Frases filosóficas cortas para pensar
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Los grandes filósofos nos dejan frases para la historia, citas filosóficas que nos inspiran gracias a su gran mensaje. Las frases filosóficas cortas son pensamientos que nos hacen reflexionar. Hacen que nos cuestionemos nuestros valores y nuestras creencias y nos recuerdan el camino que debemos seguir para ser felices haciéndonos reflexionar sobre distintos temas: la felicidad, la libertad, el amor, la vida, la muerte… Todos deberíamos aplicarlas a nuestro día a día.

Citas filosóficas. Las frases de los filósofos

Frases filosóficas cortas para pensar

Albert Camus, su idea del tiempo y el uso de las metáforas

El novelista y filósofo francés afirmaba que, al igual que la rebeldía, toda acción política debe tener una base moral sólida. Todo lo que se puede explicar de Albert Camus es bonito. Aunque escribió en francés nació en Argelia, era argelino. Provenía de una familia extremadamente pobre. Su madre era casi sordomuda y totalmente ignorante, era analfabeta. Él se crió por lo tanto en unas circunstancias en las que todo lo que era de prever es que hubiera sido un niño de la calle, uno más. Pero no, gracias a algunas becas y gracias al apoyo de algunos profesores se convirtió en lo que se convirtió, en todo un Premio Nobel de Literatura.

Ya a los 20 años él tenía una preocupación, pensaba que la filosofía tenía que servirle para saber cómo tenía que vivir. Albert Camus no era uno de esos filósofos metidos dentro de una torre de marfil que elaboran teorías muy sesudas, sino que era alguien que pensaba que el desafío más  grande que podemos tener los humanos es llevar una vida buena y hermosa y que valga la pena.

Para él eso significaba que, puesto que salía de la pobreza y de la ignorancia, su problema (ya que además él por encima de todo adoraba y amaba a su madre) era cómo salir de la pobreza sin traicionar a la pobreza,  siguiendo siendo fiel a algo. Fiel a su madre y fiel a aquello. No renunciar a todo lo que había vivido sino ser capaz de crear una forma de vida que conectara directamente con aquello de donde provenía y que no lo traicionara.

Albert Camus (7 de noviembre de 1913 - 4 de enero de 1960) fue un novelista, ensayista, dramaturgo, filósofo y periodista francés nacido en Argelia.

Albert Camus (7 de noviembre de 1913 – 4 de enero de 1960) fue un novelista, ensayista, dramaturgo, filósofo y periodista francés nacido en Argelia.

Es recomendable leer un escrito muy breve de Albert Camus que se titula ‘Bodas en Tipasa‘. Es un escrito de diez páginas de una belleza absoluta. En ‘Bodas en Tipasa’ Camus habla de un día de playa en el Mediterráneo. Es un día de playa con un sol espléndido, con ese calor que calienta la tierra y que hace que huela. Porque el Mediterráneo huele. Huele a las plantas aromáticas, huele, dice él, al ajenjo. Para los que hemos nacido en el Mediterráneo, para los que nos hemos bañado en esas aguas, sabemos que hay momentos en los que se te queda el olor casi en el cuerpo, y entonces sientes todo, sientes la naturaleza, sientes el olor, sientes lo fresca que está el agua… él lo que cuenta en este texto es un día glorioso. Camus tenía 23 años cuando lo escribió, y es como si hubiera encontrado ahí la clave.

Explica un día maravilloso, de esos días que salen redondos y que se le quedan a uno grabados. Y tanto es así que él dice “no hace falta aquí tener mitos como Deméter o como Dioniso”, porque no hace falta ninguna trascendencia, los sentidos (lo que sentimos, lo que olemos, lo que tocamos) ya nos unen con la naturaleza. Él no quiere que de esa experiencia haya un pensamiento más allá, el pensamiento es el del más acá. Lo que le parece grandioso es justamente esos olores, esas sensaciones corporales cuando dice “me desnudé y me metí en el mar desnudo”… La palabra “bodas” ahí lo que significa es “las bodas entre el sol y el mar”, pero “las bodas entre el cuerpo, el sol y el mar”. Estamos hablando de una unión que no trasciende, sino que se queda justamente en una unión terrenal.

Es un texto totalmente poético, pero además como él es filósofo extrae una enseñanza. Lo que él quería (ser filósofo pero no traicionar sus orígenes) lo encuentra justamente en lo que representa Tipasa. Porque dice que allí hay una grandeza o una dignidad de la simplicidad, y que él ha encontrado en Tipasa la dignidad de la simplicidad. Y la dignidad de la simplicidad son los dos elementos que él piensa que tiene su madre, su madre es digna y su madre es sencilla. Y si nosotros somos capaces de ir a la naturaleza y de quedarnos en ese nivel inmanente (no trascendente), si nos quedamos en el nivel de la tierra, si ponemos por delante valores terrenales, eso es la felicidad y eso es lo que nos une al mundo. Y tenemos derecho a ser felices como él dice que lo fue en ese momento en Tipasa.

El texto es propio de alguien que tiene 23 años que cree que ha encontrado algo valiosísimo, y efectivamente te lo hace pensar cuando lo lees. Además a Camus le permaneció como una metáfora para siempre. Él, veinte años después, vuelve a Tipasa, y el texto que escribió entonces se titula ‘Retorno a Tipasa‘. Veinte años después significa que ha pasado todo (la Segunda Guerra Mundial, él ha sido un combatiente en la clandestinidad porque estaba en la resistencia, se ha casado, ha tenido hijos, ha tenido amantes…), y entonces sin embargo dice una frase maravillosa que nos ha quedado de Camus: “en el invierno de mi existencia aprendí que en mí siempre habría un verano eterno”. Ese verano eterno es Tipasa. Esa idea, de que aunque estés pasando una temporada que sea un invierno, en ti hay un verano eterno, es que en ti existe ese núcleo de valores terrenales.

Eso mismo lo va a decir por ejemplo con su principal amante (tuvo varias). El fue amante de Maria Casares, famosísima actriz hija de Santiago Casares Quiroga, uno de los últimos presidentes de la Segunda República Española que se exilió a París. La niña entonces se educó en París, devino actriz y fue amante durante más de veinte años de Camus. Y él siempre decía “María, tendríamos que encontrar el verano de nuestras estaciones”.

María Casares, en 1949 en un montaje de ‘Los justos’, de Camus, en el Teatro Hébertot de París. ROGER VIOLLET (CORDON PRESS)

María Casares, en 1949 en un montaje de ‘Los justos’, de Camus, en el Teatro Hébertot de París. ROGER VIOLLET (CORDON PRESS)

 Frases filosóficas cortas para pensar

Albert Camus: “Fui colocado a media distancia de la miseria y del sol”

Albert Camus, el escritor y filósofo francés, fue premio Nobel de Literatura y autor de la novela ‘La peste’. Con la frase “Fui colocado a media distancia de la miseria y del sol”, ¿qué quería decir Albert Camus?

Se trata de una frase estrictamente autobiográfica. Él recuerda con esos dos extremos, miseria y sol, las dos condiciones en las cuales el nació, en las cuales él fue arrojado a la vida.

La miseria porque su familia era extremadamente pobre. Nació en Argelia, podía haber nacido en una familia con una situación económica e incluso intelectual mejor. Teniendo en cuenta que él fue premio Nobel es sorprendente que naciera en una familia en la que el padre había fallecido y la madre y la abuela con las que él vivía eran totalmente ignorantes, no sabían ni leer ni escribir. El sol, que es el otro componente de la frase, es Argelia y el Mediterráneo. Argelia es un país como España, aun más soleado que España.

Son estas frases que son como tesoros, que si las recuerdas te dan la posibilidad de pensar algo, porque Camus decía que ambas cosas le habían enseñado mucho. La miseria, decía, le había enseñado que no todo está bien bajo el sol y en la historia. Y ese “no todo está bien” se lo enseña a alguien que verdaderamente es un amante de la vida. Albert Camus era una persona entusiasta, era una persona a la que le gustaba todo, le gustaba vivir, le gustaba comer, le gustaba ir con los amigos, le gustaba tener muchas novias, le gustaba la vida. Y  por lo tanto su tendencia sería a que “el mundo está bien y me gusta vivir”, pero la miseria le enseñó que no todo está bien bajo el sol en la historia. Que hay miseria, que hay ignorancia y que hay que intentar cambiarla, que no se puede uno satisfacer con eso.

Pero luego está la parte del sol, y también el sol le enseñó algo. Es como el contrapunto. El sol le enseña que la historia no lo es todo, dice Camus. Con eso quiere decir que no podemos pensar que para explicar una situación nos baste con las leyes de la historia, o con una explicación histórica que haga alusión a reglas económicas o a reglas culturales, sino que hay un componente vital que es fundamental.

Él decía una cosa que es digna de recordarse y de pensar en ella, Camus decía que cuando conoció los suburbios de París entendió que existía una injusticia climática. Es decir, que ser pobre y ser miserable en Argelia tenía, por así decirlo, la ventaja del sol, de la que carecían los trabajadores miserables e ignorantes de los suburbios de París. Y que entonces esa injusticia climática había que tenerla en cuenta, era ese contrapunto.

Si juntamos las dos cosas, si juntamos la miseria y el sol, lo que nos tenemos que preguntar es cómo se juntan porque verdaderamente parece que se contradicen. La miseria te dice “no todo está bien bajo el sol”, el sol te dice “no todo es la historia”. ¿Cómo lo juntamos? Una conclusión puede ser que hay que cambiar cosas en la historia, pero que si se puede hay que cambiarlas desde la alegría y desde la ilusión.

La situación puede ser miserable, puede ser angustiosa, pero tú que la combates no tienes por qué aportar más miseria o más angustia a lo que estás combatiendo. Tú puedes aportar el sol, tú puedes ser como el sol. Tú puedes aportar ese plus de optimismo. Y entonces esa balanza que hay entre las dos cosas queda perfectamente entendible. Está diciendo algo, está diciendo que quizás frente a los intelectuales parisinos que combatían la miseria desde unas posiciones existencialistas, que parece que a veces ellos también tenían que compartir esa miseria, él combatía desde el sol.

Para acabar dos detalles biográficos de Albert Camus. Uno que murió de accidente de tráfico, en Francia. Otro que era un gran amante del fútbol, incluso era jugador de fútbol. El fútbol a él le aportó filosóficamente también algunos planteamientos ante la vida. Camus pensaba que el fútbol encerraba una enseñanza moral. La enseñanza moral de que hay ciertas cosas en las que tienes que apoyar a tus compañeros, ser uno con ellos. La enseñanza de ese vínculo y esa  estrecha relación cuando en cambio la tarea intelectual es mucho más individualista. Desgraciadamente él, como era tuberculoso, tampoco pudo jugar tanto al fútbol, pero sí escribió mucho de fútbol.

Frases filosóficas cortas para pensar

Antonio Gramsci: “Todos los hombres son filósofos”

Antonio Gramsci fue un filósofo italiano, político y periodista del siglo XX. Con la frase “Todos los hombres son filósofos”, ¿qué quería decir?

La frase es muy fácil, aunque a veces hay frases fáciles que luego se convierten en un pensamiento más complicado. Aunque Gramsci en esta frase dice “todos los hombres”, interpretemos que no estaba pensando sólo en los varones sino que estaba pensando en los seres humanos: “Todos los seres humanos son filósofos”.

Es una frase sencilla, pero saber lo que quiere decir es quizás un poco más complicado. Quiere decir que no es que yo sea filósofa, sino que tú eres filósofo y que todos son filósofos.

Antonio Gramsci (22 de enero de 1891 - 27 de abril de 1937) fue un filósofo, teórico marxista, político y periodista italiano. Retrato de Gramsci de comienzos de los años 1920.

Antonio Gramsci (22 de enero de 1891 – 27 de abril de 1937) fue un filósofo, teórico marxista, político y periodista italiano. Retrato de Gramsci de comienzos de los años 1920.

El modo que tenía de explicar esto es que todos lo somos porque todos tenemos y participamos de algunas cosas que tienen un trasfondo filosófico. Por ejemplo todos tenemos un lenguaje, todos tenemos un sentido común, y participamos de ese lenguaje y de ese sentido común. Participamos de algunas nociones de religión natural, más o menos, de un folclore… y esos son como elementos comunes. Pero esos elementos comunes provienen de teorías filosóficas, quizás pasadas, de carácter político, de carácter social, de carácter psicológico, de carácter mental… que han pasado sin que nosotros supiéramos al lenguaje y al sentido común.

Entonces, cuando decimos o pensamos ciertas cosas, sin saberlo, estamos utilizando contenidos filosóficos. Podemos perfectamente decir que distinguimos entre la mente y el cuerpo, y utilizamos esa denominación de mente y cuerpo. O podemos decir que, en cuanto a  la vida sexual, existen heterosexuales y homosexuales. O podemos decir que existen naciones. Cuando hacemos afirmaciones de ese tipo, damos por descontado que lo que estamos diciendo tú lo vas a entender, que yo lo voy a entender y que lo va a entender todo el mundo. Lo damos como hechos, sin embargo todas esas afirmaciones provienen de contenidos que pertenecen a teorías que han configurado concepciones del mundo.

