Música para mamá

Música para mamá

Pocos vínculos pueden ser tan intensos y complejos a la vez, quizás por eso la relación materno-filial ha inspirado tantísimas canciones.
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Aquí encontrarás una pequeña muestra. Canciones que hijos e hijas han compuesto para sus madres, y otras que madres y padres han compuesto para sus hijos. Música para mamá, para que la disfrutéis en el Día de la madre o en cualquier momento.

Para una mujer ser madre significa cambiar su vida, su tiempo y su forma de pensar por sus hijos; significa dar todo su corazón y sus fuerzas cada día para sacar a sus hijos adelante y enseñarles a vivir; tener una razón de ser para el resto de su vida y sentimientos encontrados al ver cómo los hijos crecen, sintiendo satisfacción y nostalgia al verlos crecer, ¡el tiempo pasa tan deprisa!

Si hay un amor que podamos llamar verdadero es el amor sincero de una madre. Ser madre significa nunca más estar sola en el pensamiento, pues una madre siempre piensa doble: por sus hijos y por ella. A su vez cada hijo lleva consigo a su madre. Es un vínculo eterno del que nunca nos podemos desligar. Música para mamá

‘El vals de Kairo’, de Ara Malikian

Ara Malikian interpreta la pieza que compuso para su primer hijo, la describe como “una paranoia suya”, una preciosidad con un ritmo desconcertante que recuerda a muchas obras de violín, desde Beethoven a las bandas sonoras de Chaplin.

‘Mi pequeño tesoro’, de Presuntos Implicados

Soledad Giménez, ex vocalista de Presuntos Implicados, compuso Mi pequeño tesoro en 1994, cuando nació su primer hijo.

Es una canción llena de ternura, que habla del embarazo y de los primeros momentos del bebé, con amor y mucha ilusión.

‘Te voy a decir una cosa’, de Amaia Montero

Amaia le dedica esta canción a su madre, que le ayudó en su carrera musical. Además le describe y le cuenta todos los momentos que vivieron juntas.

En el videoclip, del año 2009, vemos a Amaia en Rascafría, Madrid, cantando la canción en tres escenas diferentes. Las imágenes de Amaia cantando se alternan con imágenes que representan la evolución de la relación materno-filial.

Al final del vídeo sale la madre de Amaia Montero, Pilar Saldías. Música para mamá

‘Niña de agua’, de Ana Belén

La canción que interpreta Ana Belén está compuesta por su marido, Víctor Manuel, y dedicada a la hija de ambos, Marina.

Es del año 1986 y es una canción encantadora.

‘Alba’, de Antonio Flores

El cantautor dedicó esta canción a su hija Alba. Este tema está incluido en el disco Cosas mías, publicado cuando la pequeña Alba tenía 8 años.

Antonio recuerda en la canción que el nacimiento de su hija le hizo “el hombre más feliz”.

‘Esos locos bajitos’, de Joan Manel Serrat

Un clásico. Joan Manel Serrat compuso esta canción inspirado por el humorista Gila, que llamaba a los niños “locos bajitos”.

Una canción preciosa, llena de mensajes en favor de los niños y en contra de todo lo que suponga cortar su espontaneidad, dirigir sus vidas o proyectarles nuestras frustraciones.

Esos locos bajitos recorre el proceso de un niño desde que nace.

‘Más que a mi vida’, de Bebe

Canción que la artista dedica a su hija Candela, pero también a todos los niños y niñas. Está incluida dentro del álbum Cambio de piel, publicado en 2015.

Dice Bebe que ser madre “cambia las prioridades, no hay tiempo para regodearse mucho en los problemas”. Una canción lindísima, con un ritmo alegre y llenita de amor.

‘Tan poquita cosa’, de Pasión Vega

Pasión Vega habla del enorme amor y la locura que provoca la llegada de un bebé a nuestras vidas.

Decía en una entrevista: “Aunque he tenido un embarazo y un parto muy bueno pasas miedo e inseguridad. Ser madre es precioso pero es difícil, tu vida cambia, ya no eres tú, eres tú y ella. Pero es lo más bonito que me ha podido pasar”.

‘The one thing’, de Shakira

Una canción no demasiado conocida que Shakira dedica a su hijo Milan.

Un tema con una música muy animada en el que subraya cómo nuestros hijos pueden llenar nuestra vida de luz. Música para mamá

‘Little Star’, de Madonna

La reina del pop dedicó a su hija Lourdes María esta canción, en la que canta con mucha ternura invitándola a soñar, a no olvidar quién es y a volar muy alto, y le recuerda la felicidad que le produjo su nacimiento.

Madonna acostumbra a publicar en su Instagram numerosas fotos con su hija, que ahora ya tiene 20 años.

‘Nada mejor’, de Rosario Flores

Rosario canta esta canción con ritmo flamenco que se publicó en 1999, tres años después del nacimiento de su hija Lola.

La pequeña nació un año después de la muerte de su madre, Lola Flores, y de su hermano Antonio.

‘Capricho de mujer’, de Niña Pastori

En 2009 Niña Pastori dedicó todo su álbum Esperando verte, compuesto por ella misma y su marido, Julio Jiménez Borja, a la dulce espera de su hija Pastora.

Con un tono flamenco desenfadado en Capricho de mujer la artista canta a su hija que está por llegar.

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Aprender a hablar en público

Desde los más humildes a los más poderosos, desde una gala hasta una entrevista de trabajo o una presentación. No se trata sólo de saber qué hay que decir sino de cómo lo decimos en público. Hablar en público no siempre es fácil, la vergüenza o el miedo a equivocarse siempre están ahí rondando. Ser un buen orador es clave: una buena respiración, la sonrisa, la autoconfianza, un buen guión, una buena estructura y, sobre todo, las tres claves: práctica, práctica y práctica.

Dicen los expertos que lo óptimo sería que la oratoria se empezara a trabajar en la escuela y siguiera en la empresa. Y es que, según Adecco, empresa de trabajo temporal, a tres de cada cuatro personas les da miedo hablar en público. Aseguran los psicólogos que el miedo es normal pero que hay que afrontarlo y saberlo canalizar, y coinciden en que la experiencia es fundamental; si uno se queda en blanco mira el papel o si se pone nervioso respira, hay que tener herramientas para salir del paso, y, sobre todo, pensar que la perfección absoluta no existe.

¿Qué es hablar? Significado y etimología

El hablar es algo que nos distingue a los humanos, siempre se ha dicho que hablando se entiende la gente.

Hablar procede del latín fabulāri que a su vez deriva de fábula, que es una palabra que por vía culta nos llega y que en latín era un derivado de otro verbo que era fari (que quería decir hablar).

Había otros sinónimos en latín para la noción de hablar como por ejemplo loquor en la primera persona, que no nos ha llegado por vía hereditaria a las lenguas románicas pero sí a través de la mediación de los cultismos. Decimos que alguien es locuaz cuando habla mucho, un locutor tiene por oficio hablar, la elocuencia es el arte del buen hablar…

Hay otras voces derivadas de ese loquor que no ha sobrevivido por vía popular. En cambio sí lo ha hecho fabulāri, que ha llegado al castellano y que es hermano, podríamos decir, de la forma gallega y portuguesa falar, pero que, a diferencia del gallego y el portugués, ha conocido un cambio propio característico del castellano.

A muchos les han enseñado que en castellano lo que antes fue una f inicial se ha convertido en h, es un modo de decirlo. El castellano antiguo escribía todavía fablar o fabla, en lugar de hablar o habla. Y el castellano antiguo escribía todavía fumo, farina, fillo allí donde hoy tiene humo, harina, hijo.

