico García Lorca

Paisaje de un día. Federico García Lorca

Edad recomendada: +5 años 🟢

Este precioso libro ilustrado reúne algunos poemas y canciones de Federico García Lorca especialmente adecuados para primeros lectores y para leer en voz alta con niños pequeños. La selección recorre distintos momentos del día —de la mañana a la noche, del sol a la luna— a través de versos llenos de musicalidad, naturaleza e imágenes delicadas.

Uno de los grandes atractivos de esta edición son las ilustraciones de Isol, una de las artistas más reconocidas de la literatura infantil actual. Sus dibujos aportan todavía más sensibilidad y ayudan a que los niños entren en el universo poético de Lorca de una forma visual y cercana.

Leído en voz alta y despacio, muchos de los poemas tienen algo de canción tranquila antes de dormir.

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Portada del libro infantil Paisaje de un día de Federico García Lorca ilustrado por Isol

12 poemas de Federico García Lorca

Edad recomendada: +6 años 🟢

Este precioso libro ilustrado reúne algunos de los poemas infantiles más conocidos y musicales de Federico García Lorca, muchos de ellos incluidos también en esta recopilación: Canción tonta, El lagarto está llorando, Mariposa, La Tarara, Caracola o Despedida, entre otros.

La selección pone el foco en el Lorca más cercano a la infancia, al juego, a las canciones populares y a la sonoridad de las palabras. Son poemas ideales para leer en voz alta con niños, trabajar en primaria o empezar a descubrir la poesía de una forma sencilla y visual.

Uno de los aspectos más especiales de esta edición son las ilustraciones de Gabriel Pacheco, llenas de simbolismo, atmósferas oníricas y detalles poéticos que acompañan perfectamente el universo imaginativo de Lorca.

Las ilustraciones tienen tantos detalles que es uno de esos libros que muchas veces terminan volviéndose a abrir simplemente para volverlas a mirar.

Portada del libro infantil 12 poemas de Federico García Lorca ilustrado por Gabriel Pacheco

El lagarto está llorando

Edad recomendada: +6 años 🟢

Este álbum ilustrado recoge dos de los poemas infantiles más delicados y musicales de Federico García Lorca: El lagarto está llorando y Cuando se abre en la mañana. Es una edición pensada para acercar a los niños a la poesía clásica de una forma visual, sencilla y emotiva.

Las ilustraciones encajan perfectamente con la ternura del poema y ayudan muchísimo a imaginar a los dos pequeños lagartos.

Por su formato y su belleza visual, es un libro ideal para leer en voz alta, regalar o introducir la poesía en infantil y primeros cursos de primaria.

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Portada del libro ilustrado El lagarto está llorando de Federico García Lorca

Federico García Lorca para niños

Edad recomendada: +7 años 🟢

Esta antología reúne algunos de los poemas más bonitos y accesibles de Federico García Lorca para acercar su obra a niños y jóvenes. El libro está organizado por temas —paisajes, juegos, canciones, animales o leyendas—, algo que facilita mucho la lectura y permite descubrir distintas facetas de la poesía lorquiana.

Puede funcionar muy bien para niños que ya disfrutan escuchando poemas y sienten curiosidad por seguir descubriendo a Lorca poco a poco.

Además, las ilustraciones acompañan de manera perfecta el tono y el universo imaginativo del poeta granadino, haciendo que la lectura resulte todavía más atractiva.

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Portada del libro infantil Federico García Lorca para niños con selección de poemas ilustrados

Palabras de Federico García Lorca

Edad recomendada: +8 años 🟢

Este título acerca la vida y la obra de Federico García Lorca a niños y jóvenes a través de un lenguaje cercano, emotivo y muy visual. La autora, Concha López Narváez, combina episodios importantes de la vida del poeta con fragmentos de sus versos, creando una lectura fácil de leer con niños para primeros acercamientos a Lorca.

A lo largo del libro descubrimos al Federico niño, su amor por la música y la poesía, sus viajes, sus amistades y algunos de los momentos más importantes de su trayectoria literaria. También se explica de forma delicada el contexto histórico de la Guerra Civil y el trágico final del poeta.

Es una lectura que puede gustar mucho a niños mayores, adolescentes y familias que quieran conocer no solo los poemas de Lorca, sino también la historia y la sensibilidad del autor.