Tenemos esos restos de concepciones del mundo, que incorporamos a nosotros mismos y que a veces incluso pueden entrar en contradicción. Puede entrar en contradicción aquello que pensamos con aquello que hacemos. Se da el caso de que hay personas que dicen tener ciertas concepciones del mundo sobre las cosas mencionadas y, sin embargo, actúan de manera que entraría en contradicción con esas concepciones que dicen tener.

Lo que Gramsci quiere decir es que dentro de nosotros albergamos una especie de caos filosófico, somos filósofos pero un poco caóticos. Todos tenemos pensamientos lo que ocurre es que están desordenados, porque si no no tendría sentido que hubiera después filósofos que actuaran de manera profesional. Todos somos filósofos pero no todos tenemos la función de filósofo en la sociedad, y el que la tiene lo que tiene que hacer es intentar poner en claro esas concepciones.

Gramsci interpretaba que eso es lo que quería decir el mandato de Sócrates “conócete a ti mismo”. El mandato socrático “conócete a ti mismo” sería “analiza que concepciones del mundo hay en ti, que no sabes muy bien de donde vienen pero que tu las usas para conocer el mundo y para actuar sobre él, y, además, analiza si eso está o no en contradicción con aquello que haces. Y el filósofo lo que haría es introducir una metodología o una indicación para que todos hiciéramos estas cosas

Antonio Gramsci fue uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano, lo que le llevó a la cárcel con Benito Mussolini. Acabo muriendo fuera de la cárcel, pero lo sacaron para morir. Su legado tiene mucha actualidad a día de hoy y curiosamente la tiene en España, probablemente porque ha habido jóvenes políticos que utilizan a Gramsci y que nos han hecho volverlo a estudiar y volverlo a leer y encontrar elementos interesantísimos para defender una democracia, una revolución democrática diferente a como el marxismo se pensó a principios del siglo XX.

Repasando su biografía un dato curioso de su persona es que era muy bajito (no llegaba a 1,50 m. de altura). Hay alguna anécdota curiosa al respecto que nos da la medida de cómo era visto Gramsci por sus propios camaradas. Gramsci primero estaba desterrado y de ahí lo trasladaron a la cárcel. En la cárcel lo estaba esperando un camarada pensando en que importancia que llegaba Antonio Gramsci, y cuando lo vio entrar exclamó “¡Pero este no es Antonio Gramsci!, porque Antonio Gramsci es un grande”.

Frases filosóficas cortas para pensar

Baruch Spinoza, sus pensamientos y su filosofía

Baruch Spinoza fue un filósofo holandés de origen judío del siglo XVII. Dijo que el cuerpo y alma o mente son una unidad.

Hay algunas cosas de su vida que son cuanto menos interesantes para entender qué tipo de pensador era. Por ejemplo, con tan solo 24 años fue excomulgado. Él pertenecía a una familia judía y fue expulsado de la sinagoga. Hay que tener en cuenta que a esa edad todavía no había publicado nada, o sea que solamente por lo que él decía ya le excomulgaron.

Tanto es así que, a la salida de la sinagoga, intentaron asesinarlo y con un cuchillo le rasgaron el abrigo. Para darnos cuenta de qué tipo de personaje era, ese abrigo desgarrado por el cuchillo lo mantuvo dentro de su armario toda la vida (que no fue muy larga porque murió a los 44 años) para recordar hasta donde podían llegar las pasiones humanas y que es lo que había que temerse.

Curiosamente, de este gesto y de esta excomunión, surgió el tipo de profesión que él desarrolló: él desarrolló la profesión de pulir lentes para instrumentos ópticos. Le habían expulsado de una familia comerciante donde probablemente él hubiera tenido su lugar, y entonces él se dedicó, para ganarse la vida (aparte de que pensaba, escribía, etc.), a pulir lentes. Ese era su oficio.

Baruch Spinoza (24 de noviembre de 1632 - 21 de febrero de 1677) fue un filósofo neerlandés. Retrato de Baruch de Spinoza, cerca de 1665.

Baruch Spinoza (24 de noviembre de 1632 – 21 de febrero de 1677) fue un filósofo neerlandés. Retrato de Baruch de Spinoza, cerca de 1665.

Es curioso porque de alguna manera coincide esa profesión, que es para ganar dinero, con el tipo de filosofía que desarrolla. Porque él fue verdaderamente alguien que acercaba la lupa (o las lentes) a las pasiones humanas, a los humanos. Han dicho algunos estudiosos que era una especie de entomólogo de la humanidad. Hasta tal punto que le encantaba (eso dicen sus biógrafos) asistir a los combates de arañas y moscas, y los miraba para entender algo acerca de la naturaleza.

Nos podemos preguntar que qué es lo que decía Spinoza tan grave como para llegar a excomulgarlo. Lo que decía es que la naturaleza humana no es una excepción dentro de la naturaleza, y que por tanto todos nosotros estamos hechos de la misma pasta, de la misma sustancia de la que están hechas las arañas y las moscas por ejemplo. Y que hay que analizar a los humanos sabiendo que son parte de la naturaleza, no como si fueran seres excelsos con un alma que excede totalmente la sustancia material. No, somos ese tipo de materia.

Su grandeza está en que justamente intenta acercar esa lente para demostrar que las pasiones humanas podrían ser reducidas a cosas que podríamos reconocer también en el resto de la naturaleza.

Para poner un ejemplo, Baruch Spinoza escribió un gran libro titulado ‘Ética‘ en el que hace una descripción de las pasiones humanas. En ese libro ¿Cómo describe el amor? Del amor dice que es una alegría que surge del encuentro con otro cuerpo, asociada a la idea errónea de que la causa de esa alegría es el otro cuerpo.

Ahí de repente se han juntado dos elementos. Uno es que es verdad que el amor es alegría por el encuentro de otro cuerpo. Pero los humanos, al pensar, pensamos sin darnos cuenta de manera errónea, como si nos faltaran elementos del pensamiento de lo que está sucediendo, elementos casi científicos. Y atribuimos la alegría del amor al otro cuerpo, lo hacemos causante de la alegría cuando la causa de la alegría es el encuentro.

Es importantísimo, porque los celos, porque la pasión cuando tú piensas que es el otro el que está en el origen de tú amor, te hace confundir todo, te hace atribuir a otro cuerpo una importancia sobre tu vida que probablemente no tendría. Cuando si a lo mejor si lo analizaras como lo hace Spinoza entenderías que, si el amor es la alegría del encuentro, probablemente en el encuentro entre dos cuerpos hay elementos de un cuerpo y del otro. Hay elementos que hacen coincidir esos dos cuerpos.

La ‘Ética‘ de Spinoza es un libro muy difícil. Es uno de los libros más complicados porque analiza las pasiones casi matemáticamente, decía él, geométricamente, aplicando esa lente de entomólogo. Y lo hace desde una concepción que a nosotros nos choca, porque queramos o no siempre pensamos que no somos estrictamente parte de la naturaleza. Pensamos que siempre tenemos algo que nos salva, que nos sitúa por encima de la naturaleza. Y ver reducido el amor, los celos, la envidia, la ambición, el agradecimiento… pero, al mismo tiempo, si nos atrevemos a dar un paso dentro de la ‘Ética‘ lo que encontramos es algo original y valiosísimo.

Ética (en latín: Ethica ordine geometrico demonstrata o Ethica more geometrico demonstrata) es una obra del filósofo neerlandés Baruch Spinoza escrita en latín y no publicada hasta su muerte en 1677. Es su obra más conocida y apreciada.

Ética (en latín: Ethica ordine geometrico demonstrata o Ethica more geometrico demonstrata) es una obra del filósofo neerlandés Baruch Spinoza escrita en latín y no publicada hasta su muerte en 1677. Es su obra más conocida y apreciada.

Hay una anécdota curiosa de la vida de Spinoza cuando, él siempre puliendo sus lentes pero escribiendo sus libros, su fama trascendió. El rector de la universidad de Heidelberg quiso contratarlo, y le mandó una carta diciéndole “querríamos que usted fuese profesor de la universidad de Heidelberg”, y él responde y dice “Vale, estoy de acuerdo. Pero dígame, ¿Podré hablar con libertad desde la cátedra y podré decir que es lo que yo pienso?” El rector le contestó que sí mientras no estableciese nada en contra de las autoridades religiosas o políticas. A lo que Baruch Spinoza respondió: “mire, ¿sabe lo que lo digo?, gracias, yo me quedo puliendo lentes”.

Frases filosóficas cortas para pensar

Baruch Spinoza: “Nadie sabe lo que puede un cuerpo”

¿Qué quería decir Baruch Spinoza con la frase “Nadie sabe lo que puede un cuerpo”? Spinoza se refería a un cuerpo vivo, y al cuerpo vivo de un ser humano.

Nos podemos preguntar el por qué no dijo una cosa más sencilla como “nadie sabe lo que puede una persona”. Pero lo hizo a posta, no quería decir persona sino que quería decir cuerpo, para que de esa manera se pensara inmediatamente que el ser humano es un cuerpo vivo y por tanto hay que analizarlo desde un punto de vista más material, más materialista. Eso no quiere decir que el cuerpo vivo de un ser humano sea idéntico al cuerpo vivo de una planta o de un animal, tiene capacidades mentales que no tienen otros seres vivos.

Pero el modelo es el de un cuerpo vivo natural que por tanto necesita desarrollar su propia vida, necesita llegar a una especie de plenitud de crecimiento, y para eso le servía decir “nadie sabe lo que puede un cuerpo”.

Además, si pensamos en un cuerpo, inmediatamente llegamos a la conclusión de que los cuerpos son diferentes. Por lo tanto cuando se dice “nadie sabe lo que puede un cuerpo” lo que se está diciendo es que no sabemos, a priori, cual es el grado de desarrollo vital que puede tener ese cuerpo para llegar a una plenitud. No sabemos cuál es la forma de vida más conveniente para ese cuerpo. O, si seguimos traduciendo, nadie sabe lo que puedes tú en tanto ser vivo y cuál es la forma de vida que más te conviene. Esta es la traducción paulatina que podríamos hacer de esa frase de Spinoza.

En ese momento está claro que la frase tiene una carga crítica muy grande, porque hay quien pretende saberlo. Hay quien pretende establecer que existen formas de vida buenas o formas de vida adecuadas o convenientes y otras que no lo son, y por lo tanto establecer una especie de moral. Así que la frase sería una crítica a quien defiende que existe una moral universal y que existe algo que está bien para todos los cuerpos vivos, y algo que está mal para todos los cuerpos vivos.

La frase tiene esa carga crítica. Hasta ahí bien. Pero si pudiéramos entrar en diálogo con alguien que se alarmara por esta interpretación, esa persona podría criticar y decir: “bueno, pero es que para todo hay límites. Lo que no puede ser es que no se establezcan esos límites. No todo lo puede un cuerpo vivo, y por eso la moral establece unos límites y dice hasta aquí sí y hasta aquí no”.

Utilizando un ejemplo, una comparación que algún intérprete de Spinoza ha utilizado. Imaginemos que cada cuerpo vivo, cada ser humano, fuera una esfera. Y que todos nosotros fuéramos esferas de la misma medida pero hechas con distinto material. Tú serías una esfera de mármol, yo soy una esfera de papel, otra persona es una esfera de madera. Tú eres azul, yo soy rojo, etc. Existirían unos límites geométricos que serían los mismos para ti, para mí y para cualquiera, que indicarían por ejemplo que si bebemos lejía nos sentará mal y moriremos. Eso es un límite, no lo podemos todo. Pero al mismo tiempo resultaría que el material del que estamos hechos, al ser diferente, emitiría una luz en el espacio u ocuparía el espacio de una manera diferente, geométricamente idéntica. Si ponemos en una sala un sofá azul y un sofá blanco que tienen la misma medida, no ocupan el espacio de la misma manera y la percepción es distinta. Eso lo saben perfectamente los artistas porque la luz que se extiende es diferente.

Los límites geométricos son estos de la moral universal, de todo es lo mismo, y los límites de los que habla Spinoza (porque sí que habla de límites) son dinámicos. Entonces no todo se puede, pero habría que ir experimentando, comprobando hasta donde se puede. Y observando que entonces los seres vivos no tienen por qué tener exteriormente una norma que les diga “esta es la vida que te conviene”, sino que la vida más conveniente para cada cual es aquella que iluminara con una luz más amplia hasta donde llegue su luz, que no es infinita claro está pero que es diferente según el color, el material y todas estas cosas.

Esto que está diciendo tiene sus ventajas y sus inconvenientes. La ventaja de quien defiende un modelo de moral universal es que puede estar seguro de lo que tiene que hacer, la desventaja es que a lo mejor no alcanza nunca la plenitud.