El término hablar caracterizado por esta h inicial tiene un buen número de derivados, algunos de ellos curiosamente han tomado una deriva negativa que se ha orientado a la idea de hablar por hablar o hablar sin ton ni son. Es por ejemplo lo que se atribuye al hablanchín, que es una forma alternativa al parlanchín. Otros derivados de este tipo son por ejemplo la habladuría o el hablantinoso (dicen en algunos lugares de América para aquel que habla demasiado, que habla sin sustancia, que hace hablantinas).

Pero también hablar ha dejado derivados nobles y con un sentido positivo como por ejemplo habla, posiblemente un derivado posverbal de hablar (yo hablo, tú hablas, él o ella habla), a no ser que proceda directamente de fábula.

El habla se dice del acto, del ejercicio concreto de la posibilidad del lenguaje. Se dice de alguien que ha perdido el habla cuando no es capaz de hablar. O el habla de una localidad o una comarca concretas, por ejemplo el habla del Rincón de Ademuz.

De habla, hablante. Hablante en su origen era el participio de presente del verbo hablar, es decir quien habla, y un hablante es quien ejerce la posibilidad de hablar, quien utiliza una lengua. Y da pie a compuestos como castellanohablante, hispanohablante, catalanohablante, gallegohablante o vascohablante.

En cuanto a la palabra fábula es un cultismo, se ve claramente porque prácticamente no ha variado a partir de la fórmula latina. Fábula tiene vida y tiene derivados, y cuando tiene derivados quiere decir que ha ejercido su capacidad vital: fabular, confabular, confabulación, fabuloso.

Abundando un pelín más en lo que serían cultismos hay una subfamilia que se funda en lo que ya fue una familia creada en el latín a partir del verbo fari. Fari está en la base de una palabra latina que era facundus, que hoy reconocemos en facundo, y en latín significaba lo que ahora sigue significando: quien es muy generoso en el hablar, quien ejerce la facundia (que sería el sustantivo correspondiente).

Y otra forma extraordinaria: si hablante era el participio de presente de hablar (quien habla), en latín fans era el participio de presente de quien habla, en cambio infans, su antónimo, era quien todavía no habla, el infante, el niño pequeño. Lo que ocurre es que en la lengua la significación de infans (literalmente quien todavía no habla) ha ido creciendo a otras acepciones. Hablamos de la infanta de la familia real, por algún camino se ha llegado a esa significación. Hablamos también del soldado de a pie que es el infante, que forma parte del cuerpo de la infantería.

Y todavía hay otras variaciones, otras ramificaciones a partir de este fari latino que conservan todavía la significación etimológica. Por ejemplo el adjetivo en latín afabilis, que lo tenemos en el castellano como afable, y que significaba literalmente que se puede hablar con esa persona. Y su antónimo que era ineffabilis, que significaba lo que sigue significando en castellano inefable: que resulta difícil explicar con palabras.

Aprender a hablar en público hoy

¿Por qué es importante aprender a hablar en público?

No importa el campo al que te dediques, las exposiciones respecto de las cosas que se hacen son constantes: ya sea en presentaciones, en reuniones, en negociaciones… Hay una constante necesidad en cualquier ámbito de explicar las cosas, y esa explicación muchas veces es delante de otras personas.

Hablar en público es una necesidad constante, no sólo en el ámbito de los negocios sino que es algo transversal. Además, es algo que dice mucho de nosotros a la hora de relacionarnos con otras personas.

Hablar en público es difícil, sin embargo es algo que está al alcance de cualquiera que pase el proceso que le permita adquirir esa habilidad; como podría adquirir cualquier otra como por ejemplo hacer malabares con naranjas, a base de práctica.

Aprender a hablar en público hoy

Dominar el contenido es esencial

Para lucir con la forma, que en el fondo hablar en público es forma, hay que dominar el contenido. Por tanto es fundamental de entrada saber que queremos transmitir, que idea nuclear queremos pasar.

¿Qué nos puede poner nerviosos? ¿Qué nos condiciona a la hora de hablar en público?

Los miedos que nos bloquean, dependiendo de la persona, funcionan de una manera u otra. Lo que sí está claro es que estamos hablando de inseguridades. A unas personas les bloqueará el quedarse en blanco, a otras el pensar “yo no soy capaz de hacer esto”, a otras la mirada y el cómo nos juzgan los demás, el lugar, la responsabilidad…

Aprender a hablar en público hoy

Cómo perder el miedo a hablar en público. Cómo hablar en público sin nervios

Vencer los miedos no es el objetivo. No hay que esperar que el miedo se nos quite, lo que tenemos que hacer es aceptarlo y aprender a vivir con él. Piensa en el miedo como en una oportunidad que te da la vida para desarrollar una habilidad que lo contrarreste.

Visto desde la distancia incluso agradécele a la vida que te enfrente a tus inseguridades y miedos, es un camino de crecimiento. Aprender a hablar bien en público es un verdadero camino de crecimiento personal. ¿Cuál es tu voz? ¿Cómo le hablas tú al mundo? Es mucho más que una habilidad.

Luego, claro está, tenemos la metodología. Algo que ya dijeron los orientales hace siglos, y que no basta con entender sino que hay que practicar (porque entenderlo nos resultará sencillo, la cuestión es aplicarlo):

▷▷ DESARROLLAR EL PODER DE DIRIGIR NUESTRA OCUPACIÓN A UNA ACCIÓN ◁◁ 

¿Por qué? Pues porque el mecanismo del miedo es siempre: me conecto con la mente ⇨ pérdida inmediata de poder (me pre-ocupo). Y lo que hay que hacer es dirigir nuestra energía a ocuparse.

Nadie es culpable de su primer pensamiento, pero sí somos responsables del segundo. Por ejemplo, un individuo no tiene la culpa de pensar, cuando sube a un avión, “en este me voy a matar”. Siente miedo, es algo que le pasa y es inevitable. Pero si tiene el entrenamiento de distanciarse de sí mismo y decirse: “¿Qué, ya estás otra vez dándole vueltas a la mente y pre-ocupándote? ¡Ocúpate!”. Y a partir de ese pensamiento se dedica a mirar a quien tiene al lado en ese vuelo, a los azafatos o azafatas… Se está ocupando.

Por tanto la recomendación sería buscar esa ocupación que nos saque de esa pre-ocupación. Y en el caso de hablar en público la ocupación sería “tengo claro cómo voy a empezar”, y con voz clara y mirando al público: “Hola, buenos días, me llamo fulanito y vamos a hablar de recursos para hablar en público…”, aunque por dentro estemos como un flan.

Las primeras veces no es tan importante el resultado, sino que demos el paso. Piensa que a bailar se aprende bailando… El problema es que nuestra tendencia es: “Me salió mal una, dos, tres veces… ya me he desanimado”.

Aprender a hablar en público hoy

“No puedo. Me tiembla la voz al hablar en público porque me pongo nervioso al hablar”

Todos solemos tener creencias que nos limitan. Vamos mal si somos nosotros mismos los que anteponemos el “Yo no puedo”… Prohibido decir “No puedo”.

Puedes decir “No me sale todavía”. Y, después de un número de fracasos determinados, digamos 8 ó 9 ó 10, ya puedes decir: “No puedo”. Pero nunca hasta que no hayas probado esas 9 ó 10 veces…

¿Qué papel juegan las pausas, los silencios, la respiración al hablar en público?

