Filosofía para niños
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Según el filósofo y educador Matthew Lipman, inspirador del proyecto “Filosofía para niños”, el no ayudar a los niños a pensar sobre las cosas que les preocupen no hace otra cosa que preocuparles más. Los niños y los filósofos comparten la inagotable curiosidad por todo lo que les rodea y el no dar nada por sentado. Niños y filósofos se preguntan constantemente por qué, por qué y por qué. Esta actitud característica de una determinada etapa del desarrollo del niño se convierte en modo de vida del filósofo. Hacer filosofía para niños y adolescentes ¿significa presentarles los contenidos de la filosofía en miniatura? ¿O más bien la filosofía para los niños tiene que ver con la formación en el pensamiento lógico y la reflexión crítica? ¿Qué tipo de filosofía debería entrar en las aulas?

Contenido

¿Qué es la filosofía? ¿Qué es un filosofo?  ¿Qué es filosofar?

La filosofía se ocupa del conocimiento de la realidad y del sentido de la existencia. Se basa en el buen uso del lenguaje y de la mente racional, y por esta razón es una buena forma de enseñar a los niños a pensar correctamente. Los niños son pequeños grandes pensadores porque su afán por conocer y preguntarse por las cosas es connatural a ellos, sólo necesitamos la sorpresa. Somos nosotros, los adultos, quienes vamos perdiendo con el paso del tiempo la capacidad de indagar y cuestionarnos las cosas más allá de lo que es puramente utilitarista y productivo.

La palabra filosofía puede sonar grandilocuente, ya que probablemente la relacionamos con la carrera que se estudia en la facultad de filosofía ―en el fondo significa amor a la sabiduría―, y esto hace que se piense que la filosofía es una cosa difícil propia de gente grande y sabia.

Pero cualquier niño, cualquier persona puede hacer filosofía y no tiene por qué ser difícil. Matthew Lipman fue el iniciador, el teórico y dinamizador del movimiento conocido como “Filosofía para niños”. Su objetivo era promover la capacidad de pensar de los niños, sobre todo desarrollar el pensamiento crítico y potenciar aspectos como el pensamiento reflexivo, libertad, democracia, bien común, intercambio de ideas, respeto, escucha, etc.

La filosofía surge a partir de formularse preguntas. Los niños hacen preguntas desde bien pequeños, a veces nos molestan sus preguntas y no las respondemos ―o las respondemos con evasivas― y ellos aprenden que mejor no preguntar. Lástima, es algo que tendríamos que evitar.

Filosofía para niños

Ilustración de Vincent Sorel para el libro ‘El filósofo-perro frente al sabio Platón’

Preguntas abiertas y preguntas cerradas.

Hay que distinguir entre preguntas abiertas y preguntas cerradas. Las preguntas cerradas tienen una respuesta correcta que suele ser breve, por ejemplo: “¿Cuánto son 2 + 2?” “¿Cuál es la capital de Austria?” “¿Quién descubrió América?” “¿Qué has comido hoy en la escuela?”… son preguntas que todos podemos responder, que tienen una respuesta correcta e incorrecta y son las preguntas que normalmente se hacen en la escuela.

Las preguntas abiertas se tienen que pensar y a veces no tienen una respuesta clara. Por ejemplo: “¿De dónde vienen los niños?” “¿Dónde se acaba el mundo?” “¿Adónde vamos cuando nos morimos?” “¿Por qué estás tan enfadado?” “¿Qué puedo hacer para que te sientas mejor?” “¿Los payasos también se enfadan?”… Las preguntas abiertas inducen a la reflexión y al pensamiento crítico, y eso es algo muy importante. Cada vez se ve más claramente la importancia de formularse preguntas abiertas, que es lo que estudia la filosofía, más que responder preguntas cerradas.

La reflexión conjunta entre padres e hijos a partir de preguntas abiertas, tal vez formuladas por ellos mismos, es una manera de iniciarse en la filosofía, de aprender a pensar y de estimular el pensamiento crítico en los niños y en las niñas.

Filosofía para niños

Ilustración de Laurent Moreau para el libro ‘Un día loco en la vida del profesor Kant’

Matthew Lipman y su proyecto “Filosofía para niños”.

El proyecto “Filosofía para niños”, inspirado por Matthew Lipman, tiene como voluntad enseñar a adultos y a niños a dialogar, razonar, buscar e indagar en el pensamiento. Este proyecto ha sido considerado por el Consejo de Europa como una herramienta para una educación democrática, basada en el diálogo y la resolución no violenta de los problemas.

La filosofía es amor al conocimiento. Hacer filosofía en la escuela con los niños, que no estudiar filosofía, puede ser un elemento que ayude a mantener el espíritu del aprendizaje. El niño se coloca en la actitud ingenua del filósofo, la contraria a la actitud que hay detrás de la frase “eso ya lo sé”.

Filosofía para niños

Matthew Lipman (24 de agosto 1923 – 26 de diciembre 2010) fue un filósofo, lógico e investigador sobre pedagogía estadounidense.

La filosofía para niños puede crear espíritu de investigación desde la constatación de que no sabemos y queremos saber. De hecho según este programa se proponen unas clases de filosofía en las que los protagonistas son los mismos alumnos, no un temario lleno de contenidos que tienen que estudiar. Porque lo que se pretende es desvelarles el gusto por la investigación colectiva.

Se hace filosofía en el aula para intentar que los alumnos, todos y cada uno de ellos, se conviertan en personas más razonables, en ciudadanos y ciudadanas participativos con capacidad de formarse opiniones propias basadas en criterios consistentes. Para que sepan afrontar los retos de la vida de forma creativa.

Filosofía para niños

Ilustración de Donatien Mary para el libro ‘El fantasma de Karl Marx’

¿Por qué es importante para el desarrollo infantil estudiar filosofía?

Primeramente porque los niños tienen la capacidad de pensar, de preguntar, de interrogar, de indagar cuestiones… es algo que está y mucho en el potencial de los pequeños. Y además porque les ayuda enormemente a desarrollar habilidades para su vida adulta y profesional: la capacidad de criticar, de dialogar, de llegar a consensos, de cuestionar eso que damos por hecho. Son habilidades que, si se entrena ya al niño en ese conjunto de facultades, permitirán que tenga una formación más integral y más sólida. Será más fácil que cuando el niño llegue a la edad adulta tenga buenas habilidades para la actividad laboral.

Por tanto, se pueden identificar los beneficios no tanto de enseñar filosofía a niños sino de filosofar con ellos o filosofar a partir de sus preguntas.

Filosofía para niños

Ilustración de Laurent Moreau para el libro ‘Un día loco en la vida del profesor Kant’

Los beneficios de estudiar humanidades.

En una época en la que todo es tecnología, más prioritario que aprender filosofía parece que sea el que los niños sepan manejar un ordenador. Pero es que en el fondo, si uno no tiene criterio a la hora de utilizar un ordenador tampoco le va a servir de mucho.

Es algo en lo que muchos intelectuales están insistiendo: las humanidades son absolutamente necesarias para una sociedad tecnológica y para una sociedad científica. Porque las humanidades son las que aportan criterio, alternativas, pensamiento crítico y pensamiento creativo. Nos dan posibilidades realmente de abarcar habilidades ―todas las habilidades que la historia de la filosofía nos ha regalado― pero también actitudes ―actitudes de descubrimiento, actitudes de admirarse, actitudes de sorprenderse, actitudes de ir más allá―, y todo eso es lo que la tecnología pura y dura puede no dar. Necesitamos ese empujón de las humanidades en general para educar en el asombro.

Filosofía para niños

Ilustración de Donatien Mary para el libro ‘El fantasma de Karl Marx’

La filosofía en la educación, cuestión de metodología.

No deberíamos dejar que la filosofía fuese sólo una disciplina académica más, ni pensar que no ofrece muchas más ventajas respecto de las demás. No deberíamos quedarnos sólo con que la filosofía  forma parte de nuestro legado cultural y que podemos transmitirla como cualquier otra materia. Eso no es lo que la filosofía puede aportar a la educación y a la sociedad, y esa es la clave.

No se trata de hacer una mejor educación como un fin en sí mismo sino de vivir en un mundo mejor. Y eso sólo es posible cuando dejamos la filosofía académica y nos centramos en el método mismo del filosofar.

Lo mismo podríamos decir con las ciencias, porque lo que nos enseñan en la escuela son los resultados acabados que nos dan los libros de texto que no tienen nada que ver con el quehacer de los científicos. La  clave está en ir a los procesos y no a los resultados, la clave está en una metodología cooperativa y en una comunidad de investigación donde se investigan las cosas que nos interesan a todos y donde hay un absoluto rigor en los procedimientos.

Muchas veces en las clases de filosofía, en aulas preuniversitarias y en las de la universidad, se lanzan conceptos pero no se enseña a pensar, a indagar, a cuestionar, a interrogar. Y eso tiene como consecuencia la degradación de esa materia o su marginalización ―”no sirve para nada”, “es obsoleta”, “sólo hay que memorizar”, “vaya royo”, “es inaguantable”―. Sin embargo, cuando se empieza a impartir filosofía a niños y a jóvenes en ellos el interés se despierta porque está ahí la pregunta, se utiliza el método.

Por ejemplo el método socrático, un método paradigmático en filosofía. Sócrates lo que hacía en la plaza ateniense ―en el ágora― era intentar aclarar lo que era la virtud. Pero no lo hacía yendo con un rollo preestablecido diciendo “la virtud es…”, sino preguntando: “¿qué dices tú que es la virtud, o el bien, o la verdad, o qué podemos esperar después de la muerte?”. De esa forma el niño empieza a buscar respuestas.

Filosofía para niños

Ilustración de François Schwoebel para el libro ‘El genio maligno del señor Descartes’

Qué interés muestran los niños en las clases de filosofía.

Cuando a los pequeños se les hace ser protagonistas y no solo sujetos pasivos, se sienten estupendamente en ese papel. Para ellos supone una abertura impresionante despertar esas cuestiones que ya les preocupan pero que nunca suelen estar en el aula. Poder hablar de cuestiones como la muerte, la amistad, el compromiso, la mentira, la verdad… son cuestiones que no aparecen estrictamente en ningún programa pero para ellos son preocupaciones fortísimas: “me ha traicionado un amigo”. ¿Qué pasa? ¿Qué es la traición? Se trata de hablar de esas cosas, de hacer filosofía pero a partir de sus propias experiencias, haciendo que los niños sean realmente los protagonistas de los intereses.

Filosofía para niños

Ilustración de Laurent Moreau para el libro ‘Un día loco en la vida del profesor Kant’

A partir de qué edad se puede dar filosofía a los niños.

Pensamiento y lenguaje son muy parejos, por tanto se puede comenzar a filosofar a partir de que los niños pueden hablar. El tono y el nivel no será el mismo, pero sí la preocupación. Cuando los niños pasan la “etapa del por qué” están interesadísimos en cuestiones tremendas: en la otra vida, en la muerte, en el nacimiento…

El niño no sólo pregunta cómo ha pasado eso sino que quiere saber para qué ha pasado:

― El abuelo se ha muerto.
― ¿Cómo se ha muerto?
― Pues mira, ha tenido una enfermedad de tipo terminal y murió.
― Pero, ¿por qué tenemos que morirnos?

Y ahí ya estamos ante una pregunta filosófica. Espera que lo piense, ¿por qué tenemos que morirnos? Porque de entrada no está tan claro que tengamos que morirnos, sin embargo el niño nos hace una pregunta que nos pone ante las cuerdas. Y tenemos que empezar a dar respuestas ―que no es una― a esta posible pregunta.

No hay por tanto una edad ideal. Más que un momento puntual es una cuestión de crear hábitos y de empezar cuanto antes. Lentamente, despacito, lúdicamente ―se puede uno divertir muchísimo en un aula de filosofía―. Se puede trabajar con historias, con juegos, con cine, con pintura… de hecho lo que se intenta es reflexionar y llegar a interpretar que nos sugiere por ejemplo un cuadro. A un niño le sugerirá pobreza y a otro tristeza, y ahí ya se tiene un trabajo espontáneo y directo. Todas las edades son buenas para filosofar.

Filosofía para niños

¿Qué es la filosofía?

Educación en valores. Qué aporta la filosofía en el aula.

Cuando se habla de la infancia, de la adolescencia y de la juventud se carga mucho siempre en el hecho de que no tienen valores, que no tienen educación, que no saben estar, que no saben realmente el lugar que les corresponde, que son pequeños tiranos.

Pero los valores no son específicos de la clase de filosofía. Sí que es cierto que en esa asignatura se tematizan los valores y se hace una reflexión sobre ellos, pero la educación de los valores es algo transversal. No se puede imputar toda la responsabilidad de transmisión de valores ni a filosofía, ni a religión ni a ciencias naturales.

Es cierto que en el aula, cuando se filosofa, aparecen valores como el respeto ―este señor ha explicado estas ideas―, o la escucha ―que es fundamental―. Y no sólo están presentes los valores sino que están presentes de una forma vivencial. Por ejemplo se habla poco del respeto, porque no hace falta hablar mucho del respeto o de la generosidad o de saber escuchar. Lo que hay que hacer es practicarlo y ponerse en situación.

Proponer a los chavales trabajar haciendo filosofía permite que esos valores estén encima de la mesa, porque si uno no escucha es incapaz de dialogar. La praxis de ese diálogo conlleva conocimientos, porque hay que buscar información para poder hablar seriamente. Pero además hay que evaluar esa información y hay que tener criterios para evaluarla. Hay que guardar una serie de actitudes, por ejemplo todo el mundo tiene derecho a disentir pero nadie tiene derecho a insultar. Es importante que los niños lo entiendan y que lo internalicen.

Los niños no van a aprender a ser respetuosos copiando mil veces “voy a ser respetuoso”, porque hay muchas cosas que no se  aprenden como la tabla de multiplicar y la filosofía así entendida es una de ellas. Por eso la herramienta clave es el diálogo.

Uno de los principales problemas es que esto casi nunca se evalúa porque la escuela centra su evaluación en factores  principalmente cognitivos y principalmente individuales. Y tanto la filosofía como  la ciencia no la hacen personas individuales, la hacen comunidades. Deberíamos ir hacia una evaluación de los grupos ―un grupo es siempre más que la suma de los individuos que lo componen― o si no algo se va a quedar cojo.

La filosofía dialógica, como la entendía Sócrates, en un proceso de búsqueda de la verdad que el profesor no tiene ―porque Sócrates tampoco la tenía, y aun hoy en toda la cultura occidental estamos buscando esas verdades universales que no sabemos donde estarán―, pero con esa humildad socrática de ponernos todos en camino, todos juntos.

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Ilustración de François Schwoebel para el libro ‘El genio maligno del señor Descartes’

El papel del profesor de filosofía.

El profesor va a clase a crear el ambiente, y sobre todo ayuda a los niños a aclarar palabras que a veces utilizamos de un modo muy superficial: ¿qué es felicidad? ¿Qué es libertad? ¿Qué es amor? Si en un aula de segundo de bachillerato planteamos la cuestión: “¿el teléfono móvil nos ha hecho más libres?” El debate está servido. “¿Qué es libertad para ti?”, ahí empieza el debate y empieza la búsqueda. Porque Kant dice algo sobre la libertad, y Sartre dice otra cosa, y Schopenhauer dice otra cosa, y Platón dice otra. Y ahí es donde los chicos empiezan a mover la búsqueda sobre quienes han hablado con autoridad sobre lo que es la libertad.

Lo interesante de este proyecto dialógico es que no se pone a los chicos ante las cuerdas de un filósofo o de una autoridad, sino que van puliendo entre ellos. Entre los ejemplos, las razones, las experiencias… todo eso conforma un magma que va puliendo ese concepto de libertad, de muerte, de amor, de fidelidad o de justicia. Pero no les acaba de dar el concepto final sino que les deja sensibles para seguir buscando.

Se trata de inocular el virus más que de dar respuestas definitivas, que uno se da cuenta que al cabo de poco dejan de ser definitivas. Se consigue buscar ese espíritu indagador y esas ganas de descubrir. Se consigue en definitiva que los niños y jóvenes sean más sensibles, para que cuando lean un titular de un periódico puedan ver dónde está el problema, el prejuicio implícito, el doble juego de palabras. Se trata de hacerles más atentos a la lengua, al discurso y al oír al otro. Se trata más de aportarles esto que no de dar conocimientos, teorías, corrientes… aunque evidentemente quien da esas clases debe de ayudarse de los maestros.

Además de inocularles el virus hace falta aportar a niños y jóvenes las herramientas para desenvolverse en ese proceso. Hace falta capacitarles y dotarles de un pensamiento mucho más crítico, mucho más creativo y mucho más riguroso. Porque a la hora de afrontar qué es la felicidad, o a la hora de afrontar cómo progresa la ciencia o a la hora de afrontar cualesquiera problemas ―que todos ellos son sumamente interesantes y relevantes en la sociedad del siglo XXI, y en ello tenemos que estar porque aquí vivimos― tenemos que hacerlo muy rigurosamente, porque es mucho lo que nos jugamos.

Filosofía para niños

Ilustración de Vincent Sorel para el libro ‘El filósofo-perro frente al sabio Platón’

La diferencia entre los niños de hoy y como éramos años atrás.

Los niños de ahora lo que tienen es una gran libertad expresiva. No son esclavos de los prejuicios ni de lo políticamente correcto y por lo tanto entran en el debate con una gran sinceridad. Lo expresan quizás no de un modo matizado ―no tienen las herramientas conceptuales para precisar y distinguir, eso se les tiene que ofrecer―, pero sí que es verdad que no tabuizan nada. En cambio, en debates adultos sabemos que hay temas que son “temas problemáticos” y que dejamos en un cajón. Los niños y los jóvenes no, ellos ponen cualquier tema encima de la mesa y eso es algo extraordinario. Cuanto más jóvenes más facilidad tienen, menos domesticados están y más espontáneos aparecen.

Los niños de hoy tienen a su favor que tienen más oportunidades. Tienen muchas más oportunidades de viajar, de saber, de conocer, de tener informaciones. Lo que ocurres es que debemos ayudarles a organizar. Como hay más información y más posibilidades de comunicación a veces quizás nos perdemos en un laberinto, y el problema o el trabajo de los educadores sería orientarles.

Cuando un niño busca y en el ordenador escribe la palabra “libertad” o “Immanuel Kant”, se encuentra allí con mareas de información. Cómo distinguir que una cosa es la información que viene de la enciclopedia británica o de la biblioteca de Stanford de filosofía ―que son fuentes serias y fiables― de cualquier iluminado que se levanta por la mañana y escribe lo que Kant dijo.

Filosofía para niños

Ilustración de Donatien Mary para el libro ‘El fantasma de Karl Marx’

¿Cómo ayudar a los niños a formular preguntas abiertas?

En realidad ese tipo de preguntas deberían ser imitadas por los niños. Somos los adultos los que deberíamos hacernos esas preguntas y no limitarnos sólo a preguntas de sí o no, de blanco o negro. Si los adultos formulamos preguntas abiertas también los niños las formularán.

Por otro lado el mundo de los niños es mucho más amplio que el mundo del conocimiento o de la ciencia o del saber, que pide respuestas concretas como el nombre de las capitales o las tablas de multiplicar. El mundo de los niños ―sobre todo cuando son más pequeños― es mucho más grande, incluye desde los juegos hasta distraerse hasta todo tipo de curiosidades. Por tanto hacer surgir estas preguntas no es problema, lo que ocurre es que a veces los adultos las ahogamos. Hay un momento ―a los cuatro años― en que los niños preguntan el por qué de todo, y entonces llega un momento en que los padres dicen “basta”, “porque sí”, “porque lo digo yo”.

Los niños son insaciables, son como esos filósofos importantes que tienen que descubrir el mundo. Y como tienen todo por descubrir todo es una pregunta y todo es una cuestión. Lo que deberíamos hacer los adultos es no ahogar esta curiosidad y, al revés, estimular esta capacidad exploradora de los niños ayudándoles, insistiendo nosotros en preguntas nuevas. No dando respuestas sino respondiendo con otra pregunta e intentando hacer una cadena. Esta sería una posible salida para esta necesidad que tienen los niños de respuestas, pero también y sobre todo de hacerse buenas preguntas.

La diferencia entre preguntas abiertas y preguntas cerradas es nuestra, no es de los niños. Los niños buscan seguridad, buscan siempre que cada pregunta tenga una respuesta. Ocurre que en seguida se dan cuenta de que no siempre es así. Ahí está la habilidad o el arte de educar, de demostrar que no todo tiene una respuesta y que la respuesta la ha de encontrar uno mismo. En los niños es inherente la pregunta pero también es inherente la necesidad de seguridad.

Filosofía para niños

Ilustración de Laurent Moreau para el libro ‘Un día loco en la vida del profesor Kant’

¿Cómo ayudar a los niños a pensar? ¿Qué papel juega la filosofía?

Los niños y los filósofos tienen muchos elementos en común. Son dos colectivos que se preguntan por el mundo sin presuposiciones, sin prejuicios y con una cierta ingenuidad. Esas mismas preguntas que hacen los niños son las que uno tiene que desaprender en la edad adulta para volverlas a relanzar. En definitiva toda la historia de la filosofía no es otra cosa que plantearse las mismas preguntas que se hacían los presocráticos o los filósofos griegos: qué es la justicia, qué es la belleza, qué es la corrección, qué está bien y que está mal… son las preguntas que se hacen los niños porque se tienen que situar en el mundo.

Filosofía y niños tienen en común este intento de buscar respuestas y una cierta seguridad. Aun sabiendo que quizás no encontraremos esas respuestas eso no nos aparta de la dinámica de buscarlas. Un poco como ha pasado con el mundo del arte ―cuando Pablo Picasso dice que él ha tenido que desaprender las técnicas para volver a ser un niño y poder pintar― la filosofía, a través del señor Lipman, ha hecho este ejercicio de ponerse en situación del filósofo originario y decir “por qué no ayudamos a los niños a pensar y a avanzar”.

En el proyecto “Filosofía para niños” se trabajan todos esos aspectos en la escuela de forma colectiva, es un escenario distinto al que los niños tienen en casa. No es una relación padres e hijos sino que es una relación de un grupo de iguales con un maestro que, en este caso, no es el que da las respuestas sino que es el que provoca preguntas y facilita esa labor de reflexión a los niños.

Los niños ―aunque las preguntas son siempre repetidas y los humanos llevamos siglos haciéndonos ciertas preguntas― no se sienten frustrados porque la respuesta siempre es original, siempre es propia y es la que uno busca y va encontrando poco a poco. Es estupendo el momento en que niños y niñas se dan cuenta de que “¡ostras, eso no lo había pensado nunca!” cuando otro alumno hace una pregunta que les sorprende, que no es nada del otro mundo para nosotros pero para ellos sí. Es entonces cuando esta dimensión colectiva adquiere una fuerza muy grande porque moviliza a todo el grupo. La pregunta en cuestión no es propia, es de una compañera o de un compañero, pero incita a los niños a investigar colectivamente.

Filosofía para niños

Ilustración de Laurent Moreau para el libro ‘Un día loco en la vida del profesor Kant’

¿Qué aportó Matthew Lipman a la educación de la filosofía en las escuelas?

“Yo creo que los niños no sólo necesitan la filosofía sino que también la quieren. Los niños se emocionan con la posibilidad o la libertad de discutir las cosas por sí mismas. De repente experimentan una sensación de liberación”, decía Matthew Lipman.