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Karl Marx: “La religión es el opio del pueblo”

En ocasiones leemos en algunos periódicos que “el fútbol es el opio del pueblo“. Es una transformación de la conocida frase de Karl Marx “la religión es el opio del pueblo. Nos suena a que se critica el fútbol como se critica también la religión, o quizás no. El opio es un veneno pero también, convenientemente administrado, es una medicina. ¿Qué quería decir Marx exactamente? ¿De dónde viene esta frase que se ha utilizado tantas veces?

Esta frase la escribió Marx en un libro que se titula ‘Crítica de la filosofía del derecho de Hegel, y es interesante saber que la frase tiene una coletilla, por así decirlo: “La religión es el opio del pueblo, es el espíritu de una sociedad carente de espíritu“. Y es interesante la coletilla porque nos da la clave para entender la primera parte.

Efectivamente en la primera parte opio hace alusión a algo que tiene una serie de efectos analgésicos (que te puede hacer dormir y te puede hacer también soñar, porque el opio tiene esos dos efectos posibles). Cuando se dice que la religión es el opio del pueblo se está diciendo que la religión aleja de la realidad, porque te hace dormir y soñar. Y dormir y soñar es no estar con los pies en el suelo, como un tipo de anestesia.

Mencionábamos el fútbol, pero esta frase se ha utilizado también en otros contextos. Por ejemplo una conocida frase feminista dice “el amor es el opio de las mujeres, y ahí de nuevo se está diciendo que el amor ha podido servir históricamente para que las mujeres se despegaran de su propia realidad, y entonces soñaran con otra realidad diferente a la que estaban viviendo o durmieran y no fueran conscientes de lo que estaban viviendo (del sometimiento o de la miseria de sus propias vidas). Como algo que solucionaría ese aspecto miserable. En este sentido el fútbol puede ser opio, el amor puede ser opio, y todo viene de la frase “la religión es el opio del pueblo“.

Karl Marx (5 de mayo de 1818 - 14 de marzo de 1883) fue un filósofo, economista, sociólogo,​ periodista, intelectual y militante comunista prusiano de origen judío. Marx en 1875.

Karl Marx (5 de mayo de 1818 – 14 de marzo de 1883) fue un filósofo, economista, sociólogo,​ periodista, intelectual y militante comunista prusiano de origen judío. Marx en 1875.

La segunda parte de la frase de Marx nos da la clave. Porque si dice que es el espíritu de un mundo sin espíritu, que la religión es el espíritu de un mundo sin espíritu, está señalando que no sólo existen necesidades materiales. Y eso es interesante saberlo, porque en la interpretación vulgar que se hace del marxismo parece que el marxismo solamente esté aludiendo a necesidades de orden material. Pero no, lo que está diciendo es que una sociedad tiene que tener espíritu porque los humanos tenemos espíritu, y las necesidades no son sólo materiales sino que son también de carácter espiritual.

La gente, todos, no necesitamos solamente comer y dormir, sino que además necesitamos también tener una idea de nosotros mismos de dignidad que nos hace vivir, entusiasmarnos, emocionarnos. Y esa es una parte de nuestra existencia. Cuando una situación es tan miserable que ni siquiera tenemos dignidad, que ni siquiera tenemos entusiasmo por mínimo que sea en la vida que estamos llevando, entonces la religión se convierte en el sustituto. Es el opio del pueblo para una situación en la que no existe el espíritu, no existe la dignidad.

La religión en ese punto, si no es una necesidad viene a cumplir un papel. Pero claro, la crítica de Marx es evidente que a lo que está señalando es a que las situaciones sean de tal manera que la gente luche por la dignidad y al mismo tiempo se entusiasme por luchar por la dignidad y de esa forma aporte espíritu a su situación miserable. Es decir que lo que sería deseable es que la religión no tuviera que venir a suplir esa ansia de espiritualidad, sino que la gente ya tuviera la fuerza y la emoción de luchar en esta vida para cosas que quieren para esta vida, y no que tuvieran que dormirse, adormecerse o drogarse para pensar que en otro mundo las cosas iban a ir mejor.

Es una frase que sigue teniendo vigencia a día de hoy. También en el mundo político mucha gente se ha dado cuenta de que es un elemento fundamental el que en las situaciones no solamente se ponga de manifiesto que la miseria es material sino que la miseria también puede ser de carácter espiritual. Y si eso la política o la vida pública lo pone de manifiesto, la religión no tendrá donde colarse. Si por el contrario estamos en una situación en la que no existe esa especie de asunción pública de que las personas tenemos unas aspiraciones espirituales, entonces habrá quien venga a ofrecernos una alternativa espiritual.

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Epicuro: “el principio y raíz de todo bien es el placer del vientre”

Epicuro fue uno de los grandes filósofos de la antigüedad, de la Grecia clásica. Él decía que “El fin de la vida humana es procurar el placer, evadir el dolor y evitar los excesos”.

Es habitual encontrar el nombre del filósofo Epicuro asociado a restaurantes y a tiendas para gourmets. Pensamos que epicúreo es una persona sibarita, incluso hay un puro habano que lleva su nombre. Pero ¿es eso lo que predicaba Epicuro? ¿Invitaba a disfrutar de los placeres como hacen los buenos sibaritas? ¿Por qué ha habido esta deriva de Epicuro a los restaurantes que se llaman epicúreos?

Todo viene de una frase que dijo el filósofo: “el principio y raíz de todo bien es el placer del vientre. De esta frase es importante señalar que no dice que el  principio y la raíz de todo bien sea el placer del cuerpo, sino que dice que es el vientre. Y el vientre tiene unas características respecto del cuerpo que quizás se entienden menos a primera vista, porque el vientre queda más plebeyo, más bajo, más parte del pueblo. Entonces, que Epicuro diga que el principio de todo bien tiene como modelo el vientre resulta un poco escandaloso. Eso explica también parte del escándalo al que se ha visto sometido siempre este filósofo, que es casi un milagro que haya llegado hasta nosotros alguno de sus escritos porque verdaderamente hubo una intención clara por parte del cristianismo de eliminarlo por cosas como esta que decía o  quizás por cómo se interpretó.

Epicuro (aproximadamente 341 a. C. - 270 a. C.)​ fue un filósofo griego, fundador de la escuela que lleva su nombre (epicureísmo). Busto de Epicuro. Copia romana del siglo II de un original griego de la primera mitad del siglo III a. C. Museo Metropolitano de Arte de Nueva York.

Epicuro (aproximadamente 341 a. C. – 270 a. C.)​ fue un filósofo griego, fundador de la escuela que lleva su nombre (epicureísmo). Busto de Epicuro. Copia romana del siglo II de un original griego de la primera mitad del siglo III a. C. Museo Metropolitano de Arte de Nueva York.

Si decimos que el vientre es el modelo para todo bien o para toda felicidad, hay que entender en qué sentido lo está diciendo. Epicuro cogía el placer del vientre como una especie de ejemplo, de paradigma: cuando tú tienes hambre notas el estómago vacío y entonces sientes dolor, insatisfacción. Cuando comes llenas el estómago y entonces sientes satisfacción, placer. Y el placer y el dolor es esa satisfacción e insatisfacción que recibimos cuando tenemos el estómago lleno o vacío.

Epicuro hace notar dos cosas. La primera que el vientre no engaña, es irrefutable. Si tienes hambre y tienes el vientre vacío lo notas, y si está lleno y estás satisfecho también lo notas, ahí hay una certeza enorme. Y lo segundo es que tu vientre y el mío son diferentes. Tú admites una clase de alimentos, o una cantidad o en un momento determinado, y hay una diferencia entre tu vientre y el mío. Esas dos cosas son las que le sirven a él trasportando el vientre como modelo de todo el resto de las sensaciones de que está compuesta nuestra vida, o de todo el resto de las cosas con las que queremos llenar nuestra vida. Está diciendo del vientre que es el modelo porque es irrefutable y en cada uno de nosotros es diferente.

¿Qué sucede cuando hay gente insaciable?, alguien podría decir “mi vientre es insaciable”. Frente al bien o la felicidad o cualquiera de las cosas, si alguien se muestra insaciable, Epicuro diría que la insaciabilidad es una especie de enfermedad cultural. Eres insaciable pero no porque tu vientre naturalmente lo sea sino porque tú cada vez quieres siempre más. Quieres oír más cosas, sentir más cosas, comer más cosas, beber más cosas, tener más dinero, tener más amigos, hacer más viajes… pero ese es un defecto de enfermedad. En cambio el vientre nos daría un modelo de moderación porque sería inequívoco, la moderación la tendríamos en nosotros mismos. Tendríamos una especie de control natural que además estaría puesto en cada uno de nosotros, nunca en una prohibición externa. Por eso el epicureísmo estaba muy reñido con el cristianismo, porque estaba opuesto a que cualquiera diera instrucciones desde el punto de vista moral tipo no hagas esto o haz lo otro.

Y ese modelo del vientre es un modelo para todo tipo de placer. De manera que Epicuro pensaba que no es que hay que poner límites a los placeres sino que el placer en sí mismo ya es un límite. ¿Por qué? Porque si tú comes mal, o comes demasiado o demasiado poco, tu no recibes placer. El placer es la satisfacción, y esa satisfacción no puede convertirse en otra cosa (en una vomitona). Lo mismo cuando bebes. Por lo tanto el estómago, el vientre, tiene su propio límite. Y ese límite es el límite del placer.

Hay que tener en cuenta que Epicuro era una persona enferma del estómago, lo que quiere decir que poca cosa o cosa muy medida podía comer. Y de hecho lo que predicaba era moderación, frugalidad. Que las cosas se seleccionaran, que no se comiera cualquier cosa. Y como eso es un modelo para toda la vida no sirve solamente para comer.

Por ejemplo, ¿qué era el Jardín de Epicuro? Era una especie de comuna (de casa con jardín) donde él había seleccionado con quien vivir. No se puede estar viviendo con todo el mundo. Los amigos son pocos, esos pocos que tenemos son aquellos con los que quiero vivir. Por tanto yo selecciono lo que como, selecciono con quien hablo, selecciono de lo que hablo… hago siempre esa especie de selección frugal de lo que a mí puede llenarme.

Realmente ser epicúreo es de lo más complicado, porque en general las personas preferimos que las cosas estén prohibidas o permitidas antes que moderadas por uno mismo. Si te dicen no fumes o fuma, o no bebas o bebe, eso es aceptable porque es una orden y obedecemos. Ahora bien, si te dicen por ejemplo “tú tienes que conocer tu estómago, por tanto tú puedes saber cuántas cervezas puedes beber sin que eso se convierta en un displacer, en un sufrimiento” o “tu puedes saber cuánta comida puedes ingerir sin que eso se convierta en su contrario”, modérate… porque además cada estómago es una medida, no puede comer ni beber lo mismo una persona que mida 1,65 y pese 70 kg que una que mida 2 metros y pese 100 kg. Modérate según tu medida, tú tienes que ser tu medida. Y eso es mucho más complicado, las personas preferimos un blanco o negro.

El criterio de la moderación es más inteligente pero más difícil de seguir, porque no te está diciendo no comas estos alimentos o no bebas esto, sino que te está diciendo “come según tu estómago”, “busca el placer según tu estómago, no te pases.

La frase de Epicuro “El principio y raíz de todo bien es el placer del vientre” que ha llegado a nuestros días asociada a restaurantes y comidas sibaritas es la lectura sesgada que ha introducido el cristianismo: “los epicúreos son excesivos”, cuando, pobre Epicuro, era un enfermo de estómago y él no podía ser excesivo. El tenía muy claro que su cuerpo era la medida, que su cuerpo era el control y el equilibrio y que ese equilibrio era armonioso con la naturaleza y era armonioso con los demás. Y que si todos mantuviéramos ese equilibrio no seriamos depredadores respecto de nada, tendríamos una especie de punto de equilibrio nosotros mismos y con la naturaleza y con los demás respecto a no apropiarnos de las cosas indebidamente y a disfrutar de ellas con moderación. Pero la moderación a veces está mal vista, o si no está mal vista muchos prefieren obedecer una prohibición o una indicación que no que les pongas en sus manos la posibilidad de gobernarse a sí mismos.

Una comida epicúrea (pensando en Grecia en el siglo IV a. C.) podría ser unos higos, un poco de uva, un vaso de buen vino y un trozo de queso, con unos amigos, en una discusión interesante, bajo una parra y mirando el mar de Grecia delante. Eso es un festín, un lujo. Eso es el refinamiento en el placer y no a lo mejor otro tipo de cosas.

Frases filosóficas cortas para pensar

Friedrich Nietzsche: “¿Esto es la vida? Pues, venga, ¡otra vez!”

“El hombre da sentido a la vida creando valores. La vida cambia, el individuo permanece”. A Friedrich Nietzsche le gustaba mucho reflexionar sobre la vida, es el filósofo vitalista por antonomasia. Nietzsche fue capaz de amar la vida en sus abismos, en los aspectos más duros y más fuertes, y eso es lo que lo hace muy singular.