La respiración es muy importante, de hecho la voz es respiración. En cuanto a las pausas es fundamental dominarlas. Recordemos que, mientras hacemos la pausa, respiramos.

Lo cierto es que todos acostumbramos a tener verdaderos problemas para hacer esas pequeñas pausas. En general sentimos miedo ante un segundo de silencio, se nos hace eterno. Creemos que el público va a pensar que no sabemos qué decir, que no somos listos. Y, contrariamente a lo que creemos, si observamos, veremos que las pausas las hacen los poderosos: esa persona que decide “A ver, ¿qué quiero decir?”, y dice lo que quiere decir.

No podemos decir que hacer eso sea fácil, es algo difícil y que lleva un proceso. Cuesta gestionar esas pausas que los que saben hablar en público dominan tan bien, porque igual nosotros hacemos una pausa y nos delatan los nervios porque estamos temblando.

Aprender a hablar en público hoy

¿Cuándo una pausa es buena y cuándo una pausa es mala? Una pausa es mala cuando la persona que está hablando en público se preocupa, porque la gente que está escuchando percibe esa preocupación y nerviosismo. En cambio, cuando el orador no se preocupa, los demás que la están escuchando no se preocupan.

Hemos de ser conscientes de que el proceso para hablar en público es un entrenamiento, y que requiere también de algo de descaro. No pensemos que todas las personas que vemos que hablan bien en público no tienen por dentro algo de nerviosismo en cada nueva ocasión. David Bowie, por ejemplo, reconocía que las entrevistas antes de salir a una actuación le daban pánico, sentía pavor.

¿Cómo es posible que David Bowie con tantos años de carrera siguiera sintiendo ese miedo? Pues es muy positivo y pedagógico que él confesara que le daba miedo hablar en público, porque es importante que todos sepamos que el miedo y la inseguridad son algo normal. No se trata de no tener miedos sino de cómo, a pesar de ellos, somos eficaces.

Aprender a hablar en público hoy

Trucos y técnicas para hablar en público sin miedo

¿Qué es mejor, gesticular demasiado o demasiado poco?

No cabe duda de que la gestualidad da una mayor comunicación, pero, dentro de la cultura y personalidad de cada uno, tiene que haber un equilibrio entre los momentos gestuales y los momentos de reposo (que son los que comunican estatus).

Un exceso de gestualidad hace que el discurso pierda credibilidad, porque resta estatus. De ahí que sea importante ese equilibrio entre nuestra gesticulación y esos momentos de reposo en los que transmitimos serenidad.

Un ejemplo lo tenemos en el teatro clásico español, ahí está muy claro: tenemos por un lado a los criados (que siempre se mueven más, de un lado para otro) y por otro a los nobles (más inmóviles, a los que por algo se les llamaba los estirados).

El estatus depende de en qué contexto estás. A veces, por respetar a nuestra audiencia y respetar unos códigos, con determinados clientes por ejemplo, nos ponemos corbatas o trajes muy serios. Pero no es por aparentar sino por respetar el código que hay en ese lugar.

¿Qué hacer con las manos al hablar en público?

Es una de las pesadillas de los ponentes noveles que empiezan a hablar en público. Las manos tienen mucho que decir, mucho que expresar, y son muy necesarias para comunicar con nuestra audiencia. Cuando se habla en público la gestualidad de las manos apoya el discurso.

Aprender a hablar en público hoy

Respecto al uso de las manos al hablar en público la escuela americana, por ejemplo, dice que lo mejor es nunca juntar las manos, porque es una señal que da a entender que nos estamos protegiendo. Lo cierto es que cada persona debe calibrar que le ayuda más:

  • Si opta por no juntar nunca las manos para dar esa señal de fortaleza y de no necesidad de protección, pero así se siente fatal.
  • O si, en un momento determinado, opta por juntar las manos porque así se siente más cómoda y es más eficaz.

Se trata de ver que nos puede ayudar más. En el siguiente video, la experta en comunicación Teresa Baró da interesantes consejos que podemos aplicar en cualquier reunión, en una presentación comercial, en una formación, en clase, incluso a veces en una conversación. Porque en realidad tampoco hay tanta diferencia entre los gestos que hacemos en una conversación y los que hacemos hablando en público, al fin y al cabo hablar en público es una forma de dialogar con ese público.

¿A quien mirar cuando se habla en público?

La fortaleza de tu mirada será igual a la cantidad de información que captes de la audiencia: miras a la gente a los ojos, y captas. Parece sencillo, pero muchas personas se ponen nerviosas y no saben adónde mirar cuando tienen que hablar en público. Entonces miran al suelo, miran sus notas, miran la pantalla, miran al fondo… y buscan todos los recursos para no mirar precisamente a quien tienen que mirar que es a su público.

Una de las formas de ganar tranquilidad en este diálogo que tenemos que establecer con el público es, precisamente, considerar que estas personas que nos están observando necesitan mantener este diálogo.

Aprender a hablar en público hoy

¿Verdad que en una conversación a dos no nos ponemos nerviosos?

  • Mentalizarnos de que vamos a conversar con nuestro público y que por lo tanto tenemos que mirarle a los ojos es algo que nos va a dar tranquilidad.
  • En cambio, si pensamos que el público es una masa uniforme de gente y nos da miedo tendemos a la sensación de monólogo y eso nos va alterando cada vez más.

Pero, ¿miro a todos? Si es una audiencia de muchas personas resulta complicado

  • Si se trata de un grupo reducido, hasta 25 ó 30 personas, podemos ir mirando a cada uno de ellos a los ojos, individualmente. Incluso podemos llegar a saber más o menos que están pensando o si van siguiendo nuestro discurso. Es conveniente hacerlo.
  • Cuando hay más gente entonces es difícil llegar a todos. Se puede ir mirando hacia el fondo de la sala. O, si la sala es ancha, ir mirando de izquierda a derecha pasando también por el centro.

¿Nos resultará más fácil si miramos a alguien conocido o a quien nos sonríe?

Mirar a quien nos sonríe es una tentación, porque nos da a pensar que le caemos bien y que está de acuerdo con lo que estamos diciendo. Pero es una trampa que deberíamos evitar, porque entonces lo que estamos haciendo es olvidar a los demás miembros del público y estos se pueden sentir desatendidos, y, en consecuencia, perderán capacidad de atención en lo que estamos diciendo.

Hay que mirar a todo el mundo, incluso a los que ponen mala cara. Más a estos que a los que nos sonríen, porque a estos hay que ganárselos. Tenemos que decirles con la mirada “Te he visto. Sé que estás aquí. Quiero que me escuches. Tengo algo importante que decirte”, y todo se lo decimos mirándoles. Además incluso, en algunos casos, es un aviso para después si tienen que hacer preguntas muy complicadas o van a por nosotros. Nosotros, mirándoles mientras estamos hablando de nuestro tema, les estamos diciendo: “Sé que después me preguntarás”, y esa es una forma de mostrar seguridad.

¿Qué hacemos si vamos acompañados de unas notas?

Las notas sirven para tener un guión, pero no para leer siempre completamente. Porque si miramos mucho las notas lo que estamos haciendo es dejar de mirar a nuestro público, y siempre es mejor dirigir la mirada hacia ellos.

Por lo tanto deberemos hacer un guión con poca letra, lo más esquemático posible, e ir combinando la mirada hacia el público y algún vistazo rápido a lo que llevamos apuntado si nos hemos perdido. Lo importante es ensayar antes para no tener que mirar mucho ese guión.

Y si llevamos el discurso escrito, ¿cómo lo hacemos?

