Antes que nada decir que las niñas y niños sensibles son un tesoro. Tener un sistema nervioso sensible es normal, le ocurre a un 15-20% de la población y significa ser consciente de cosas muy sutiles del entorno.

Implica inconvenientes y ventajas, aunque en nuestra cultura a menudo no se considera un rasgo ideal y se invita a superarlo como si se tratase de un defecto.

Hay muchas personas que esconden su sensibilidad, o que han desconectado de ella porque seguramente en la infancia descubrieron que ser una persona sensible era peligroso y les hacía más vulnerables; de manera inconsciente empezaron a construir un muro entre la sensibilidad y el mundo, para protegerse.

Tener un hijo o una hija altamente sensible es una bendición.

Aunque también se transitan pasajes duros en el camino de conocerle. No es fácil entender qué le pasa y qué necesita, y, sobre todo, saber ayudarle sin echar a perder eso tan increíble que es su enorme sensibilidad.

Bebés que desde el minuto uno detestan el ruido; tener que pasar toda una comida familiar en otra habitación, fuera del restaurante, porque ese “run-run” de gente a nuestro bebé le resulta tremendamente insoportable; o salir a toda prisa de una tienda porque el pequeño ha notado alguna cosa que le inquieta muchísimo… Niños a los que les cuesta relacionarse con algunas personas simplemente por su tono de voz. O niños y niñas con un increíble olfato y oído y una gran sensibilidad a la temperatura.

Las personas muy sensibles tienen una gran capacidad para procesar todo lo que llega a sus sentidos de una manera más profunda y sutil. Elaine Aron

Niños sensibles

Ser muy sensible no es una patología. La alta sensibilidad es una forma de ser, que en todo caso puede ser la matriz de futuras problemáticas o de oportunidades, en función de cómo la persona aprenda a gestionarla.

La atención psicológica al menor se ha de dar en función de las dificultades que se presenten asociadas a este rasgo, y de la capacidad de los padres de gestionarlas. Siempre es muy útil hacer prevención: trabajar la educación emocional y enseñarles a regular las emociones.

Una persona es altamente sensible cuando reúne cuatro características.

  • La intensidad quiere decir que procesa la información recibida de forma muy intensa.
  • Sobreestimulación quiere decir que puede saturarse  cuando ha de procesar mucha información a la vez.
  • Emocionalidad quiere decir que se emociona con facilidad y con mucha intensidad gracias a una fuerte empatía.
  • Sensibilidad alta hace referencia a los cinco sentidos: vista, tacto, oído, olfato y gusto. Pero también a las sutilezas del estado emocional de las personas del entorno.

Las personas altamente sensibles suelen manifestarse a partir de los dos años, con comportamientos a veces extraños. No existe un diagnóstico del PAS (Persona Altamente Sensible), y eso hace que a veces se confunda con autismo o TDAH.

Niños sensibles

No hay nada que curar en una persona PAS. No es una enfermedad, es una forma de ser. Hay poca investigación y por eso se conoce poco de este tema.

Las personas con alta sensibilidad a veces se sienten molestas por poca cosa a causa de su alto grado de absorción de información, y por ello se ven a sí mismas como personas raras y los demás también las pueden percibir así.

En muchas ocasiones lo único que necesitan las personas altamente sensibles es que se las deje solas. La buena noticia es que se puede hacer mucho para canalizar la sensibilidad, de manera que la lleguen a disfrutar.

La alta sensibilidad es un rasgo del temperamento. Un rasgo que en función de cómo se vaya acompañando y como se vaya ayudando a regular se manifestará más o menos. El libro ‘El poder de la sensibilidad‘ puede ayudar a muchas personas a conocerse mejor, y por tanto también a manejarse mejor en la vida.

Ser altamente sensible es algo dimensional.

Aunque se habla de alta sensibilidad como característica, hay que entender que esta característica puede estar asociada a muchos otros rasgos de la personalidad.

Por ejemplo niños con altas capacidades pueden tener muy alta sensibilidad, pero eso no tiene nada que ver con niños que pueden tener un diagnóstico el espectro autista y que también pueden tener esta alta sensibilidad. Siempre es importante evitar las etiquetas.

Qué diferencias manifiestan los bebés sensibles respecto de sus iguales.

En principio, como antes se ha comentado, puede ser la necesidad de salir de algunos espacios. El ruido alto, que no lo es para otras personas ni para otros bebés que pueden incluso dormir allí tranquilamente, molesta a los bebés más sensibles.

Los olores, las sensaciones con determinadas personas y con otras no… Cuando el pequeño va creciendo vamos percibiendo otras características en los niños con alta sensibilidad que nos hacen ver que son algo diferentes a los otros niños.