Qué quería decir Friedrich Nietzsche con la frase “¿Esto es la vida? Pues, venga, ¡otra vez!”.  En principio la frase puede parecer una chulería: “¿Es esto la vida?”, “¿Es esta porquería la vida?”, “Esto que me ha tocado ¿esto es la vida?”. Y cuando dice “otra vez” es como si dijera “toma, dos tazas”.

Lo que hay que entender, para ver el sentido exacto de la frase, es que para Nietzsche la vida es algo muy muy fuerte, es una potencia enorme. Es como un licor fuerte, no como agua del grifo. La vida no es un estanque de nenúfares, es una tormenta. Esa tormenta, esa fuerza, eso es la vida para él.

Y hay muchos momentos en los que no somos bastante fuertes o no somos tan fuertes como la vida, y entonces sucumbimos. Son los momentos en los que cualquiera puede decir “¡Caramba, es que cuando a mí me salen mal las cosas!”, “Es que cuando yo sufro un abandono…”, “Es que cuando de repente todo se me tuerce… la vida no vale la pena”. Y es entonces cuando tiene sentido ese “otra vez”, viniendo a decir que a veces tendríamos que ser tan valientes o tan fuertes como la vida. Tendríamos que colocarnos en la cresta de la ola si nos imaginamos que la vida es una ola, y esa ola puede arrasarnos y hacernos sucumbir o podemos colocarnos por encima de la ola y surfear.

Friedrich Nietzsche (15 de octubre de 1844 - 25 de agosto de 1900) fue un filósofo, poeta, músico y filólogo alemán, considerado uno de los pensadores contemporáneos más influyentes del siglo XIX. Nietzsche en 1882.

Friedrich Nietzsche (15 de octubre de 1844 – 25 de agosto de 1900) fue un filósofo, poeta, músico y filólogo alemán, considerado uno de los pensadores contemporáneos más influyentes del siglo XIX. Nietzsche en 1882.

Por ejemplo Martin Eden, el protagonista de la novela de  Jack London, es un personaje totalmente nietzschiano. Jack London incluso hace que Martin Eden lea a Nietzsche y lo cite. Tenemos ahí a un personaje al que le pasan muchas cosas, muchas vicisitudes. Y él, cada vez que le ocurre algo, siempre sale a la mar y dice que los vientos alisios del noroeste le insuflan suficiente fuerza como para no mostrarse cobarde ante sí mismo y ante lo que le sucede. Toda la historia es esto, hasta que llega un momento en el que sale al mar y dice “los vientos alisios del noroeste me aburren”. Y en ese momento sucumbe, en ese momento es en el que dice “la vida no vale la pena”. Ese “la vida no vale la pena” es justo en el momento de decaída, en el momento en el que la ola te ha cogido.

Aunque es verdad que parece una frase de chulería, en realidad es un grito. No es un suspiro sino que es un grito, como que te subes encima y dices “¡Otra vez!”.

Friedrich Nietzsche, 1869.

Friedrich Nietzsche, 1869.

Frases filosóficas cortas para pensar

Gilles Deleuze, sus planteamientos y su metodología como profesor 

Gilles Deleuze fue un gran filósofo y también fue un grandísimo profesor. No todos los filósofos han sido grandes profesores, no siempre va unido, pero cuando va unido es absolutamente apoteósico.

Hay una experiencia en su vida que le marcó, él la cuenta y por lo tanto le da una cierta importancia, él dice que sí mismo que cuando tenía catorce años era un alumno mediocre y que era un poco idiota. Y, de repente, tuvo un profesor de literatura que estaba completamente loco. La locura hacía que cogiera a todos los alumnos y se los llevara delante del mar, entonces a voz en grito recitaba poemas de Charles Baudelaire mirando al mar.

Deleuze dice que este profesor le salvó de su idiotez porque lo aspiró hacia arriba. Le comunicó algo que no tiene que ver con la letra de las materias que se estudian sino con algo que es mucho más fuerte. Le comunicó el deseo de aprender, el deseo de saber. De hecho de él, cuando después escribió sus libros, dijo que el deseo se comunica por contagio, y que por tanto tienes que estar ante una persona muy deseante y muy entusiasmante para que eso te capture y estire de ti. Y esto es lo que hizo ese profesor de literatura con Deleuze.

Gilles Deleuze ha sido como un Sócrates moderno. Ha habido otros grandes profesores, Martin Heidegger por lo visto fue un grandísimo profesor para quienes lo escucharon, Immanuel Kant también fue un magnífico profesor. Ahí hay algo más que explicar sencillamente lo que ellos escriben o lo que ellos piensan, hay el capturar y coger a alguien y sacarlo, salvarlo y tirarlo hacia arriba. Todo ello con muchos elementos, no sólo con lo que dicen sino con la forma en que lo dicen y con la actitud que tienen.

Gilles Deleuze (18 de enero de 1925 - 4 de noviembre de 1995) fue un filósofo francés, considerado entre los más importantes e influyentes del siglo XX. Desde 1953 hasta su muerte, escribió numerosas obras filosóficas sobre la historia de la filosofía, la política, la literatura, el cine y la pintura.

Gilles Deleuze (18 de enero de 1925 – 4 de noviembre de 1995) fue un filósofo francés, considerado entre los más importantes e influyentes del siglo XX. Desde 1953 hasta su muerte, escribió numerosas obras filosóficas sobre la historia de la filosofía, la política, la literatura, el cine y la pintura.

¿Qué tenía Gilles Deleuze de especial? ¿Cómo daba sus clases? A veces pensamos que los grandes profesores han tenido plataformas para dar sus clases tan importantes como ellos han sido después para la posteridad, y sin embargo por ejemplo en el caso de Deleuze no es así. Él daba sus clases en prácticamente barracones, en condiciones que no son las de la Sorbona (la histórica universidad de París) como todos podríamos pensar. Estaba en una universidad periférica y los medios físicos eran tremendos, pero el clima que creaba Deleuze era increíble, maravilloso.

A sus clases asistía gente de todas las edades, desde 90 a 15 años. Solamente tenía a 10 matriculados y asistían como doscientas o trescientas personas, todas las que cabían en un aula (de hecho se sacaban las mesas y las sillas para que entrara la gente, y sólo se dejaban las sillas para que los primeros o los más ancianos pudieran sentarse). Y él empezaba a hablar. Y hablaba, hablaba y hablaba… a veces preguntaba a sus oyentes si estaban cansados. Tenía la virtud de plantear las cuestiones filosóficas como si fueran problemas en los cuales tuviéramos que entrar y tuviéramos que resolverlos también.

Un ejemplo hablando de límites. En general los límites acostumbran a parecernos negativos y pensamos que lo contrario a tener una vida con límites es llevar una vida loca. Y sin embargo, Deleuze planteaba la cuestión de si era posible el límite positivo. ¿Es posible que haya límites que no sean negación? ¿Es posible que haya límites que sean afirmación? Él dejaba caer la pregunta y a lo mejor hasta la siguiente semana no la recogía y la resolvía, pero tenía a sus seguidores toda la semana pensando. La gente podía interpelarlo, pero él daba al final una respuesta en este caso a través de la filosofía de Spinoza.

Muchas veces nos preguntamos cómo enseñar, cómo transmitir, cómo enseñar a los alumnos a que sepan aprender por sí mismos… eso es tener un deseo de aprender. Pero, ¿cómo se transmite el deseo? No es algo que puedas repetir, es algo en lo que te tienes que sentir contagiado.

Deleuze decía de su filosofía que era pop (pop es popular). De la misma manera que cuando nosotros oímos música clásica no podemos ponernos a llevar el ritmo con los pies, y sin embargo si asistimos a un concierto de música pop sería absolutamente un fracaso que estuviéramos quietos, parados y sin pestañear, al contrario, hay que llevar el ritmo y ponerse a bailar. Deleuze decía que su filosofía era pop porque lo que hace es contagiar el deseo de bailar con los conceptos, el deseo de pensar.

Los libros de Deleuze son difíciles, pero él decía que había que entrar en la filosofía por el medio. Eso quiere decir que tú entras y si algo te interesa y conectas con eso, con eso es con lo que te has visto arrastrado y con eso es con lo que tienes que seguir. Si por el contrario no conectas tienes que abandonarlo, tienes que dejarlo.

Con esa idea Gilles Deleuze está proponiendo que cualquiera puede entrar en la filosofía porque no a todo el mundo tiene que gustarle todo, es imposible que a todo el mundo le guste todo.

Frases filosóficas cortas para pensar

Gilles Deleuze: “¡Haced rizoma, no raíz!”

¿Qué quería decir el filósofo francés Gilles Deleuze con la frase “¡Haced rizoma, no raíz!”? Lo primero decir que Deleuze quiere dar un imperativo, y como estamos en filosofía tiene que ser un imperativo moral.

La cuestión es que árbol y rizoma ahí están como metáforas. La primera aproximación a la metáfora te indica que el árbol es vertical y el rizoma es horizontal. Las plantas rizomáticas son por ejemplo la hierba, todas aquellas que crecen en ese sentido horizontal. En cambio el árbol tiene raíces que van de arriba a abajo. Se trata de que entendamos que representa el árbol y que representa el rizoma, agarrándonos a la propia metáfora.

Árbol, además de ser vertical, es algo que está fijo, es inmóvil porque sus propias raíces lo anclan al suelo; es al mismo tiempo algo que tiene principio y final, crece en un sentido; y hay cosas que son fundamentales que están en la base y otras que están en las ramas. De tal manera que el árbol se ha utilizado por ejemplo para hacer árboles genealógicos, el árbol genealógico es el árbol en el que se empieza por el principio y poco a poco se va ampliando. El árbol tiene esa imagen de lo que es seguro, de lo que es fijo, de lo que tiene su orden, de lo que tiene su jerarquía, su trascendencia incluso y su inmovilidad.

En cambio el rizoma, al ser horizontal, es casi todo lo contrario. No tiene principio ni fin. Cualquiera que sea un poco aficionado a la botánica sabe que para trasplantar o para hacer crecer un rizoma basta con coger un trozo por el medio (no hace falta que sea por el final ni por el principio) y transportarlo a otro terreno. Sabemos que el rizoma invade y que conecta cosas, y crece por donde quiere y por donde puede. De hecho lo que se llaman las malas hierbas son rizomáticas, el césped también lo es. Ahí tenemos una imagen de movilidad, no de lo que está fijo, no de lo que es seguro. El rizoma tampoco tiene jerarquía, porque no puedo decir dónde está el principio ni dónde está el final de la hierba.

Si eso lo transportamos al imperativo, es como si Deleuze nos estuviera diciendo “vivid como el rizoma y no viváis como el árbol”. Si tú quieres tener una vida segura (al mismo tiempo dice Deleuze “tu vida será más aburrida”) entonces vive como un árbol: acógete a las cosas que tienen principio y tienen final, al orden jerárquico, a lo que es fundamental… Si tú en cambio te arriesgas a tener una vida más abierta, más de conexiones y no sabiendo muy bien quién eres ni a qué orden genealógico tienes que acogerte, probablemente tendrás una vida con más riesgos pero más divertida.

Tú puedes decidir perfectamente si quieres esta vida o quieres la otra. Si vives como un árbol sintiéndote muy seguro de ti mismo, de quien eres, de dónde vienes y adónde vas. Lo otro es la vida más abierta, en la vida de rizoma no sabes quién eres, no sabes adónde vas, todo se puede conectar, todo puede ser experimentado y ciertamente es más divertido.

Frases filosóficas cortas para pensar

Hannah Arendt: “Nunca he amado a un pueblo o a una colectividad. Sólo amo a mis amigos”

Hannah Arendt, filósofa alemana de origen judío, dijo en una ocasión: “Nunca he amado a un pueblo o a una colectividad. Sólo amo a mis amigos. ¿Cuándo y en qué contexto hizo Hannah Arendt esta afirmación?

Es importante saber cuándo, porque responde a una experiencia vital de ella el llegar a decir esa frase y se entiende si hacemos referencia a esa experiencia. Ella era judía, y en 1933 fue detenida por ciertas actividades que hacía siempre en solidaridad con los judíos. Cuando ella vio que las leyes raciales empezaban a ponerse en marcha y que ella había sido detenida se fue del país, se fue de Alemania. Como consecuencia se quedó durante muchos años como una persona sin pasaporte, como una persona que no tenía nacionalidad. Estuvo primero muchos años en Francia y después pasó a Estados Unidos. Solamente veinte años después de haber abandonado en 1933 Alemania le dieron la nacionalidad norteamericana.