En ese caso la lectura también tiene que ser lo más expresiva posible. Para conseguir esto nos podemos preparar el texto a base de letra muy grande, de espacios amplios, marcando los puntos y aparte y las pausas, usando también distintos colores porque así sabemos en qué palabra tenemos que poner el acento.

Todo eso nos facilitará la lectura y que ésta sea sea expresiva, pero sobre todo nos facilitará también que podamos mirar de vez en cuando a nuestro público. Ensayar el discurso es muy importante, porque después, cuando estemos delante de la audiencia, nos sentiremos más sueltos y cómodos.

Si detrás tenemos apoyo visual, ¿dirigimos la vista hacia esa pantalla?

En ese caso hay que mirar hacia atrás lo mínimo posible. Si tenemos que señalar a la pantalla lo hacemos con la mano o con un puntero pero mirando hacia delante, hacia nuestro público. El mínimo tiempo posible dando la espalda al auditorio.

Por eso, si tenemos un ordenador bien colocado (es algo que la mayoría de las veces podemos hacer) nos iremos guiando por lo que vemos en la pantalla del ordenador y, al mismo tiempo, estaremos mirando hacia nuestro público, de tal forma que no nos tenemos que estar volviendo cada vez.

¿Se puede entrenar el contacto visual con el público?

Pues sí, es posible. Hay un truco muy fácil que podemos hacer en casa: cuando ensayemos nuestro discurso o presentación podemos pegar en la pared unos folios con caras dibujadas, fotos de personajes conocidos o de la familia, incluso muñecos, y vamos ensayando nuestro discurso mirando a los ojos de estas “personas”, buscando captar la atención.

Este aspecto es importante porque normalmente cuando estamos ensayando en casa un discurso nos centramos sobre todo en lo que decimos, en las palabras. Olvidamos que después tendremos personas delante y que tendremos que mirarlas a los ojos, porque esa es la primera forma de persuasión. Por eso, hacer esta sencilla práctica pegando las fotos en la pared resulta muy útil y nos dará después la facilidad de hacerlo cuando tengamos delante al público real. Es un buen calentamiento y estaremos ya acostumbrados a hacer esos movimientos.

Ante un gran auditorio, ¿funciona imaginarlos a todos en ropa interior?

Lo interesante y maravilloso de los seres humanos es que lo que le funciona a uno a otro no. Y este truco de imaginarse a la gente desnuda o en ropa interior hay gente a la que le funciona.

Trabajar con imágenes, que es como esto se llama, es bueno. Hay gente que se imagina que le está hablando a su hermano, a su madre, a su tía, a su novia… Si a ti te funciona estupendo.

La cuestión es que tienes que averiguar qué te ayuda a ti. En ese proceso de entrenamiento parte de lo que hay que descubrir es qué me ayuda a mí a expresarme mejor, a estar más tranquilo, a gestionar mejor mis inseguridades… A ser eficaz a pesar de mis inseguridades.

Cómo dominar el escenario al hablar en público

Aunque hay cosas básicas, que son siempre las mismas, también vemos modas y tendencias en cómo nos dirigimos al público. Hoy día tenemos la posibilidad de dar charlas desde grandes escenarios y de movernos mucho más, en cambio tiempo atrás se trataba de algo mucho más rígido. Antes los conferenciantes estaban por ejemplo detrás de la mesa de una forma muy solemne y formal, o detrás de un atril.

Hay conferenciantes a los que vemos andando por el escenario casi exhibiéndose, es quizás una forma de comunicar más atractiva; parece más natural aunque en realidad está todo ensayado. En esto hay grandes conferenciantes que nos han influido mucho como pueden ser Steve Jobs o Mark Zuckerberg.

Aprender a hablar en público hoy

Todos o muchos de los TEDx, que son estas conferencias que ahora están tan de moda, se graban en general en escenarios grandes. A ello ayuda la tecnología: el disponer de un micro inalámbrico o el tener una pantalla grande, y no una pizarra donde hay que escribir, permiten el movimiento.

Aprender a hablar en público hoy

En general para dirigirnos al público es mucho mejor estar de pie y en movimiento, aunque también hay momentos en los que el protocolo nos dice que tenemos que estar sentados. Pero siempre que podamos vamos a hacerlo de pie, porque esto nos da muchas ventajas. Teresa Baró, experta en comunicación, las explica:

Cómo hablar en público con naturalidad

Es precisamente cuando estamos en público, en esos momentos en que queremos causar una mejor impresión, cuando más tensos nos acostumbramos a poner. Es lógico: hay más compromiso, queremos gustar, queremos transmitir una buena imagen, hay presión, hay tensión… y lo que hacemos precisamente es quedarnos como acorralados. Todas las habilidades que tenemos cuando estamos relajados tomando un café con un amigo… desaparecen. Pero eso es algo que se puede regular y mejorar.

¿Qué inseguridades podemos sentir cuando estamos ante una audiencia?:

  • La inseguridad en uno mismo.
  • La inseguridad en el tema que estamos tratando: si no dominamos bien el tema es algo que nos hace estar más tensos.
  • La inseguridad como comunicador: yo sé que controlo el tema pero en cambio soy consciente de que no tengo muchas habilidades para hablar en público, y eso me hace estar más nervioso o nerviosa.

En general nos ocurre que, a la hora de dar una charla o un discurso, casi siempre nos esforzamos en preparar bien el mensaje, el contenido, las palabras, el discurso o incluso la presentación en PowerPoint. En cambio solemos descuidar el ensayar, el entrenar el cuerpo para que se comunique con naturalidad… Y cuanto más lo preparemos más naturalidad vamos a conseguir.

Cuando tengamos que hablar en público es mejor que no se nos note que estamos presos del pánico, porque además, si nos bloqueamos, no podremos transmitir lo que queremos comunicar. De todas formas tampoco pasa nada si nos mostramos algo nerviosos. Muchas personas no tienen la oportunidad de hablar en público cada día y por tanto es normal que estén un poco tensos cuando se enfrentan a una audiencia importante, es comprensible. No tenemos que estresarnos en exceso por ello. No obstante hay fórmulas para mejorar esto que nos van a ayudar y que nos muestra Teresa Baró en este vídeo.

Cómo transmitir seguridad al hablar

Hablar y expresarse ante una audiencia no es una tarea fácil, para muchos es una prueba de fuego en la que a veces se reflejan todas las inseguridades y los nervios que supone convertirse en el centro de atención. Los gestos nos delatan.

¿Cuáles son los gestos que nos traicionan?

Se trata de gestos que hacemos con todas las partes del cuerpo: con la mirada porque rehuimos el contacto visual, con las manos porque por ejemplo las frotamos demasiado o le damos vueltas al anillo o al reloj, nos ponemos bien los puños de la camisa (sobre todo los hombres que van con americana), cruzamos los pies de una forma que nos da inestabilidad… Hay una serie de movimientos que delatan que estamos nerviosos.

¿Qué trucos podemos poner en práctica para disimular el nerviosismo? ¿Qué hacemos con esos gestos que nos delatan?

Esos gestos que evidencian nuestro nerviosismo no hay que disimularlos sino que hay que eliminarlos. Se trata de entrenar, entrenar y entrenar. Practicar una posición corporal de seguridad y de abertura para así eliminar estos gestos de nuestro repertorio.

¿Cuál sería la actitud corporal adecuada?

Una actitud corporal de firmeza, de estabilidad (con los dos pies bien apoyados) y el cuerpo abierto y con la cabeza alta. Moviendo los brazos y las manos hacia afuera, de una forma abierta y relajada. Nada de cerrar los puños ni entrelazar las manos, porque eso es lo que delata el nerviosismo.