Lo que Matthew Lipman planteaba en los años 70 no era enseñar filosofía sino hacer filosofía, que los niños y jóvenes aprendiesen a pensar. Y aprender a pensar es diferente a dar unos contenidos sobre la filosofía.

Cuando los niños aprenden a pensar lo hacen a partir de sus propias preguntas y por tanto el punto de partida siempre es personal y motivador, porque hay algo que a mí me interesa resolver y lo hago en grupo acompañado de otras personas. Este es un punto fundamental del proyecto “Filosofía para niños” y es una gran intuición de Lipman. El hecho de trabajar haciendo filosofía en grupo, y el hacerlo no a partir de materiales convencionales sino a partir de materiales más de expresión. A partir de la literatura, de las artes y de otras cuestiones que ligan con la razonabilidad pero que ligan también con la parte sentimental y emocional, de cómo nos sentimos descubriendo las cosas y explicándolas. El proyecto aporta la frescura de partir de las necesidades de los niños, de hacerlo en grupo ―entre iguales― y de ir encontrando los criterios que fundamentan los juicios.

El salto que dio Lipman fue el intentar no que los niños supiesen lo qué decían o lo que habían resuelto los filósofos sino que supiesen el cómo lo hacían. Que los niños se pusiesen en situación:

¿Qué hacen los filósofos? Reflexionar.
¿Y cómo lo hacen? Comparando, definiendo, buscando conceptos, averiguando alternativas. Utilizando todas aquellas energías y habilidades que son propias del pensamiento. Que no son propias solamente del pensamiento filosófico, también lo son del pensamiento científico, pero que son las que han hecho que la filosofía haya ido avanzando y aguantando estos siglos.

Este cambio radical, de no repetir lo que dicen los otros sino colocarnos nosotros como sujetos protagonistas, es la gran novedad. La filosofía era algo de gente grande y a veces un poco rara, y ahora es algo en lo que los niños participan y además con una gran pasión y deseo porque toca muy de cerca temas que les interesan.

Filosofía para niños

Ilustración de Junko Shibuya para el libro ‘¿Por qué tienen nombre las cosas?’

¿Cómo hacer reflexionar a un niño de 3, 4, 5 años?

Se ha de hacer muy poco a poco. Con los niños más pequeños ―hasta los 5 años― lo que se hace es generar unos preliminares, para que se pueda dar después eso que llamaremos diálogo. Obviamente no podemos hablar de diálogo entre niños de 3 años, porque algunos aun tienen dificultades lingüísticas o comunicativas, pero sí que podemos poner el punto de partida: que se escuchen, que levanten la mano antes de hablar, que se ordenen y que no digan cosas que ya ha dicho otro.

Y luego, poco a poco, se les van introduciendo elementos reflexivos mientras vamos haciendo cosas ―cuanto más pequeños sean los niños serán cosas más concretas y más prácticas―, a través de juegos, a través de cuentos o a través de la contemplación del mundo del arte ―especialmente la pintura―.

Es algo que nos da la posibilidad de hablar de cosas que podemos hacer y explicar y que tenemos a mano, y que poco a poco van dando vocabulario, van introduciendo la pregunta “¿Por qué?” ―”¿eso por qué lo dices?, ¿podría ser de otra manera?” ―. De manera muy lenta se van introduciendo esas preguntas que van abriendo horizontes a los niños. A un niño en concreto igual algo no se le ocurre, pero en el colectivo siempre hay uno u otro que puede tener una respuesta.

Los niños y niñas no solo piensan cuando hablan, también piensan cuando hacen y cuando se mueven. “Si yo decido ir aquí es por alguna razón”. Se trata de hacer que sean conscientes de eso ―¿por qué has escogido este color?  ¿Por qué has puesto esta figura? ¿Por qué has dicho eso?―, son este tipo de preguntas las que van estirando lo que pasa ―primero pasa una cosa y luego, a partir de ahí, vamos estirando un contenido, haciendo una pequeña investigación―.

Cuando a un niño se le pregunta “¿Por qué has dicho eso?” o “¿eso se parece a lo que ha dicho tu compañera?”, ese niño está haciendo un ejercicio grande de comparar y de analizar, y esto se hace desde muy pequeños. A los tres años es más difícil y por eso ha de ser muy poco a poco. Pero lo fantástico es que este trabajo, cuando se hace bien y se hace con una continuidad, da la idea de que “yo no me educo, es el grupo el que nos educamos, es el grupo el que va trabajando” y se adquiere una dimensión diferente de la educación.

Filosofía para niños

Ilustración de Junko Shibuya para el libro ‘¿Por qué tienen nombre las cosas?’

La respuesta de los niños a la clase de filosofía.

La sesión ideal de filosofía no existe. Existen sesiones reales, y por tanto unas son más logradas y otras no lo son tanto. Hay momentos puntuales muy potentes y otros que son de transición.

Una de las primeras cosas que se  hace, cuando un grupo ya está algo trabajado y se han hecho esos pasos previos, es escribir en la pizarra ―de tiza o digital― las preguntas y el nombre al lado. Hay un elemento muy valioso que es el reconocimiento: “lo que yo pienso, lo que yo digo y lo que yo me pregunto tiene valor”. A partir de ahí los niños ya están motivados, quieren hablar de eso, quieren hablar de su tema.

La respuesta de los niños es muy estimulante ―no ilimitadamente estimulante―, a veces al cabo de dos minutos el tema se ha acabado y se pasa a otra cuestión porque no tienen la capacidad de perdurar como tenemos los adultos. Pero realmente, cuando un grupo está bien estructurado y cuando se ha trabajado con una cierta constancia, si las clases son relativamente reducidas cosa que no siempre es posible, si el escenario y la manera de estar dispuestos es relativamente cómoda cosa que tampoco no siempre es posible y si las condiciones materiales son aceptables, un día por otro la cosa va fluyendo.

Filosofía para niños

Ilustración de Yann Le Bras para el libro ‘Las cien vidas del filósofo Sócrates’

¿Cómo explicar a los padres los beneficios de la filosofía para los niños?

Las clases de filosofía hacen que los niños y niñas piensen mejor y más cuidadosamente y que sean más reflexivos, y son también una especie de antídoto contra la violencia ―ya sea verbal o física―, entre otros muchos beneficios.

La filosofía es algo que ayuda a los niños a pensar desde bien pequeños, es un refuerzo de su propia autonomía y les da herramientas para poder decir NO a según qué tentaciones que se pueden encontrar a lo largo de su vida.

Si no ayudamos a los niños a que piensen por ellos mismos ―con el riesgo de que puedan pensar de manera muy diferente a nosotros, pero que piensen por ellos mismos― alguien pensará por ellos, y eso sí que es un riesgo. Quizás nos gustará más o menos lo que piensen, pero podremos hablar. En el momento en que alguien piense por ellos, estaremos en un mundo mucho más de dogmatismos y de prejuicios. Por eso es importante para los niños entrar de bien pequeños a tener esta posibilidad de debatir las dificultades y las situaciones, y hablarlas.

Además, materias que necesitan más reflexión como matemáticas o lengua se ven muy beneficiadas. Porque los niños tienen la capacidad de deducir mejor, de hacerse buenas preguntas, de investigar, de hacer hipótesis, de poder comparar, de averiguar “que pasaría si…”. Hay toda una serie de aspectos en la filosofía que están en la base de las otras materias.

Filosofía para niños

Psicología educativa y psicología emocional. En clase de filosofía todo se aprovecha.

A través de las cosas que van ocurriendo en clase el grupo se va sintiendo cada vez más cómodo desde el respeto y la aceptación del otro. Hay dos aspectos que son fundamentales:

― Uno es la empatía: cuando uno es empático con el otro, cuando es capaz de ponerse en la piel del otro, estamos ayudando a un ejercicio intelectual que no se da de entrada en muchos casos sino que se tiene que ir trabajando a lo largo de los años.
― Y el otro es la autoestima: cuando uno es capaz de quererse a sí mismo su energía crece.

Todo esto tiene mucho que ver con el error. En la vida no todo está bien o está mal, a veces nos damos cuenta de que hay cosas que no hemos acertado o que no han funcionado bien y a eso lo llamamos error. Pero de eso podemos aprender.

El papel del error en la filosofía que se hace en clase es capital. Es capital en algunos de los materiales que se utilizan en los programas de diversas edades y es capital en el sentimiento que se les queda a los niños y niñas: “yo en clase de filosofía me puedo equivocar” “Y no es que no pase nada, sí que pasa y pasa mucho, pasa que de eso puedo aprender”.

Si alguien se equivoca no es penalizado porque es algo que sirve al grupo: “¿qué ha pasado aquí? ¿Cómo es que hemos llegado a esta conclusión? ¿No ves que con este ejemplo no funciona?”. Los mismos alumnos van redirigiendo, de una manera muy infantil pero práctica y efectiva, a la consideración del error como una fuente de aprendizaje. Y eso tiene una capacidad educativa muy potente y permite ir por el mundo con una cierta seguridad. “Me puedo equivocar pero, no es que no pase nada, puedo aprender de eso”. Es una novedad respecto al sistema tradicional del lápiz rojo, es convertir el error en una virtud.

Hay una diferencia enorme entre cuando un niño dice “¡Qué va! ¡Qué dices!” a cuando dice “Mira, yo no estoy de acuerdo. A mí me parece… Yo creo…”.

Con el “¡Qué dices! ¡Qué tontería!” el niño está desautorizando y ahí no entra nadie, o tú o yo, o blanco o negro. Mientras que cuando el niño dice “Yo creo… Yo pienso…Yo opino que…” está abriendo un horizonte a otros, no se queda en un “tú o yo” sino que invita a los otros a que también piensen, opinen, crean, etc. Se consigue de esta manera una educación ética y en valores en profundidad. No se trata de hablar un día puntual de la tolerancia o de la generosidad, sino que se trata de hacer efectivo este tipo de trabajo.

Filosofando. Taller de pensar.

Hacernos preguntas sobre el mundo que nos rodea y sobre cómo nos tenemos que relacionar con él es algo que los humanos comenzamos a hacer desde una edad muy temprana, aunque no lo llamemos hacer filosofía. ¿A qué edad empezamos a emocionarnos con el arte o con la música? ¿A qué edad empezamos a dibujar o a cantar? ¿A qué edad se empieza a preguntar si aquello que uno hace está bien o no y qué es lo que hay que hacer o qué es lo que no se puede hacer?

Tendemos a pensar, equivocadamente, que la filosofía es una ocupación de adultos. Pero la filosofía siempre ha sido eso, preguntarse por las cosas, preguntarse por uno mismo, preguntarse por los otros e intentar entender algo con la ambición de una vida lúcida. Espontáneamente esto comienza con esa curiosidad instintiva y prácticamente irrefrenable de los niños que se preguntan por las cosas. Con la pregunta filosófica por excelencia, que es una pregunta infantil, el “por qué”. Esa pregunta que lleva cada vez a hacer más preguntas.

Ante esas preguntas espontáneas que se hacen a veces los niños los adultos solemos decir “mira que cosas tan curiosas pregunta el niño” “mira que gracia hace”. Esa indulgencia es quizás, en cierta medida, nuestra propia impotencia para responder.

Se ha comparado en ocasiones a la filosofía con una especie de gimnasia del pensamiento, y es una comparación acertada. La tendencia que tenemos, por pura inercia, es a pasar por encima de las cuestiones: “no hagas tantas preguntas”, “no pienses tanto” o “hazlo así y no preguntes”. La filosofía en cambio nos fuerza continuamente a poner ese freno ante la inercia a la que la vida seguramente nos llevaría. Un “por qué” pide una razón con respuesta, no pide una orden o una instrucción o un consejo, un “por qué” requiere una respuesta argumentada y justificada. De ahí la repulsión infantil al “porque sí” o “porque no”, que es a menudo la respuesta con la que intentamos ―por suerte generalmente con poco éxito― tapar las preguntas.

Quizás lo mejor que hacen los filósofos y los niños es hacer preguntas. Los niños preguntan con espontaneidad, sin apriorismos y con curiosidad por todo lo que nos rodea y por la misma existencia. En Catalunya hay una importante tradición, aunque poco conocida, de trabajo filosófico con niños en las escuelas. Estos dos vídeos nos acercan a esta realidad y a este trabajo:

La filo (1):

La filo (2):

‘Solo es el principio’ (‘Ce n’est qu’un début’)

En Francia, como en otros países europeos, lo tienen claro. ‘Solo es el principio’ es un documental que refleja la importancia de aprender a pensar y la importancia de las preguntas,  a través de un proyecto educativo en el que se introducen clases de filosofía para niños de 3 y 4 años. Los niños pueden desarrollar así su capacidad de argumentar.

Este es el tráiler de la película:

Ce n’est qu’un début’ es una película documental francesa de Jean-Pierre Pozzi y Pierre Barougier. Los niños protagonistas de este curso de filosofía para niños comentan en clase lo que piensan acerca de temas como el amor, la libertad, el pensamiento y la muerte. En su día a día vemos como van aprendiendo a escucharse unos a otros y a reflexionar cada vez mejor.

En España existen escuelas donde en la clase de filosofía los alumnos aprenden a ser más hábiles para pensar, aprenden a razonar sobre temas cotidianos y sobre la vida. El objetivo no es que de estas clases salgan grandes filósofos, sino que los alumnos se enamoren de la sabiduría. Una idea que choca con un mundo cada vez más competitivo que se mueve por rentabilidades y números.

Dice Martha Nussbaum, filósofa de la Universidad de Chicago que ha investigado sobre el declive de las humanidades, que tal vez la formación humanística no sirva para ganar dinero, pero sí sirve para generar otro tipo de riqueza: riqueza cultural, riqueza crítica, riqueza emocional y lógica. Sería interesante que pensáramos en ello.

Filosofía para niños

Cómo filosofar con los hijos.

Consejos para que en un ámbito que no es el de la escuela, sino en el ámbito familiar, padres y madres tengan en cuenta esta perspectiva que nos abre la filosofía en lo que respecta a las preguntas. Porque muchas veces nos encontramos con que hacemos preguntas a nuestros hijos y las respuestas son muy cerradas. ¿Cómo podemos abrir nuestro espacio familiar a esta perspectiva amplia que nos aporta el pensamiento filosófico?

Lo primero es recordar a padres y madres que tenemos dos orejas y una sola boca, por tanto escuchar mucho y hablar poco. Y segundo preguntar, preguntar mucho a los niños. Preguntar el “por qué” que nos da pie al pensamiento crítico y a justificar las razones. No sólo el “qué” sino el “por qué”.

También es interesante, aunque es algo que los padres no acostumbramos a preguntar tanto, el “cómo” y el “y sí…” Un pensamiento algo más allá que haga a los niños salir. El “cómo” porque muchas veces preguntamos a los niños “¿qué quieres ser cuando seas mayor?” pero pocas veces les preguntamos “¿cómo quieres ser cuando seas mayor?”, y es una diferencia enorme como pregunta.

Y otra recomendación es no juzgar. Cuando uno se siente juzgado se cierra. Hemos de intentar hacer y decir cosas para que el niño esté bien con nosotros. Esa recepción y abertura de orejas también ha de ser de sentimientos, acogiendo lo que los niños nos explican e implicándonos: “Te ha pasado esto, ¿qué podemos hacer?”, no respondiéndoles “bueno, a ver si sale. A ver si te espabilas”. Con el “¿qué podemos hacer?” estamos planteando un cuestión de razonamiento y buscando alternativas, pero también estamos transmitiendo emocionalmente una proximidad.

Y por último intentar ciertas cosas fuera de las situaciones de conflicto. Hay momentos en los que uno está muy atrapado, incluso las relaciones entre padres e hijos tienen esos momentos en los que es mejor no hablar. Como adultos hemos de tener una cierta habilidad para poder buscar los buenos momentos.

Grandes pensadores. Frases de filósofos. Frases filosóficas para pensar.

Los grandes filósofos nos dejan frases para la historia, citas filosóficas que nos inspiran gracias a su gran mensaje. Las frases filosóficas cortas son pensamientos que nos hacen reflexionar. Hacen que nos cuestionemos nuestros valores y nuestras creencias y nos recuerdan el camino que debemos seguir para ser felices haciéndonos reflexionar sobre distintos temas: la felicidad, la libertad, el amor, la vida, la muerte… Todos deberíamos aplicarlas a nuestro día a día.

Albert Camus, su idea del tiempo y el uso de las metáforas.

El novelista y filósofo francés afirmaba que, al igual que la rebeldía, toda acción política debe tener una base moral sólida. Todo lo que se puede explicar de Albert Camus es bonito. Aunque escribió en francés nació en Argelia, era argelino. Provenía de una familia extremadamente pobre. Su madre era casi sordomuda y totalmente ignorante, era analfabeta. Él se crió por lo tanto en unas circunstancias en las que todo lo que era de prever es que hubiera sido un niño de la calle, uno más. Pero no, gracias a algunas becas y gracias al apoyo de algunos profesores se convirtió en lo que se convirtió, en todo un Premio Nobel de Literatura.

Ya a los 20 años él tenía una preocupación, pensaba que la filosofía tenía que servirle para saber cómo tenía que vivir. Albert Camus no era uno de esos filósofos metidos dentro de una torre de marfil que elaboran teorías muy sesudas, sino que era alguien que pensaba que el desafío más  grande que podemos tener los humanos es llevar una vida buena y hermosa y que valga la pena.

Para él eso significaba que, puesto que salía de la pobreza y de la ignorancia, su problema (ya que además él por encima de todo adoraba y amaba a su madre) era cómo salir de la pobreza sin traicionar a la pobreza,  siguiendo siendo fiel a algo. Fiel a su madre y fiel a aquello. No renunciar a todo lo que había vivido sino ser capaz de crear una forma de vida que conectara directamente con aquello de donde provenía y que no lo traicionara.

Albert Camus (7 de noviembre de 1913 - 4 de enero de 1960) fue un novelista, ensayista, dramaturgo, filósofo y periodista francés nacido en Argelia.

Albert Camus (7 de noviembre de 1913 – 4 de enero de 1960) fue un novelista, ensayista, dramaturgo, filósofo y periodista francés nacido en Argelia.

Es recomendable leer un escrito muy breve de Albert Camus que se titula ‘Bodas en Tipasa‘. Es un escrito de diez páginas de una belleza absoluta. En ‘Bodas en Tipasa’ Camus habla de un día de playa en el Mediterráneo. Es un día de playa con un sol espléndido, con ese calor que calienta la tierra y que hace que huela. Porque el Mediterráneo huele. Huele a las plantas aromáticas, huele, dice él, al ajenjo. Para los que hemos nacido en el Mediterráneo, para los que nos hemos bañado en esas aguas, sabemos que hay momentos en los que se te queda el olor casi en el cuerpo, y entonces sientes todo, sientes la naturaleza, sientes el olor, sientes lo fresca que está el agua… él lo que cuenta en este texto es un día glorioso. Camus tenía 23 años cuando lo escribió, y es como si hubiera encontrado ahí la clave.

Explica un día maravilloso, de esos días que salen redondos y que se le quedan a uno grabados. Y tanto es así que él dice “no hace falta aquí tener mitos como Deméter o como Dioniso”, porque no hace falta ninguna trascendencia, los sentidos (lo que sentimos, lo que olemos, lo que tocamos) ya nos unen con la naturaleza. Él no quiere que de esa experiencia haya un pensamiento más allá, el pensamiento es el del más acá. Lo que le parece grandioso es justamente esos olores, esas sensaciones corporales cuando dice “me desnudé y me metí en el mar desnudo”… La palabra “bodas” ahí lo que significa es “las bodas entre el sol y el mar”, pero “las bodas entre el cuerpo, el sol y el mar”. Estamos hablando de una unión que no trasciende, sino que se queda justamente en una unión terrenal.

Es un texto totalmente poético, pero además como él es filósofo extrae una enseñanza. Lo que él quería (ser filósofo pero no traicionar sus orígenes) lo encuentra justamente en lo que representa Tipasa. Porque dice que allí hay una grandeza o una dignidad de la simplicidad, y que él ha encontrado en Tipasa la dignidad de la simplicidad. Y la dignidad de la simplicidad son los dos elementos que él piensa que tiene su madre, su madre es digna y su madre es sencilla. Y si nosotros somos capaces de ir a la naturaleza y de quedarnos en ese nivel inmanente (no trascendente), si nos quedamos en el nivel de la tierra, si ponemos por delante valores terrenales, eso es la felicidad y eso es lo que nos une al mundo. Y tenemos derecho a ser felices como él dice que lo fue en ese momento en Tipasa.

El texto es propio de alguien que tiene 23 años que cree que ha encontrado algo valiosísimo, y efectivamente te lo hace pensar cuando lo lees. Además a Camus le permaneció como una metáfora para siempre. Él, veinte años después, vuelve a Tipasa, y el texto que escribió entonces se titula ‘Retorno a Tipasa‘. Veinte años después significa que ha pasado todo (la Segunda Guerra Mundial, él ha sido un combatiente en la clandestinidad porque estaba en la resistencia, se ha casado, ha tenido hijos, ha tenido amantes…), y entonces sin embargo dice una frase maravillosa que nos ha quedado de Camus: “en el invierno de mi existencia aprendí que en mí siempre habría un verano eterno”. Ese verano eterno es Tipasa. Esa idea, de que aunque estés pasando una temporada que sea un invierno, en ti hay un verano eterno, es que en ti existe ese núcleo de valores terrenales.

Eso mismo lo va a decir por ejemplo con su principal amante (tuvo varias). El fue amante de Maria Casares, famosísima actriz hija de Santiago Casares Quiroga, uno de los últimos presidentes de la Segunda República Española que se exilió a París. La niña entonces se educó en París, devino actriz y fue amante durante más de veinte años de Camus. Y él siempre decía “María, tendríamos que encontrar el verano de nuestras estaciones”.

María Casares, en 1949 en un montaje de ‘Los justos’, de Camus, en el Teatro Hébertot de París. ROGER VIOLLET (CORDON PRESS)

María Casares, en 1949 en un montaje de ‘Los justos’, de Camus, en el Teatro Hébertot de París. ROGER VIOLLET (CORDON PRESS)

Frases de filósofos. Frases filosóficas para pensar.

Albert Camus: “Fui colocado a media distancia de la miseria y del sol”.

Albert Camus, el escritor y filósofo francés, fue premio Nobel de Literatura y autor de la novela ‘La peste’. Con la frase “Fui colocado a media distancia de la miseria y del sol”, ¿qué quería decir Albert Camus?

Se trata de una frase estrictamente autobiográfica. Él recuerda con esos dos extremos, miseria y sol, las dos condiciones en las cuales el nació, en las cuales él fue arrojado a la vida.

La miseria porque su familia era extremadamente pobre. Nació en Argelia, podía haber nacido en una familia con una situación económica e incluso intelectual mejor. Teniendo en cuenta que él fue premio Nobel es sorprendente que naciera en una familia en la que el padre había fallecido y la madre y la abuela con las que él vivía eran totalmente ignorantes, no sabían ni leer ni escribir. El sol, que es el otro componente de la frase, es Argelia y el Mediterráneo. Argelia es un país como España, aun más soleado que España.