Ella después volvió a Alemania, pero volvió ya con el pasaporte norteamericano. En una ocasión, en 1963, le hicieron una entrevista en la televisión. El entrevistador tenía mucho interés en que ella dijera algo positivo de Alemania, con lo cual empezó a preguntarle que cómo se encontraba al regresar. Ella dijo entonces que había sentido una gran emoción por encontrar que la gente hablaba en la calle alemán, porque ella se había pasado veinte años sin ese contacto, sin ese impacto que da el oír a otros como hablan la misma lengua tuya, tu lengua materna en la que ella dice hay todo un background (sabemos poesías, sabemos canciones y nos reconocemos en esa lengua). El entrevistador, animado por esa respuesta, le dijo: “¿entonces usted tendrá nostalgia de Alemania?”, a lo que ella respondió la frase “Nunca he amado a un pueblo o a una colectividad. Sólo amo a mis amigos”.

Hannah Arendt (14 de octubre de 1906 - 4 de diciembre de 1975) fue una filósofa y teórica política​ alemana, posteriormente nacionalizada estadounidense, de origen judío y una de las personalidades más influyentes del siglo XX. Fotografía de 1969 de la escritora Hannah Arendt. ASSOCIATED PRESS.

Hannah Arendt (14 de octubre de 1906 – 4 de diciembre de 1975) fue una filósofa y teórica política​ alemana, posteriormente nacionalizada estadounidense, de origen judío y una de las personalidades más influyentes del siglo XX. Fotografía de 1969 de la escritora Hannah Arendt. ASSOCIATED PRESS.

Se puede entender que la frase es el resultado de una experiencia. Pero también es verdad que los pensadores hacen de esa experiencia teoría, y le sirvió para entender ciertas cosas. Le sirvió por ejemplo para entender que la lealtad o el compartir ella lo hacía con los amigos y no con una comunidad o un pueblo.

A Hannah Arendt le gustaba mucho una frase de Cicerón que decía: “prefiero estar equivocado con Platón que tener razón con los pitagóricos, que si queremos se puede hacer una traducción más banal “prefiero estar en el infierno con x (mi amiga o mi amigo) que en el cielo con todos esos, que se supone que tienen más razón que x pero con los que yo no quiero estar”.

Toda su experiencia vital la llevó a desconfiar de las ideologías, a pensar que la gente cuando quiere demostrar una lealtad por las ideas en muchas ocasiones puede equivocarse porque son una cosa demasiado abstracta. Compartir y tener lealtad se hace con las personas que pueden llegar a encarnar esos valores. Tú tienes lealtad a una persona porque te gusta cómo vive, porque te gusta el mundo que representa, porque te gusta el mundo porque está esa persona.

Si tú eliges la identificación con una persona concreta es como si bajaras a un terreno más práctico, no te quedas en el cielo de las ideas y de las ideologías. Una ideología puede tener razón, es como la frase de Cicerón, los pitagóricos pueden tener razón, pero ¿quién quiere tomarse una cerveza con los pitagóricos? ¿Quién quiere estar con ellos? ¿Quién quiere compartir con ellos? En todo caso Cicerón que pronunciaba esta frase no, con quien quiere estar en con Platón que para él es una muestra viva del mundo como él quiere que sea.

Hannah Arendt representa, y además en su vida lo demuestra, una serie de cosas. Cuando te acercas a ella es por su sentido del humor, porque compartes ciertos gustos… Hay tendencia a veces a pensar que los gustos son muy individuales, y no es verdad. Los gustos son intersubjetivos, son no solamente de una persona sino que son de varias personas. Cuando a ti te gustan unas películas, te gustan unos libros, te gusta una manera de estar… eso quiere decir que tú formas un mundo con esas personas, y no con las ideas abstractas.

Entrevista a Hannah Arendt realizada por Günter Gauss y emitida por la televisión de Alemania Occidental el 28 de Octubre de 1964 (subtitulada en castellano):

Frases filosóficas cortas para pensar

Hannah Arendt: “La banalidad del mal”

En ‘Hannah Arendt‘, la película de 2012 dirigida por Margarethe von Trotta sobre la vida de la esta filósofa, se empleaba el concepto “la banalidad del mal”. La impresionante película trata de la actitud de Arendt frente al juicio de un famoso criminal nazi, Otto Adolf Eichmann.

Al  poner estas dos palabras juntas, banalidad y mal, parece que lo que decía Arendt era que el mal es banal. Uno puede pensar que eso es una barbaridad. ¿Cómo se puede decir que el asesinato de seis millones de judíos en las cámaras de gas durante la Segunda Guerra Mundial fue un hecho banal? ¿Cómo y cuándo empleó Hannah Arendt este concepto?

Ocurrió que fue un acontecimiento histórico que a Eichmann lo raptaran los servicios secretos de Argentina, lo llevaran a Jerusalén y le montaran un juicio allí. Para cubrir la noticia la importante e interesante revista The New Yorker quiso mandar, como ha hecho en muchas ocasiones, a alguien de relevancia a seguir el proceso, para de esa forma hacer una narración más bien pensada y bien escrita (enviando en este caso no a un periodista sino a una pensadora). Enviaron a Hannah Arendt a Jerusalén a que hiciera esa crónica, ella fue allí y por tanto estuvo en vivo y en directo y pudo ver las declaraciones de Eichmann. Arendt publicó una serie de crónicas que al final se convirtieron en un libro que tituló ‘Eichmann en Jerusalén‘, y como subtitulo le puso ‘la banalidad del mal.

Sucede que oímos banalidad y mal y vinculamos las dos palabras. Hay muchísima gente que lee las portadas de los libros, a veces leen incluso las contraportadas de los libros, pero no se molestan en leer el libro. Con lo cual inmediatamente la primera asociación que les viene a la mente es que lo que está diciendo Hannah Arendt es que el mal es banal, lo cual es una barbaridad. Escandalizó por supuesto a la comunidad judía norteamericana, a la comunidad judía internacional y a mucha más gente, y persiste esta idea. La pobre Hannah Arendt tuvo que arrastrar hasta la muerte esta polémica y tuvo que defenderse, que a veces la defensa no era nada más que “lea usted el libro por favor, y verá que no estoy diciendo eso”.

¿Qué estaba diciendo Hannah Arendt cuando estaba hablando de la banalidad del mal? ¿Qué carga de profundidad llevaba ese concepto? Hannah Arendt está hablando de quien hace el mal. El que es banal no es el mal, es el sujeto que lo comete. Otto Adolf Eichmann es banal, eso es lo que está diciendo Arendt.

Arendt consideraba a este personaje un fanfarrón, un mequetrefe. Alguien que está en una posición en un momento determinado que quizás no le correspondería, y que entonces se infla como un pavo y se atribuye a sí mismo cosas por soberbia y por fanfarronería y por ser alguien que quiere estar en el centro de la cuestión, cuando en el fondo es un hombrecillo. Esto es lo que estaba diciendo Arendt.

El hecho es que además lo analiza, porque considera que las cosas que dice Eichmann en el juicio delatan esa manera de ser. Por ejemplo ella señala que en ocasiones dice frases banales, vulgares, metidas en un contexto que no toca. En alemán tiene sentido porque lo que hace es emplear dichos.

Un dicho semejante que en castellano podría decir alguien en un juicio en el que le están atribuyendo la muerte de miles de hebreos, que diga por ejemplo “ustedes me han cogido porque más vale pájaro en mano que ciento volando”… y uno piensa que como se le ocurre a ese hombre decir eso. Y sobre todo como se le ocurre cuando luego lo repite, porque tiene esa frase que es como un latiguillo y la suelta una y otra vez. Eichmann está continuamente diciendo ese tipo de cosas. Eso corresponde a alguien que se ha aprendido una frase, la ha oído y la repite.

También en ocasiones su manera de hablar era totalmente contradictoria. Era alguien que decía rimbombantemente “yo estoy absolutamente en contra de todo juramento”. Y al día siguiente podía decir “esto que estoy diciendo lo quiero jurar”. Vamos a ver, ¿en qué quedamos?

Era una persona inconsistente, en realidad lo que era es una persona normal. Y lo que dijo Hannah Arendt, que sí que dolió a la comunidad hebrea, es que no estaban frente a un Macbeth o frente a un Ricardo III, que son dos figuras de William Shakespeare que son malévolas (son malos, pero son héroes malos). Eichmann no era un héroe malo, Eichmann no tenía ninguna grandeza. Eichmann era un hombre normal. Podríamos decir quizás la mediocridad del mal, que no era un buen malo sino que era un malo más malo que en una película mala. Pero más malo a lo mejor que los grandes criminales, ahí está la cuestión.

La importancia de lo que decía Arendt es que descubrió al mismo tiempo por qué había podido ser un criminal como lo fue. Arendt lo que dice es que Eichmann es una persona que no sabe pensar por sí misma, que no tiene conciencia. Y eso es curioso porque volviendo a los ejemplos, cuando vemos a Ricardo III que es un malo absoluto, él un poco antes de la batalla en la que al final va a decir “mi reino por un caballo” tiene una especie de sueño-pesadilla en el que su conciencia le recuerda a todos aquellos a los que ha asesinado, y él se dice a sí mismo “conciencia, ¡cállate!”.

Eichmann no tenía conciencia, no ejercía conciencia, no pensaba por sí mismo. Por eso repite. Las personas que no piensan por sí mismas repiten, las personas que no piensan por sí mismas en  un momento determinado siguen el orden establecido y no cuestionan si el orden establecido puede ser una barbaridad o puede ser un orden asesino. No se lo cuestionan y duermen tranquilas por la noche. Así que los grandes criminales son aquellos hombres normales, banales, que no piensan por sí mismos, que no tienen conciencia y que pueden dormir tranquilamente por la noche pensando que han cumplido con su deber porque están dentro del orden establecido.

Frases filosóficas cortas para pensar

Hannah Arendt: “we are beginners” (“somos iniciadores” o “somos comenzadores”)

¿Qué quería decir Hannah Arendt con la frase “we are beginners”? Con esta afirmación ella se refiere al hecho de que la aparición de cada ser humano en el mundo es una especie de nuevo comienzo, de nuevo comienzo imprevisible. El nacimiento de un niño o de una niña es algo que no sabes muy bien lo que va a ser. Tiene un carácter de novedad, de imprevisibilidad, lo que hace que pensemos que realmente los seres humanos tenemos un principio de libertad en el nacimiento.

En ese sentido somos comenzadores, iniciadores. Empezamos. Y empezamos algo que puede ser nuevo y que no está previsto, que no es una cadena  causal. Ahora bien, si tuviéramos que contestar a la pregunta de si todos los seres humanos que vienen a este mundo son comenzadores o iniciadores tendríamos que contestar que ojalá. Porque realmente no todos entran a formar parte de esa situación en la que pueden comenzar o iniciar algo.

Porque Hannah Arendt piensa que, para serlo, para ser iniciadores, los seres humanos tienen que actuar. Que es la acción lo que introduce una novedad en el mundo, la acción de los seres humanos. Pero actuar no es levantarnos por la mañana y hacer las tareas que hacemos cotidianamente tanto a nivel privado como incluso en el trabajo. Sino que actuar es ocupar un lugar en la esfera pública, y por lo tanto pronunciarnos como nuevos que somos o nuevas que somos en una esfera en la que podemos cambiar las cosas. Ser visibles, pero ser visibles en el nivel de intercambio ciudadano en el que tú puedes proponer o secundar o tomar la palabra y decir lo que piensas. Ahí, en ese momento, tú estás traduciendo a través de la acción tú nacimiento como novedad en novedad verdadera y auténtica.

Por eso el hecho de decir que no todos los humanos adoptan este papel, aunque esto es lo que sería deseable. Es más, es lo que de alguna manera nos hace más humanos. Trabajar o dedicarnos a la esfera privada no son cosas que definen esta posibilidad de no repetir la vida como hacen los animales, de introducir una novedad, de ser comenzadores, iniciadores.

A Hannah Arendt le gustaba mucho la figura de Sócrates. Y Sócrates nos sirve, porque además es una figura conocida, para entender en qué sentido a ella le servía de ejemplo.

Sócrates fue condenado a muerte, pero pudo haberse librado. De hecho sus discípulos organizaron una fuga, que era bastante fácil en las cárceles de entonces que no eran cárceles como las de ahora. Posiblemente esa fuga incluso hubiera facilitado las cosas a los propios jueces que acabaron condenándole, les hubiera venido bien porque quisieron en muchas situaciones no cargar con la responsabilidad de tener que matar a Sócrates porque era algo que, con la autoridad que tenía Sócrates, no les venía bien. Cuando sus discípulos ya le hubieron organizado la fuga, Sócrates dijo que no. Uno de los motivos que adujo es que el sería fuera de Atenas ―hoy diríamos un apátrida― un no ciudadano. Y en tanto no ciudadano no podría tomar la palabra, no podría hacer iniciativas, no podría hacer política en el sentido grande de política… y por lo tanto no podría ejercer su propia humanidad. No podría actuar.