Hay muchos niños así, lo que ocurre es que arrinconamos tanto a la sensibilidad… En nuestra sociedad está tan infravalorada la ternura…

Con los niños que expresan esta característica tendemos a pensar que hay algo que no va bien. En el día a día de los adultos los comentarios son: “¡Es exagerado, llora por todo!, ¡Eso son tonterías!, ¡Se emociona con demasiada facilidad!… estas y otras frases se acostumbran a decir sobre los niños que expresan su alta sensibilidad, como si esa expresión de los sentimientos fuese algo que hiciese débiles a los niños.

Si los adultos tuviésemos más sensibilidad… quizás no veríamos con tan malos ojos y sabríamos tratar mucho mejor la sensibilidad de los niños.

Niños sensibles

A menudo se asocia sensibilidad a vulnerabilidad. Lo que pensamos como padres que queremos proteger a nuestros hijos es que en la vida le harán más daño, porque damos por hecho que alguien que es más sensible es más débil. Tenemos esta tendencia a considerar que no será beneficioso que nuestro hijo sea tan sensible, y no es así.

En cambio en algunos contextos la alta sensibilidad es muy valorada. A nivel de artistas por ejemplo, cuando hablamos de músicos valoramos que la sensibilidad cuanto más alta sea mejor; también si acudimos a la consulta del médico o del psicólogo, si hay una gran sensibilidad por parte del especialista estamos más satisfechos.

O sea que socialmente, en algunos aspectos, sí que se valora a las personas altamente sensibles.

El problema está en que si esa elevada sensibilidad provoca una reactividad muy alta emocionalmente (que es lo que ocurre) y no se tienen los recursos emocionales de regulación (para que las emociones que se viven intensamente puedan hacer la función positiva que tienen que hacer), podemos encontrarnos con situaciones en que el niño o el adulto sensible se desborden emocionalmente, y eso les coloque en una posición de más vulnerabilidad que les lleve a sufrir determinadas situaciones de ansiedad, de depresión…

Niños sensibles

La sensibilidad en la infancia.

¿Qué supone ser sensible en la infancia?

Una persona sensible puede notar, grabar y reaccionar con mucha facilidad a estímulos y sentimientos, aunque aparentemente sean poco intensos.

Si a esta característica le añadimos lo que representa la infancia, que suele ser una etapa de la vida en la que nos empapamos de todo lo que tenemos alrededor, y que es una etapa de mucha curiosidad y mucha intuición y también de mucha dependencia todavía de las personas que nos quieren y que nos acompañan, hace que a estos niños que tienen esta gran sensibilidad les cueste gestionar estas emociones y puedan responder a veces de una forma muy explosiva.

Como muestran los niños su alta sensibilidad.

Las respuestas que dan las niñas y niños sensibles muchas veces nos descolocan, porque esta hipersensibilidad puede mostrarse de diversas formas:

  • Con una respuesta de complacencia. Niños que dicen sí a todo lo que se les pide. Es una característica  que en principio socialmente no está mal vista pero que en la adolescencia puede llegar a ser un problema.
  • Hay niños muy sensibles que pueden bloquearse,
  • o tener mucha facilidad para evadirse y cerrarse en ellos mismos.
  • E incluso, en ocasiones, respuestas más exclusivas de destrucción o de autodestrucción, y respuestas agresivas.

Niños sensibles

¿Cómo responder a las diferentes formas en que los niños sensibles se expresan?

Ante todo no tenemos que quedarnos con la visión de que estas formas de respuesta que tienen las niñas y niños sensibles son algo voluntario, que lo hacen así porque ellos quieren hacerlo así.

Tenemos que tomarnos la molestia de pasar estas respuestas por la “traductora”. Veremos que en muchos casos no es una decisión, sino un no saber cómo gestionar la situación de otra forma.

La respuesta que este niño necesita de su entorno, sobre todo de sus educadores y de sus padres, es que los adultos puedan hacerse cómplices de esa reacción que ha tenido, no entrando en un juicio rápido sino más bien hacer con el niño un pacto de complicidad, buscar alternativas a su respuesta y entender, desde la mirada amorosa de quien le acompaña, que él tiene la voluntad de cambiar.

Desde esta posición podemos acompañar al pequeño con más empatía, y el resultado suele ser mucho más favorable que no si es desde el juicio, desde la culpa y desde el castigo.

Debemos dar unas rutinas, una seguridad e intentar bajar los estímulos. Buscar momentos de contacto, el tacto y el contacto más maternal da posibilidad de buscar relajación, momentos de más calma que estos niños necesitan mucho.

Y también debemos ofrecer diferentes lenguajes de expresión de lo que ellos sienten, para que puedan manifestar cómo sienten esa gran estimulación que perciben (aunque a nosotros desde fuera nos pueda parecer que es la habitual).