Son estas frases que son como tesoros, que si las recuerdas te dan la posibilidad de pensar algo, porque Camus decía que ambas cosas le habían enseñado mucho. La miseria, decía, le había enseñado que no todo está bien bajo el sol y en la historia. Y ese “no todo está bien” se lo enseña a alguien que verdaderamente es un amante de la vida. Albert Camus era una persona entusiasta, era una persona a la que le gustaba todo, le gustaba vivir, le gustaba comer, le gustaba ir con los amigos, le gustaba tener muchas novias, le gustaba la vida. Y  por lo tanto su tendencia sería a que “el mundo está bien y me gusta vivir”, pero la miseria le enseñó que no todo está bien bajo el sol en la historia. Que hay miseria, que hay ignorancia y que hay que intentar cambiarla, que no se puede uno satisfacer con eso.

Pero luego está la parte del sol, y también el sol le enseñó algo. Es como el contrapunto. El sol le enseña que la historia no lo es todo, dice Camus. Con eso quiere decir que no podemos pensar que para explicar una situación nos baste con las leyes de la historia, o con una explicación histórica que haga alusión a reglas económicas o a reglas culturales, sino que hay un componente vital que es fundamental.

Él decía una cosa que es digna de recordarse y de pensar en ella, Camus decía que cuando conoció los suburbios de París entendió que existía una injusticia climática. Es decir, que ser pobre y ser miserable en Argelia tenía, por así decirlo, la ventaja del sol, de la que carecían los trabajadores miserables e ignorantes de los suburbios de París. Y que entonces esa injusticia climática había que tenerla en cuenta, era ese contrapunto.

Si juntamos las dos cosas, si juntamos la miseria y el sol, lo que nos tenemos que preguntar es cómo se juntan porque verdaderamente parece que se contradicen. La miseria te dice “no todo está bien bajo el sol”, el sol te dice “no todo es la historia”. ¿Cómo lo juntamos? Una conclusión puede ser que hay que cambiar cosas en la historia, pero que si se puede hay que cambiarlas desde la alegría y desde la ilusión.

La situación puede ser miserable, puede ser angustiosa, pero tú que la combates no tienes por qué aportar más miseria o más angustia a lo que estás combatiendo. Tú puedes aportar el sol, tú puedes ser como el sol. Tú puedes aportar ese plus de optimismo. Y entonces esa balanza que hay entre las dos cosas queda perfectamente entendible. Está diciendo algo, está diciendo que quizás frente a los intelectuales parisinos que combatían la miseria desde unas posiciones existencialistas, que parece que a veces ellos también tenían que compartir esa miseria, él combatía desde el sol.

Para acabar dos detalles biográficos de Albert Camus. Uno que murió de accidente de tráfico, en Francia. Otro que era un gran amante del fútbol, incluso era jugador de fútbol. El fútbol a él le aportó filosóficamente también algunos planteamientos ante la vida. Camus pensaba que el fútbol encerraba una enseñanza moral. La enseñanza moral de que hay ciertas cosas en las que tienes que apoyar a tus compañeros, ser uno con ellos. La enseñanza de ese vínculo y esa  estrecha relación cuando en cambio la tarea intelectual es mucho más individualista. Desgraciadamente él, como era tuberculoso, tampoco pudo jugar tanto al fútbol, pero sí escribió mucho de fútbol.

Frases de filósofos. Frases filosóficas para pensar.

Antonio Gramsci: “Todos los hombres son filósofos”.

Antonio Gramsci fue un filósofo italiano, político y periodista del siglo XX. Con la frase “Todos los hombres son filósofos”, ¿qué quería decir?

La frase es muy fácil, aunque a veces hay frases fáciles que luego se convierten en un pensamiento más complicado. Aunque Gramsci en esta frase dice “todos los hombres”, interpretemos que no estaba pensando sólo en los varones sino que estaba pensando en los seres humanos: “Todos los seres humanos son filósofos”.

Es una frase sencilla, pero saber lo que quiere decir es quizás un poco más complicado. Quiere decir que no es que yo sea filósofa, sino que tú eres filósofo y que todos son filósofos.

Antonio Gramsci (22 de enero de 1891 - 27 de abril de 1937) fue un filósofo, teórico marxista, político y periodista italiano. Retrato de Gramsci de comienzos de los años 1920.

Antonio Gramsci (22 de enero de 1891 – 27 de abril de 1937) fue un filósofo, teórico marxista, político y periodista italiano. Retrato de Gramsci de comienzos de los años 1920.

El modo que tenía de explicar esto es que todos lo somos porque todos tenemos y participamos de algunas cosas que tienen un trasfondo filosófico. Por ejemplo todos tenemos un lenguaje, todos tenemos un sentido común, y participamos de ese lenguaje y de ese sentido común. Participamos de algunas nociones de religión natural, más o menos, de un folclore… y esos son como elementos comunes. Pero esos elementos comunes provienen de teorías filosóficas, quizás pasadas, de carácter político, de carácter social, de carácter psicológico, de carácter mental… que han pasado sin que nosotros supiéramos al lenguaje y al sentido común.

Entonces, cuando decimos o pensamos ciertas cosas, sin saberlo, estamos utilizando contenidos filosóficos. Podemos perfectamente decir que distinguimos entre la mente y el cuerpo, y utilizamos esa denominación de mente y cuerpo. O podemos decir que, en cuanto a  la vida sexual, existen heterosexuales y homosexuales. O podemos decir que existen naciones. Cuando hacemos afirmaciones de ese tipo, damos por descontado que lo que estamos diciendo tú lo vas a entender, que yo lo voy a entender y que lo va a entender todo el mundo. Lo damos como hechos, sin embargo todas esas afirmaciones provienen de contenidos que pertenecen a teorías que han configurado concepciones del mundo.

Tenemos esos restos de concepciones del mundo, que incorporamos a nosotros mismos y que a veces incluso pueden entrar en contradicción. Puede entrar en contradicción aquello que pensamos con aquello que hacemos. Se da el caso de que hay personas que dicen tener ciertas concepciones del mundo sobre las cosas mencionadas y, sin embargo, actúan de manera que entraría en contradicción con esas concepciones que dicen tener.

Lo que Gramsci quiere decir es que dentro de nosotros albergamos una especie de caos filosófico, somos filósofos pero un poco caóticos. Todos tenemos pensamientos lo que ocurre es que están desordenados, porque si no no tendría sentido que hubiera después filósofos que actuaran de manera profesional. Todos somos filósofos pero no todos tenemos la función de filósofo en la sociedad, y el que la tiene lo que tiene que hacer es intentar poner en claro esas concepciones.

Gramsci interpretaba que eso es lo que quería decir el mandato de Sócrates “conócete a ti mismo”. El mandato socrático “conócete a ti mismo” sería “analiza que concepciones del mundo hay en ti, que no sabes muy bien de donde vienen pero que tu las usas para conocer el mundo y para actuar sobre él, y, además, analiza si eso está o no en contradicción con aquello que haces. Y el filósofo lo que haría es introducir una metodología o una indicación para que todos hiciéramos estas cosas

Antonio Gramsci fue uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano, lo que le llevó a la cárcel con Benito Mussolini. Acabo muriendo fuera de la cárcel, pero lo sacaron para morir. Su legado tiene mucha actualidad a día de hoy y curiosamente la tiene en España, probablemente porque ha habido jóvenes políticos que utilizan a Gramsci y que nos han hecho volverlo a estudiar y volverlo a leer y encontrar elementos interesantísimos para defender una democracia, una revolución democrática diferente a como el marxismo se pensó a principios del siglo XX.

Repasando su biografía un dato curioso de su persona es que era muy bajito (no llegaba a 1,50 m. de altura). Hay alguna anécdota curiosa al respecto que nos da la medida de cómo era visto Gramsci por sus propios camaradas. Gramsci primero estaba desterrado y de ahí lo trasladaron a la cárcel. En la cárcel lo estaba esperando un camarada pensando en que importancia que llegaba Antonio Gramsci, y cuando lo vio entrar exclamó “¡Pero este no es Antonio Gramsci!, porque Antonio Gramsci es un grande”.

Frases de filósofos. Frases filosóficas para pensar.

Baruch Spinoza, sus pensamientos y su filosofía.

Baruch Spinoza fue un filósofo holandés de origen judío del siglo XVII. Dijo que el cuerpo y alma o mente son una unidad.

Hay algunas cosas de su vida que son cuanto menos interesantes para entender qué tipo de pensador era. Por ejemplo, con tan solo 24 años fue excomulgado. Él pertenecía a una familia judía y fue expulsado de la sinagoga. Hay que tener en cuenta que a esa edad todavía no había publicado nada, o sea que solamente por lo que él decía ya le excomulgaron.

Tanto es así que, a la salida de la sinagoga, intentaron asesinarlo y con un cuchillo le rasgaron el abrigo. Para darnos cuenta de qué tipo de personaje era, ese abrigo desgarrado por el cuchillo lo mantuvo dentro de su armario toda la vida (que no fue muy larga porque murió a los 44 años) para recordar hasta donde podían llegar las pasiones humanas y que es lo que había que temerse.

Curiosamente, de este gesto y de esta excomunión, surgió el tipo de profesión que él desarrolló: él desarrolló la profesión de pulir lentes para instrumentos ópticos. Le habían expulsado de una familia comerciante donde probablemente él hubiera tenido su lugar, y entonces él se dedicó, para ganarse la vida (aparte de que pensaba, escribía, etc.), a pulir lentes. Ese era su oficio.

Baruch Spinoza (24 de noviembre de 1632 - 21 de febrero de 1677) fue un filósofo neerlandés. Retrato de Baruch de Spinoza, cerca de 1665.

Baruch Spinoza (24 de noviembre de 1632 – 21 de febrero de 1677) fue un filósofo neerlandés. Retrato de Baruch de Spinoza, cerca de 1665.

Es curioso porque de alguna manera coincide esa profesión, que es para ganar dinero, con el tipo de filosofía que desarrolla. Porque él fue verdaderamente alguien que acercaba la lupa (o las lentes) a las pasiones humanas, a los humanos. Han dicho algunos estudiosos que era una especie de entomólogo de la humanidad. Hasta tal punto que le encantaba (eso dicen sus biógrafos) asistir a los combates de arañas y moscas, y los miraba para entender algo acerca de la naturaleza.

Nos podemos preguntar que qué es lo que decía Spinoza tan grave como para llegar a excomulgarlo. Lo que decía es que la naturaleza humana no es una excepción dentro de la naturaleza, y que por tanto todos nosotros estamos hechos de la misma pasta, de la misma sustancia de la que están hechas las arañas y las moscas por ejemplo. Y que hay que analizar a los humanos sabiendo que son parte de la naturaleza, no como si fueran seres excelsos con un alma que excede totalmente la sustancia material. No, somos ese tipo de materia.

Su grandeza está en que justamente intenta acercar esa lente para demostrar que las pasiones humanas podrían ser reducidas a cosas que podríamos reconocer también en el resto de la naturaleza.

Para poner un ejemplo, Baruch Spinoza escribió un gran libro titulado ‘Ética‘ en el que hace una descripción de las pasiones humanas. En ese libro ¿Cómo describe el amor? Del amor dice que es una alegría que surge del encuentro con otro cuerpo, asociada a la idea errónea de que la causa de esa alegría es el otro cuerpo.

Ahí de repente se han juntado dos elementos. Uno es que es verdad que el amor es alegría por el encuentro de otro cuerpo. Pero los humanos, al pensar, pensamos sin darnos cuenta de manera errónea, como si nos faltaran elementos del pensamiento de lo que está sucediendo, elementos casi científicos. Y atribuimos la alegría del amor al otro cuerpo, lo hacemos causante de la alegría cuando la causa de la alegría es el encuentro.

Es importantísimo, porque los celos, porque la pasión cuando tú piensas que es el otro el que está en el origen de tú amor, te hace confundir todo, te hace atribuir a otro cuerpo una importancia sobre tu vida que probablemente no tendría. Cuando si a lo mejor si lo analizaras como lo hace Spinoza entenderías que, si el amor es la alegría del encuentro, probablemente en el encuentro entre dos cuerpos hay elementos de un cuerpo y del otro. Hay elementos que hacen coincidir esos dos cuerpos.

La ‘Ética‘ de Spinoza es un libro muy difícil. Es uno de los libros más complicados porque analiza las pasiones casi matemáticamente, decía él, geométricamente, aplicando esa lente de entomólogo. Y lo hace desde una concepción que a nosotros nos choca, porque queramos o no siempre pensamos que no somos estrictamente parte de la naturaleza. Pensamos que siempre tenemos algo que nos salva, que nos sitúa por encima de la naturaleza. Y ver reducido el amor, los celos, la envidia, la ambición, el agradecimiento… pero, al mismo tiempo, si nos atrevemos a dar un paso dentro de la ‘Ética‘ lo que encontramos es algo original y valiosísimo.

Ética (en latín: Ethica ordine geometrico demonstrata o Ethica more geometrico demonstrata) es una obra del filósofo neerlandés Baruch Spinoza escrita en latín y no publicada hasta su muerte en 1677. Es su obra más conocida y apreciada.

Ética (en latín: Ethica ordine geometrico demonstrata o Ethica more geometrico demonstrata) es una obra del filósofo neerlandés Baruch Spinoza escrita en latín y no publicada hasta su muerte en 1677. Es su obra más conocida y apreciada.

Hay una anécdota curiosa de la vida de Spinoza cuando, él siempre puliendo sus lentes pero escribiendo sus libros, su fama trascendió. El rector de la universidad de Heidelberg quiso contratarlo, y le mandó una carta diciéndole “querríamos que usted fuese profesor de la universidad de Heidelberg”, y él responde y dice “Vale, estoy de acuerdo. Pero dígame, ¿Podré hablar con libertad desde la cátedra y podré decir que es lo que yo pienso?” El rector le contestó que sí mientras no estableciese nada en contra de las autoridades religiosas o políticas. A lo que Baruch Spinoza respondió: “mire, ¿sabe lo que lo digo?, gracias, yo me quedo puliendo lentes”.

Frases de filósofos. Frases filosóficas para pensar.

Baruch Spinoza: “Nadie sabe lo que puede un cuerpo”.

¿Qué quería decir Baruch Spinoza con la frase “Nadie sabe lo que puede un cuerpo”? Spinoza se refería a un cuerpo vivo, y al cuerpo vivo de un ser humano.

Nos podemos preguntar el por qué no dijo una cosa más sencilla como “nadie sabe lo que puede una persona”. Pero lo hizo a posta, no quería decir persona sino que quería decir cuerpo, para que de esa manera se pensara inmediatamente que el ser humano es un cuerpo vivo y por tanto hay que analizarlo desde un punto de vista más material, más materialista. Eso no quiere decir que el cuerpo vivo de un ser humano sea idéntico al cuerpo vivo de una planta o de un animal, tiene capacidades mentales que no tienen otros seres vivos.

Pero el modelo es el de un cuerpo vivo natural que por tanto necesita desarrollar su propia vida, necesita llegar a una especie de plenitud de crecimiento, y para eso le servía decir “nadie sabe lo que puede un cuerpo”.

Además, si pensamos en un cuerpo, inmediatamente llegamos a la conclusión de que los cuerpos son diferentes. Por lo tanto cuando se dice “nadie sabe lo que puede un cuerpo” lo que se está diciendo es que no sabemos, a priori, cual es el grado de desarrollo vital que puede tener ese cuerpo para llegar a una plenitud. No sabemos cuál es la forma de vida más conveniente para ese cuerpo. O, si seguimos traduciendo, nadie sabe lo que puedes tú en tanto ser vivo y cuál es la forma de vida que más te conviene. Esta es la traducción paulatina que podríamos hacer de esa frase de Spinoza.

En ese momento está claro que la frase tiene una carga crítica muy grande, porque hay quien pretende saberlo. Hay quien pretende establecer que existen formas de vida buenas o formas de vida adecuadas o convenientes y otras que no lo son, y por lo tanto establecer una especie de moral. Así que la frase sería una crítica a quien defiende que existe una moral universal y que existe algo que está bien para todos los cuerpos vivos, y algo que está mal para todos los cuerpos vivos.

La frase tiene esa carga crítica. Hasta ahí bien. Pero si pudiéramos entrar en diálogo con alguien que se alarmara por esta interpretación, esa persona podría criticar y decir: “bueno, pero es que para todo hay límites. Lo que no puede ser es que no se establezcan esos límites. No todo lo puede un cuerpo vivo, y por eso la moral establece unos límites y dice hasta aquí sí y hasta aquí no”.

Utilizando un ejemplo, una comparación que algún intérprete de Spinoza ha utilizado. Imaginemos que cada cuerpo vivo, cada ser humano, fuera una esfera. Y que todos nosotros fuéramos esferas de la misma medida pero hechas con distinto material. Tú serías una esfera de mármol, yo soy una esfera de papel, otra persona es una esfera de madera. Tú eres azul, yo soy rojo, etc. Existirían unos límites geométricos que serían los mismos para ti, para mí y para cualquiera, que indicarían por ejemplo que si bebemos lejía nos sentará mal y moriremos. Eso es un límite, no lo podemos todo. Pero al mismo tiempo resultaría que el material del que estamos hechos, al ser diferente, emitiría una luz en el espacio u ocuparía el espacio de una manera diferente, geométricamente idéntica. Si ponemos en una sala un sofá azul y un sofá blanco que tienen la misma medida, no ocupan el espacio de la misma manera y la percepción es distinta. Eso lo saben perfectamente los artistas porque la luz que se extiende es diferente.

Los límites geométricos son estos de la moral universal, de todo es lo mismo, y los límites de los que habla Spinoza (porque sí que habla de límites) son dinámicos. Entonces no todo se puede, pero habría que ir experimentando, comprobando hasta donde se puede. Y observando que entonces los seres vivos no tienen por qué tener exteriormente una norma que les diga “esta es la vida que te conviene”, sino que la vida más conveniente para cada cual es aquella que iluminara con una luz más amplia hasta donde llegue su luz, que no es infinita claro está pero que es diferente según el color, el material y todas estas cosas.

Esto que está diciendo tiene sus ventajas y sus inconvenientes. La ventaja de quien defiende un modelo de moral universal es que puede estar seguro de lo que tiene que hacer, la desventaja es que a lo mejor no alcanza nunca la plenitud.

Frases de filósofos. Frases filosóficas para pensar.

Karl Marx: “La religión es el opio del pueblo”.

En ocasiones leemos en algunos periódicos que “el fútbol es el opio del pueblo“. Es una transformación de la conocida frase de Karl Marx “la religión es el opio del pueblo. Nos suena a que se critica el fútbol como se critica también la religión, o quizás no. El opio es un veneno pero también, convenientemente administrado, es una medicina. ¿Qué quería decir Marx exactamente? ¿De dónde viene esta frase que se ha utilizado tantas veces?

Esta frase la escribió Marx en un libro que se titula ‘Crítica de la filosofía del derecho de Hegel, y es interesante saber que la frase tiene una coletilla, por así decirlo: “La religión es el opio del pueblo, es el espíritu de una sociedad carente de espíritu“. Y es interesante la coletilla porque nos da la clave para entender la primera parte.

Efectivamente en la primera parte opio hace alusión a algo que tiene una serie de efectos analgésicos (que te puede hacer dormir y te puede hacer también soñar, porque el opio tiene esos dos efectos posibles). Cuando se dice que la religión es el opio del pueblo se está diciendo que la religión aleja de la realidad, porque te hace dormir y soñar. Y dormir y soñar es no estar con los pies en el suelo, como un tipo de anestesia.

Mencionábamos el fútbol, pero esta frase se ha utilizado también en otros contextos. Por ejemplo una conocida frase feminista dice “el amor es el opio de las mujeres, y ahí de nuevo se está diciendo que el amor ha podido servir históricamente para que las mujeres se despegaran de su propia realidad, y entonces soñaran con otra realidad diferente a la que estaban viviendo o durmieran y no fueran conscientes de lo que estaban viviendo (del sometimiento o de la miseria de sus propias vidas). Como algo que solucionaría ese aspecto miserable. En este sentido el fútbol puede ser opio, el amor puede ser opio, y todo viene de la frase “la religión es el opio del pueblo“.

Karl Marx (5 de mayo de 1818 - 14 de marzo de 1883) fue un filósofo, economista, sociólogo,​ periodista, intelectual y militante comunista prusiano de origen judío. Marx en 1875.

Karl Marx (5 de mayo de 1818 – 14 de marzo de 1883) fue un filósofo, economista, sociólogo,​ periodista, intelectual y militante comunista prusiano de origen judío. Marx en 1875.

La segunda parte de la frase de Marx nos da la clave. Porque si dice que es el espíritu de un mundo sin espíritu, que la religión es el espíritu de un mundo sin espíritu, está señalando que no sólo existen necesidades materiales. Y eso es interesante saberlo, porque en la interpretación vulgar que se hace del marxismo parece que el marxismo solamente esté aludiendo a necesidades de orden material. Pero no, lo que está diciendo es que una sociedad tiene que tener espíritu porque los humanos tenemos espíritu, y las necesidades no son sólo materiales sino que son también de carácter espiritual.

La gente, todos, no necesitamos solamente comer y dormir, sino que además necesitamos también tener una idea de nosotros mismos de dignidad que nos hace vivir, entusiasmarnos, emocionarnos. Y esa es una parte de nuestra existencia. Cuando una situación es tan miserable que ni siquiera tenemos dignidad, que ni siquiera tenemos entusiasmo por mínimo que sea en la vida que estamos llevando, entonces la religión se convierte en el sustituto. Es el opio del pueblo para una situación en la que no existe el espíritu, no existe la dignidad.

La religión en ese punto, si no es una necesidad viene a cumplir un papel. Pero claro, la crítica de Marx es evidente que a lo que está señalando es a que las situaciones sean de tal manera que la gente luche por la dignidad y al mismo tiempo se entusiasme por luchar por la dignidad y de esa forma aporte espíritu a su situación miserable. Es decir que lo que sería deseable es que la religión no tuviera que venir a suplir esa ansia de espiritualidad, sino que la gente ya tuviera la fuerza y la emoción de luchar en esta vida para cosas que quieren para esta vida, y no que tuvieran que dormirse, adormecerse o drogarse para pensar que en otro mundo las cosas iban a ir mejor.

Es una frase que sigue teniendo vigencia a día de hoy. También en el mundo político mucha gente se ha dado cuenta de que es un elemento fundamental el que en las situaciones no solamente se ponga de manifiesto que la miseria es material sino que la miseria también puede ser de carácter espiritual. Y si eso la política o la vida pública lo pone de manifiesto, la religión no tendrá donde colarse. Si por el contrario estamos en una situación en la que no existe esa especie de asunción pública de que las personas tenemos unas aspiraciones espirituales, entonces habrá quien venga a ofrecernos una alternativa espiritual.

Frases de filósofos. Frases filosóficas para pensar.

Epicuro: “el principio y raíz de todo bien es el placer del vientre”.

Epicuro fue uno de los grandes filósofos de la antigüedad, de la Grecia clásica. Él decía que “El fin de la vida humana es procurar el placer, evadir el dolor y evitar los excesos”.

Es habitual encontrar el nombre del filósofo Epicuro asociado a restaurantes y a tiendas para gourmets. Pensamos que epicúreo es una persona sibarita, incluso hay un puro habano que lleva su nombre. Pero ¿es eso lo que predicaba Epicuro? ¿Invitaba a disfrutar de los placeres como hacen los buenos sibaritas? ¿Por qué ha habido esta deriva de Epicuro a los restaurantes que se llaman epicúreos?