Hannah Arendt lo recoge como ejemplo porque a ella le parece que se ha hablado tanto, y tanto, y tanto de la felicidad en términos privados. Y ella quería hablar en términos públicos, ella dice que existe la felicidad pública. Y la felicidad pública es la felicidad que experimentas al poder con tus congéneres, con tus conciudadanos, organizarte para cambiar las cosas de este mundo. Tienes casi que cerrar la puerta a lo privado para salir al mundo, y en esa salida al mundo tomar la palabra, hacer y secundar proyectos, entrar en la vida de la gran política. Algo que por ejemplo las mujeres no hemos hecho durante siglos, y por ello un aspecto de nuestra felicidad está justamente en poder sentir que este mundo también es nuestro y que también podemos hacer cosas.

Sócrates no quiso ser apátrida, una circunstancia que sí que vivió Hannah Arendt durante 14 años. Ella era alemana y tuvo que salir de Alemania antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial, y se quedó en la condición de apátrida durante 14 años hasta que consiguió la nacionalidad norteamericana en Estados Unidos. Ella en ese tiempo, en 1943, escribió ya sobre los refugiados, una situación que ella definía como ilegales.

Actualmente, lamentablemente, mucha gente está viviendo esa misma situación. No nos damos cuenta de lo que significa no tener un pasaporte que te vincule a un país y no poder ejercer esa libertad de ciudadano, no poder experimentar ese nivel de felicidad. Por eso a menudo los refugiados se amparan y forman comunidades entre ellos, porque de alguna manera tienen que sentir una especie de calor solidario entre ellos ya que no pueden enfrentarse a la vida abierta, a la vida pública, a la vida libre. En este sentido la frase “somos iniciadores”… pero debemos serlo.

Frases filosóficas cortas para pensar

Henri Bergson: “La risa tiene un significado social”

¿Qué quería decir el filósofo francés con la frase “La risa tiene un significado social”? Henri Bergson ahí, cuando habla de significado social, quiere decir que la risa tiene una utilidad social. Henri Bergson, que es de los pocos que ha reflexionado sobre la risa porque no ha habido tantos filósofos que hayan escrito sobre la risa, lo que le atribuye a la risa es una especie de significado social porque tiene una utilidad social. Y la utilidad que tiene es de castigo: la risa sirve para castigar.

Henri-Louis Bergson o Henri Bergson (París, 18 de octubre de 1859 – París, 4 de enero de 1941) fue un filósofo francés, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1927.

Henri-Louis Bergson o Henri Bergson (París, 18 de octubre de 1859 – París, 4 de enero de 1941) fue un filósofo francés, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1927.

Para entender esto hay que entender algo de la teoría de Bergson. Él escribió un libro conocido que se titula ‘La evolución creadora‘, en el que hablaba de la evolución de la vida. Y decía que la vida partía desde los elementos más puramente materiales hasta especializarse y hasta lograr una cierta espiritualización de la materia, y que ese era el decurso de la evolución. De manera que los animales más primitivos, más simples, son los que están más cerca de la materia pura y dura, de la materia como es la materia no viva. Y a medida que vamos llegando hasta la humanidad llegamos a los aspectos más espirituales y por tanto más libres, menos mecánicos o menos materiales de la vida.

'La evolución creadora' de Henri Bergson

'La evolución creadora' de Henri Bergson

Como él piensa que esa evolución es continua, es progresiva, piensa al mismo tiempo que hay que intentar que los humanos sean lo más libres posible. Por tanto lo más espirituales posible y lo menos mecánicos posible. Para eso cree que justamente la sociedad ha inventado la risa. La sociedad ha inventado la risa para contrarrestar el efecto material que tienen nuestras vidas y el ser en algunas ocasiones muy mecánicos, y por tanto castiga la mecanización de la vida, la repetición, los momentos en los que nos comportamos como un objeto. La risa como avergüenza, como ridiculiza, es por ese motivo también un castigo.

No estamos hablando de la risa vinculada a los chistes lingüísticos sino de la risa vinculada a las acciones. ¿Qué actos son los que nos hacen reír? Desde los más sencillos que aparecen en los dibujos animados, el típico Correcaminos que corre, corre y corre y de repente no se da cuenta de que ya no hay suelo y sigue corriendo por el aire y se cae. Esas caídas, que no son nada más que la puesta en escena de que ese cuerpo es material como una piedra y que al mismo tiempo ha seguido repetitivamente un camino y no se ha dado cuenta de que había un abismo, eso es risible.

Como es risible el distraído. La figura del filósofo o el astrónomo que, mirando las estrellas, se cae en un pozo o choca contra un árbol.

También son risibles las repeticiones, por ejemplo cuando el cuerpo repite tics o tiene latiguillos. Por ejemplo los profesores saben que eso es algo objeto de risa por parte de los alumnos. Es como si te castigaran en el momento en que tú no eres lo suficientemente libre como para no repetir tus gestos.

Y tanto es así que la materialidad del cuerpo tiene que escapar a los momentos más dramáticos de la vida, porque si los introducimos inmediatamente aparece un efecto risible. Por ejemplo los héroes, en las películas, nunca tienen necesidades materiales. Los héroes nunca se están haciendo pipi en el momento en que a lo mejor tienen que hacer una cosa fundamental. ¿Por qué? Pues porque si el guionista introdujera ese elemento automáticamente haría reír, porque entonces pondría de manifiesto que en vez de ser puro espíritu libre que se lanza a la vida y que va a hacer algo insólito pues resulta que es un cuerpo que tiene las mismas necesidades que los demás. O no comen, los héroes tampoco comen.

O incluso, dice Bergson, en una discusión tú tienes que estar de pie. Si te sientas rompes el clima dramático. Porque entonces te has sentado, tu cuerpo te ha pedido que te sentaras y entonces has puesto de manifiesto el cuerpo.

Pero claro, la risa tiene un componente cruel en este sentido. Y no solamente cruel sino que siempre es de un grupo de personas riéndose de otro grupo. Esa característica social también hace que la risa sea de tribu. Por ejemplo los hombres nos hacéis reír a las mujeres, en el sentido que nos hacéis reír por aquellos aspectos repetitivos, mecánicos, en los que ya se sabe lo que va a pasar y lo que vais a decir y lo que vais a hacer… o sea previsibles, materiales, si fuerais más espirituales y menos repetitivos… A la inversa ocurre lo mismo, las mujeres hacemos reír justamente en esos aspectos más mecánicos.

Todo lo que entra dentro de lo mecánico nos hace reír, teniendo en cuenta que a lo mejor tú no te reirás de las cosas que yo me rio porque yo pertenezco a la tribu de las mujeres y tú no. Cuanto más lejos estés o menos simpatía tengas por el otro más te puedes reír, hay algo de insensibilidad.

Esa insensibilidad ocurre por ejemplo si tú estás escuchando la música con unos auriculares y te pones a cantar, y el otro se ríe. ¿Por qué se ríe? Pues se ríe porque no oye la música, está privado de la audición. Lo mismo ocurre si ves a una pareja bailar pero tú no escuchas la música. En el momento en que tú simpáticamente te has acercado a esos sentimientos ya no te ríes. No te ríes por ejemplo en un entierro, pero sí para ti un entierro puede tener un efecto risible si tú estás tan fuera de lo que está sucediendo que, cuando sucede algo de carácter mecánico, automáticamente te desencadena la risa.

Bergson en 1878.

Bergson en 1878.

Frases filosóficas cortas para pensar

Immanuel Kant. El imperativo categórico

¿Qué es el imperativo categórico? Cuando educamos a nuestros hijos, a veces, les repetimos ciertas órdenes, ciertos imperativos, y lo decimos bastante categóricamente. Les decimos por ejemplo “¡Lávate los dientes!” o “¡Haz los deberes!”, o también cómo comportarse con frases como “¡Piensa antes de hacer las cosas!” o “¡No te fíes de todo lo que oyes!” o “¡Ayuda a tus compañeros!”. ¿Es eso el imperativo categórico?

Partiendo de estas frases puestas de ejemplo, imaginémonos a una niña o a un niño tipo Mafalda. Lo que ocurre, y lo que le habrá pasado a muchos padres, es que damos muchos imperativos: “¡Lávate los dientes!”, o “¡Tómate la sopa!” como le decían sus padres a Mafalda. Imaginémonos que tenemos delante a un niño respondón o una niña respondona y nos dice “¿Por qué tengo que tomarme la sopa?” o “¿Por qué tengo que lavarme los dientes?”, o incluso “¿Por qué tengo que ayudar a mis compañeros?”.

Inmediatamente se desencadena en los padres la necesidad de contestar a eso, y entonces contestan. “Lávate los dientes porque si no se te caerán” o “Ayuda a tus compañeros porque si no no tendrás amigos”. E imaginémonos entonces que el niño respondón dice: “¡A mí no me importa que se me caigan los dientes!” o “¡A mí no me importa tener o no tener amigos!”. En ese momento se ha acabado la posibilidad de dar ningún imperativo.

Esto mismo, pero no hablando de dientes sino de imperativos morales, de comportamiento, es lo que descubrió Kant a propósito de los imperativos morales de los que la filosofía habla y de los que la religión habla. Y es que a pesar de que se emiten o se dicen categóricamente son condicionados, hipotéticos. Es como si dijéramos: “Lávate los dientes si quieres tener los dientes bien y no ir al dentista”. En el momento en que coges la hipótesis y dices que no te importa la hipótesis, la primera parte del imperativo se ha caído.

El imperativo categórico es otra cosa. Tiene que ser uno que no permita hacer ese juego y que no permita decir “yo no quiero esto” sino que de verdad sea categórico, sin hipótesis. Lo que en realidad dijo Kant es que todos nosotros tenemos en nuestra cabeza la posibilidad de desarrollar ese imperativo. De alguna manera no habría que enseñárnoslo, habría que indicarnos el camino para que lo encontráramos. Él piensa que todos los humanos tienen un principio moral dentro de ellos, de serie.

Kant decía algo muy bonito, decía que las dos cosas que más admiración le causaban eran el cielo estrellado encima de nosotros y la ley moral dentro de nosotros. Él presuponía que efectivamente, de serie, todos tenemos esa ley. Y ese es el imperativo categórico, que tiene una formulación abstracta y que es la siguiente: actúa de tal manera que desees al mismo tiempo convertirte en legislador universal, es decir, que lo que tú haces fuera ley para todos.

Actúa de tal manera que desearas que lo que tú haces sea ley para todos. Ese principio, que no lo sabríamos formular sin más, es sin embargo el que hace que tengamos por ejemplo un cierto remordimiento de conciencia, un cierto volver sobre las acciones que hacemos y saber que a lo mejor no son todo lo justas que tenían que ser o todo lo buenas que tenían que ser.

Y es lo que permite además hacer reflexionar a alguien. Porque si nosotros hacemos una formulación hipotética y le decimos a alguien “no robes porque no entrarás en el reino de los cielos” estamos otra vez en el hipotético. “Yo no quiero entrar en el reino de los cielos, yo quiero ir donde van esos malos que me caen muy bien”, ahí se ha acabado, ya no puedo enseñar moralmente. No sirve de ley.

Sin embargo si tú no dices “no robes”, sino que dices “en esta ocasión que tú le has quitado ese dinero a esa persona ¿crees que todo el mundo debería actuar de esa manera? ¿Crees que eso es ley universal?”. Ahí, a poca conciencia que alguien tenga, reflexiona sobre lo que hace.

Podemos pensar que es un ideal, pero un ideal que es posible desarrollar y que es posible desarrollar en la mente de todos. Todo el mundo, cuando educa a los niños y a los jóvenes, pretende justamente que tengan un comportamiento moral. Lo que ocurre es que no sirve dar instrucciones o amenazar, porque las amenazas caen dentro de la hipótesis. La amenaza es actúa de esta manera o te castigo… o te castigo yo, o te castiga el cielo, o te castigan las leyes, o vas a la cárcel o cosas por el estilo. Si de esa manera actuamos, en el momento en el que nos cargamos la segunda parte de la hipótesis ya no funciona. Si yo digo que a mí me gusta ir a la cárcel, ¿por qué no tendría que robar?

El asunto está en que ese ideal se puede desarrollar si lo que yo soy capaz es de ofrecer a los jóvenes la posibilidad de meditar, de reflexionar, de volver sobre sí mismos. Para lo cual hace falta un poco de silencio, un poco de soledad… y quizás de esa manera todos encontraríamos un principio moral dentro de nosotros. Eso es lo que pensaba Kant.

Immanuel Kant (22 de abril de 1724 - 12 de febrero de 1804) fue un filósofo prusiano de la Ilustración. Fue el primero y más importante representante del criticismo y precursor del idealismo alemán. Es considerado como uno de los pensadores más influyentes de la Europa moderna y de la filosofía universal. Además se trata del último pensador de la modernidad, anterior a la filosofía contemporánea que comienza con el pensador Hegel.