Indispensable la sonrisa

Otro aspecto esencial es la sonrisa. Es importante sobre todo para empezar a conectar con el público desde el primer momento: es la bienvenida. Por tanto es importantísimo sonreír. Pero ojo, porque también hay sonrisas que son de tensión, esa risita que se nos escapa y que no podemos controlar y que es de nervios. O sea que debe ser una sonrisa abierta y sincera (ya sabemos que sonreímos también con los ojos), no puede ser una sonrisa forzada o con los dientes cerrados y apretando las mandíbulas.

Y todo esto necesitamos prepararlo

Tener el mensaje verbal (las palabras) preparado, y entrenar varias veces para que después podamos eliminar todos estos gestos de timidez y de inseguridad.

Cuando llegue el momento tenemos que salir pensando cosas positivas acerca del público: “el público está dispuesto a escucharme”, “el público me va a ayudar”, “el público es mi aliado, no es mi enemigo”. Si salimos con pensamientos positivos, seguro que nuestra gesticulación, nuestros movimientos e incluso nuestra voz van a tener un estilo y un tono positivo.

El tono de voz en la comunicación

Reconocemos a las personas por su voz, es algo que nos identifica. La voz es una característica de cada persona: tú tienes tu voz y yo tengo la mía. El tono de nuestra voz envía sensaciones a nuestro interlocutor y, además, forma parte de nuestra imagen.

En cada momento, según cómo utilizamos la voz, estamos transmitiendo unas actitudes, unas emociones y también un grado de implicación. No sólo es importante saber qué voz tenemos (que es la que nos ha tocado por naturaleza) sino también cómo la utilizamos.

¿Cómo podemos utilizar la voz para comunicarnos mejor?

Lo primero que debemos tener en cuenta es el contexto, cuál es la actividad que estamos desarrollando:

  • No es lo mismo estar en familia, y estar en una situación íntima de proximidad, que estar ante un público.
  • O no es lo mismo ser un profesional de la comunicación que una persona que utiliza la voz para comunicarse en el día a día.

Pero de todas formas, aunque no seamos profesionales de la comunicación, deberíamos tener en cuenta la capacidad que tenemos de influir en los demás a través de la voz:

  • A través del tono.
  • A través de la velocidad con la que hablamos.
  • A través de la claridad en la articulación. Si no se me entiende el mensaje puede no llegar correctamente. Pero no es sólo que el mensaje no acabe llegando sino que además estamos también dando una imagen determinada a través de esa articulación incorrecta. Si no articulamos bien podemos dar la imagen de que tenemos un problema en la boca o de que estamos nerviosos, por ejemplo.

La voz con todos sus matices nos da muchísima información:

  • Cuando una persona habla en público, un maestro por ejemplo, con la energía que tiene su voz está diciendo: “tengo ganas de estar aquí haciendo lo que estoy haciendo” o “no tengo muchas ganas, en realidad estoy aquí porque me obligan”.
  • O puede estar transmitiendo “estoy pasando miedo”, la voz indica también inseguridad, nervios y miedo.
  • La voz incluso puede ser un indicio de mentira, puede ser señal de que alguien está mintiendo cuando se baja el volumen al decir algo. ¿Por qué bajamos el volumen? Porque en realidad  no queremos que nos escuchen, pero lo estamos diciendo porque tenemos que decirlo.

¿Cuáles son las voces más persuasivas?

Es algo que depende también del contexto. En un contexto más privado y de cercanía un tono de voz bajo, pero sobre todo más tranquilo, es más persuasivo. Una persona que habla despacio normalmente transmite más serenidad, y por lo tanto también seguridad en lo que está diciendo y en sí misma.

Hablar despacio, en la mayoría de las ocasiones, resulta más convincente. Pero no siempre, porque a veces la velocidad al hablar, siempre que se entienda el mensaje, nos da una idea de energía, de vivacidad, de entusiasmo, de alegría incluso. O sea que depende.

Lo que no suele ser muy persuasivo es que el tono de voz siempre sea igual, hablamos entonces de monotonía. Y la monotonía tiene un problema: nos aburre. Si la persona que habla nos aburre el mensaje no nos llega, porque llega un momento en que desconectamos.

¿Cuáles son las voces más seductoras?

Voces seductoras las hay masculinas y las hay femeninas. Las voces más seductoras suelen ser las voces que no son estridentes, que hablan de una forma suave, que son dulces, melódicas… Pero habría que ver también las características, el timbre de voz de cada persona en concreto.

Las voces masculinas en general son más graves que las femeninas, y por lo tanto transmiten unos valores que son los propios tradicionalmente del hombre: autoridad, confianza, respeto.

En cambio las voces femeninas, que son más agudas, suelen estar más relacionadas con la vida familiar, con la seducción femenina y muchas veces incluso con connotaciones peyorativas, con la “histeria”. Una mujer que grita, que tiene una voz muy aguda y que está chillando, es una voz irritante, y, además, hay una creencia general de que una mujer que grita es porque está descontrolada.  Aunque sea un adjetivo injusto se nos califica a veces de histéricas. En cambio al hombre no. El hombre que utiliza su voz para la autoridad se considera un valor positivo.

En general las voces agudas son más irritantes que las voces graves, sobre todo si son excesivamente agudas. Pero las voces agudas y más femeninas también tienen una ventaja, y es que normalmente son más claras, se escuchan mejor. Mientras que una voz muy grave a veces conlleva una dificultad en la comprensión, en la audición.

¿Cómo podemos mejorar la articulación de nuestra voz?

Una práctica muy sencilla y que podemos hacer en casa es hacer ejercicios de lectura en voz alta mordiendo un lápiz sin dejarlo caer. Después de unos minutos leyendo así, con el lápiz entre los dientes, cuando lo sueltes verás que es mucho más clara la articulación, e incluso se proyecta mejor la voz.

Y el mismo ejercicio se puede hacer con un tapón de botella de cava y es mejor todavía, porque en este caso lo que se consigue es abrir la mandíbula hacia abajo, que es como realmente sale bien el aire y se proyecta hasta el fondo la voz. En este caso cuesta un poquito más hacerlo que con el lápiz pero es muy efectivo.

Aprender a hablar en público hoy

Cómo enseñar a un niño a hablar en público

Comunicarse con eficacia y hablar en público son hoy habilidades básicas. Los padres podemos, según los expertos, hacer mucho en casa para potenciar la oratoria de nuestros hijos. Estas son según Manuel Antolín, terapeuta del Centro de Psicología Resuelve, algunas de las cosas que podemos hacer para ayudarles a perder el miedo a hablar en público:

  • No hablar por ellos cuando se encuentran con otros niños y mayores con la excusa de que son tímidos. Déjales que contesten por sí solos, a su ritmo. Si no lo hacen, puedes animarles a que hablen, sin responder por ellos. Con paciencia conseguirás que vayan expresándose.
  • Dejar que expresen sus propias ideas aunque no nos gusten. Desarrollar en los hijos una actitud crítica permite que se sientan seguros. En vez de decir: “¡tu cállate que eres un niño!”, es preferible: “¡no pienso lo mismo, pero lo respeto!”.
  • Lee cuentos a tus hijos, con la voz y con el cuerpo. Escenifica lo que estás contando; eso les permitirá aprender a contar historias. “El Storytelling es uno de los grandes recursos usados hoy en día para hablar en público, ya que cuando contamos historias conquistamos el corazón de nuestra audiencia”, explica Antolín. “Si tú lees, tus hijos leen. Arrástralos a leer con tu ejemplo. Eso enriquecerá su vocabulario y les ayuda a estructurar sus ideas”.