Todo viene de una frase que dijo el filósofo: “el principio y raíz de todo bien es el placer del vientre. De esta frase es importante señalar que no dice que el  principio y la raíz de todo bien sea el placer del cuerpo, sino que dice que es el vientre. Y el vientre tiene unas características respecto del cuerpo que quizás se entienden menos a primera vista, porque el vientre queda más plebeyo, más bajo, más parte del pueblo. Entonces, que Epicuro diga que el principio de todo bien tiene como modelo el vientre resulta un poco escandaloso. Eso explica también parte del escándalo al que se ha visto sometido siempre este filósofo, que es casi un milagro que haya llegado hasta nosotros alguno de sus escritos porque verdaderamente hubo una intención clara por parte del cristianismo de eliminarlo por cosas como esta que decía o  quizás por cómo se interpretó.

Epicuro (aproximadamente 341 a. C. - 270 a. C.)​ fue un filósofo griego, fundador de la escuela que lleva su nombre (epicureísmo). Busto de Epicuro. Copia romana del siglo II de un original griego de la primera mitad del siglo III a. C. Museo Metropolitano de Arte de Nueva York.

Epicuro (aproximadamente 341 a. C. – 270 a. C.)​ fue un filósofo griego, fundador de la escuela que lleva su nombre (epicureísmo). Busto de Epicuro. Copia romana del siglo II de un original griego de la primera mitad del siglo III a. C. Museo Metropolitano de Arte de Nueva York.

Si decimos que el vientre es el modelo para todo bien o para toda felicidad, hay que entender en qué sentido lo está diciendo. Epicuro cogía el placer del vientre como una especie de ejemplo, de paradigma: cuando tú tienes hambre notas el estómago vacío y entonces sientes dolor, insatisfacción. Cuando comes llenas el estómago y entonces sientes satisfacción, placer. Y el placer y el dolor es esa satisfacción e insatisfacción que recibimos cuando tenemos el estómago lleno o vacío.

Epicuro hace notar dos cosas. La primera que el vientre no engaña, es irrefutable. Si tienes hambre y tienes el vientre vacío lo notas, y si está lleno y estás satisfecho también lo notas, ahí hay una certeza enorme. Y lo segundo es que tu vientre y el mío son diferentes. Tú admites una clase de alimentos, o una cantidad o en un momento determinado, y hay una diferencia entre tu vientre y el mío. Esas dos cosas son las que le sirven a él trasportando el vientre como modelo de todo el resto de las sensaciones de que está compuesta nuestra vida, o de todo el resto de las cosas con las que queremos llenar nuestra vida. Está diciendo del vientre que es el modelo porque es irrefutable y en cada uno de nosotros es diferente.

¿Qué sucede cuando hay gente insaciable?, alguien podría decir “mi vientre es insaciable”. Frente al bien o la felicidad o cualquiera de las cosas, si alguien se muestra insaciable, Epicuro diría que la insaciabilidad es una especie de enfermedad cultural. Eres insaciable pero no porque tu vientre naturalmente lo sea sino porque tú cada vez quieres siempre más. Quieres oír más cosas, sentir más cosas, comer más cosas, beber más cosas, tener más dinero, tener más amigos, hacer más viajes… pero ese es un defecto de enfermedad. En cambio el vientre nos daría un modelo de moderación porque sería inequívoco, la moderación la tendríamos en nosotros mismos. Tendríamos una especie de control natural que además estaría puesto en cada uno de nosotros, nunca en una prohibición externa. Por eso el epicureísmo estaba muy reñido con el cristianismo, porque estaba opuesto a que cualquiera diera instrucciones desde el punto de vista moral tipo no hagas esto o haz lo otro.

Y ese modelo del vientre es un modelo para todo tipo de placer. De manera que Epicuro pensaba que no es que hay que poner límites a los placeres sino que el placer en sí mismo ya es un límite. ¿Por qué? Porque si tú comes mal, o comes demasiado o demasiado poco, tu no recibes placer. El placer es la satisfacción, y esa satisfacción no puede convertirse en otra cosa (en una vomitona). Lo mismo cuando bebes. Por lo tanto el estómago, el vientre, tiene su propio límite. Y ese límite es el límite del placer.

Hay que tener en cuenta que Epicuro era una persona enferma del estómago, lo que quiere decir que poca cosa o cosa muy medida podía comer. Y de hecho lo que predicaba era moderación, frugalidad. Que las cosas se seleccionaran, que no se comiera cualquier cosa. Y como eso es un modelo para toda la vida no sirve solamente para comer.

Por ejemplo, ¿qué era el Jardín de Epicuro? Era una especie de comuna (de casa con jardín) donde él había seleccionado con quien vivir. No se puede estar viviendo con todo el mundo. Los amigos son pocos, esos pocos que tenemos son aquellos con los que quiero vivir. Por tanto yo selecciono lo que como, selecciono con quien hablo, selecciono de lo que hablo… hago siempre esa especie de selección frugal de lo que a mí puede llenarme.

Realmente ser epicúreo es de lo más complicado, porque en general las personas preferimos que las cosas estén prohibidas o permitidas antes que moderadas por uno mismo. Si te dicen no fumes o fuma, o no bebas o bebe, eso es aceptable porque es una orden y obedecemos. Ahora bien, si te dicen por ejemplo “tú tienes que conocer tu estómago, por tanto tú puedes saber cuántas cervezas puedes beber sin que eso se convierta en un displacer, en un sufrimiento” o “tu puedes saber cuánta comida puedes ingerir sin que eso se convierta en su contrario”, modérate… porque además cada estómago es una medida, no puede comer ni beber lo mismo una persona que mida 1,65 y pese 70 kg que una que mida 2 metros y pese 100 kg. Modérate según tu medida, tú tienes que ser tu medida. Y eso es mucho más complicado, las personas preferimos un blanco o negro.

El criterio de la moderación es más inteligente pero más difícil de seguir, porque no te está diciendo no comas estos alimentos o no bebas esto, sino que te está diciendo “come según tu estómago”, “busca el placer según tu estómago, no te pases.

La frase de Epicuro “El principio y raíz de todo bien es el placer del vientre” que ha llegado a nuestros días asociada a restaurantes y comidas sibaritas es la lectura sesgada que ha introducido el cristianismo: “los epicúreos son excesivos”, cuando, pobre Epicuro, era un enfermo de estómago y él no podía ser excesivo. El tenía muy claro que su cuerpo era la medida, que su cuerpo era el control y el equilibrio y que ese equilibrio era armonioso con la naturaleza y era armonioso con los demás. Y que si todos mantuviéramos ese equilibrio no seriamos depredadores respecto de nada, tendríamos una especie de punto de equilibrio nosotros mismos y con la naturaleza y con los demás respecto a no apropiarnos de las cosas indebidamente y a disfrutar de ellas con moderación. Pero la moderación a veces está mal vista, o si no está mal vista muchos prefieren obedecer una prohibición o una indicación que no que les pongas en sus manos la posibilidad de gobernarse a sí mismos.

Una comida epicúrea (pensando en Grecia en el siglo IV a. C.) podría ser unos higos, un poco de uva, un vaso de buen vino y un trozo de queso, con unos amigos, en una discusión interesante, bajo una parra y mirando el mar de Grecia delante. Eso es un festín, un lujo. Eso es el refinamiento en el placer y no a lo mejor otro tipo de cosas.

Frases de filósofos. Frases filosóficas para pensar.

Friedrich Nietzsche: “¿Esto es la vida? Pues, venga, ¡otra vez!”. 

“El hombre da sentido a la vida creando valores. La vida cambia, el individuo permanece”. A Friedrich Nietzsche le gustaba mucho reflexionar sobre la vida, es el filósofo vitalista por antonomasia. Nietzsche fue capaz de amar la vida en sus abismos, en los aspectos más duros y más fuertes, y eso es lo que lo hace muy singular.

Qué quería decir Friedrich Nietzsche con la frase “¿Esto es la vida? Pues, venga, ¡otra vez!”.  En principio la frase puede parecer una chulería: “¿Es esto la vida?”, “¿Es esta porquería la vida?”, “Esto que me ha tocado ¿esto es la vida?”. Y cuando dice “otra vez” es como si dijera “toma, dos tazas”.

Lo que hay que entender, para ver el sentido exacto de la frase, es que para Nietzsche la vida es algo muy muy fuerte, es una potencia enorme. Es como un licor fuerte, no como agua del grifo. La vida no es un estanque de nenúfares, es una tormenta. Esa tormenta, esa fuerza, eso es la vida para él.

Y hay muchos momentos en los que no somos bastante fuertes o no somos tan fuertes como la vida, y entonces sucumbimos. Son los momentos en los que cualquiera puede decir “¡Caramba, es que cuando a mí me salen mal las cosas!”, “Es que cuando yo sufro un abandono…”, “Es que cuando de repente todo se me tuerce… la vida no vale la pena”. Y es entonces cuando tiene sentido ese “otra vez”, viniendo a decir que a veces tendríamos que ser tan valientes o tan fuertes como la vida. Tendríamos que colocarnos en la cresta de la ola si nos imaginamos que la vida es una ola, y esa ola puede arrasarnos y hacernos sucumbir o podemos colocarnos por encima de la ola y surfear.

Friedrich Nietzsche (15 de octubre de 1844 - 25 de agosto de 1900) fue un filósofo, poeta, músico y filólogo alemán, considerado uno de los pensadores contemporáneos más influyentes del siglo XIX. Nietzsche en 1882.

Friedrich Nietzsche (15 de octubre de 1844 – 25 de agosto de 1900) fue un filósofo, poeta, músico y filólogo alemán, considerado uno de los pensadores contemporáneos más influyentes del siglo XIX. Nietzsche en 1882.

Por ejemplo Martin Eden, el protagonista de la novela de  Jack London, es un personaje totalmente nietzschiano. Jack London incluso hace que Martin Eden lea a Nietzsche y lo cite. Tenemos ahí a un personaje al que le pasan muchas cosas, muchas vicisitudes. Y él, cada vez que le ocurre algo, siempre sale a la mar y dice que los vientos alisios del noroeste le insuflan suficiente fuerza como para no mostrarse cobarde ante sí mismo y ante lo que le sucede. Toda la historia es esto, hasta que llega un momento en el que sale al mar y dice “los vientos alisios del noroeste me aburren”. Y en ese momento sucumbe, en ese momento es en el que dice “la vida no vale la pena”. Ese “la vida no vale la pena” es justo en el momento de decaída, en el momento en el que la ola te ha cogido.

Aunque es verdad que parece una frase de chulería, en realidad es un grito. No es un suspiro sino que es un grito, como que te subes encima y dices “¡Otra vez!”.

Friedrich Nietzsche, 1869.

Friedrich Nietzsche, 1869.

Frases de filósofos. Frases filosóficas para pensar.

Gilles Deleuze, sus planteamientos y su metodología como profesor.  

Gilles Deleuze fue un gran filósofo y también fue un grandísimo profesor. No todos los filósofos han sido grandes profesores, no siempre va unido, pero cuando va unido es absolutamente apoteósico.

Hay una experiencia en su vida que le marcó, él la cuenta y por lo tanto le da una cierta importancia, él dice que sí mismo que cuando tenía catorce años era un alumno mediocre y que era un poco idiota. Y, de repente, tuvo un profesor de literatura que estaba completamente loco. La locura hacía que cogiera a todos los alumnos y se los llevara delante del mar, entonces a voz en grito recitaba poemas de Charles Baudelaire mirando al mar.

Deleuze dice que este profesor le salvó de su idiotez porque lo aspiró hacia arriba. Le comunicó algo que no tiene que ver con la letra de las materias que se estudian sino con algo que es mucho más fuerte. Le comunicó el deseo de aprender, el deseo de saber. De hecho de él, cuando después escribió sus libros, dijo que el deseo se comunica por contagio, y que por tanto tienes que estar ante una persona muy deseante y muy entusiasmante para que eso te capture y estire de ti. Y esto es lo que hizo ese profesor de literatura con Deleuze.

Gilles Deleuze ha sido como un Sócrates moderno. Ha habido otros grandes profesores, Martin Heidegger por lo visto fue un grandísimo profesor para quienes lo escucharon, Immanuel Kant también fue un magnífico profesor. Ahí hay algo más que explicar sencillamente lo que ellos escriben o lo que ellos piensan, hay el capturar y coger a alguien y sacarlo, salvarlo y tirarlo hacia arriba. Todo ello con muchos elementos, no sólo con lo que dicen sino con la forma en que lo dicen y con la actitud que tienen.

Gilles Deleuze (18 de enero de 1925 - 4 de noviembre de 1995) fue un filósofo francés, considerado entre los más importantes e influyentes del siglo XX. Desde 1953 hasta su muerte, escribió numerosas obras filosóficas sobre la historia de la filosofía, la política, la literatura, el cine y la pintura.

Gilles Deleuze (18 de enero de 1925 – 4 de noviembre de 1995) fue un filósofo francés, considerado entre los más importantes e influyentes del siglo XX. Desde 1953 hasta su muerte, escribió numerosas obras filosóficas sobre la historia de la filosofía, la política, la literatura, el cine y la pintura.

¿Qué tenía Gilles Deleuze de especial? ¿Cómo daba sus clases? A veces pensamos que los grandes profesores han tenido plataformas para dar sus clases tan importantes como ellos han sido después para la posteridad, y sin embargo por ejemplo en el caso de Deleuze no es así. Él daba sus clases en prácticamente barracones, en condiciones que no son las de la Sorbona (la histórica universidad de París) como todos podríamos pensar. Estaba en una universidad periférica y los medios físicos eran tremendos, pero el clima que creaba Deleuze era increíble, maravilloso.

A sus clases asistía gente de todas las edades, desde 90 a 15 años. Solamente tenía a 10 matriculados y asistían como doscientas o trescientas personas, todas las que cabían en un aula (de hecho se sacaban las mesas y las sillas para que entrara la gente, y sólo se dejaban las sillas para que los primeros o los más ancianos pudieran sentarse). Y él empezaba a hablar. Y hablaba, hablaba y hablaba… a veces preguntaba a sus oyentes si estaban cansados. Tenía la virtud de plantear las cuestiones filosóficas como si fueran problemas en los cuales tuviéramos que entrar y tuviéramos que resolverlos también.

Un ejemplo hablando de límites. En general los límites acostumbran a parecernos negativos y pensamos que lo contrario a tener una vida con límites es llevar una vida loca. Y sin embargo, Deleuze planteaba la cuestión de si era posible el límite positivo. ¿Es posible que haya límites que no sean negación? ¿Es posible que haya límites que sean afirmación? Él dejaba caer la pregunta y a lo mejor hasta la siguiente semana no la recogía y la resolvía, pero tenía a sus seguidores toda la semana pensando. La gente podía interpelarlo, pero él daba al final una respuesta en este caso a través de la filosofía de Spinoza.

Muchas veces nos preguntamos cómo enseñar, cómo transmitir, cómo enseñar a los alumnos a que sepan aprender por sí mismos… eso es tener un deseo de aprender. Pero, ¿cómo se transmite el deseo? No es algo que puedas repetir, es algo en lo que te tienes que sentir contagiado.

Deleuze decía de su filosofía que era pop (pop es popular). De la misma manera que cuando nosotros oímos música clásica no podemos ponernos a llevar el ritmo con los pies, y sin embargo si asistimos a un concierto de música pop sería absolutamente un fracaso que estuviéramos quietos, parados y sin pestañear, al contrario, hay que llevar el ritmo y ponerse a bailar. Deleuze decía que su filosofía era pop porque lo que hace es contagiar el deseo de bailar con los conceptos, el deseo de pensar.

Los libros de Deleuze son difíciles, pero él decía que había que entrar en la filosofía por el medio. Eso quiere decir que tú entras y si algo te interesa y conectas con eso, con eso es con lo que te has visto arrastrado y con eso es con lo que tienes que seguir. Si por el contrario no conectas tienes que abandonarlo, tienes que dejarlo.

Con esa idea Gilles Deleuze está proponiendo que cualquiera puede entrar en la filosofía porque no a todo el mundo tiene que gustarle todo, es imposible que a todo el mundo le guste todo.

Frases de filósofos. Frases filosóficas para pensar.

Gilles Deleuze: “¡Haced rizoma, no raíz!”.

¿Qué quería decir el filósofo francés Gilles Deleuze con la frase “¡Haced rizoma, no raíz!”? Lo primero decir que Deleuze quiere dar un imperativo, y como estamos en filosofía tiene que ser un imperativo moral.

La cuestión es que árbol y rizoma ahí están como metáforas. La primera aproximación a la metáfora te indica que el árbol es vertical y el rizoma es horizontal. Las plantas rizomáticas son por ejemplo la hierba, todas aquellas que crecen en ese sentido horizontal. En cambio el árbol tiene raíces que van de arriba a abajo. Se trata de que entendamos que representa el árbol y que representa el rizoma, agarrándonos a la propia metáfora.

Árbol, además de ser vertical, es algo que está fijo, es inmóvil porque sus propias raíces lo anclan al suelo; es al mismo tiempo algo que tiene principio y final, crece en un sentido; y hay cosas que son fundamentales que están en la base y otras que están en las ramas. De tal manera que el árbol se ha utilizado por ejemplo para hacer árboles genealógicos, el árbol genealógico es el árbol en el que se empieza por el principio y poco a poco se va ampliando. El árbol tiene esa imagen de lo que es seguro, de lo que es fijo, de lo que tiene su orden, de lo que tiene su jerarquía, su trascendencia incluso y su inmovilidad.

En cambio el rizoma, al ser horizontal, es casi todo lo contrario. No tiene principio ni fin. Cualquiera que sea un poco aficionado a la botánica sabe que para trasplantar o para hacer crecer un rizoma basta con coger un trozo por el medio (no hace falta que sea por el final ni por el principio) y transportarlo a otro terreno. Sabemos que el rizoma invade y que conecta cosas, y crece por donde quiere y por donde puede. De hecho lo que se llaman las malas hierbas son rizomáticas, el césped también lo es. Ahí tenemos una imagen de movilidad, no de lo que está fijo, no de lo que es seguro. El rizoma tampoco tiene jerarquía, porque no puedo decir dónde está el principio ni dónde está el final de la hierba.

Si eso lo transportamos al imperativo, es como si Deleuze nos estuviera diciendo “vivid como el rizoma y no viváis como el árbol”. Si tú quieres tener una vida segura (al mismo tiempo dice Deleuze “tu vida será más aburrida”) entonces vive como un árbol: acógete a las cosas que tienen principio y tienen final, al orden jerárquico, a lo que es fundamental… Si tú en cambio te arriesgas a tener una vida más abierta, más de conexiones y no sabiendo muy bien quién eres ni a qué orden genealógico tienes que acogerte, probablemente tendrás una vida con más riesgos pero más divertida.

Tú puedes decidir perfectamente si quieres esta vida o quieres la otra. Si vives como un árbol sintiéndote muy seguro de ti mismo, de quien eres, de dónde vienes y adónde vas. Lo otro es la vida más abierta, en la vida de rizoma no sabes quién eres, no sabes adónde vas, todo se puede conectar, todo puede ser experimentado y ciertamente es más divertido.

Frases de filósofos. Frases filosóficas para pensar.

Hannah Arendt: “Nunca he amado a un pueblo o a una colectividad. Sólo amo a mis amigos”.

Hannah Arendt, filósofa alemana de origen judío, dijo en una ocasión: “Nunca he amado a un pueblo o a una colectividad. Sólo amo a mis amigos. ¿Cuándo y en qué contexto hizo Hannah Arendt esta afirmación?

Es importante saber cuándo, porque responde a una experiencia vital de ella el llegar a decir esa frase y se entiende si hacemos referencia a esa experiencia. Ella era judía, y en 1933 fue detenida por ciertas actividades que hacía siempre en solidaridad con los judíos. Cuando ella vio que las leyes raciales empezaban a ponerse en marcha y que ella había sido detenida se fue del país, se fue de Alemania. Como consecuencia se quedó durante muchos años como una persona sin pasaporte, como una persona que no tenía nacionalidad. Estuvo primero muchos años en Francia y después pasó a Estados Unidos. Solamente veinte años después de haber abandonado en 1933 Alemania le dieron la nacionalidad norteamericana.

Ella después volvió a Alemania, pero volvió ya con el pasaporte norteamericano. En una ocasión, en 1963, le hicieron una entrevista en la televisión. El entrevistador tenía mucho interés en que ella dijera algo positivo de Alemania, con lo cual empezó a preguntarle que cómo se encontraba al regresar. Ella dijo entonces que había sentido una gran emoción por encontrar que la gente hablaba en la calle alemán, porque ella se había pasado veinte años sin ese contacto, sin ese impacto que da el oír a otros como hablan la misma lengua tuya, tu lengua materna en la que ella dice hay todo un background (sabemos poesías, sabemos canciones y nos reconocemos en esa lengua). El entrevistador, animado por esa respuesta, le dijo: “¿entonces usted tendrá nostalgia de Alemania?”, a lo que ella respondió la frase “Nunca he amado a un pueblo o a una colectividad. Sólo amo a mis amigos”.

Hannah Arendt (14 de octubre de 1906 - 4 de diciembre de 1975) fue una filósofa y teórica política​ alemana, posteriormente nacionalizada estadounidense, de origen judío y una de las personalidades más influyentes del siglo XX. Fotografía de 1969 de la escritora Hannah Arendt. ASSOCIATED PRESS.

Hannah Arendt (14 de octubre de 1906 – 4 de diciembre de 1975) fue una filósofa y teórica política​ alemana, posteriormente nacionalizada estadounidense, de origen judío y una de las personalidades más influyentes del siglo XX. Fotografía de 1969 de la escritora Hannah Arendt. ASSOCIATED PRESS.

Se puede entender que la frase es el resultado de una experiencia. Pero también es verdad que los pensadores hacen de esa experiencia teoría, y le sirvió para entender ciertas cosas. Le sirvió por ejemplo para entender que la lealtad o el compartir ella lo hacía con los amigos y no con una comunidad o un pueblo.

A Hannah Arendt le gustaba mucho una frase de Cicerón que decía: “prefiero estar equivocado con Platón que tener razón con los pitagóricos, que si queremos se puede hacer una traducción más banal “prefiero estar en el infierno con x (mi amiga o mi amigo) que en el cielo con todos esos, que se supone que tienen más razón que x pero con los que yo no quiero estar”.

Toda su experiencia vital la llevó a desconfiar de las ideologías, a pensar que la gente cuando quiere demostrar una lealtad por las ideas en muchas ocasiones puede equivocarse porque son una cosa demasiado abstracta. Compartir y tener lealtad se hace con las personas que pueden llegar a encarnar esos valores. Tú tienes lealtad a una persona porque te gusta cómo vive, porque te gusta el mundo que representa, porque te gusta el mundo porque está esa persona.

Si tú eliges la identificación con una persona concreta es como si bajaras a un terreno más práctico, no te quedas en el cielo de las ideas y de las ideologías. Una ideología puede tener razón, es como la frase de Cicerón, los pitagóricos pueden tener razón, pero ¿quién quiere tomarse una cerveza con los pitagóricos? ¿Quién quiere estar con ellos? ¿Quién quiere compartir con ellos? En todo caso Cicerón que pronunciaba esta frase no, con quien quiere estar en con Platón que para él es una muestra viva del mundo como él quiere que sea.