Immanuel Kant (22 de abril de 1724 – 12 de febrero de 1804) fue un filósofo prusiano de la Ilustración. Fue el primero y más importante representante del criticismo y precursor del idealismo alemán. Es considerado como uno de los pensadores más influyentes de la Europa moderna y de la filosofía universal. Además se trata del último pensador de la modernidad, anterior a la filosofía contemporánea que comienza con el pensador Hegel.

Frases filosóficas cortas para pensar

Immanuel Kant: “La Ilustración es la salida del hombre de su culpable incapacidad”

Immanuel Kant fue un filósofo alemán de la Ilustración muy influyente a finales del siglo XVIII. Con la frase “La Ilustración es la salida del hombre de su culpable incapacidad” ¿Qué quería decir Immanuel Kant?

Kant era un filósofo ilustrado. Pertenecía a ese movimiento que se llamo Ilustración, un movimiento que defendía la libertad de pensamiento y que fue el predecesor de lo que después se convirtió en la Revolución Francesa.

Esta frase de Kant tiene un contenido crítico muy alto, es una frase algo complicada pero es de esas frases que valdría la pena aprender de memoria porque son un tesoro. La frase empieza diciendo “La Ilustración es la salida del hombre…”, y ahí ya hacemos la primera llamada de atención porque en la traducción castellana dice hombre y tiene que decirlo, porque nosotros no tenemos una palabra para englobar hombres y mujeres, pero en alemán igual que en griego esa palabra sí que existe. En realidad lo que Kant está diciendo es “…es la salida de la humanidad de su culpable incapacidad”.

¿Cuál es la incapacidad de la que es culpable la humanidad? La incapacidad a la que se refiere es la incapacidad de pensar por sí mismos. Lo que estaba señalando críticamente Kant es que a finales del siglo XVIII, principios del XIX, los humanos se dejaban guiar por autoridades externas a sí mismos y por tanto organizaban sus vidas obedeciendo a esas autoridades. Que podían ser autoridades eclesiásticas, librescas o que podían ser incluso médicas, científicas… En realidad lo que hacían los hombres y las mujeres era seguir esas autoridades.

¿Por qué se obedece lo que alguien dice porque se le reconoce autoridad en vez de pensar por uno mismo? Dice Kant que por incapacidad, porque al fin y al cabo los humanos tenemos la capacidad de pensar por nosotros mismos y por eso somos culpables. Somos culpables de no pensar por nosotros mismos.

Kant era muy analizador, muy analista, y comienza a explicar esta culpabilidad. La culpabilidad según Kant se debe a que por cobardía o por pereza preferimos dejarnos guiar por una autoridad exterior a nosotros mismos, por comodidad. Llega a decir que es muy cómodo ser menor de edad. Es muy cómodo si no tengo responsabilidad alguna porque son otros los que me lo han dicho… me lo ha dicho el médico, o lo ha dicho esta persona que ha escrito un libro para decirlo, o lo ha dicho el Papa, o lo ha dicho un obispo… entonces yo lo asumo y es muy cómodo.

Pero también por cobardía. La cobardía está en función de la amenaza o del miedo que podían esas autoridades meter en la mente de las personas si se atrevían a pensar por sí mismas. “Te estrellarás, caerás, no sabrás que pensar, te equivocarás… es mejor que sigas a las autoridades“. Por lo tanto el miedo y la cobardía abundaban en esa incapacidad.

Lo que Kant nos dice es que nos atrevamos a pensar por nosotros mismos. Y lo dice con respecto a la humanidad porque él sí que establecía una diferencia entre las posibilidades que podían tener los hombres, los varones, y las mujeres de llegar a esa Ilustración. En el caso de los hombres varones decía que lo tenían difícil por culpa de la cobardía y de la pereza, pero en el caso de las mujeres decía que todas ellas lo tenían casi imposible. Condenaban casi a las mujeres a no ser ilustradas.

En realidad esta frase es absolutamente actual. Se escribió a finales del siglo XVIII o principios del XIX, pero si nosotros tuviéramos que preguntarnos ahora si la humanidad es crítica y si la humanidad es capaz de pensar por sí misma la respuesta sería que bastante poco.

Por tanto ¿somos ilustrados? No, estamos en proceso, podemos estar en camino de serlo. De ahí que sea una frase que conviene recordar, memorizar, llevarse consigo… para acordarnos de que somos capaces y de que no tenemos que tener miedo. Porque como dice Kant, sí, es posible que nos equivoquemos. Es como la minoría de edad, un niño que empieza a andar es posible que si le quitas el taca-taca se caiga, pero se caerá dos o tres veces y luego aprenderá a andar. De la misma manera atrévete a pensar, adelante.

Frases filosóficas cortas para pensar

John Langshaw Austin: “Decir algo es hacer algo”

J.L. Austin fue un filósofo británico, una de las figuras más relevantes en lo que se ha dado en llamar filosofía del lenguaje. A él se debe el concepto de acto de habla.

¿Qué quería decir con la frase “Decir algo es hacer algo“? Se trata de una frase sencilla y fácil de recordar que además en principio parece que no dice nada, y sin embargo ha sido el inicio de una gran revolución en la filosofía, sobre todo en la filosofía del lenguaje, porque le ha dado la vuelta a tantas cosas que pensamos espontáneamente del lenguaje y que incluso las seguimos pensando. Ha sido una revolución que todavía no ha conseguido cambiar parte de las cosas que pensamos.

Si nos ponemos a reflexionar en qué hacemos cuando hablamos, inmediatamente pensamos en las funciones comunicativas del lenguaje: cuando hablamos preguntamos, contestamos, decimos, informamos… Lo que hizo Austin fue hacernos reflexionar acerca de que había otras cosas que no entraban dentro de esas funciones.

Si yo por ejemplo le digo a alguien “eres un gordo”, no estoy informando, no estoy diciendo. Estoy insultando. Sabemos que ese comportamiento, en un determinado contexto, se convierte en un insulto. De la misma manera si yo pido disculpas o si solicito ayuda lo que estoy haciendo son acciones, no estoy comunicando.

Austin también decía que hay otras acciones que son mucho más solemnes, porque depende también de que el sujeto que las lleva a cabo está revestido de una cierta autoridad para realizar esos actos. Por ejemplo cuando un juez sentencia “ha sido usted declarado culpable”, eso no es tampoco algo comunicativo. Esa sentencia es algo que cambia la realidad, no es lo mismo antes de que el juez pronuncie esa frase que después de haberla dicho. O por ejemplo cuando se produce un casamiento se dice la frase “sí, quiero”.  Ese “sí quiero”, a partir de ese momento, cambia la realidad.

A eso es a lo que Austin denominó con una palabra que después hemos incorporado nosotros al lenguaje: el anglicismo performatividad. Él dijo que el lenguaje era performativo, que el lenguaje realizaba (porque perform, el verbo en inglés, significa realizar, hacer acto de algo).

O sea que la frase “Decir algo es hacer algo” quiere decir que el lenguaje es performativo. Y, al final, los filósofos del lenguaje que han reflexionado sobre esto han acabado pensando que gran parte de las cosas que hacemos cuando decimos entran dentro de esta categoría performativa, que muy pocas cosas son comunicativas. O sea que es al revés de lo que decimos.

Por ejemplo, si yo digo “hace sol” aparentemente estoy informando. Pero, ¿porqué digo “hace sol” si es obvio que hace sol?… En una conversación entre marido y mujer ese “hace sol” puede querer decir otras cosas (“Hace sol, salgamos”), más allá del significado propio de las palabras. Y al decirlo estás actuando de determinada manera, estás haciendo una cosa que entra dentro de la performatividad. No es lo mismo decir “hace sol” que decir “no hace sol”, porque, a lo mejor, con eso entras en una discusión en la que la otra persona entiende que tú le estás diciendo que no tenía razón al no organizar la excursión o que sí que había que hacerla.

Al final raramente comunicamos y estamos siempre actuando, lo que hace que el lenguaje haya acabado siendo una de las cosas que más interesa a quienes se ocupan de los comportamientos humanos que son los psicólogos y los políticos. La obra más conocida de John Langshaw Austin es precisamente ‘Cómo hacer cosas con palabras’.

Libro de John Langshaw Austin,

El lenguaje es parte del comportamiento humano. Cuando un niño aprende a hablar no aprende a comunicar. A veces los padres piensan “tengo ganas de que mi niño hable porque así dirá lo que piensa o lo que siente”, y eso es falso. El niño aprende a comer y aprende a actuar lingüísticamente, aprende lo que después se ha llamado un juego del lenguaje. Y, aprendiendo eso, a lo mejor no aprende a decir lo que piensa, sino que justamente aprende lo que hay que decir en tal situación para obtener tal o cual cosa.

John Langshaw Austin, filósofo británico (Lancaster, Reino Unido, 28 de marzo de 1911 - Oxford, 8 de febrero de 1960)

John Langshaw Austin, filósofo británico (Lancaster, Reino Unido, 28 de marzo de 1911 – Oxford, 8 de febrero de 1960)

Frases filosóficas cortas para pensar

John Dewey: “La educación no es una preparación para la vida, sino que es vida” 

La educación es muy importante para el progreso de la sociedad, de su buen funcionamiento depende también el buen funcionamiento de la sociedad.

A John Dewey se le considera uno de los padres de la pedagogía moderna. Por lo que más se le conoce es por sus escritos sobre educación, aunque también escribió influyentes tratados sobre arte, lógica, ética y democracia, en donde su postura se basaba en que solo se podría alcanzar la plena democracia a través de la educación y la sociedad civil.

Este filósofo y pedagogo norteamericano definió el papel de los maestros y su influencia en los alumnos. Ha sido el primer innovador en el campo de la pedagogía y eso lo hace tremendamente actual, aunque pertenezca a los siglos XIX y XX, las cosas que escribió son absolutamente válidas a día de hoy.

Con la frase “La educación no es una preparación para la vida, sino que es vida“, ¿qué es lo que John Dewey quería decir?

En principio la frase puede parecernos sorprendente. “Preparar” es lo que todos nosotros creemos que tiene que hacer la educación, lo que tienen que hacer las escuelas. Y sin embargo él empieza diciendo que no, que la educación no es una preparación para la vida.

Posiblemente a día de hoy esta frase se puede entender más que cuando él la escribió, porque hay muchos pedagogos, profesores y maestros, que ya saben que es muy difícil saber qué cosas tendrían que saber en concreto los alumnos para la vida que les está reservada más adelante, para la vida que les reserva el futuro. Y, por tanto, ya empiezan a pensar que puede ser que tenga razón, que la educación no puede ser una preparación para la vida.

Esa frase se tiene que completar con “es vida”: “La educación no es una preparación para la vida, sino que es vida“. Dewey pensaba que se educa para formar ciudadanos en una democracia, que ese era el objetivo, y que por lo tanto las escuelas tenían que crear una vida, hacer partícipes de esa vida a los niños y a los adolescentes. De manera que vivieran una vida que probablemente fuera un poquito diferente, o bastante diferente depende de las clases sociales y de la situación, de la vida a la que estaban sometidos esos niños o esos adolescentes. Que la vida de las escuelas tendría que mejorar la vida de fuera, mejorarla y estructurarla.

Decía John Dewey que la escuela tenía que ser un laboratorio. Pero, ¿un laboratorio de qué? Por ejemplo en la sociedad hay conflictos y en la escuela hay conflictos también, es algo evidente que saben todos los profesores. La resolución de los conflictos en la escuela tiene que ser ejemplar, tiene que ser ejemplarmente democrática. No puede ser que se resuelvan los conflictos dentro de la escuela como fuera.

O por ejemplo en la vida hay reglas. Pero la asunción de las reglas en la escuela tiene que ser una asunción democrática, los alumnos tienen que participar de esas reglas.

O por ejemplo en la vida hay potencialidades diferentes, hay formas diferentes de desarrollar la personalidad. La escuela tiene que dar ámbito a todo el desarrollo de todas las potencialidades, de manera que no deje a nadie atrás.

Eso hace que la escuela sea una vida en laboratorio democrática, de ciudadanos, quizá probablemente como el mundo que querríamos que fuera. Y si los jóvenes y los niños viven esa vida, de esa manera están formándose mucho más. Se le da un papel importantísimo a los maestros, un papel clave, quizá uno de los papeles más importantes en una sociedad democrática. Eso es lo que todavía hoy deberían entender los gobiernos y estados, que los maestros y los profesores son la piedra básica, el pilar sobre el que se apoya toda la democracia de un país.

La mayoría de los innovadores pedagógicos se han inspirado en las teorías de Dewey, el modelo de Finlandia sería el ejemplo de una educación que tiende a eso que había propuesto el filósofo norteamericano: a que se discutan las reglas, a que se resuelvan los conflictos racionalmente y a que no se deje a nadie atrás. Es sorprendente si se pregunta en Finlandia por el índice de fracaso escolar, es algo que hemos visto en tantos reportajes… “¿De qué me habla, qué fracaso?” Eso dice mucho a favor del modelo de educación que siguen allí.