Aprender a hablar en público hoy

  • Para hablar bien en público hay que pensar bien en privado. Nos lo dice Gonzalo Álvarez, editor del blog El arte de presentar. Así que procura que tu hijo/a escriba. Escribir en un diario, hacer redacciones y cartas, les ayudará a estructurar sus ideas. Eso se reflejará en su modo de comunicar.
  • Apúntalos a distintas actividades artísticas para que prueben si les gustan. El teatro les permitirá trabajar la expresión corporal, los tonos de voz, interpretar distintos personajes… Perderán el miedo al ridículo. Con la danza trabajarán el control del cuerpo y aprenderán a moverlo. Según Albert Meharabian, profesor emérito de Psicología de UCLA, comunicamos más nuestro mensaje con nuestro cuerpo (55%), que con las palabras (7%) o con nuestra voz (38%). Cantar en un coro les ayudará a conocer su instrumento vocal, aprenderán respiración diafragmática para proyectar la voz de forma correcta.
  • En un cumpleaños o celebración familiar, propón entre los niños un cuentacuentos, en el que cada niño pueda contar el suyo.
  • Juega con ellos a explicar sin palabras un personaje. Expresarán con el cuerpo y se les quitará el miedo escénico al tener que ponerse delante del grupo.
  • En un encuentro familiar por motivos alegres o tristes, pídeles que si les apetece escriban unas palabras dedicadas a la persona homenajeada, y luego que las lean.

Aprender a hablar en público hoy

  • Recitar trabalenguas es una actividad divertida que les permitirá tener una mayor fluidez verbal, aprender a pronunciar mejor. Otro ejercicio divertido es que hablen mordiendo un lápiz  con los dientes.
  • Proponles juegos de comunicación e improvisación. Podemos poner palabras disparatadas en papelitos, meterlos en una bolsa y que cojan uno al azar. Pídeles que con esa palabra improvisen una historia, un cuento o que expliquen al grupo qué significa ese término.
  • Y, sobre todo, aplaude sus intervenciones públicas. Felicítales por sus logros. Cuando hablen delante de la familia o de extraños, hazles sentir que lo hacen bien (muy bien, qué bien habla mi niña, qué bien habla mi niño…), ganarán seguridad; si sólo destacas sus fallos (es que le cuesta, es un poco tímida, es que tartamudea…), esa seguridad se perderá.

Aquí tienes una muestra de lo que son capaces los niños cuando se les dan las oportunidades necesarias:

 

Efecto Pigmalión

El efecto Pigmalión se basa en la propia confianza de cada uno y en la que los demás depositan en nosotros. La confianza en uno mismo es básica para crecer y dar lo mejor de nosotros en cualquier ámbito de nuestra vida, pero la confianza que los demás depositen en nosotros también es importante y puede ayudarnos a alcanzar los objetivos más complicados.

Tanto si crees que puedes, como si no, tienes razón. Henry Ford.

Efecto Pigmalión

Qué es el efecto Pigmalión

Tres palabras lo definen:

  • Expectativas.
  • Confianza.
  • Profecía autocumplida.

Las personas con capacidad para ser un Pigmalión positivo son aquellas que depositan en ti una confianza, que ven más allá de donde está tu talento normal, observable. Son capaces de ver en ti cosas que pueden sacar, y además te tratan como si tú tuvieses ese potencial. Por lo tanto están depositando en ti una confianza, y provocan lo que se llama la profecía autocumplida.

Si yo creo que tú eres capaz de escribir, de redactar, de esforzarte, de cumplir con tu objetivo… y te transmito ese ánimo y ese entusiasmo, al final esa profecía se termina cumpliendo.

El mito de Pigmalión y Galatea

El efecto Pigmalión viene de una historia de Ovidio en el libro 10 de Metamorfosis. El rey de Chipre buscaba una mujer muy bella, una mujer perfecta, y como no la encontraba pidió a un escultor que hiciera una estatua.

El escultorPigmaliónhizo una estatua tallada en marfil Galatea―, su creación era tan bonita que se enamoró de ella. A tal punto llegó su pasión por la escultura que la trataba como si fuera una mujer real, como si estuviera viva. El mito continúa cuando la escultura cobra vida después de un sueño de Pigmalión, por obra de Afrodita, al ver el amor que éste sentía por la figura que representaba a la mujer de sus sueños.

Este hecho fue nombrado como efecto Pigmalión ya que superó lo que esperaba de sí mismo y al creer que la estatua estaba viva esta llegó efectivamente a estarlo.

Lo que dice el efecto Pigmalión es que cuando nosotros creemos en alguien, le alentamos, le damos apoyo y cariño y le empujamos a ese objetivo, estamos ayudando a que pueda alcanzarlo.

Por otro lado está el “efecto Galatea”, la fuerza que tienen las convicciones sobre nuestro propio éxito o fracaso. No es una novedad que cuanto más convencidos estemos de ser capaces de hacer algo, mayor es la probabilidad de lograrlo, pero por desgracia es algo que se nos suele olvidar.

Efecto Pigmalión

Pygmalion de Jean-Baptiste Regnault de 1786, Musée National du Château et des Trianons

Si tomamos a los hombres tal y como son, los haremos peores de lo que son. Pero si los tratamos como lo que deberían ser, los llevaremos donde tienen que ser llevados. Johann Wolfgang von Goethe.

Efecto Pigmalión en el aula

Lo cierto es que cuando tratamos a las personas creyendo en su potencial, estamos condicionando el trato hacia esa persona.

Imaginemos a un profesor que entra en un curso académico del que otros compañeros le han hablado horrores, le han advertido de que no espere nada de esos alumnos porque es imposible con ellos. Los prejuicios y las expectativas de ese nuevo profesor que entra ya son negativos. ¿De qué va a estar atento?, pues estará atento de todo lo que falla. En el momento en que alguien se porte mal, que no cumpla con los objetivos, que no traiga hechos los deberes… ese profesor se va a reafirmar en ese concepto que ya tiene.

En el momento en que ese profesor cambia totalmente esos prejuicios, “bueno, me han dicho esto pero yo aquí voy a esperarme lo mejor, seguro que soy capaz de motivarlos, de sacar el talento que tiene cada uno de ellos, de empujar para conseguir que este grupo esté unido y cumpla con los objetivos”, si tiene esas expectativas respecto al grupo, va a tratar a los alumnos y va a condicionar el trato que tiene con ellos para bien. Y con esa actitud va a sacar mucho más que si de entrada espera no encontrar nada.

Lo que está demostrado científicamente es que cuando tú esperas cosas buenas de la gente, te comportas de tal manera que la gente te responde.

Efecto Pigmalión negativo

Un Pigmalión negativo tiene el mismo efecto que un Pigmalión positivo, pero en sentido contrario.

¿Qué ocurre si un profesor no tiene ningún ánimo de motivar al grupo? ¿O si son los padres quienes actúan de esa forma?

Cuantos niños pequeños han dejado de practicar deporte porque han tenido entrenadores autoritarios, que no han tenido cuidado en cómo transmitían las órdenes o en cómo castigaban cada fallo. La gente abandona y se desmotiva. Porque cuando tú transmites a los demás que no sirven, que no están preparados, que a través del esfuerzo no van a conseguir nada… la gente baja su autoestima y su confianza, y pierde completamente la seguridad. Deja de esforzarse en algo porque sabe que no va a tener premio.