Hannah Arendt representa, y además en su vida lo demuestra, una serie de cosas. Cuando te acercas a ella es por su sentido del humor, porque compartes ciertos gustos… Hay tendencia a veces a pensar que los gustos son muy individuales, y no es verdad. Los gustos son intersubjetivos, son no solamente de una persona sino que son de varias personas. Cuando a ti te gustan unas películas, te gustan unos libros, te gusta una manera de estar… eso quiere decir que tú formas un mundo con esas personas, y no con las ideas abstractas.

Entrevista a Hannah Arendt realizada por Günter Gauss y emitida por la televisión de Alemania Occidental el 28 de Octubre de 1964 (subtitulada en castellano):

Frases de filósofos. Frases filosóficas para pensar.

Hannah Arendt: “La banalidad del mal”.

En ‘Hannah Arendt‘, la película de 2012 dirigida por Margarethe von Trotta sobre la vida de la esta filósofa, se empleaba el concepto “la banalidad del mal”. La impresionante película trata de la actitud de Arendt frente al juicio de un famoso criminal nazi, Otto Adolf Eichmann.

Al  poner estas dos palabras juntas, banalidad y mal, parece que lo que decía Arendt era que el mal es banal. Uno puede pensar que eso es una barbaridad. ¿Cómo se puede decir que el asesinato de seis millones de judíos en las cámaras de gas durante la Segunda Guerra Mundial fue un hecho banal? ¿Cómo y cuándo empleó Hannah Arendt este concepto?

Ocurrió que fue un acontecimiento histórico que a Eichmann lo raptaran los servicios secretos de Argentina, lo llevaran a Jerusalén y le montaran un juicio allí. Para cubrir la noticia la importante e interesante revista The New Yorker quiso mandar, como ha hecho en muchas ocasiones, a alguien de relevancia a seguir el proceso, para de esa forma hacer una narración más bien pensada y bien escrita (enviando en este caso no a un periodista sino a una pensadora). Enviaron a Hannah Arendt a Jerusalén a que hiciera esa crónica, ella fue allí y por tanto estuvo en vivo y en directo y pudo ver las declaraciones de Eichmann. Arendt publicó una serie de crónicas que al final se convirtieron en un libro que tituló ‘Eichmann en Jerusalén‘, y como subtitulo le puso ‘la banalidad del mal.

Sucede que oímos banalidad y mal y vinculamos las dos palabras. Hay muchísima gente que lee las portadas de los libros, a veces leen incluso las contraportadas de los libros, pero no se molestan en leer el libro. Con lo cual inmediatamente la primera asociación que les viene a la mente es que lo que está diciendo Hannah Arendt es que el mal es banal, lo cual es una barbaridad. Escandalizó por supuesto a la comunidad judía norteamericana, a la comunidad judía internacional y a mucha más gente, y persiste esta idea. La pobre Hannah Arendt tuvo que arrastrar hasta la muerte esta polémica y tuvo que defenderse, que a veces la defensa no era nada más que “lea usted el libro por favor, y verá que no estoy diciendo eso”.

¿Qué estaba diciendo Hannah Arendt cuando estaba hablando de la banalidad del mal? ¿Qué carga de profundidad llevaba ese concepto? Hannah Arendt está hablando de quien hace el mal. El que es banal no es el mal, es el sujeto que lo comete. Otto Adolf Eichmann es banal, eso es lo que está diciendo Arendt.

Arendt consideraba a este personaje un fanfarrón, un mequetrefe. Alguien que está en una posición en un momento determinado que quizás no le correspondería, y que entonces se infla como un pavo y se atribuye a sí mismo cosas por soberbia y por fanfarronería y por ser alguien que quiere estar en el centro de la cuestión, cuando en el fondo es un hombrecillo. Esto es lo que estaba diciendo Arendt.

El hecho es que además lo analiza, porque considera que las cosas que dice Eichmann en el juicio delatan esa manera de ser. Por ejemplo ella señala que en ocasiones dice frases banales, vulgares, metidas en un contexto que no toca. En alemán tiene sentido porque lo que hace es emplear dichos.

Un dicho semejante que en castellano podría decir alguien en un juicio en el que le están atribuyendo la muerte de miles de hebreos, que diga por ejemplo “ustedes me han cogido porque más vale pájaro en mano que ciento volando”… y uno piensa que como se le ocurre a ese hombre decir eso. Y sobre todo como se le ocurre cuando luego lo repite, porque tiene esa frase que es como un latiguillo y la suelta una y otra vez. Eichmann está continuamente diciendo ese tipo de cosas. Eso corresponde a alguien que se ha aprendido una frase, la ha oído y la repite.

También en ocasiones su manera de hablar era totalmente contradictoria. Era alguien que decía rimbombantemente “yo estoy absolutamente en contra de todo juramento”. Y al día siguiente podía decir “esto que estoy diciendo lo quiero jurar”. Vamos a ver, ¿en qué quedamos?

Era una persona inconsistente, en realidad lo que era es una persona normal. Y lo que dijo Hannah Arendt, que sí que dolió a la comunidad hebrea, es que no estaban frente a un Macbeth o frente a un Ricardo III, que son dos figuras de William Shakespeare que son malévolas (son malos, pero son héroes malos). Eichmann no era un héroe malo, Eichmann no tenía ninguna grandeza. Eichmann era un hombre normal. Podríamos decir quizás la mediocridad del mal, que no era un buen malo sino que era un malo más malo que en una película mala. Pero más malo a lo mejor que los grandes criminales, ahí está la cuestión.

La importancia de lo que decía Arendt es que descubrió al mismo tiempo por qué había podido ser un criminal como lo fue. Arendt lo que dice es que Eichmann es una persona que no sabe pensar por sí misma, que no tiene conciencia. Y eso es curioso porque volviendo a los ejemplos, cuando vemos a Ricardo III que es un malo absoluto, él un poco antes de la batalla en la que al final va a decir “mi reino por un caballo” tiene una especie de sueño-pesadilla en el que su conciencia le recuerda a todos aquellos a los que ha asesinado, y él se dice a sí mismo “conciencia, ¡cállate!”.

Eichmann no tenía conciencia, no ejercía conciencia, no pensaba por sí mismo. Por eso repite. Las personas que no piensan por sí mismas repiten, las personas que no piensan por sí mismas en  un momento determinado siguen el orden establecido y no cuestionan si el orden establecido puede ser una barbaridad o puede ser un orden asesino. No se lo cuestionan y duermen tranquilas por la noche. Así que los grandes criminales son aquellos hombres normales, banales, que no piensan por sí mismos, que no tienen conciencia y que pueden dormir tranquilamente por la noche pensando que han cumplido con su deber porque están dentro del orden establecido.

Frases de filósofos. Frases filosóficas para pensar

Hannah Arendt: “we are beginners” (“somos iniciadores” o “somos comenzadores”).

¿Qué quería decir Hannah Arendt con la frase “we are beginners”? Con esta afirmación ella se refiere al hecho de que la aparición de cada ser humano en el mundo es una especie de nuevo comienzo, de nuevo comienzo imprevisible. El nacimiento de un niño o de una niña es algo que no sabes muy bien lo que va a ser. Tiene un carácter de novedad, de imprevisibilidad, lo que hace que pensemos que realmente los seres humanos tenemos un principio de libertad en el nacimiento.

En ese sentido somos comenzadores, iniciadores. Empezamos. Y empezamos algo que puede ser nuevo y que no está previsto, que no es una cadena  causal. Ahora bien, si tuviéramos que contestar a la pregunta de si todos los seres humanos que vienen a este mundo son comenzadores o iniciadores tendríamos que contestar que ojalá. Porque realmente no todos entran a formar parte de esa situación en la que pueden comenzar o iniciar algo.

Porque Hannah Arendt piensa que, para serlo, para ser iniciadores, los seres humanos tienen que actuar. Que es la acción lo que introduce una novedad en el mundo, la acción de los seres humanos. Pero actuar no es levantarnos por la mañana y hacer las tareas que hacemos cotidianamente tanto a nivel privado como incluso en el trabajo. Sino que actuar es ocupar un lugar en la esfera pública, y por lo tanto pronunciarnos como nuevos que somos o nuevas que somos en una esfera en la que podemos cambiar las cosas. Ser visibles, pero ser visibles en el nivel de intercambio ciudadano en el que tú puedes proponer o secundar o tomar la palabra y decir lo que piensas. Ahí, en ese momento, tú estás traduciendo a través de la acción tú nacimiento como novedad en novedad verdadera y auténtica.

Por eso el hecho de decir que no todos los humanos adoptan este papel, aunque esto es lo que sería deseable. Es más, es lo que de alguna manera nos hace más humanos. Trabajar o dedicarnos a la esfera privada no son cosas que definen esta posibilidad de no repetir la vida como hacen los animales, de introducir una novedad, de ser comenzadores, iniciadores.

A Hannah Arendt le gustaba mucho la figura de Sócrates. Y Sócrates nos sirve, porque además es una figura conocida, para entender en qué sentido a ella le servía de ejemplo.

Sócrates fue condenado a muerte, pero pudo haberse librado. De hecho sus discípulos organizaron una fuga, que era bastante fácil en las cárceles de entonces que no eran cárceles como las de ahora. Posiblemente esa fuga incluso hubiera facilitado las cosas a los propios jueces que acabaron condenándole, les hubiera venido bien porque quisieron en muchas situaciones no cargar con la responsabilidad de tener que matar a Sócrates porque era algo que, con la autoridad que tenía Sócrates, no les venía bien. Cuando sus discípulos ya le hubieron organizado la fuga, Sócrates dijo que no. Uno de los motivos que adujo es que el sería fuera de Atenas ―hoy diríamos un apátrida― un no ciudadano. Y en tanto no ciudadano no podría tomar la palabra, no podría hacer iniciativas, no podría hacer política en el sentido grande de política… y por lo tanto no podría ejercer su propia humanidad. No podría actuar.

Hannah Arendt lo recoge como ejemplo porque a ella le parece que se ha hablado tanto, y tanto, y tanto de la felicidad en términos privados. Y ella quería hablar en términos públicos, ella dice que existe la felicidad pública. Y la felicidad pública es la felicidad que experimentas al poder con tus congéneres, con tus conciudadanos, organizarte para cambiar las cosas de este mundo. Tienes casi que cerrar la puerta a lo privado para salir al mundo, y en esa salida al mundo tomar la palabra, hacer y secundar proyectos, entrar en la vida de la gran política. Algo que por ejemplo las mujeres no hemos hecho durante siglos, y por ello un aspecto de nuestra felicidad está justamente en poder sentir que este mundo también es nuestro y que también podemos hacer cosas.

Sócrates no quiso ser apátrida, una circunstancia que sí que vivió Hannah Arendt durante 14 años. Ella era alemana y tuvo que salir de Alemania antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial, y se quedó en la condición de apátrida durante 14 años hasta que consiguió la nacionalidad norteamericana en Estados Unidos. Ella en ese tiempo, en 1943, escribió ya sobre los refugiados, una situación que ella definía como ilegales.

Actualmente, lamentablemente, mucha gente está viviendo esa misma situación. No nos damos cuenta de lo que significa no tener un pasaporte que te vincule a un país y no poder ejercer esa libertad de ciudadano, no poder experimentar ese nivel de felicidad. Por eso a menudo los refugiados se amparan y forman comunidades entre ellos, porque de alguna manera tienen que sentir una especie de calor solidario entre ellos ya que no pueden enfrentarse a la vida abierta, a la vida pública, a la vida libre. En este sentido la frase “somos iniciadores”… pero debemos serlo.

Frases de filósofos. Frases filosóficas para pensar

Henri Bergson: “La risa tiene un significado social”.

¿Qué quería decir el filósofo francés con la frase “La risa tiene un significado social”? Henri Bergson ahí, cuando habla de significado social, quiere decir que la risa tiene una utilidad social. Henri Bergson, que es de los pocos que ha reflexionado sobre la risa porque no ha habido tantos filósofos que hayan escrito sobre la risa, lo que le atribuye a la risa es una especie de significado social porque tiene una utilidad social. Y la utilidad que tiene es de castigo: la risa sirve para castigar.

Henri-Louis Bergson o Henri Bergson (París, 18 de octubre de 1859 – París, 4 de enero de 1941) fue un filósofo francés, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1927.

Henri-Louis Bergson o Henri Bergson (París, 18 de octubre de 1859 – París, 4 de enero de 1941) fue un filósofo francés, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1927.

Para entender esto hay que entender algo de la teoría de Bergson. Él escribió un libro conocido que se titula ‘La evolución creadora‘, en el que hablaba de la evolución de la vida. Y decía que la vida partía desde los elementos más puramente materiales hasta especializarse y hasta lograr una cierta espiritualización de la materia, y que ese era el decurso de la evolución. De manera que los animales más primitivos, más simples, son los que están más cerca de la materia pura y dura, de la materia como es la materia no viva. Y a medida que vamos llegando hasta la humanidad llegamos a los aspectos más espirituales y por tanto más libres, menos mecánicos o menos materiales de la vida.

'La evolución creadora' de Henri Bergson

'La evolución creadora' de Henri Bergson

Como él piensa que esa evolución es continua, es progresiva, piensa al mismo tiempo que hay que intentar que los humanos sean lo más libres posible. Por tanto lo más espirituales posible y lo menos mecánicos posible. Para eso cree que justamente la sociedad ha inventado la risa. La sociedad ha inventado la risa para contrarrestar el efecto material que tienen nuestras vidas y el ser en algunas ocasiones muy mecánicos, y por tanto castiga la mecanización de la vida, la repetición, los momentos en los que nos comportamos como un objeto. La risa como avergüenza, como ridiculiza, es por ese motivo también un castigo.

No estamos hablando de la risa vinculada a los chistes lingüísticos sino de la risa vinculada a las acciones. ¿Qué actos son los que nos hacen reír? Desde los más sencillos que aparecen en los dibujos animados, el típico Correcaminos que corre, corre y corre y de repente no se da cuenta de que ya no hay suelo y sigue corriendo por el aire y se cae. Esas caídas, que no son nada más que la puesta en escena de que ese cuerpo es material como una piedra y que al mismo tiempo ha seguido repetitivamente un camino y no se ha dado cuenta de que había un abismo, eso es risible.

Como es risible el distraído. La figura del filósofo o el astrónomo que, mirando las estrellas, se cae en un pozo o choca contra un árbol.

También son risibles las repeticiones, por ejemplo cuando el cuerpo repite tics o tiene latiguillos. Por ejemplo los profesores saben que eso es algo objeto de risa por parte de los alumnos. Es como si te castigaran en el momento en que tú no eres lo suficientemente libre como para no repetir tus gestos.

Y tanto es así que la materialidad del cuerpo tiene que escapar a los momentos más dramáticos de la vida, porque si los introducimos inmediatamente aparece un efecto risible. Por ejemplo los héroes, en las películas, nunca tienen necesidades materiales. Los héroes nunca se están haciendo pipi en el momento en que a lo mejor tienen que hacer una cosa fundamental. ¿Por qué? Pues porque si el guionista introdujera ese elemento automáticamente haría reír, porque entonces pondría de manifiesto que en vez de ser puro espíritu libre que se lanza a la vida y que va a hacer algo insólito pues resulta que es un cuerpo que tiene las mismas necesidades que los demás. O no comen, los héroes tampoco comen.

O incluso, dice Bergson, en una discusión tú tienes que estar de pie. Si te sientas rompes el clima dramático. Porque entonces te has sentado, tu cuerpo te ha pedido que te sentaras y entonces has puesto de manifiesto el cuerpo.

Pero claro, la risa tiene un componente cruel en este sentido. Y no solamente cruel sino que siempre es de un grupo de personas riéndose de otro grupo. Esa característica social también hace que la risa sea de tribu. Por ejemplo los hombres nos hacéis reír a las mujeres, en el sentido que nos hacéis reír por aquellos aspectos repetitivos, mecánicos, en los que ya se sabe lo que va a pasar y lo que vais a decir y lo que vais a hacer… o sea previsibles, materiales, si fuerais más espirituales y menos repetitivos… A la inversa ocurre lo mismo, las mujeres hacemos reír justamente en esos aspectos más mecánicos.

Todo lo que entra dentro de lo mecánico nos hace reír, teniendo en cuenta que a lo mejor tú no te reirás de las cosas que yo me rio porque yo pertenezco a la tribu de las mujeres y tú no. Cuanto más lejos estés o menos simpatía tengas por el otro más te puedes reír, hay algo de insensibilidad.

Esa insensibilidad ocurre por ejemplo si tú estás escuchando la música con unos auriculares y te pones a cantar, y el otro se ríe. ¿Por qué se ríe? Pues se ríe porque no oye la música, está privado de la audición. Lo mismo ocurre si ves a una pareja bailar pero tú no escuchas la música. En el momento en que tú simpáticamente te has acercado a esos sentimientos ya no te ríes. No te ríes por ejemplo en un entierro, pero sí para ti un entierro puede tener un efecto risible si tú estás tan fuera de lo que está sucediendo que, cuando sucede algo de carácter mecánico, automáticamente te desencadena la risa.

Bergson en 1878.

Bergson en 1878.

Frases de filósofos. Frases filosóficas para pensar

Immanuel Kant. El imperativo categórico

¿Qué es el imperativo categórico? Cuando educamos a nuestros hijos, a veces, les repetimos ciertas órdenes, ciertos imperativos, y lo decimos bastante categóricamente. Les decimos por ejemplo “¡Lávate los dientes!” o “¡Haz los deberes!”, o también cómo comportarse con frases como “¡Piensa antes de hacer las cosas!” o “¡No te fíes de todo lo que oyes!” o “¡Ayuda a tus compañeros!”. ¿Es eso el imperativo categórico?

Partiendo de estas frases puestas de ejemplo, imaginémonos a una niña o a un niño tipo Mafalda. Lo que ocurre, y lo que le habrá pasado a muchos padres, es que damos muchos imperativos: “¡Lávate los dientes!”, o “¡Tómate la sopa!” como le decían sus padres a Mafalda. Imaginémonos que tenemos delante a un niño respondón o una niña respondona y nos dice “¿Por qué tengo que tomarme la sopa?” o “¿Por qué tengo que lavarme los dientes?”, o incluso “¿Por qué tengo que ayudar a mis compañeros?”.

Inmediatamente se desencadena en los padres la necesidad de contestar a eso, y entonces contestan. “Lávate los dientes porque si no se te caerán” o “Ayuda a tus compañeros porque si no no tendrás amigos”. E imaginémonos entonces que el niño respondón dice: “¡A mí no me importa que se me caigan los dientes!” o “¡A mí no me importa tener o no tener amigos!”. En ese momento se ha acabado la posibilidad de dar ningún imperativo.

Esto mismo, pero no hablando de dientes sino de imperativos morales, de comportamiento, es lo que descubrió Kant a propósito de los imperativos morales de los que la filosofía habla y de los que la religión habla. Y es que a pesar de que se emiten o se dicen categóricamente son condicionados, hipotéticos. Es como si dijéramos: “Lávate los dientes si quieres tener los dientes bien y no ir al dentista”. En el momento en que coges la hipótesis y dices que no te importa la hipótesis, la primera parte del imperativo se ha caído.

El imperativo categórico es otra cosa. Tiene que ser uno que no permita hacer ese juego y que no permita decir “yo no quiero esto” sino que de verdad sea categórico, sin hipótesis. Lo que en realidad dijo Kant es que todos nosotros tenemos en nuestra cabeza la posibilidad de desarrollar ese imperativo. De alguna manera no habría que enseñárnoslo, habría que indicarnos el camino para que lo encontráramos. Él piensa que todos los humanos tienen un principio moral dentro de ellos, de serie.

Kant decía algo muy bonito, decía que las dos cosas que más admiración le causaban eran el cielo estrellado encima de nosotros y la ley moral dentro de nosotros. Él presuponía que efectivamente, de serie, todos tenemos esa ley. Y ese es el imperativo categórico, que tiene una formulación abstracta y que es la siguiente: actúa de tal manera que desees al mismo tiempo convertirte en legislador universal, es decir, que lo que tú haces fuera ley para todos.

Actúa de tal manera que desearas que lo que tú haces sea ley para todos. Ese principio, que no lo sabríamos formular sin más, es sin embargo el que hace que tengamos por ejemplo un cierto remordimiento de conciencia, un cierto volver sobre las acciones que hacemos y saber que a lo mejor no son todo lo justas que tenían que ser o todo lo buenas que tenían que ser.

Y es lo que permite además hacer reflexionar a alguien. Porque si nosotros hacemos una formulación hipotética y le decimos a alguien “no robes porque no entrarás en el reino de los cielos” estamos otra vez en el hipotético. “Yo no quiero entrar en el reino de los cielos, yo quiero ir donde van esos malos que me caen muy bien”, ahí se ha acabado, ya no puedo enseñar moralmente. No sirve de ley.

Sin embargo si tú no dices “no robes”, sino que dices “en esta ocasión que tú le has quitado ese dinero a esa persona ¿crees que todo el mundo debería actuar de esa manera? ¿Crees que eso es ley universal?”. Ahí, a poca conciencia que alguien tenga, reflexiona sobre lo que hace.

Podemos pensar que es un ideal, pero un ideal que es posible desarrollar y que es posible desarrollar en la mente de todos. Todo el mundo, cuando educa a los niños y a los jóvenes, pretende justamente que tengan un comportamiento moral. Lo que ocurre es que no sirve dar instrucciones o amenazar, porque las amenazas caen dentro de la hipótesis. La amenaza es actúa de esta manera o te castigo… o te castigo yo, o te castiga el cielo, o te castigan las leyes, o vas a la cárcel o cosas por el estilo. Si de esa manera actuamos, en el momento en el que nos cargamos la segunda parte de la hipótesis ya no funciona. Si yo digo que a mí me gusta ir a la cárcel, ¿por qué no tendría que robar?

El asunto está en que ese ideal se puede desarrollar si lo que yo soy capaz es de ofrecer a los jóvenes la posibilidad de meditar, de reflexionar, de volver sobre sí mismos. Para lo cual hace falta un poco de silencio, un poco de soledad… y quizás de esa manera todos encontraríamos un principio moral dentro de nosotros. Eso es lo que pensaba Kant.

Immanuel Kant (22 de abril de 1724 - 12 de febrero de 1804) fue un filósofo prusiano de la Ilustración. Fue el primero y más importante representante del criticismo y precursor del idealismo alemán. Es considerado como uno de los pensadores más influyentes de la Europa moderna y de la filosofía universal. Además se trata del último pensador de la modernidad, anterior a la filosofía contemporánea que comienza con el pensador Hegel.

Immanuel Kant (22 de abril de 1724 – 12 de febrero de 1804) fue un filósofo prusiano de la Ilustración. Fue el primero y más importante representante del criticismo y precursor del idealismo alemán. Es considerado como uno de los pensadores más influyentes de la Europa moderna y de la filosofía universal. Además se trata del último pensador de la modernidad, anterior a la filosofía contemporánea que comienza con el pensador Hegel.

Frases de filósofos. Frases filosóficas para pensar

Immanuel Kant: “La Ilustración es la salida del hombre de su culpable incapacidad”.

Immanuel Kant fue un filósofo alemán de la Ilustración muy influyente a finales del siglo XVIII. Con la frase “La Ilustración es la salida del hombre de su culpable incapacidad” ¿Qué quería decir Immanuel Kant?

Kant era un filósofo ilustrado. Pertenecía a ese movimiento que se llamo Ilustración, un movimiento que defendía la libertad de pensamiento y que fue el predecesor de lo que después se convirtió en la Revolución Francesa.