John Dewey comentaba que para un niño lo importante no es aprender a leer, sino aprender o saber que leer es importante. Por lo tanto tampoco se dan plazos estrictos ni se establece que tiene que ser en un tiempo y no en otro, sino que realmente si las potencialidades son diversas y todos somos diferentes… tenemos que dar tiempo al tiempo, no todo el mundo se desarrolla de la misma manera ni en el mismo periodo de tiempo.

Dicho esto, todos estos currículums cerrados donde hay que enseñar a los niños a leer a los seis años, y hay que enseñar matemáticas a esta edad… todo eso desaparece. Dewey puso a prueba su experiencia en una escuela norteamericana a la que además llamó escuela laboratorio. ¿Era distinto el resultado de los alumnos que iban a esa escuela de los que acudían a otra? Lo cierto es que no se llegó a comprobar porque fue durante un periodo de tiempo muy escaso. Pero el modelo de Finlandia sí que es un modelo para estudiar, porque ahí sí que tenemos un éxito probado donde no hay deberes, donde no hay una exigencia curricular, donde no se presiona a los niños para que empiecen a los seis años a leer y donde todo el mundo tiene cabida y todo el mundo participa de la vida de la escuela, o sea que la escuela no es una preparación para la vida sino que es vida democrática.

John Dewey (Burlington, Vermont, 20 de octubre de 1859 - 1 de junio de 1952). En la imagen John Dewey en 1902.

John Dewey (Burlington, Vermont, 20 de octubre de 1859 – 1 de junio de 1952). En la imagen John Dewey en 1902.

Frases filosóficas cortas para pensar

José Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mi circunstancia”

Esta es una famosa frase del filósofo español José Ortega y Gasset. Cuando alguien nos dice: “Mira, es que yo soy yo y mi circunstancia”, ¿entendemos que nos está queriendo decir que no todo lo que le sucede depende de él?, ¿que él o ella no son del todo responsables porque también han influido las circunstancias? Hay una gran cantidad de frases de la filosofía que han pasado al lenguaje común y que tergiversan totalmente el sentido filosófico, y esta es una de ellas.

Solemos usar la frase “Yo soy yo y mi circunstancia” como una especie de excusa. Pero, ¿Qué es lo que realmente quería decir José Ortega y Gasset? En realidad lo que Ortega estaba diciendo es que el “yo” es solamente un ingrediente de mi vida, y “la circunstancia” es el otro ingrediente de mi vida. Es decir que mi vida se compone de “yo” + “circunstancia”.

La palabra circunstancia quiere decir todo lo que está alrededor de mí. Por tanto “yo soy yo y mi medio”, que es una manera de decir que no puedo separar el medio en el que vivo de mi yo porque todo forma un conjunto, como sucede por ejemplo con los animales. Los animales viven en un medio (el medio físico no podría ser explicado si no lo es con respecto a los animales que viven en él, de la misma forma que los animales tendrían que ser explicados con respecto al medio físico en el que viven. Lo que quiere decir que si cambia uno cambia el otro, es un todo).

Ocurre que en la interpretación de la frase de Ortega y Gasset, que se hace como si fuera una excusa, es donde se falla. Porque lo que nos diferencia a los seres humanos de los seres vivos en general es que nosotros estamos dotados de palabra, de razón, y que tendemos a explicar las cosas. Por tanto, la circunstancia que a mí me toca vivir yo me pregunto ¿cómo?, ¿por qué? Yo intento buscarle un significado a mi vida. Y, al hacerlo, de alguna manera estoy introduciendo en el silencio del medio que me rodea una palabra que de significado a ese medio.

A Ortega y Gasset le gustaba muchísimo una anécdota de Heráclito, un sabio griego de la época clásica. La anécdota cuenta lo siguiente: Heráclito estaba un día en la cocina (hoy día no nos cuesta imaginar que un filósofo esté en la cocina, pero, en aquella época, estar en la cocina era algo absolutamente sin sentido, insólito y absurdo para que estuviera allí un filósofo) y en eso que llegaron unos alumnos (discípulos que le querían preguntar algo). Los estudiantes se sintieron algo azorados, molestos, al ver que su maestro estaba en la cocina y que a lo mejor lo habían pillado en algo en lo que no quería estar. Entonces Heráclito les dijo: “Pasad, aquí también están los dioses”. Con esa frase el filósofo griego quería decir a sus discípulos que ese también era un lugar que podía tener un significado, que ese también podía ser un lugar valioso. Que la cocina es un lugar que puede tener valor.

Esta frase le gustaba a Ortega y Gasset porque era tanto como decir que las circunstancias (lo que rodea mi yo, lo que forma parte de mi vida) es algo que también tiene valor, tiene valor porque yo le voy a dar un sentido, porque yo voy a traducir el silencio a palabras.

Puesto así lo que sucede es que el determinismo que parece que implique la frase es totalmente al contrario, no hay ese determinismo. Ortega también decía: “el determinista en algún momento de su vida se ha elegido determinista”, y tiene razón porque si no todos estaríamos determinados a ser deterministas y no es el caso.

En realidad no hay determinismo en el “Yo soy yo y mi circunstancia” porque ésta, además, es una frase con coletilla: “Yo soy yo y mi circunstancia, si no la salvo a ella no me salvo yo”. Y ese “si no la salvo a ella no me salvo yo” quiere decir que si yo no saco la circunstancia del silencio y de la carencia de sentido, si yo no salvo por tanto a través de las  palabras a la circunstancia, tampoco me salvo yo.

Pongamos un ejemplo, si decimos “la vida de todos está limitada”… Yo nací en un determinado año, en una determinada época, soy mujer… y eso son límites para mi vida. Ahora bien, yo puedo al hecho de ser mujer o al hecho de haber nacido bajo determinadas circunstancias darle un sentido, darle un significado. En el momento en el que yo le doy un significado y lo incorporo a mi vida como parte de un medio entendido por mí, yo salvo la circunstancia y me salvo a mí. Es decir, ya no vivo la vida desde una inconsciencia, desde un silencio, sino que la vivo en la conciencia de que yo puedo explicar porqué las cosas son así, cómo han sido para mí. Y eso puede tener una explicación y por tanto una manera de salvación.

José Ortega y Gasset (Madrid, 9 de mayo de 1883 - Madrid, 18 de octubre de 1955) fue un filósofo y ensayista español, exponente principal de la teoría del perspectivismo y de la razón vital —raciovitalismo— e histórica, situado en el movimiento del novecentismo.

José Ortega y Gasset (Madrid, 9 de mayo de 1883 – Madrid, 18 de octubre de 1955) fue un filósofo y ensayista español, exponente principal de la teoría del perspectivismo y de la razón vital —raciovitalismo— e histórica, situado en el movimiento del novecentismo.

Frases filosóficas cortas para pensar

Marco Aurelio: “Las cosas no tocan la mente”   

El emperador romano Marco Aurelio era un pensador estoico, un filósofo estoico. El estoicismo es una palabra que conocemos porque la utilizamos en el lenguaje habitual. Hace referencia a una escuela filosófica o un modo de pensar que da instrucciones para que la vida no sea tan agresiva, o para poder superar los sufrimientos o defenderse de los sufrimientos.

¿Qué quería decir Marco Aurelio con la frase “Las cosas no tocan la mente”? En realidad lo que hicieron Marco Aurelio y  los demás estoicos fue inventar los ejercicios espirituales, que eran ejercicios mentales, antes de que se hablara de ejercicios espirituales en el ámbito de la iglesia cristiana y católica. Algunos de estos ejercicios eran como mantras. Esa frase: “Las cosas no tocan la mente”, es una frase que habría que repetirse continuamente para tenerlo claro cuando algo malo nos sucede.

Marco Aurelio lo razonaba de la siguiente manera: si por ejemplo tú te quemas la mano entonces las cosas sí que tocan el cuerpo (el fuego toca la mano y tú te quemas), pero el fuego no toca la mente. Luego el cuerpo no toca la mente. ¿Qué se obtiene si separamos las dos cosas? Pues que una cosa es el dolor físico, y otra cosa es la interpretación o el discurso o las opiniones que giran en torno a ese dolor físico y lo convierten en un sufrimiento que quizá podríamos superar.

Es algo muy interesante porque tenemos que pensar que, aunque a nadie se le desea que tenga ningún sufrimiento, en algún momento de la vida hay una pérdida o un abandono… Marco Aurelio ponía muchos ejemplos, escribió un libro en el que se trataba de poner ejemplos y de poner estas frases mantra que teníamos que repetir.

Respecto a esto contaba una anécdota interesante. Supongamos que tú vas a un gimnasio. Te dan una patada y casi te rompen la pierna, eso es un dolor físico. Pero, ¿ha habido ofensa? Es decir, ¿tú tienes que leer esa patada como una ofensa? Seguramente no, ha sucedido así porque tú estabas en el gimnasio y el gimnasio es un ámbito donde suceden estas cosas. Ese mismo accidente, esa misma patada, te sucede en otro ámbito y entonces tú automáticamente lo lees como ofensa. ¿Qué sucede ahí? Que tienes dos cosas: tienes el dolor físico y tienes el dolor moral de la ofensa, y casi a veces pesa más ese dolor moral que el dolor físico.

Frases como esta de Marco Aurelio hacen reflexionar sobre una forma que se ha tenido de concebir a los estoicos. Se dice: “los estoicos son impasibles y enseñan la impasibilidad”. Esto es verdad, pero no tenemos que confundir la impasibilidad con la insensibilidad. Si fueran insensibles no tendría mérito ser impasibles. Si yo te doy una patada y a ti no te duele, no tiene ningún mérito que tú te muestres impasible y por lo tanto no reacciones, no te me tires al cuello y cosas por el estilo.

Tu impasibilidad es un triunfo tuyo, es un modo en el que tú te has dicho a ti mismo: “me ha dado una patada, la patada me ha dolido pero mi mente está fuera de la patada, no ha sido alcanzada por la patada. A mi mente no le ha dolido”. De esa manera puedes seguir siendo una persona sensible, a la que las cosas le duelen, pero no reaccionas pasionalmente. Le has quitado la carga pasional que añade mucho sufrimiento al dolor. Esta era su técnica de separación de lo uno y de lo otro. Quizá, a veces, cuando se habla de tomarse la vida con filosofía es tomársela con estoicismo.

Él destacaba que la manera de mirar las cosas en la vida es fundamental. También pensaba que el discurso que tenemos en la cabeza, la interpretación que hacemos, es lo que tendríamos que dominar, que conquistar. Por eso Marco Aurelio piensa que la mente es como una ciudadela: hay que defenderla. Pero hay que defenderla para ponerla un poco separada del dolor. Es por eso que los estoicos parecen insensibles, porque parece que no reaccionan como el resto de la gente.

Una de las teorías de Marco Aurelio como gestor, como emperador romano, era: “lo que interesa a la ciudad acaba interesando a los ciudadanos. Lo que beneficia a la ciudad beneficia a los ciudadanos”. Fue uno de los emperadores romanos más reconocidos y más buen emperador, sobre todo también por el legado que nos dejó con las ‘Meditaciones‘. En el fondo no era un libro escrito para los demás sino que era un libro escrito para sí mismo, una concepción del diario que no tiene nada que ver con los diarios actuales. Él no escribía lo que le había sucedido sino que escribía aquellas reflexiones que él quería tener presentes, de las que quería tener memoria y con las que quería formarse y ejercitarse.

Marco Aurelio escribía en griego, no en latín que era la lengua común, y eso era algo que le distinguía también a nivel intelectual del resto. La lengua griega en el siglo II después de Cristo era una lengua culta, y en las familias de una cierta clase social patricia era como una señal de distinción (como lo era por ejemplo que los rusos hablaran francés en el siglo XIX, lo hacían las familias con posibles). Marco Aurelio hablaba griego en familia, en la intimidad.

Busto de Marco Aurelio. Gliptoteca de Múnich. Marco Aurelio Antonino Augusto,​ apodado el Sabio o el Filósofo​ (Roma, 26 de abril de 1214 ​- Vindobona o Sirmio, 17 de marzo de 180), fue emperador del Imperio romano desde el año 161 hasta el año de su muerte. Su gran obra, 'Meditaciones', escrita en griego helenístico durante las campañas de la década de 170, todavía está considerada como un monumento al gobierno perfecto. Se la suele describir como «una obra escrita de manera exquisita y con infinita ternura».

Busto de Marco Aurelio. Gliptoteca de Múnich. Marco Aurelio Antonino Augusto,​ apodado el Sabio o el Filósofo​ (Roma, 26 de abril de 1214 ​- Vindobona o Sirmio, 17 de marzo de 180), fue emperador del Imperio romano desde el año 161 hasta el año de su muerte. Su gran obra, ‘Meditaciones’, escrita en griego helenístico durante las campañas de la década de 170, todavía está considerada como un monumento al gobierno perfecto. Se la suele describir como «una obra escrita de manera exquisita y con infinita ternura».

 

Fuente: Filosofía para profanos en Para todos la 2 de RTVE

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