Niños sensibles

Los niños sensibles reaccionan y no tienen consciencia de lo que está pasando.

Mal vamos si esa vivencia más intensa que los niños y niñas tienen de las emociones no va acompañada de un entorno que les acompañe y les dé recursos

Si desde pequeños no les enseñamos ni les damos lenguajes para que puedan expresar la emoción, nos encontraremos con reacciones que pueden ser de llanto descontrolado o de rabia muy intensa que puede derivar hacia conductas que pueden ser complicadas; nos encontraremos con niños a los que las emociones les desbordan.

O por otro lado nos podemos encontrar con niños o adolescentes que, debido a su nivel alto de sensibilidad, y a veces también de inteligencia, captan intensamente situaciones sociales que están realmente faltas de valores. No pueden entender, por ejemplo, si ven en la calle a una persona a la que le está ocurriendo algo el hecho de que todo el mundo pase de largo. Son situaciones que les generan angustia.

Hay que darles recursos para que puedan encajar todo lo que perciben.

Nos referimos a todas esas situaciones de las que nosotros quizás cognitivamente, como adultos, podemos hacer una lectura diferente o crítica, y nos podemos situar ante ellas de una forma en que quizás no nos angustien tanto.

Las niñas y niños sensibles, por su edad, a nivel emocional captan cosas que a nivel cognitivo aún no tienen la madurez para procesar.

El acompañamiento es ayudarles a ver qué emoción sienten, poderles dar alguna explicación de que tal vez el mundo no es siempre como nos gustaría y poderles ayudar a canalizar todo eso.

Muchos jóvenes deciden hacer voluntariado, o colocarse en situaciones que den respuesta a esta sensibilidad y a este valor positivo que tienen. Son jóvenes que no entienden la injusticia. Es un valor que tienen inculcado de una forma muy natural, y todas las situaciones que les resultan injustas no las entienden.

¿Cómo explicar lo inexplicable a un niño? ¿Cómo le explicas un mundo lleno de guerras, de desigualdades y de injusticias? Si lo miramos desde sus ojos, que deberían ser los ojos de todos, es realmente injusto. Son cosas que no deberían pasar.

¿Cómo podemos ayudar los padres a las niñas y niños sensibles?

Lo ideal sería que como padres tuviésemos una buena educación emocional, que tuviésemos clara una vivencia de las emociones no en negativo sino siendo conscientes y sabiéndolas regular, pudiéndolas expresar para que realicen la función positiva que realmente han de tener en nuestra vida.

En la medida en que nosotros, como padres, eso lo tengamos integrado en nuestro día a día (y no sirve con que sepamos la teoría) lo transmitiremos a nuestras hijas e hijos.

Los niños son intensos, es lo que tienen. Al tener un hijo, tenga o no tenga alta sensibilidad, vemos que un niño pequeño es todo emoción. Son intensos y todo lo viven como si no hubiese un mañana.

Las emociones de los pequeños nos ponen en contacto con nuestras propias emociones. Su rabia nos conecta con nuestra propia rabia. Su sensibilidad con la nuestra…

Y si nosotros no hemos trabajado todo lo nuestro, nos damos cuenta de que nos viene como una ola de emociones que no están bien puestas en su sitio, que no están bien trabajadas. Y eso conlleva que podamos ayudar muy poco a nuestra hija o hijo.

Hemos de pensar de dónde venimos nosotros, y la verdad es que venimos de una educación emocional nula. Es ahora cuando se comienza a hablar en los colegios.

hace unos años, cuando los que hoy somos adultos íbamos a la escuela, no se hablaba para nada de estos temas. Lo que predominaba era el “¡No llores!, ¡Esto no se hace!, ¡No chilles!… todo era represión ante cualquier tipo de emoción. Sólo gustaban las emociones si consistían en ser alegre, extrovertido, saludar a todo el mundo, dar besos y abrazos aunque no conocieses a la persona… El resto de emociones quedaban aniquiladas.

Esa es nuestra historia… Por eso ahora, cuando llega el momento de tener hijos, o te lo trabajas o te va a salir el viejo patrón… Y este viejo patrón no ayuda ni a los niños sensibles ni a los que no tienen tan desarrollada esa sensibilidad.

Los viejos patrones no sirven. Son o bien negar la emoción o algo muy frecuente que es confundir a la persona con la emoción: “Este niño es nervioso” o “Este niño es agresivo” o Este niño es tímido… No, no es la persona, tiene esa emoción.

Por otro lado están lo que se conoce como emociones negativas (que más bien se deberían llamar emociones desagradables): el miedo, la rabia, la tristeza… Es cierto que si nos hiciesen escoger (¿quieres tener miedo en este momento?) no las escogeríamos, pero esas emociones realizan una función positiva.