Esta frase de Kant tiene un contenido crítico muy alto, es una frase algo complicada pero es de esas frases que valdría la pena aprender de memoria porque son un tesoro. La frase empieza diciendo “La Ilustración es la salida del hombre…”, y ahí ya hacemos la primera llamada de atención porque en la traducción castellana dice hombre y tiene que decirlo, porque nosotros no tenemos una palabra para englobar hombres y mujeres, pero en alemán igual que en griego esa palabra sí que existe. En realidad lo que Kant está diciendo es “…es la salida de la humanidad de su culpable incapacidad”.

¿Cuál es la incapacidad de la que es culpable la humanidad? La incapacidad a la que se refiere es la incapacidad de pensar por sí mismos. Lo que estaba señalando críticamente Kant es que a finales del siglo XVIII, principios del XIX, los humanos se dejaban guiar por autoridades externas a sí mismos y por tanto organizaban sus vidas obedeciendo a esas autoridades. Que podían ser autoridades eclesiásticas, librescas o que podían ser incluso médicas, científicas… En realidad lo que hacían los hombres y las mujeres era seguir esas autoridades.

¿Por qué se obedece lo que alguien dice porque se le reconoce autoridad en vez de pensar por uno mismo? Dice Kant que por incapacidad, porque al fin y al cabo los humanos tenemos la capacidad de pensar por nosotros mismos y por eso somos culpables. Somos culpables de no pensar por nosotros mismos.

Kant era muy analizador, muy analista, y comienza a explicar esta culpabilidad. La culpabilidad según Kant se debe a que por cobardía o por pereza preferimos dejarnos guiar por una autoridad exterior a nosotros mismos, por comodidad. Llega a decir que es muy cómodo ser menor de edad. Es muy cómodo si no tengo responsabilidad alguna porque son otros los que me lo han dicho… me lo ha dicho el médico, o lo ha dicho esta persona que ha escrito un libro para decirlo, o lo ha dicho el Papa, o lo ha dicho un obispo… entonces yo lo asumo y es muy cómodo.

Pero también por cobardía. La cobardía está en función de la amenaza o del miedo que podían esas autoridades meter en la mente de las personas si se atrevían a pensar por sí mismas. “Te estrellarás, caerás, no sabrás que pensar, te equivocarás… es mejor que sigas a las autoridades“. Por lo tanto el miedo y la cobardía abundaban en esa incapacidad.

Lo que Kant nos dice es que nos atrevamos a pensar por nosotros mismos. Y lo dice con respecto a la humanidad porque él sí que establecía una diferencia entre las posibilidades que podían tener los hombres, los varones, y las mujeres de llegar a esa Ilustración. En el caso de los hombres varones decía que lo tenían difícil por culpa de la cobardía y de la pereza, pero en el caso de las mujeres decía que todas ellas lo tenían casi imposible. Condenaban casi a las mujeres a no ser ilustradas.

En realidad esta frase es absolutamente actual. Se escribió a finales del siglo XVIII o principios del XIX, pero si nosotros tuviéramos que preguntarnos ahora si la humanidad es crítica y si la humanidad es capaz de pensar por sí misma la respuesta sería que bastante poco.

Por tanto ¿somos ilustrados? No, estamos en proceso, podemos estar en camino de serlo. De ahí que sea una frase que conviene recordar, memorizar, llevarse consigo… para acordarnos de que somos capaces y de que no tenemos que tener miedo. Porque como dice Kant, sí, es posible que nos equivoquemos. Es como la minoría de edad, un niño que empieza a andar es posible que si le quitas el taca-taca se caiga, pero se caerá dos o tres veces y luego aprenderá a andar. De la misma manera atrévete a pensar, adelante.

Frases de filósofos. Frases filosóficas para pensar

John Langshaw Austin: “Decir algo es hacer algo”

J.L. Austin fue un filósofo británico, una de las figuras más relevantes en lo que se ha dado en llamar filosofía del lenguaje. A él se debe el concepto de acto de habla.

¿Qué quería decir con la frase “Decir algo es hacer algo“? Se trata de una frase sencilla y fácil de recordar que además en principio parece que no dice nada, y sin embargo ha sido el inicio de una gran revolución en la filosofía, sobre todo en la filosofía del lenguaje, porque le ha dado la vuelta a tantas cosas que pensamos espontáneamente del lenguaje y que incluso las seguimos pensando. Ha sido una revolución que todavía no ha conseguido cambiar parte de las cosas que pensamos.

Si nos ponemos a reflexionar en qué hacemos cuando hablamos, inmediatamente pensamos en las funciones comunicativas del lenguaje: cuando hablamos preguntamos, contestamos, decimos, informamos… Lo que hizo Austin fue hacernos reflexionar acerca de que había otras cosas que no entraban dentro de esas funciones.

Si yo por ejemplo le digo a alguien “eres un gordo”, no estoy informando, no estoy diciendo. Estoy insultando. Sabemos que ese comportamiento, en un determinado contexto, se convierte en un insulto. De la misma manera si yo pido disculpas o si solicito ayuda lo que estoy haciendo son acciones, no estoy comunicando.

Austin también decía que hay otras acciones que son mucho más solemnes, porque depende también de que el sujeto que las lleva a cabo está revestido de una cierta autoridad para realizar esos actos. Por ejemplo cuando un juez sentencia “ha sido usted declarado culpable”, eso no es tampoco algo comunicativo. Esa sentencia es algo que cambia la realidad, no es lo mismo antes de que el juez pronuncie esa frase que después de haberla dicho. O por ejemplo cuando se produce un casamiento se dice la frase “sí, quiero”.  Ese “sí quiero”, a partir de ese momento, cambia la realidad.

A eso es a lo que Austin denominó con una palabra que después hemos incorporado nosotros al lenguaje: el anglicismo performatividad. Él dijo que el lenguaje era performativo, que el lenguaje realizaba (porque perform, el verbo en inglés, significa realizar, hacer acto de algo).

O sea que la frase “Decir algo es hacer algo” quiere decir que el lenguaje es performativo. Y, al final, los filósofos del lenguaje que han reflexionado sobre esto han acabado pensando que gran parte de las cosas que hacemos cuando decimos entran dentro de esta categoría performativa, que muy pocas cosas son comunicativas. O sea que es al revés de lo que decimos.

Por ejemplo, si yo digo “hace sol” aparentemente estoy informando. Pero, ¿porqué digo “hace sol” si es obvio que hace sol?… En una conversación entre marido y mujer ese “hace sol” puede querer decir otras cosas (“Hace sol, salgamos”), más allá del significado propio de las palabras. Y al decirlo estás actuando de determinada manera, estás haciendo una cosa que entra dentro de la performatividad. No es lo mismo decir “hace sol” que decir “no hace sol”, porque, a lo mejor, con eso entras en una discusión en la que la otra persona entiende que tú le estás diciendo que no tenía razón al no organizar la excursión o que sí que había que hacerla.

Al final raramente comunicamos y estamos siempre actuando, lo que hace que el lenguaje haya acabado siendo una de las cosas que más interesa a quienes se ocupan de los comportamientos humanos que son los psicólogos y los políticos. La obra más conocida de John Langshaw Austin es precisamente ‘Cómo hacer cosas con palabras’.

Libro de John Langshaw Austin,

El lenguaje es parte del comportamiento humano. Cuando un niño aprende a hablar no aprende a comunicar. A veces los padres piensan “tengo ganas de que mi niño hable porque así dirá lo que piensa o lo que siente”, y eso es falso. El niño aprende a comer y aprende a actuar lingüísticamente, aprende lo que después se ha llamado un juego del lenguaje. Y, aprendiendo eso, a lo mejor no aprende a decir lo que piensa, sino que justamente aprende lo que hay que decir en tal situación para obtener tal o cual cosa.

John Langshaw Austin, filósofo británico (Lancaster, Reino Unido, 28 de marzo de 1911 - Oxford, 8 de febrero de 1960)

John Langshaw Austin, filósofo británico (Lancaster, Reino Unido, 28 de marzo de 1911 – Oxford, 8 de febrero de 1960)

Frases de filósofos. Frases filosóficas para pensar

John Dewey: “La educación no es una preparación para la vida, sino que es vida” 

La educación es muy importante para el progreso de la sociedad, de su buen funcionamiento depende también el buen funcionamiento de la sociedad.

A John Dewey se le considera uno de los padres de la pedagogía moderna. Por lo que más se le conoce es por sus escritos sobre educación, aunque también escribió influyentes tratados sobre arte, lógica, ética y democracia, en donde su postura se basaba en que solo se podría alcanzar la plena democracia a través de la educación y la sociedad civil.

Este filósofo y pedagogo norteamericano definió el papel de los maestros y su influencia en los alumnos. Ha sido el primer innovador en el campo de la pedagogía y eso lo hace tremendamente actual, aunque pertenezca a los siglos XIX y XX, las cosas que escribió son absolutamente válidas a día de hoy.

Con la frase “La educación no es una preparación para la vida, sino que es vida“, ¿qué es lo que John Dewey quería decir?

En principio la frase puede parecernos sorprendente. “Preparar” es lo que todos nosotros creemos que tiene que hacer la educación, lo que tienen que hacer las escuelas. Y sin embargo él empieza diciendo que no, que la educación no es una preparación para la vida.

Posiblemente a día de hoy esta frase se puede entender más que cuando él la escribió, porque hay muchos pedagogos, profesores y maestros, que ya saben que es muy difícil saber qué cosas tendrían que saber en concreto los alumnos para la vida que les está reservada más adelante, para la vida que les reserva el futuro. Y, por tanto, ya empiezan a pensar que puede ser que tenga razón, que la educación no puede ser una preparación para la vida.

Esa frase se tiene que completar con “es vida”: “La educación no es una preparación para la vida, sino que es vida“. Dewey pensaba que se educa para formar ciudadanos en una democracia, que ese era el objetivo, y que por lo tanto las escuelas tenían que crear una vida, hacer partícipes de esa vida a los niños y a los adolescentes. De manera que vivieran una vida que probablemente fuera un poquito diferente, o bastante diferente depende de las clases sociales y de la situación, de la vida a la que estaban sometidos esos niños o esos adolescentes. Que la vida de las escuelas tendría que mejorar la vida de fuera, mejorarla y estructurarla.

Decía John Dewey que la escuela tenía que ser un laboratorio. Pero, ¿un laboratorio de qué? Por ejemplo en la sociedad hay conflictos y en la escuela hay conflictos también, es algo evidente que saben todos los profesores. La resolución de los conflictos en la escuela tiene que ser ejemplar, tiene que ser ejemplarmente democrática. No puede ser que se resuelvan los conflictos dentro de la escuela como fuera.

O por ejemplo en la vida hay reglas. Pero la asunción de las reglas en la escuela tiene que ser una asunción democrática, los alumnos tienen que participar de esas reglas.

O por ejemplo en la vida hay potencialidades diferentes, hay formas diferentes de desarrollar la personalidad. La escuela tiene que dar ámbito a todo el desarrollo de todas las potencialidades, de manera que no deje a nadie atrás.

Eso hace que la escuela sea una vida en laboratorio democrática, de ciudadanos, quizá probablemente como el mundo que querríamos que fuera. Y si los jóvenes y los niños viven esa vida, de esa manera están formándose mucho más. Se le da un papel importantísimo a los maestros, un papel clave, quizá uno de los papeles más importantes en una sociedad democrática. Eso es lo que todavía hoy deberían entender los gobiernos y estados, que los maestros y los profesores son la piedra básica, el pilar sobre el que se apoya toda la democracia de un país.

La mayoría de los innovadores pedagógicos se han inspirado en las teorías de Dewey, el modelo de Finlandia sería el ejemplo de una educación que tiende a eso que había propuesto el filósofo norteamericano: a que se discutan las reglas, a que se resuelvan los conflictos racionalmente y a que no se deje a nadie atrás. Es sorprendente si se pregunta en Finlandia por el índice de fracaso escolar, es algo que hemos visto en tantos reportajes… “¿De qué me habla, qué fracaso?” Eso dice mucho a favor del modelo de educación que siguen allí.

John Dewey comentaba que para un niño lo importante no es aprender a leer, sino aprender o saber que leer es importante. Por lo tanto tampoco se dan plazos estrictos ni se establece que tiene que ser en un tiempo y no en otro, sino que realmente si las potencialidades son diversas y todos somos diferentes… tenemos que dar tiempo al tiempo, no todo el mundo se desarrolla de la misma manera ni en el mismo periodo de tiempo.

Dicho esto, todos estos currículums cerrados donde hay que enseñar a los niños a leer a los seis años, y hay que enseñar matemáticas a esta edad… todo eso desaparece. Dewey puso a prueba su experiencia en una escuela norteamericana a la que además llamó escuela laboratorio. ¿Era distinto el resultado de los alumnos que iban a esa escuela de los que acudían a otra? Lo cierto es que no se llegó a comprobar porque fue durante un periodo de tiempo muy escaso. Pero el modelo de Finlandia sí que es un modelo para estudiar, porque ahí sí que tenemos un éxito probado donde no hay deberes, donde no hay una exigencia curricular, donde no se presiona a los niños para que empiecen a los seis años a leer y donde todo el mundo tiene cabida y todo el mundo participa de la vida de la escuela, o sea que la escuela no es una preparación para la vida sino que es vida democrática.

John Dewey (Burlington, Vermont, 20 de octubre de 1859 - 1 de junio de 1952). En la imagen John Dewey en 1902.

John Dewey (Burlington, Vermont, 20 de octubre de 1859 – 1 de junio de 1952). En la imagen John Dewey en 1902.

Frases de filósofos. Frases filosóficas para pensar

José Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mi circunstancia”

Esta es una famosa frase del filósofo español José Ortega y Gasset. Cuando alguien nos dice: “Mira, es que yo soy yo y mi circunstancia”, ¿entendemos que nos está queriendo decir que no todo lo que le sucede depende de él?, ¿que él o ella no son del todo responsables porque también han influido las circunstancias? Hay una gran cantidad de frases de la filosofía que han pasado al lenguaje común y que tergiversan totalmente el sentido filosófico, y esta es una de ellas.

Solemos usar la frase “Yo soy yo y mi circunstancia” como una especie de excusa. Pero, ¿Qué es lo que realmente quería decir José Ortega y Gasset? En realidad lo que Ortega estaba diciendo es que el “yo” es solamente un ingrediente de mi vida, y “la circunstancia” es el otro ingrediente de mi vida. Es decir que mi vida se compone de “yo” + “circunstancia”.

La palabra circunstancia quiere decir todo lo que está alrededor de mí. Por tanto “yo soy yo y mi medio”, que es una manera de decir que no puedo separar el medio en el que vivo de mi yo porque todo forma un conjunto, como sucede por ejemplo con los animales. Los animales viven en un medio (el medio físico no podría ser explicado si no lo es con respecto a los animales que viven en él, de la misma forma que los animales tendrían que ser explicados con respecto al medio físico en el que viven. Lo que quiere decir que si cambia uno cambia el otro, es un todo).

Ocurre que en la interpretación de la frase de Ortega y Gasset, que se hace como si fuera una excusa, es donde se falla. Porque lo que nos diferencia a los seres humanos de los seres vivos en general es que nosotros estamos dotados de palabra, de razón, y que tendemos a explicar las cosas. Por tanto, la circunstancia que a mí me toca vivir yo me pregunto ¿cómo?, ¿por qué? Yo intento buscarle un significado a mi vida. Y, al hacerlo, de alguna manera estoy introduciendo en el silencio del medio que me rodea una palabra que de significado a ese medio.

A Ortega y Gasset le gustaba muchísimo una anécdota de Heráclito, un sabio griego de la época clásica. La anécdota cuenta lo siguiente: Heráclito estaba un día en la cocina (hoy día no nos cuesta imaginar que un filósofo esté en la cocina, pero, en aquella época, estar en la cocina era algo absolutamente sin sentido, insólito y absurdo para que estuviera allí un filósofo) y en eso que llegaron unos alumnos (discípulos que le querían preguntar algo). Los estudiantes se sintieron algo azorados, molestos, al ver que su maestro estaba en la cocina y que a lo mejor lo habían pillado en algo en lo que no quería estar. Entonces Heráclito les dijo: “Pasad, aquí también están los dioses”. Con esa frase el filósofo griego quería decir a sus discípulos que ese también era un lugar que podía tener un significado, que ese también podía ser un lugar valioso. Que la cocina es un lugar que puede tener valor.

Esta frase le gustaba a Ortega y Gasset porque era tanto como decir que las circunstancias (lo que rodea mi yo, lo que forma parte de mi vida) es algo que también tiene valor, tiene valor porque yo le voy a dar un sentido, porque yo voy a traducir el silencio a palabras.

Puesto así lo que sucede es que el determinismo que parece que implique la frase es totalmente al contrario, no hay ese determinismo. Ortega también decía: “el determinista en algún momento de su vida se ha elegido determinista”, y tiene razón porque si no todos estaríamos determinados a ser deterministas y no es el caso.

En realidad no hay determinismo en el “Yo soy yo y mi circunstancia” porque ésta, además, es una frase con coletilla: “Yo soy yo y mi circunstancia, si no la salvo a ella no me salvo yo”. Y ese “si no la salvo a ella no me salvo yo” quiere decir que si yo no saco la circunstancia del silencio y de la carencia de sentido, si yo no salvo por tanto a través de las  palabras a la circunstancia, tampoco me salvo yo.

Pongamos un ejemplo, si decimos “la vida de todos está limitada”… Yo nací en un determinado año, en una determinada época, soy mujer… y eso son límites para mi vida. Ahora bien, yo puedo al hecho de ser mujer o al hecho de haber nacido bajo determinadas circunstancias darle un sentido, darle un significado. En el momento en el que yo le doy un significado y lo incorporo a mi vida como parte de un medio entendido por mí, yo salvo la circunstancia y me salvo a mí. Es decir, ya no vivo la vida desde una inconsciencia, desde un silencio, sino que la vivo en la conciencia de que yo puedo explicar porqué las cosas son así, cómo han sido para mí. Y eso puede tener una explicación y por tanto una manera de salvación.

José Ortega y Gasset (Madrid, 9 de mayo de 1883 - Madrid, 18 de octubre de 1955) fue un filósofo y ensayista español, exponente principal de la teoría del perspectivismo y de la razón vital —raciovitalismo— e histórica, situado en el movimiento del novecentismo.

José Ortega y Gasset (Madrid, 9 de mayo de 1883 – Madrid, 18 de octubre de 1955) fue un filósofo y ensayista español, exponente principal de la teoría del perspectivismo y de la razón vital —raciovitalismo— e histórica, situado en el movimiento del novecentismo.

Frases de filósofos. Frases filosóficas para pensar

Marco Aurelio: “Las cosas no tocan la mente”   

El emperador romano Marco Aurelio era un pensador estoico, un filósofo estoico. El estoicismo es una palabra que conocemos porque la utilizamos en el lenguaje habitual. Hace referencia a una escuela filosófica o un modo de pensar que da instrucciones para que la vida no sea tan agresiva, o para poder superar los sufrimientos o defenderse de los sufrimientos.

¿Qué quería decir Marco Aurelio con la frase “Las cosas no tocan la mente”? En realidad lo que hicieron Marco Aurelio y  los demás estoicos fue inventar los ejercicios espirituales, que eran ejercicios mentales, antes de que se hablara de ejercicios espirituales en el ámbito de la iglesia cristiana y católica. Algunos de estos ejercicios eran como mantras. Esa frase: “Las cosas no tocan la mente”, es una frase que habría que repetirse continuamente para tenerlo claro cuando algo malo nos sucede.

Marco Aurelio lo razonaba de la siguiente manera: si por ejemplo tú te quemas la mano entonces las cosas sí que tocan el cuerpo (el fuego toca la mano y tú te quemas), pero el fuego no toca la mente. Luego el cuerpo no toca la mente. ¿Qué se obtiene si separamos las dos cosas? Pues que una cosa es el dolor físico, y otra cosa es la interpretación o el discurso o las opiniones que giran en torno a ese dolor físico y lo convierten en un sufrimiento que quizá podríamos superar.

Es algo muy interesante porque tenemos que pensar que, aunque a nadie se le desea que tenga ningún sufrimiento, en algún momento de la vida hay una pérdida o un abandono… Marco Aurelio ponía muchos ejemplos, escribió un libro en el que se trataba de poner ejemplos y de poner estas frases mantra que teníamos que repetir.

Respecto a esto contaba una anécdota interesante. Supongamos que tú vas a un gimnasio. Te dan una patada y casi te rompen la pierna, eso es un dolor físico. Pero, ¿ha habido ofensa? Es decir, ¿tú tienes que leer esa patada como una ofensa? Seguramente no, ha sucedido así porque tú estabas en el gimnasio y el gimnasio es un ámbito donde suceden estas cosas. Ese mismo accidente, esa misma patada, te sucede en otro ámbito y entonces tú automáticamente lo lees como ofensa. ¿Qué sucede ahí? Que tienes dos cosas: tienes el dolor físico y tienes el dolor moral de la ofensa, y casi a veces pesa más ese dolor moral que el dolor físico.

Frases como esta de Marco Aurelio hacen reflexionar sobre una forma que se ha tenido de concebir a los estoicos. Se dice: “los estoicos son impasibles y enseñan la impasibilidad”. Esto es verdad, pero no tenemos que confundir la impasibilidad con la insensibilidad. Si fueran insensibles no tendría mérito ser impasibles. Si yo te doy una patada y a ti no te duele, no tiene ningún mérito que tú te muestres impasible y por lo tanto no reacciones, no te me tires al cuello y cosas por el estilo.

Tu impasibilidad es un triunfo tuyo, es un modo en el que tú te has dicho a ti mismo: “me ha dado una patada, la patada me ha dolido pero mi mente está fuera de la patada, no ha sido alcanzada por la patada. A mi mente no le ha dolido”. De esa manera puedes seguir siendo una persona sensible, a la que las cosas le duelen, pero no reaccionas pasionalmente. Le has quitado la carga pasional que añade mucho sufrimiento al dolor. Esta era su técnica de separación de lo uno y de lo otro. Quizá, a veces, cuando se habla de tomarse la vida con filosofía es tomársela con estoicismo.

Él destacaba que la manera de mirar las cosas en la vida es fundamental. También pensaba que el discurso que tenemos en la cabeza, la interpretación que hacemos, es lo que tendríamos que dominar, que conquistar. Por eso Marco Aurelio piensa que la mente es como una ciudadela: hay que defenderla. Pero hay que defenderla para ponerla un poco separada del dolor. Es por eso que los estoicos parecen insensibles, porque parece que no reaccionan como el resto de la gente.

Una de las teorías de Marco Aurelio como gestor, como emperador romano, era: “lo que interesa a la ciudad acaba interesando a los ciudadanos. Lo que beneficia a la ciudad beneficia a los ciudadanos”. Fue uno de los emperadores romanos más reconocidos y más buen emperador, sobre todo también por el legado que nos dejó con las ‘Meditaciones‘. En el fondo no era un libro escrito para los demás sino que era un libro escrito para sí mismo, una concepción del diario que no tiene nada que ver con los diarios actuales. Él no escribía lo que le había sucedido sino que escribía aquellas reflexiones que él quería tener presentes, de las que quería tener memoria y con las que quería formarse y ejercitarse.