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Portada del libro Palabras de Federico García Lorca de Concha López Narváez

Santiago

Edad recomendada: +8 años 🟢

Este precioso álbum ilustrado recupera uno de los poemas menos conocidos y más delicados de Federico García Lorca. A través de una historia llena de sensibilidad y de imágenes poéticas, el autor crea una pequeña balada inspirada en el folklore y en las tradiciones populares.

La edición destaca por las ilustraciones de Javier Zabala, con mucha atmósfera, color y pequeños detalles que acompañan perfectamente el tono mágico y simbólico del poema.

Puede gustar especialmente a niños que disfrutan de los cuentos tranquilos y de los álbumes ilustrados llenos de detalles.

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Portada del libro ilustrado Santiago de Federico García Lorca con ilustraciones de Javier Zabala

Federico García Lorca. Poemas

Edad recomendada: +10 años 🟢

Este libro forma parte de la colección La aventura de LEER de Susaeta y reúne una selección de versos de Lorca pensada para jóvenes lectores. La edición combina textos accesibles con una introducción sencilla a la vida y la obra del poeta granadino.

A través de sus páginas, los niños pueden descubrir algunos de los poemas más musicales y visuales de Lorca, llenos de naturaleza, ritmo e imágenes sorprendentes. Es una buena opción para lectores de primaria que empiezan a acercarse a la poesía clásica española.

Es una edición bastante práctica para tener en clase, en bibliotecas escolares o para primeros trabajos sobre Lorca.

Portada del libro Federico García Lorca. Poemas de la colección La aventura de LEER de Susaeta

Lorca. Un poeta en Nueva York

Edad recomendada: +14 años 🟢

Un cómic que ofrece una forma original y visual de acercarse a la vida de Federico García Lorca durante su estancia en Nueva York, una etapa fundamental en su obra y en su forma de entender el mundo.

A través de ilustraciones llenas de fuerza y de una narración muy cuidada, el libro muestra las emociones, inquietudes y experiencias del poeta granadino en una ciudad que le impresionó profundamente y que inspiró algunos de sus textos más conocidos.

El formato de cómic ayuda muchísimo a acercar esta etapa de Lorca a adolescentes que quizá no leerían una biografía tradicional.

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Portada del cómic Lorca. Un poeta en Nueva York de Carles Esquembre

Preguntas frecuentes sobre Federico García Lorca y la poesía infantil

¿Qué poemas de Federico García Lorca son mejores para niños?

Algunos de los poemas de Lorca que más suelen gustar a los niños son El lagarto está llorando, Caracola, Mariposa, Canción tonta, La Tarara o Agua, ¿dónde vas?. Su musicalidad, sus repeticiones y sus imágenes relacionadas con la naturaleza hacen que resulten fáciles de disfrutar en infantil y primaria.

¿Por qué Federico García Lorca escribía poemas tan musicales?

Lorca sentía una gran admiración por las canciones populares, las nanas y el folklore tradicional andaluz. Desde pequeño convivió con la música y estudió piano, algo que influyó muchísimo en el ritmo y en cómo suenan sus poemas.

¿A qué edad pueden leer los niños poemas de Lorca?

Muchos poemas breves de Lorca pueden disfrutarse desde los 4 o 5 años si se leen en voz alta. Otros textos más largos o simbólicos suelen entenderse mejor a partir de primaria o secundaria.

¿Qué temas aparecen más en la poesía infantil de Lorca?

En las composiciones del poeta aparecen constantemente la luna, el agua, los animales, los árboles, el viento, los colores, las canciones y los paisajes andaluces. También son importantes el juego, la infancia y las canciones populares.

¿Federico García Lorca escribió poemas específicamente para niños?

Aunque Lorca no escribió poesía infantil, muchos de sus poemas conectan con los niños por su ritmo, su imaginación y su sonoridad. Además, el poeta mostró siempre un enorme interés por el mundo de la infancia y por las canciones tradicionales infantiles.

¿Por qué sigue siendo tan importante Federico García Lorca?

Federico García Lorca está considerado uno de los escritores más importantes de la literatura española del siglo XX. Su obra sigue emocionando hoy por la belleza de sus imágenes, la fuerza de sus emociones y la forma tan especial en la que suenan sus versos.

¿Qué libro de Lorca es mejor para empezar con niños?

Para primeros lectores suelen funcionar bien las antologías ilustradas con poemas breves, especialmente las que incluyen textos como El lagarto está llorando, Caracola o La Tarara. Los álbumes ilustrados y las recopilaciones infantiles ayudan mucho a acercar la poesía de Lorca a los más pequeños.

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