Un Pigmalión negativo condiciona incluso nuestro futuro laboral. Muchas veces sin querer, porque la gente no es mala. Hay padres que dicen “¿en esa carrera te vas a meter? Yo lo veo muy difícil”. Y con eso le están diciendo a su hijo “no sé si con el esfuerzo lo conseguirás, yo no te veo preparado”. En lugar de animarle y prepararle para luchar, para invertir ese esfuerzo que él necesita, le preparan para buscar algo más sencillo que le alivie un poco su vida.

Efecto Pigmalión positivo

El beneficio del efecto Pigmalión es que se consigue sacar de la gente ese potencial que a veces uno mismo ni siquiera reconoce. Muchas veces tenemos en la cabeza una versión subjetiva de nosotros mismos ―o porque viene condicionada por nuestra experiencia con la tarea o porque somos muy exigentes― y no nos valoramos de forma positiva y con confianza, no pensamos que estamos preparados.

Pero hay gente que viene y te dice “pero si tú puedes, si yo te he visto en aquella ocasión hacer esto, si resolviste aquel problema de esta manera, si yo he pasado contigo momentos en los que te has superado. ¿Cómo no vas a poder hacerlo?”. Esa otra visión que tienen los demás sobre nuestro potencial, a veces nos empuja a hacer cosas que por nosotros nunca hubiéramos intentado.

¿Cualquiera puede convertirse en Pigmalión?

En Pigmalión puede convertirse todo el mundo que tenga interés en gestionar personas. Hay otras personas que no, que pasan, que saben que la relación con los demás depende del carisma, del liderazgo, de cómo dirigimos y cómo intentamos motivar, pero si no tienen interés no se van a convertir en Pigmalión.

Pero como el ser Pigmalión no es algo que venga genéticamente determinado, sí es cierto que si tú tienes interés en sacar lo mejor de los que te rodean ―tus alumnos, tus deportistas, tus hijos, tus amigos, o incluso tus padres― por supuesto que lo puedes conseguir.

Cualidades que debemos tener para convertirnos en un buen Pigmalión:

Lo primero es quitar cualquier prejuicio. En el momento en que tienes prejuicios negativos sobre una persona ya te está condicionando el trato con ella. A la gente hay que intentar verla con amplitud de miras.

―Luego hay que tener paciencia, porque todo aquello que queremos trabajar no se consigue de un día para otro.

Tenemos que intentar ser benevolentes, para buscar cosas buenas en los demás.

Y tener esas ganas de que el otro crezca. Aquel profesor que simplemente va a dar su materia, puede ser que la dé muy bien. Pero hay otro tipo de profesores que aparte de educar a los niños en su asignatura quieren educar a personas. Que van buscando esa parte que les parece más atractiva, dónde está el talento de cada niño. Porque todos los niños son diferentes no podemos educarlos y formarlos como si fuesen todos iguales. Ese tipo de profesores se preocupa por ver que tiene cada niño de talentoso para potenciarlo por ahí y engancharlo a su clase.

¿Podemos ser nosotros nuestro mejor Pigmalión?

Es ideal tener a alguien que te empuja y te anima. De hecho cuando se les pregunta a las personas si tienen algún Pigmalión en su vida, todo el mundo recuerda a alguien que le apoyó en un momento determinado. Pero sería estupendo si no tuviésemos que depender de esa persona para estar motivados.

Nosotros podemos por dentro escuchar a esa parte más racional y positiva que nos dice: “¡inténtalo, otra vez lo conseguiste!, tú sabes que con el esfuerzo puedes crecer como persona, sabes que si te entrenas y te formas en esto puedes superarte a nivel profesional”, y escuchar solamente esa voz que nos dice que el miedo sólo bloquea, y que cuando somos un poco más atrevidos y nos lanzamos a veces tenemos mucho que ganar.

Si te condicionas para que las cosas salgan mal, lo vas a provocar. Pero si te condicionas para que salgan bien, puede ser que aumentes tu probabilidad de tener éxito.

Efecto Pigmalión

¿Cuáles son los pasos para convertirnos en nuestro propio Pigmalión?:

Cuál es el reto: “Quiero empezar a hacer deporte”, “quiero aprender inglés”… y por dentro te estás diciendo “¿pero cómo voy a aprender inglés? Si el año pasado ya lo intenté y lo dejé a medio camino. Si fue tirar el dinero”. Por supuesto dejas de atender al diablillo que te dice que no estás preparado.

Qué parte de mí tiene capacidad. Qué pruebas tengo: Busco otras experiencias en la vida donde lo he conseguido. “El inglés el año pasado no lo conseguí, pero me metí en aquel curso hace tres años y lo terminé. Me siento de eso muy orgulloso”. Busco situaciones en las que yo me refuerce y diga que realmente soy capaz.

Y por último actúo: para que algo ocurra tú tienes que hacer porque eso pase. Puedes ponerte un reto, puedes pensar que tienes capacidad y que puedes ser perseverante porque otras veces lo has demostrado, tienes una prueba de realidad que te dice que aquella vez que te apuntaste al curso lo terminaste y te sentiste orgulloso. Y a partir de ahí tienes que pasar a la acción. Si no pasas a la acción de nada te sirve empujarte, creer en tu potencial y pensar que tienes capacidad para hacerlo. De nada sirve si te quedas en un propósito a nivel mental.

¿Puede la profecía autocumplida o efecto pigmalión ser perjudicial en algún momento?

Cuando uno mantiene ese diálogo con uno mismo, podría llegar a ser obsesiva esa voluntad de tirar, tirar y tirar para adelante. ¿Puede ser entonces perjudicial este efecto Pigmalión que nos autoejercemos?

Ese automotivarnos sólo puede ser perjudicial cuando intentamos plantearnos un reto que no depende de nosotros. Si vamos a una entrevista de trabajo pensando “esta entrevista la saco porque sí, porque yo soy el mejor”. En este caso no se trata de un reto real, porque al final quien da la calificación o quien elige es el seleccionador, y porque hay otras personas que también se van a entrevistar que pueden estar mejor cualificadas y tener más experiencia que yo.

El reto tiene que estar en lo que depende de nosotros “estoy preparado, tengo experiencia laboral, creo que me puedo mantener tranquilo. Seguramente si me comporto de forma extrovertida, dinámico y optimista, puedo ganar puntos”, pero son objetivos que van a depender de nuestras capacidades.

Si yo intento ser un Pigmalión poniéndome retos y diciéndome que soy capaz de que me contraten para la entrevista, si ese reto no depende de mí va a ser muy frustrante. Y el próximo día puedo decir “¿para qué me voy a animar? ¿Para qué voy a creer en mí si no consigo lo que quiero?”. ¿Por qué ha ocurrido? Porque lo que quería no era algo que estaba solamente bajo mi control, sino que intervenían otro tipo de personas que también tomaban decisiones.

¿Qué hacemos cuando la percepción que tenemos de nosotros entra en vía negativa después de no haber conseguido algo?

Ahí se produce un lenguaje interno tóxico. Lo que hemos de hacer es analizar por qué no lo hemos conseguido. “¿Realmente no he conseguido ese puesto de trabajo porque yo no estaba preparado, o ha sido porque había gente que era mejor que yo?”. Hay que hacer el locus de control interno: en qué medida yo me he equivocado, si me he equivocado. O puede ser que no, puede ser que haya un candidato muchísimo mejor.

Si me he equivocado tengo que corregir; si veo que me falta inglés tengo que aprender inglés; si veo que me falta aprender a manejar un programa informático es que necesito formación. Y si no simplemente me vuelvo a concentrar en mis fortalezas, en todo lo que yo he preparado y en todo lo que he hecho bien, para poder potenciarlo y utilizarlo cuando surja otra vez la oportunidad.