Marco Aurelio escribía en griego, no en latín que era la lengua común, y eso era algo que le distinguía también a nivel intelectual del resto. La lengua griega en el siglo II después de Cristo era una lengua culta, y en las familias de una cierta clase social patricia era como una señal de distinción (como lo era por ejemplo que los rusos hablaran francés en el siglo XIX, lo hacían las familias con posibles). Marco Aurelio hablaba griego en familia, en la intimidad.

Busto de Marco Aurelio. Gliptoteca de Múnich. Marco Aurelio Antonino Augusto,​ apodado el Sabio o el Filósofo​ (Roma, 26 de abril de 1214 ​- Vindobona o Sirmio, 17 de marzo de 180), fue emperador del Imperio romano desde el año 161 hasta el año de su muerte. Su gran obra, 'Meditaciones', escrita en griego helenístico durante las campañas de la década de 170, todavía está considerada como un monumento al gobierno perfecto. Se la suele describir como «una obra escrita de manera exquisita y con infinita ternura».

Busto de Marco Aurelio. Gliptoteca de Múnich. Marco Aurelio Antonino Augusto,​ apodado el Sabio o el Filósofo​ (Roma, 26 de abril de 1214 ​- Vindobona o Sirmio, 17 de marzo de 180), fue emperador del Imperio romano desde el año 161 hasta el año de su muerte. Su gran obra, ‘Meditaciones’, escrita en griego helenístico durante las campañas de la década de 170, todavía está considerada como un monumento al gobierno perfecto. Se la suele describir como «una obra escrita de manera exquisita y con infinita ternura».

Frases de filósofos. Frases filosóficas para pensar

Historias para niños. Los mejores libros de filosofía recomendados para niños y para jóvenes.

101 experiencias de filosofía cotidiana

Roger-Pol Droit, director de filosofía de la UNESCO, plantea una tabla de ejercicios mentales para que tu mundo no vuelva a ser el mismo:

– Di tu nombre en voz alta, en una habitación vacía.
– Viaja en tren sin fijar un destino.
– Imagina que el mundo acaba en veinte segundos.
– Bebe agua mientras orinas.
– Mata a alguien con la imaginación.
– Dúchate con los ojos cerrados.
– Imagina un romance con aquella persona del metro.
– Sigue el movimiento de las hormigas.
– Provócate un dolor breve.
– Corre por un cementerio.
– Monda una manzana con la imaginación.

Es posible aprender mediante el juego. Es necesario extraordinarizar lo común. Gracias a estos ejercicios de fitness filosófico podrás explorar tus límites y maravillarte con lo que te rodea.

«Un vehículo excelente para quién quiera aventurarse por los caminos de la filosofía en acción.» L’Express

«Roger-Pol Droit denuncia y margina esa realidad llana, plena y sólida en la que vivimos a través de un texto que es capaz de devolvernos al estado más básico de la filosofía: lo asombroso.» Le Monde

Primer premio al libro mejor editado de 2015 en la categoría de obras generales y de divulgación. Aquí lo encuentras.

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Ahora que lo pienso

¿Por qué existimos? ¿Por qué somos libres? ¿Qué es estar enamorado? ¿Por qué tenemos miedo? Este es el tipo de preguntas sobre la vida y el mundo que nos rodea que se suelen hacer. Preguntas difíciles, y a veces embarazosas, que a menudo no tienen una sola respuesta. Ahora que lo pienso es un libro para ayudar a encontrar esas respuestas y, sobre todo, animar a pensar por sí mismos. Un libro para dar nuestros primeros pasos en filosofía. Aquí lo encuentras.

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El amor y la amistad

No existe una única respuesta a las grandes preguntas sobre la vida. No existe una única forma de pensar. Cada cual debe descubrir, buscar y construir la suya… En este libro se presentan doce ideas sobre el significado del amor. Algunos piensan que la amistad puede surgir y desaparecer en un solo instante, y otros, que solo existe cuando es duradera. Algunos se quieren a sí mismos y otros no… ¿Y tú? Para niños a partir de 9 años. Aquí lo encuentras.

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El mundo de Sofía

El libro que ha enseñado a pensar a toda una generación. Esta extraordinaria obra de divulgación que se ha convertido ya en una obra de culto aporta una coherente visión de conjunto sobre aquellos aspectos imprescindibles para comprender la historia de la filosofía occidental. El mundo de Sofía tiene el mérito de haber conjugado, acertadamente, rigor y amenidad en una narración donde una joven irá conociendo su propia identidad mientras descubre la capacidad humana de hacer preguntas.

Jostein Gaarder: «Si no sabemos en todo momento a dónde vamos, puede resultar útil saber de dónde venimos. Para manejar mi propia vida también necesito entender mis raíces en la historia. La misión de la filosofía es estimular el análisis crítico para poder ayudar en el avance de la comprensión de aquello que tiene valor y por lo cual merece la pena luchar.» Aquí lo encuentras.

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Jostein Gaarder  nació el 8 de agosto de 1952, en Oslo. Es un escritor noruego, autor de novelas, cuentos y de libros para niños. En 1990 recibió el Premio Nacional de Crítica Literaria en Noruega y el Premio Literario del Ministerio de Asuntos Sociales y Científicos por El misterio del solitario y al año siguiente el Premio Europeo de Literatura Juvenil. En 2012 se editó su libro Det spørs (Me pregunto), con ilustraciones del artista turco-noruego Akin Düzakin, que abarca cincuenta cuestiones filosóficas universales para propiciar el diálogo intergeneracional. Las interrogantes se refieren tanto a cuestiones morales (la amistad, la justicia, la belleza) como metafísicas (el universo, la vida, la muerte, Dios). Según expresó Gaarder, la pregunta filosófica más importante del presente es una que no incluyó en su libro: ¿cómo será el ser humano en el futuro?

El sentido de la vida

No existe una única respuesta a las grandes preguntas sobre la vida. No existe una única forma de pensar. Cada cual debe descubrir, buscar y construir la suya. En este libro se presentan doce ideas sobre el sentido de la vida. Algunos piensan que la vida es siempre igual, y otros, que cada día es diferente. Para algunos la vida es un juego, y para otros, es de lo más complicado… ¿Y tú? Para niños a partir de 9 años. Aquí lo encuentras.

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Esas grandes preguntas sobre la vida y todo lo demás

¿Alguna vez te has quedado mirando a tu perro y te has preguntado en qué estará pensando? ¿Has meditado sobre el sentido de la vida o has intentado imaginarte la nada más absoluta? Pon en marcha tu sentido común y prepárate para hacer frente a esos grandes enigmas que nos acompañan todos los días. ¡Embárcate con nosotros en esta aventura en la que se mezclan los pensamientos razonables con las ideas más descabelladas! La vida está llena de preguntas… ¿Es lo mismo la mente que el cerebro? ¿Molará ser un murciélago? ¿Pueden pensar los robots? ¿El dinero da la felicidad? ¿Se puede viajar en el tiempo? Para niños a partir de 9 años. Aquí lo encuentras.

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La filosofía explicada a mi hija

Un clásico de uno de los divulgadores del pensamiento filosófico más respetados en Europa.

¿«Filosofía»? Un término que suele asustar. Nos imaginamos cuestiones complicadas, libros de los que ni siquiera entendemos su título, un vocabulario enigmático, una actividad destinada a unos pocos escogidos. Y nos equivocamos al creer eso.

De hecho, todos nos preguntamos sobre el sentido de la vida y la muerte, sobre la justicia y la libertad… Todo el mundo es capaz de razonar y organizar sus ideas. Y eso es lo único que requiere la filosofía: unas preguntas y un método.

La filosofía no es, pues, un rompecabezas, sino una actividad que se puede practicar, como la música o el deporte: en calidad de principiante, como aficionado o profesional. Lo esencial es empezar bien… Aquí lo encuentras.

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La muerte explicada a mi hija

«Los niños pequeños hablan a menudo de la muerte. Después, al crecer, dejan de hacerlo. Ya no se atreven. Son conscientes de la angustia y del silencio de los adultos. Yo deseo combatir ese silencio. Si no podemos evitar la muerte, podemos cuanto menos evitar hacer de ella un misterio o un tabú.

Hay en esta obra una intención sin duda ilusoria: la de presentar un discurso tranquilizador sobre la muerte, y ver en ella no sólo la causa de un vacío atroz, de un sufrimiento constantemente reavivado, sino también un fenómeno natural y aceptable.

Dialogar con un niño sobre la muerte puede ser una de las mejores formas de mantenerse lo más cerca posible de la vida, al tiempo que se intenta alejar el silencio y la angustia.» Emmanuelle Huisman-Perrin. Aquí lo encuentras.

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La religión explicada a mi hija

«Filósofo de formación y crítico en el Monde des livres, Roger-Pol Droit no intenta tratar en profundidad cada una de las religiones. Él prefiere explicarnos los elementos comunes que contienen y abordar las cuestiones espirituales y afectivas a las que responden especialmente las religiones del libro, el hinduísmo y el budismo. He aquí, pues, una guía para educadores y padres que deben enfrentarse a la difícil prueba de explicar la religión a los jóvenes.» Colette-Rebecca Estin.

Roger Pol-Droit es un filósofo francés que tiene la virtud de poner su disciplina al alcance de todos. Este investigador de renombre también estudia la percepción de Oriente en la filosofía occidental desde hace veinticinco años. La religión explicada a mi hija sigue la línea de La filosofía explicada a mi hija, uno de sus libros más populares. «Cuando mi hija cumplió trece años me di cuenta de que no había recibido la más mínima educación religiosa. Me sorprendió que nunca hubiera oído hablar de la Biblia, el Corán, el significado de lo sagrado, la unidad y la diversidad de las religiones… nadie había tratado con ella estas cuestiones. Sin embargo, es indispensable tener puntos de referencia acerca de estos temas. En todos los países conviven personas de diferentes creencias que deben aprender a conocerse. La religión es un elemento esencial de la experiencia humana, si no hablamos de ella con nuestros hijos corren el riesgo de perderse un tesoro de la humanidad». Para niños a partir de 13 años. Aquí lo encuentras.

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Roger-Pol Droit es escritor y filósofo. Publica regularmente artículos en Le Monde, Le Point, Les Échos, Clés. Es autor de más de treinta obras, varias de ellas traducidas en todo el mundo, entre otras Entrevistas con Michel Foucault, La religión explicada a mi hija y Pequeñas experiencias de filosofía entre amigos, todas ellas publicadas por Paidós.

Los pequeños Platones

Una colección de libros pensada para niños y adolescentes de entre 9 y 13 años: los más jóvenes adoran las historias, divertidas e intrigantes, así como las ilustraciones, mientras que los más maduros pueden entrar además plenamente en la dimensión filosófica que subyace bajo las palabras y las imágenes.

Cada libro de la colección está dedicado a uno de los grandes filósofos de la historia y a su visión del mundo: Platón, Kant, Descartes, Marx, San Agustín, Nietzsche, etc., que es relatada gracias a las divertidas historias y aventuras que atraviesan la vida y la obra de estos pensadores.

El enfoque a través del cual se orientan todos los libros es la ficción. En efecto, para introducir a los niños en la filosofía no basta con traducir un discurso teórico en términos simples, es imprescindible hacerlo verdaderamente accesible, es decir, atractivo tanto visual como narrativamente. Y para ello los niños necesitan identificarse con un personaje cercano y poder descubrir así su visión del mundo.

Estos son los títulos disponibles y aquí los puedes encontrar:

El genio maligno del señor Descartes, de Jean Paul Mongin, ilustrado por François Schwoebel.

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El fantasma de Karl Marx, de Ronan de Calan, ilustrado por Donatien Mary.

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El filósofo-perro frente al sabio Platón, de Yan Marchand, ilustrado por Vincent Sorel.

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Un día loco en la vida del profesor Kant, de Jean Paul mongin, ilustrado por Laurent Moreau.

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¿Por qué tienen nombre las cosas?, de Jean Paul Mongin, ilustrado por Junko Shibuya.

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Las cien vidas del filósofo Sócrates, de Yan Marchand, ilustrado por Yann Le Bras.

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Me pregunto…

¿Se puede estar en el mundo sin pensar en nada? Jostein Gaarder expone, en este magnífico libro ilustrado por Akin Düzakin, las grandes preguntas que todos alguna vez nos hemos hecho y que han vertebrado todas sus obras desde la publicación de El mundo de Sofía. Los temas filosóficos se entrelazan en esta historia ilustrada que nos habla de la amistad, el ser, el amor, lo desconocido, el miedo y la valentía que hace falta para vivir nuestra propia vida y saber qué y quiénes somos en realidad. Para niños a partir de 9 años. Aquí lo encuentras.

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Ni sí ni no. Un libro para entender los grandes contrarios del pensamiento

Este libro permite que se aprendan conceptos tan complejos como los contrarios: alto y bajo, ocuridad y luz… Entre sus páginas presenta doce parejas de contrarios definidas por sus oponentes y, mediante un sistema de pregunta-respuesta, extrae una conclusión sobre su complementariedad. ¿Se pueden concebir los conceptos cotidianos sin sus contrarios? Un libro que nos hará entender la vida desde otro punto de vista. Para niños de 6 a 12 años. Aquí lo encuentras.

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Pienso luego insisto

¿Quién soy? ¿Para qué sirve el dinero? ¿Y el colegio? ¿Hay que hacer siempre caso al corazón? ¿Qué significa tener éxito o fracasar? ¿Es bueno hacerse mayor? ¿Qué es justo y qué es injusto? Este es el tipo de preguntas que nos solemos hacer sobre la vida y el mundo que nos rodea. Preguntas difíciles que no tienen una sola respuesta. Este libro nos ayudará a encontrar respuestas y, sobre todo, a pensar por nosotros mismos. Para niños a partir de 8 años. Aquí lo encuentras.

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Qué sabes de filosofía

Una introducción a la filosofía que incluye información sobre sus figuras más conocidas. En el libro se habla de cómo la filosofía trata las grandes cuestiones de la existencia humana: ¿De dónde venimos? o ¿Qué nos ocurre después de la muerte? Muestra varias respuestas que los hombres a lo largo de los siglos han intentado dar a esas preguntas. Para ello, las ideas clave de los más importantes filósofos de todas las épocas, de Aristóteles a Nietzsche, son abordadas de manera sintética y clara, con la ayuda de fragmentos de obras que revelan los conceptos fundamentales de cada pensador. Recomendado a partir de 12 años. Aquí lo encuentras.

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Ulises / Perseo. Breve conferencia sobre los héroes de la Antigüedad

Un paseo por la antigua Grecia para todos los públicos de la mano de dos de sus personajes más conocidos y fascinantes.  Para niños a partir de 12 años.

Jean-Pierre Vernant estudia y desmenuza esas viejas historias de héroes y de dioses que están en el origen de nuestra civilización, maravillosos relatos en los que vemos al hombre intentando descifrar el universo que le rodea y en el que no está seguro de ser bien acogido. Ulises y Perseo, un héroe, un semidios, son dos de esos hombres.

“Escuchad, no estoy acostumbrado a hablar a gente de vuestra edad, soy un hombre muy anciano, un bisabuelo ya. El personaje del que voy a hablaros se llama Ulises, Odysseus, en realidad, según su nombre griego. Le conocemos porque hace casi tres mil años un gran poeta, que no se contentaba como yo con explicar vulgarmente sus historias, las cantó en verso en grandes asambleas.” Aquí lo encuentras.

Historias para niños. Los mejores libros de filosofía recomendados para niños y para jóvenes.

Jean-Pierre Vernant (Provins, Francia , 4 de Enero de 1914 – Sèvres, Francia, 9 de Enero de 2007) fue un filósofo e historiador de la Grecia antigua, profesor honorario del Collège de France. Vernant revolucionó con su mirada la visión de la civilización griega y demostró que el hombre griego construyó, a partir del mito, diversas formas lógicas que dieron lugar al nacimiento de la razón occidental.

Matthew Lipman. Elfie. (4 a 6 años)

Los niños están abriéndose al mundo, están descubriéndose, y esto les lleva a plantearse preguntas en su vida cotidiana. El objetivo es estimular esa reflexión para que puedan aclarar y precisar sus pensamientos e ideas; ayudarles a afrontar, reconocer y explorar los aspectos problemáticos de su experiencia.

Elfie está haciendo el primer curso de educación primaria y es tan vergonzosa que no puede hablar en clase y apenas puede hacer alguna pregunta. A pesar de ello, no se le escapa casi nada de lo que sucede en el aula y su pensamiento está siempre sorprendido y perplejo por todo lo que ocurre.

Cuando el director les propone a todos los de su clase que participen en un concurso que tiene como finalidad mejorar el razonamiento, todos los compañeros se ven metidos en la tarea de explicar la naturaleza de las oraciones, la relación entre el sujeto y el predicado, la realización de distinciones y el reconocimiento de conexiones. Al mismo tiempo, ella y sus compañeros de clase descubren muchas distinciones fundamentales para la investigación: las diferencias entre apariencia y realidad, uno y muchos, partes y todo, similitud y diferencia, permanencia y cambio, cambio y crecimiento. Como el resto de las novelas del currículum de Filosofía para Niños, las situaciones de la vida cotidiana son las que llevan a los niños pequeños a hacerse preguntas filosóficas. El objetivo es estimular esa reflexión en los niños para que puedan aclarar y precisar su propio pensamiento e ideas. Aquí lo encuentras.

Historias para niños. Los mejores libros de filosofía recomendados para niños y para jóvenes.

Matthew Lipman. Poner nuestros pensamientos en orden. Manual del profesor para acompañar a Elfie

Este manual pretende proporcionar a los profesores una serie de recursos para que puedan ayudar a los niños a afrontar, reconocer y explorar los aspectos problemáticos de su experiencia. Les ayuda a formular las preguntas que orientan esa exploración y al mismo tiempo les ayuda a cuestionarse los aspectos aparentemente no problemáticos del mundo y del lenguaje que utilizan para hablar de ese mundo.

El manual proporciona a los estudiantes muchas posibilidades de organizar su experiencia de una forma narrativa, prerrequisito importante para aprender a escribir. Les ofrece igualmente muchos planes de discusión que el profesorado encontrará muy útiles para favorecer y mantener el diálogo en el aula. Proporciona, además, ejercicios diseñados para ayudar a los niños a darse cuenta de que las afirmaciones constituyen en realidad el comienzo de una investigación y no su final, pues cada afirmación se puede entender como una respuesta tentativa a una pregunta implícita.

El profesorado que se decide a emplear la novela Elfie en el aula descubre en este manual un instrumento de trabajo muy valioso, debido a la gran cantidad de recursos didácticos que contiene. Con éstos podrá encontrar una orientación acerca de los temas filosóficos que van apareciendo en la novela; al mismo tiempo puede recurrir a las numerosas actividades, planes de discusión y ejercicios que constituyen un material de apoyo básico para convertir el aula en una comunidad de investigación.

Como en otros manuales, se ha realizado una adaptación al contexto cultural propio, lo que en este caso implica recurrir a numerosas canciones y juegos típicos del folklore español. Como ocurre con todos los manuales, una vez que el profesorado se ha familiarizado con todas estas actividades, podrá, e incluso deberá, elaborar sus propios planes de discusión, ejercicios, actividades o buscar otros juegos y canciones que le ayuden a hacer filosofía con sus alumnos. Aquí lo encuentras.

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Matthew Lipman. Kio y Gus. (7 a 9 años)

Los protagonistas narran su propio proceso de asombro y descubrimiento, con la peculiaridad de que Gus es una niña ciega que nos muestra lo diferente que puede ser todo lo que consideramos evidente.

Si hubiera que destacar un tema central en Kio y Gus, sería sin duda el de la percepción del mundo, el del asombro y perplejidad que nos produce entrar en contacto con él. Hay un segundo tema central que acompaña al del descubrimiento asombrado del mundo, y es el de la manera de tratar ese mundo. La novela supone una contribución importante para todos aquellos interesados en cuidar una educación ecológica, algo en lo que ya vamos siendo conscientes de que es mucho lo que está en juego.

Kio y Gus es una de las novelas del currículum de Filosofía para Niños dirigida a niñas y a niños del primer y segundo ciclos de educación primaria. Dado el interés que los dos personajes muestran por los animales, el espacio y el tiempo, y otros muchos aspectos de la naturaleza, esta novela puede ser la introducción ideal a la educación ambiental y al área de la naturaleza, así como a las relaciones que existen entre el mundo y el lenguaje. Aquí lo encuentras.

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Matthew Lipman. Asombrándose ante el mundo. Manual del profesor para acompañar a Kio y Gus

Su objetivo es estimular el razonamiento sobre la naturaleza. En la primera parte las destrezas se aplican a problemas filosóficos, mientras que en la segunda se pone mayor énfasis en su aplicación a tópicos científicos.

Los niños pequeños suelen acosar constantemente a los adultos con preguntas sobre todo lo que les rodea: «¿Por qué el cielo es azul?», «¿por qué vuelan los pájaros?», «¿por qué las madres no dicen siempre la verdad?». Su actitud ante el mundo es una mezcla de asombro y de perplejidad, de permanente curiosidad ante todo lo que les rodea, ante ellos mismos y ante sus compañeros esforzándose constantemente por dotar de sentido a una experiencia que en parte les desborda y en parte les empuja a indagar más y más.

¿Qué pasaría si los adultos en lugar de simplificar o ignorar las preguntas de los niños les ayudáramos a profundizar en las mismas, les hiciéramos ver que el asombro y la perplejidad no son actitudes que deban ser abandonadas, y que es la curiosidad uno de los rasgos que más nos diferencia a los seres humanos? Posiblemente el desarrollo de la capacidad crítica y creativa de los niños y niñas mejoraría, les dotaríamos de los instrumentos cognitivos y afectivos que necesitan para dirigir esa curiosidad a una búsqueda permanente del sentido y de la verdad en el marco de una comunidad de investigación.

Asombrándose ante el mundo pretende cultivar el asombro y la perplejidad, ayudar a los niños y las niñas a hacer frente a esa experiencia y favorecer un descubrimiento del mundo que abra nuevos caminos y posibilidades. Es el manual del profesorado que acompaña a la novela Kio y Gus, segunda novela del programa Filosofía para Niños, dirigida a las niñas y niños del primer y segundo ciclos de educación primaria. Aquí lo encuentras.

Historias para niños. Los mejores libros de filosofía recomendados para niños y para jóvenes.

Matthew Lipman. Pixie. (8 a 11 años)

Se pretende estimular la curiosidad innata de los niños, haciéndoles ver que toda respuesta es tanto más valiosa e interesante cuantas más nuevas preguntas suscita.

Hay algo que tienen en común los niños y los filósofos: la curiosidad y el asombro ante lo que les rodea. Los niños están empezando a abrirse camino en el mundo y se sienten confusos, perplejos, pero también admirados, curiosos, asombrados, ante una multitud de cosas y situaciones que no acaban de entender y cuyo significado o sentido se les escapa todavía.

Al igual que los filósofos, no dejan de preguntarse constantemente no sólo qué son las cosas que están ahí, a su alrededor, sino también por qué y para qué están. Y es ese preguntar asombrado y admirado, ese deseo de encontrar el sentido de las cosas, el que constituye el punto de partida de la reflexión filosófica.

Una reacción habitual de los adultos consiste en zafarse rápidamente de esas preguntas que a veces llegan a resultarnos molestas. Procuramos dar un rodeo, quitar importancia a lo que nos han preguntado o, más sencillamente quizás, ofrecer alguna respuesta correcta que sacamos de algún manual o enciclopedia que estén al alcance.