Cuando no se produce la función positiva es si se nos desborda el miedo o si no lo sabemos entender bien. En determinadas situaciones el miedo nos ayuda a evitar riesgos, en otras nos ayuda a evitar algo que hemos de afrontar. Es en este segundo caso en el que hemos de buscar recursos.

Socialmente todo lo que tiene que ver con estas emociones desagradables nos angustia. Nuestro entorno no nos permite estar tristes el tiempo que quizás necesitaríamos por algo que nos haya pasado. Cuando ya han transcurrido unos días nos meten prisa, nos dicen que nos espabilemos y que ya deberíamos estar bien.

Y eso es algo que no ayuda ni a los niños sensibles ni a nadie. Se han de respetar los tiempos porque estas emociones realizan una función. Y se ha de entender que las emociones van y vienen, que una emoción no es para siempre.

Acostumbramos a juzgar las emociones¿Por qué lloras?, ¡No llores!… Pero, al decir esto, ¿qué recurso le estamos dando a nuestra hija o hijo para que aprenda a regular esta emoción?

¿Y qué mensaje le estamos dando cuando le decimos que no llore? Le estamos transmitiendo que llorar es malo. Por tanto a un niño muy sensible al que alguna cosa le altera mucho y le hace llorar… le estamos dejando sin recursos.

O por ejemplo reprochamos la rabia. Lo que si podemos juzgar es la agresividad o la conducta violenta, pero la rabia en sí misma no es mala, tiene su función.

Niños sensibles

Durante muchos años las emociones se tapaban, porque molestaba cuando las emociones se desbordaban.

Hoy estamos en otra línea, que es la de ser conscientes de que las emociones se pueden expresar; sabemos que expresarlas es una forma de regularlas, y que lo que se necesita es tener estrategias de regulación.

Hay niños a los que las emociones les desbordan. Otros en cambio, para no sufrir, optan por desconectarse de las emociones.

¿Cómo podemos ayudar a un menor que para protegerse ha decidido desconectarse de las emociones?

El primer paso es trabajar la consciencia emocional. Dejar de juzgar las emociones socialmente, y también individualmente como padres o como profesores, y dar oportunidades para trabajar la consciencia.

Y también trabajar la empatía. Porque estamos hablando de niños sensibles, pero hay todo un grupo de niños a los que les cuesta muchísimo empatizar… y unos podrían aprender mucho de los otros.

Estrategias para ayudar a los niños sensibles.

Es positivo trabajar la respiración para trabajar la emocionalidad, para poder gestionar el desbordamiento que se produce en algunas ocasiones. Es beneficioso trabajar desde el cuerpo, desde la respiración.

Hablar mucho también ayuda. Trabajar la sensibilidad y decirles que es algo fantástico, que es un don. Los niños y niñas, a medida que van creciendo, van teniendo una edad en la que se puede hablar mucho con ellos.

Porque llega un día en el que ellos mismos se dan cuenta de que  hay cosas que les afectan más que a sus compañeros de clase. En ocasiones no entienden por qué determinados niños hacen determinadas cosas. “Si yo sé que esto es algo molesto para otro, ¿por qué lo hacen?

Las niñas y niños sensibles tienen tanta empatía que hay cosas que ni se les pasan por la cabeza, y sufren cuando ven a un niño haciendo daño a otro. Empatizan con el dolor del otro.

Los niños sensibles tienen una creatividad espléndida, el dibujar, el canto… son cosas que les pueden ayudar.

Acepta a tu hija o hijo sensible.

Los padres han de aceptar al hijo o la hija que tienen, comprenderle y acompañarle… y disfrutar de las cosas positivas que puede tener esta sensibilidad.

Seguramente en algún momento estos padres han sufrido y se han preguntado si su hijo era normal, y hay que decirles que este niño no tiene ningún problema. Seguramente lo único que va a necesitar es un acompañamiento un pelín más especial.

Que los padres busquen información es clave. La información es poder, y si tienen información sabrán cómo hacerlo.

Es muy recomendable visionar el documental ‘Sensibilidad al trasluz‘, nos puede ser muy útil para escuchar a adultos que hablan de su infancia, que hablan de cómo sentían diferentes situaciones, y nos ayudará a empatizar con el niño y poder entrar en su mundo, que quizás no es mucho como el nuestro. Podremos ayudarle a que crezca con fortaleza emocional.

Fuente: “L’ofici d’educar” de Catalunya Ràdio (27/06/2017) / Imágenes: pixabay y flickr Brittany Randolph, anthony Kelly, Stephan Hochhaus, Donnie Ray Jones y MarLeah Cole.