¿Cómo aplicamos el efecto Pigmalión en la educación de los niños?

A la hora de educar a los niños sería ideal que padres, maestros y todos los que tienen niños a su cargo fuesen auténticos pigmaliones, porque se condiciona mucho la personalidad de los niños.

Especialmente que los padres fuesen pigmaliones sería fantástico. ¿Por qué? Porque muchas veces los padres hacemos comentarios, sin intención ninguna, y condicionamos completamente las decisiones, incluso el esfuerzo que un niño puede poner en la tarea.

Imagina que tu hijo ha estado estudiando y se ha presentado a un examen, que vuelve a casa y ese examen le ha ido mal. Si tú le dices “¡Bah, así no llegas ni al bachillerato! Como sigas con esta dinámica ya verás”. Es algo que a veces se dice pensando que puede motivar.

¿Qué es lo que le estás trasladando a tu hijo? Que no crees en él y que no te genera confianza, y que el esfuerzo que ha invertido en ese examen no le ha servido para nada. Eso es lo que le transmites con una sola frase.

Que diferente sería decirle: “Oye, ¿hay algo en lo que yo te pueda apoyar? ¿Sabes en qué te has equivocado? ¿Qué tenemos que corregir?” “¡Si tú estás preparado!, estoy seguro que la próxima vez si sigues insistiendo de esta manera lo vas a conseguir”, “no quiero que te desanimes, quiero que sigas ahí. Estoy orgulloso por el esfuerzo que has puesto, me encantaría que pusieras un poco más”.

Siempre en términos positivos. ¿Para qué? Para que tu hijo sienta que el esfuerzo se valora y lo interiorice como un sistema de trabajo. Así le animas a conseguir nuevos retos, porque en el momento en que le dices que así no llega a ningún lado…

¿Qué es el liderazgo situacional?

Hay que tener mucho cuidado con las reprimendas a los niños para buscar motivación. Los padres y los maestros piensan a veces que educan por igual, y tenemos que aplicar un liderazgo situacional. Esto significa que todos los alumnos son distintos, todos los niños que tienes en tu equipo de fútbol son distintos, y tus hijos también.

A pesar de que educamos o pensamos que educamos igual a los hijos no ocurre nunca así, porque tú también eres una persona que cambias. Tú tienes tu escala de valores y unos objetivos y quieres que eso se cumpla con los hijos, pero la forma en cómo tratas a unos y a otros es diferente. ¿Por qué? Pues porque el segundo hijo te coge con más experiencia, porque igual tienes una situación de más tranquilidad, o quizás ahora has dejado de trabajar y le puedes dedicar más tiempo. Debemos tener mucho cuidado y darle a cada hijo lo que necesita.

Igual que hay niños en el fútbol que se retan, o los retas cuando eres más agresivo o autoritario, hay otros niños que necesitan algo más de atención y cariño. Hay que tener cuidado porque hay palabras que bloquean completamente a la persona. Y ya no sólo es que no seamos un Pigmalión positivo para esa persona, sino que lo que hacemos es bloquearla e impedir que alcance y se esfuerce para conseguir sus objetivos.

¿Hay algún límite, algo que no debamos hacer como Pigmalión?

Si quieres ser un Pigmalión tienes que ser un Pigmalión sincero. Basado en cosas que, a pesar de que tú no creas en ellas, sabes que puedas tener.

Si yo te digo “Mujer, si tú eres la mejor. Lo vas a conseguir. Seguro que consigues esa entrevista porque estás preparadísima”, no es lo mismo que si focalizo en algo concreto que tú sabes que es tuyo y que aumenta mi credibilidad: “con esa capacidad que tienes tú para relacionarte, con ese manejo de vocabulario, con ese saber estar, tienes muchas probabilidades de conseguir el éxito”. Esto último no es lo mismo que decir algo general, que le podría decir a todo el mundo, y que suena más a querer quedar bien que a hacer un esfuerzo por potenciarte.

Un Pigmalión debería centrarse, buscar, ser un observador. ¿Qué tiene esta persona que yo pueda potenciar? ¿Dónde hay algo en lo que yo pueda ayudar? Pero que sea algo realmente sincero, y siempre basado en cosas que dependan de uno. Porque si no estás animando a la persona a que haga algo que no depende de ella.

Efecto Rosenthal. Un experimento de Robert Rosenthal y Lenore Jacobson

En el año 1965 dos psicólogos estadounidenses, Robert Rosenthal y Lenore Jacobson, hicieron un experimento. Dijeron a varios profesores de niños entre 5 y 12 años que les hicieran una prueba de habilidad.

Esa prueba en realidad era un test de inteligencia no verbal ―un test que intenta no medir la fluidez verbal aprendida―. Para los investigadores era fundamental que los profesores no supieran qué era un test de inteligencia. Una vez hecha la prueba, los investigadores dijeron a los profesores cuales eran los alumnos que tenían un mayor potencial. Pero era mentira, los resultados que los investigadores dieron a los profesores no eran ciertos. Aquí radicaba la clave del experimento. Querían saber si el alumno con mejores potenciales tendría mejores resultados si así  lo esperaba el profesor.

A los niños les volvieron a repetir la prueba de inteligencia un año y dos años después. Y pasó parte de lo esperado, los chavales de quienes más se esperaba tenían mejores resultados. Pero también pasó algo curioso, los niños de los que se esperaba menos tenían profesores más hostiles.

Hubo mucho entusiasmo ante el experimento, se creyó que los profesores podrían tener un gran poder a la hora de mejorar los resultados de sus alumnos si ponían mucha fe en sus potenciales. Y al revés también, los profesores causaban desigualdades al prejuzgar y esperar poco de sus alumnos.

Como cualquier experimento hecho sobre seres humanos tenía sus limitaciones. Es sencillo esperar mucho pero no sería ético hacer lo contrario, y esta sería la única manera de asegurar unos datos óptimos. Quizás el problema radicaba, ya que el experimento iba de expectativas, en las propias expectativas del experimento.

El cociente de inteligencia está determinado en su mayor parte por cuestiones genéticas. No es que sea inamovible pero parece que la influencia externa, incluso la de un profesor, es menor de lo esperado. Y toda vez que el cociente de inteligencia tiene relación con el éxito en la vida, son muchos los investigadores que piensan en cómo aumentarlo.

Además, parece que el experimento no se libró de ciertos sesgos ideológicos por la época en que se hizo. Sea como fuere, y sin aguardar milagros, no parece descabellado creer en la influencia beneficiosa de un líder que pueda mejorar el rendimiento de un grupo, que es lo que es al fin y al cabo un aula de alumnos.

Divina Pastora Seguros, un ejemplo en vídeo

Campaña publicitaria de Divina Pastora Seguros (#NoTeDetengas), que explica el efecto Pigmalión o profecía autocumplida. Se observa como las expectativas de las personas tiene una influencia determinante en los resultados:

Fuente: «Para todos la 2» de RTVE (21/01/2013) / «El buscador» de Radio 5 (2/11/2015) / Imagen de portada: Ilustración para el epígrafe 4.2, «Expectativas hacia el alumnado. El Efecto Pigmalión», del Material de Igualdad de Oportunidades «Diferentes, misma capacidad». / Imágenes: ilustraciones de Mark Elliott, Elena Queralt, Alessandra Psacharopulo, Robert Neubecker y Gonçalo Viana. Efecto Pigmalión