Quizá mereciera la pena cambiar de planteamiento y empezar a tomarnos en serio esa curiosidad de los niños, nada permite afirmar con rotundidad que el razonamiento infantil sea diferente al de los adultos; sus estructuras cognitivas son sustancialmente iguales y se van desarrollando al mismo tiempo que se va desarrollando el lenguaje en diálogo con sus compañeros, sus profesores y los adultos en general.

Este es el  planteamiento global de Pixie (tercer relato del Programa Filosofía para Niños dirigido por el profesor Matthew Lipman y extendido a diversos países del mundo como Canadá, Chile, Australia, Alemania y otros muchos): partir de esa curiosidad, estimularla, hacerles ver que toda respuesta es tanto más interesante y valiosa cuantas más preguntas nuevas plantea. Aquí lo encuentras.

Historias para niños. Los mejores libros de filosofía recomendados para niños y para jóvenes.

Matthew Lipman. En busca del sentido. Manual del profesor para acompañar a Pixie

Guía del Profesor. Su objetivo es que la lectura conduzca al diálogo, éste a la escritura, y todos ellos a una reflexión en la que el niño va descubriendo el mundo que lo rodea.

La enseñanza de la lectura a los niños pequeños que están en los primeros cursos suele enfrentarse a diversos problemas, siendo excesivamente frecuente el que se reduzca a un aprendizaje de la técnica de la lectura que termina siendo por lo menos insuficiente para que lleguen a dominar una lectura que tenga sentido. La propuesta del método de Filosofía para Niños es mantener una continuidad entre la lectura, la escritura, el diálogo y la propia reflexión de tal forma que no sólo aprendan a deletrear las palabras y las frases, sino que aprendan el sentido de lo que leen y encuentren en la lectura una actividad global en la que se integran todas las actividades que acabamos de mencionar.

Por otra parte, en el proceso de maduración personal de los niños es necesario que vayan adquiriendo un dominio del lenguaje y de las destrezas cognitivas que les permitan un desarrollo progresivo y armónico hacia etapas de mayor dominio del pensamiento abstracto y del uso de su propio lenguaje. Difícil será que los niños lleguen con éxito a adquirir todo eso si no planteamos un proceso secuencial y acumulativo en el que, de forma natural, vayan desarrollando esas imprescindibles destrezas sin las cuales no sólo tendrán dificultades para hacer frente a sus estudios, sino, y eso es más grave, que tendrán  enormes dificultades para llegar a ser personas críticas, creativas y solidarias, como es imprescindible para la consolidación de una sociedad democrática. Por ese motivo no parece muy fecundo establecer, como muchas veces se hace, un corte radical entre una etapa dominada por las operaciones concretas y otra por la aparición de las operaciones abstractas.

En busca del sentido es el manual del profesor que acompaña a la novela Pixie, tercera novela del método de Filosofía para Niños destinada a los alumnos de los primeros cursos. Como en manuales anteriores, casi 500 páginas de ejercicios variados ayudarán al profesor a sacar todo el partido de la novela. A lo largo de estas páginas se insiste constantemente en destrezas de razonamiento básicas, como son el uso de la analogía, las relaciones, las diferencias entre una clase y los miembros que forman parte de esa clase, y otras que les ayudarán a adentrarse más adelante con éxito en los problemas y destrezas que aparecen en El descubrimiento de Harry. Y esos ejercicios buscan que la lectura conduzca al diálogo, éste a la escritura y todos ellos a una constante reflexión en la que el niño va descubriendo el mundo que le rodea, va profundizando en su propia identidad personal y va familiarizándose con el lenguaje. Para ello se buscan temas clásicos de la filosofía que constituyen una fuente permanente de reflexión para la perplejidad y curiosidad infantil, que en ningún caso se quiere acallar, sino potenciar. Lejos de sentirse aturdido por esos temas, el niño, como lo prueba la experiencia acumulada en numerosos países y también en España, encuentra un gran estímulo para su reflexión en temas como la naturaleza del espacio y el tiempo, la identidad personal, el pensamiento, la relación con su corporalidad, el bien y otros temas similares. Aquí lo encuentras.

Historias para niños. Los mejores libros de filosofía recomendados para niños y para jóvenes.

Matthew Lipman. El descubrimiento de Harry. (11 a 14 años)

Proporciona instrumentos de razonamiento básicos y técnicas de pensamiento crítico y de lógica formal e informal que el niño podrá aplicar después en otras áreas como matemáticas, ciencias sociales o lenguaje.

Son constantes las quejas de los profesores sobre las deficiencias con las que los alumnos llegan a los cursos superiores, en los que siguen mostrando fallos importantes en destrezas cognitivas básicas. Ello ha llevado a insistir cada vez más en la necesidad de potenciar el desarrollo de esas destrezas desde los primeros años de la escuela, de enseñar a los alumnos a pensar de forma crítica y creativa, consolidando paso a paso el dominio de los conceptos y procedimientos propios de un pensamiento riguroso. Una observación similar podría hacerse en el ámbito de la educación ética.

Desde 1969, Matthew Lipman, profesor en la universidad de Columbia, Nueva York, viene desarrollando un programa bajo el nombre de Filosofía para Niños, que abarca ambos aspectos y parte del supuesto de que debe ser en y desde la filosofía el ámbito en el que se aborde la educación de los niños. El descubrimiento de Harry es el título central del Programa. Consta de una novela y un manual del profesor y puede utilizarse desde 4º de Primaria a 1º de Bachillerato.

La novela nos ofrece situaciones de la vida cotidiana de los niños de una escuela preocupados por descubrir el sentido de las experiencias que les van ocurriendo. El manual del profesor contiene cuatrocientas cincuenta páginas de variados ejercicios, basados en la novela, orientados a desarrollar las destrezas básicas cognitivas (razonamiento hipotético, inductivo y deductivo, analogías, generalizaciones, etc.). Aquí lo encuentras.

Historias para niños. Los mejores libros de filosofía recomendados para niños y para jóvenes.

Matthew Lipman. Investigación filosófica. Manual del profesor para acompañar a El descubrimiento de Harry

Guía del Profesor. Núcleo de todo el programa. Potencia el desarrollo del razonamiento e introduce a los problemas centrales de filosofía.

Investigación filosófica es un manual para el profesor que esté utilizando la novela El descubrimiento de Harry con sus alumnos. En sus más de 500 páginas se incluyen multitud de ejercicios diversos, ordenados de forma secuencial y progresiva, que permiten ir adquiriendo las destrezas de pensamiento básicas que se proponen como fundamentales en este nivel del currículum de Filosofía para Niños. Consta de diecisiete capítulos, al igual que la novela, más un resumen de lógica y un repaso de razonamiento.

En cada capítulo se recogen las ideas principales que aparecen en el capítulo correspondiente de la novela, se hace una breve introducción para ofrecer al profesor alguna base sobre los conceptos filosóficos que se van a discutir y, en su caso, alguna breve indicación sobre cómo orientar la discusión, especialmente en el caso de aquellos ejercicios que, dada la experiencia acumulada por este programa durante diversos años, se sabe que pueden ofrecer mayor dificultad.

El manual tiene, por así decirlo, una doble columna vertebral. Por una parte se recogen un conjunto de destrezas de pensamiento, conceptos básicos de lógica,  como la investigación, la inferencia, el silogismo, las clases, las relaciones, etc.;  los ejercicios que se proponen en este ámbito deben ser dominados por todos los alumnos, pues están a su alcance. Por otra parte, y al mismo tiempo que se van adquiriendo las destrezas anteriores, se van discutiendo un conjunto de conceptos básicos de la filosofía, como el pensamiento, la mente, la identidad personal, el bien, la verdad, la cultura y la sociedad, la educación, etc. En este caso no se pretende transmitir una determinada concepción sobre esos temas, sino abrir una discusión con los alumnos para conseguir transformar la clase en una comunidad de investigación comprometida con la búsqueda de la verdad y dispuesta a ofrecer razones de sus ideas y escuchar las razones de las ideas de los demás.

Por esto mismo, aunque vaya unido a El descubrimiento de Harry y no pueda sacarse todo el fruto de este manual sin practicar la metodología pedagógica específica del programa de Filosofía para Niños, el manual en sí mismo constituye una fuente inmensa de ejercicios que se puede utilizar en cualquier clase de Filosofía o de Ética. Aquí lo encuentras.

Historias para niños. Los mejores libros de filosofía recomendados para niños y para jóvenes.

Matthew Lipman: Lisa. (12 a 15 años)

Expone los conceptos y prerrequisitos básicos del razonamiento necesarios para un pensamiento independiente en los problemas éticos.

¿Es posible al mismo tiempo querer a los animales y comérselos? ¿Están necesariamente implicados el dar y el intercambiar cuando se sale con otra persona? ¿Cuál es la diferencia entre las normas y los criterios? ¿Cómo es posible tener en cuenta al mismo tiempo las consecuencias y las intenciones? ¿Cuál es la diferencia entre lo bueno y lo justo? ¿Qué es el bien? Cuando valoramos el robar y el mentir, ¿es necesario tener en cuenta las circunstancias? ¿Podemos apelar a lo natural como fundamento de lo que es ético? Éstos y otros grandes temas éticos se esbozan en Lisa. Los estudiantes de ESO, FP y Bachillerato identificarán rápidamente estos temas al leer el libro y los someterán a la discusión abierta de la clase buscando clarificarlos.

Lisa es una continuación de El descubrimiento de Harry y es al mismo tiempo una introducción a la investigación ética. Proporciona los conceptos básicos (el bien, la justicia, la ley y las normas, etc.) y los prerrequisitos básicos del razonamiento (consistencia, verdad, relaciones lógicas, etc.) que se necesitan para un pensamiento independiente en los problemas éticos. Pero el objetivo de Lisa no es de ninguna manera adoctrinar a los niños en un conjunto específico de valores, sino proporcionarles los instrumentos de investigación, de manera que puedan llegar a ser, por sí mismos, personas más razonables, reflexivas y consideradas. Aquí lo encuentras.

Historias para niños. Los mejores libros de filosofía recomendados para niños y para jóvenes.

Matthew Lipman: Investigación ética. Manual del profesor para acompañar a Lisa

Ofrece ejercicios aplicables en clase, a fin de que los estudiantes puedan adquirir la práctica adecuada en esos procedimientos que son esenciales para un razonamiento ético.

Este manual del profesor está pensado para acompañar la lectura del libro Lisa, el nivel del programa de Filosofía para Niños cuyo contenido se centra en los problemas de ética. No es suficiente que los alumnos lean Lisa y quieran discutir los temas que encuentran en la novela. El diálogo en el aula tiene que ser un diálogo ordenado gracias a una infraestructura de ejercicios y planes de discusión, de tal manera que se pueda asegurar que los aspectos filosóficos y las cuestiones éticas que se discuten son tratados de forma adecuada. Sólo así una pedagogía activa puede llevar adelante un auténtico diálogo filosófico que permita un progreso a todos los miembros de la clase, profesor y alumnos. De lo contrario, gran parte de las discusiones no pasarían de tertulias insustanciales sin ninguna relevancia educativa.

Investigación ética corresponde, capítulo por capítulo, a Lisa. Según aparece cada tema (ofrecer regalos, mentir, robar, matar, la crueldad, expiación, etc.), se proporcionan ejercicios adecuados que permiten explorar cada problema globalmente. Más todavía: según se emplea cada uno de los procedimientos e instrumentos de la investigación ética (apelar a la consistencia, a los principios, a las consecuencias, a las buenas razones, a la distinción entre causa y razón, la universalización, la globalidad, el tener en cuenta las circunstancias, los silogismos categóricos y condicionales, etc.), se ofrecen ejercicios aplicables en el manual de tal manera que los estudiantes puedan adquirir la práctica adecuada en esos procedimientos que son esenciales para un razonamiento ético con éxito.

Tomados juntos Investigación ética y Lisa proporcionan un currículum que sensibilizará a los estudiantes con los aspectos morales de la vida cotidiana, ayudándolos a tomar conciencia respecto a los aspectos problemáticos y discutibles de los temas morales (aspectos que en algunas ocasiones no tienen solución) y les introducen en los procedimientos que hacen posible una investigación ética. Pero un currículum por sí mismo, por muy bueno que sea, no puede ser suficiente. Para que tenga éxito la investigación ética en el aula, dependemos en gran parte de la sensibilidad, la habilidad y la profesionalidad del profesor. Es por eso por lo que la formación de los profesores, con la que está tan comprometido el programa de Filosofía para Niños, es especialmente importante para aquellos que desean enseñar el programa de Lisa. Aquí lo encuentras.

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Matthew Lipman. Mark. (16 a 17 años)

Reflexiones sobre los temas centrales de filosofía social y política, en una valoración seria y rigurosa de lo que hace que una sociedad sea democrática.

Mark se ve acusado de un acto de vandalismo que ha destrozado su Instituto. Al mismo tiempo, Lisa desea romper las relaciones que mantenía con él. Todo ello provoca una profunda crisis que le lleva a preguntarse cuál es en realidad su posición en la sociedad a la que pertenece, duda que se ve agudizada por la presencia del juez Bertoia, encargado de aclarar el caso del Instituto.

A lo largo de la novela, Mark, el juez, todos sus compañeros (Lisa, Harry, Suki…) y la profesora de ciencias sociales irán reflexionando y dialogando sobre los temas fundamentales de la filosofía social y política.

En esta oportunidad, siguiendo la línea filosófica en la que se enmarca esta colección, el autor pretende hacer reflexionar objetivamente a sus lectores sobre la existencia de instituciones democráticas y no democráticas, y conseguir de éstos criterios lo suficientemente válidos y coherentes para juzgar, desde su posición de ciudadano, la sociedad en que están destinados a vivir y convivir. Aquí lo encuentras.

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Matthew Lipman: Investigación social. Manual del profesor para acompañar a Mark

Guía del profesor. Temas básicos como los criterios que hacen que una sociedad sea democrática, el uso de la violencia, las clases sociales, la distribución de la riqueza, el papel de la justicia y otros muchos se desarrollan en el manual. (16 a 17 años).

Una de las más importantes aportaciones del Programa Filosofía para Niños es la cuidadosa aportación de unos materiales didácticos que puedan ser utilizados por los profesores para alimentar y hacer progresar un método activo de enseñanza. Los manuales para el profesor que acompañan a todas y cada una de las novelas del programa constituyen una prueba irrefutable de que ese esfuerzo por alcanzar un material de calidad se ha hecho y, sin negar posibles mejoras, se ha conseguido.

Investigación social es el manual que acompaña a la novela Mark, última novela del programa, destinada fundamentalmente a alumnos de enseñanza secundaria. Todos los profesores que tienen que impartir un curso sobre filosofía social y política encontrarán aquí un conjunto de ejercicios, planes de discusión y propuestas de investigación que les permitirá un trabajo continuado y riguroso con los alumnos. El objetivo, como en todos los otros niveles de Filosofía para Niños, sigue siendo el despertar y potenciar la reflexión crítica de los adolescentes, centrada en este caso en los problemas sociales y políticos de la sociedad en la que viven. Y hacerlo en el marco de una comunidad de investigación en la que alumnos y profesores se comprometen solidariamente en ese empeño de clarificar cuestiones fundamentales de la convivencia humana.

Temas básicos como los criterios que hacen que una sociedad sea democrática, el uso de la violencia, las clases sociales, la distribución de la riqueza, el papel de la justicia y de las leyes y otros muchos, van apareciendo a lo largo de la novela y del manual. En esta ocasión, el manual ha sufrido un mayor proceso de adaptación: en primer lugar, adaptando los ejercicios a la realidad social y política de nuestro país; en segundo lugar, dando una mayor cabida a textos de autores clásicos en la filosofía social y política que hagan posible a las alumnas y alumnos ir familiarizándose con una larga tradición crítica occidental.

En todo caso, por bueno que sea el manual que ofrecemos a los profesores, somos muy conscientes, todos los que estamos implicados en sacar adelante un proyecto de las características de Filosofía para Niños, que programas de este tipo se apoyan en la sensibilidad, la habilidad y la profesionalidad de los profesores que los utilicen. Esperamos que este manual sea no sólo un valioso instrumento, sino también un estímulo para profundizar en la formación y renovación permanente del profesorado con la que Filosofía para Niños está del todo comprometida. Aquí lo encuentras.

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Matthew Lipman. Suki. (De 4º de la ESO a 2º de Bachillerato)

El programa para Filosofía para Niños elaborado por Matthew Lipman, con la estrecha colaboración de Ann Sharp, ha sido traducido íntegramente al español. Suki es un relato escrito para provocar la reflexión de los alumnos y abrir un diálogo filosófico en el marco de la comunidad de investigación. Los protagonistas son estudiantes en la última etapa de la adolescencia, entre los 16 y 18 años. En este caso, el hilo conductor es la literatura en general y la poesía en particular. Harry, a quien se le da bien el pensamiento reflexivo, tiene dificultades con su nuevo profesor de literatura, pues les exige escribir una poesía. La tarea se le hace imposible, pues se considera incapaz. Suki, que ama la poesía y la escribe, se presta ayudarle para que supere sus miedos a la dificultad de la tarea.

La creación literaria no es algo exclusivo de los grandes escritores; todos podemos en la medida de nuestras capacidades afrontar ese proceso creativo, y de hecho es lo que hacemos siempre que queremos que la gente entienda y comparta lo que pensamos.

La novela va acompañada del manual para el profesorado, con numerosos recursos didácticos, manejando un amplio repertorio de poemas escritos en español y algunos otros traducidos de otros idiomas. Aquí lo encuentras.

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Matthew Lipman. Escribir: Cómo y por qué. Libro de apoyo para el docente para acompañar a Suki

Con la novela Suki y este manual para el profesorado que la acompaña, cerramos la traducción al español del currículo completo de Filosofía para Niños elaborado por Matthew Lipman y Ann Sharp, con ayudas de otras personas en algunos manuales. Suki es una novela dirigida a adolescentes entre los 15 y los 18 años, aunque puede utilizarse con buenos resultados en edades superiores. El centro de interés de esta novela es la producción literaria, acompañado por problemas filosóficos fundamentales relacionados con el sentido de la propia vida personal. El grupo de compañeros que aparece en otras novelas del currículo (Harry, Lisa y Mark) hacen frente a una difícil tarea que les propone su profesor de literatura. El profesor Newberry considera que ya no es suficiente hacer una lectura creativa de los textos literarios. Hay que dar un paso más: tienen que escribir textos propios. Es más, no se trata de escribir breves ensayos filosóficos: ¡hay que escribir poesía!

Este libro es un recurso extremadamente rico para cualquier docente de literatura. Contiene una gran variedad de ejercicios y planes de discusión que, junto con el relato, ofrece un esqueleto analítico para pensar y discutir la literatura y la práctica de la escritura literaria. Este libro de apoyo va más allá de los límites del Programa Filosofía para Niños, convirtiéndose en una herramienta fundamental para todos aquellos que encaran la docencia de la literatura.

Los alumnos podrán explorar un sinnúmero de dimensiones desde diversos puntos de vista y avanzar no sólo sobre la interpretación de textos sino también sobre la creación literaria. Suki hace surgir interrogantes y reflexiona sobre el “sentido” en todas sus formas, explora cómo y por qué escribir, qué recursos se utilizan, abordando, por ejemplo, la cuestión de si es necesaria la experiencia para tener material sobre qué escribir.

Este libro, en la cuidada traducción de César Aira, acerca por primera vez al público hispanohablante uno de los trabajos más queridos y recomendados por su autor, Matthew Lipman, el creador del Programa Filosofía para Niños.

Ningún profesor o alumno será el mismo después de leer y discutir este gran texto de Lipman. Aquí lo encuentras.

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Matthew Lipman: Nous

“He inventado un nuevo cuento”. Pixie, la curiosa e inteligente niña que ya nos encantara en la novela que lleva su nombre, nos cuenta ahora una nueva historia con seres maravillosos… que nos obliga a todos a pensar y nos ayuda a decidir.

Pixie ya nos había demostrado su capacidad de reflexión y asombro en la novela que lleva su nombre y que constituye una atractiva introducción a los grandes problemas filosóficos, sobre todo el de la identidad personal.

En esta nueva novela, ella y Brian, su enigmático amigo, se ven envueltos en una nueva aventura: ayudar a una jirafa, con la que Brian había hecho amistad, a resolver un serio problema que le ha planteado su vida en el zoo. Ayudada por Brian y Pixie, Nous, la jirafa, escapa del zoo y comparte con niños y niñas una clase de ética que está impartiendo la madre de Pixie en la que todos reflexionan sobre cómo se deben tomar decisiones.

Nous, que ya sabe hablar, participa interesada en las discusiones pues eso es lo que precisamente la está agobiando a ella: la necesidad de tomar una decisión.

Con el estilo narrativo de todas sus novelas, Lipman nos ofrece en ésta la oportunidad de profundizar en el ámbito de la educación moral o, lo que es lo mismo, en el desafío de llegar a ser personas razonables y buenas. La reflexión ética acompaña constantemente a la narración, sin olvidar otros problemas filosóficos igualmente importantes. Aquí lo encuentras.

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Matthew Lipman: Decidiendo qué hacemos. Manual del profesor para acompañar a Nous

Este manual que acompaña a la novela Nous contiene un gran abanico de propuestas de trabajo para introducir la Ética como uno de los temas más interesantes para el alumnado, con un planteamiento novedoso y original, sin adoctrinamiento. Proporciona destrezas cognitivas y afectivas para crecer como personas morales, y potencia la reflexión para tomar decisiones adecuadas.

La educación moral o educación en valores, uno de los elementos centrales del programa Filosofía para Niños, se ha convertido ya en uno de los temas fundamentales en la educación infantil y primaria. Siempre estuvo presente ese interés, pero los problemas de la sociedad actual han hecho que adquiera una prioridad que hasta ahora no tenía.

El profesorado encontrará en la novela Nous y en este manual no sólo un planteamiento novedoso y original, lejos de todo adoctrinamiento y de todo relativismo éticos, sino un amplio abanico de propuestas de trabajo gracias a las cuales podrá introducir la ética como uno de los temas de trabajo más interesantes para este alumnado. No pretendemos que los alumnos interioricen un conjunto de valores que la sociedad puede considerar fundamentales, sino proporcionarles las destrezas cognitivas y afectivas gracias a las cuales van a poder crecer como personas morales; personas que tienen que decidir por sí mismas, en diálogo cooperativo y solidario con quienes las rodean.

El eje del programa se convierte, por tanto, en una reflexión que nos ayuda a todos a tomar las decisiones adecuadas ante las diversas situaciones que se nos van presentando a lo largo de nuestras vidas. Aquí lo encuentras.

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Matthew Lipman: La filosofía en el aula

Esta edición habla del aprendizaje y desarrollo de los niños y de su incorporación a la vida adulta. Parece que todos hemos llegado al convencimiento de que la tarea fundamental de los niños en el sistema educativo es aprender a pensar, a lo que se podría añadir aprender a aprender. El programa Filosofía para Niños es una de las propuestas más sólidamente elaboradas en este objetivo y este libro de Lipman constituye, sin duda, la mejor exposición de su teoría.

En todo el mundo se están llevando adelante serios esfuerzos para mejorar los sistemas educativos, siendo especial el énfasis que se pone en el aprendizaje de las habilidades de pensamiento básicas que los niños van a necesitar en su proceso de desarrollo y de incorporación a  la vida adulta.

Filosofía para Niños se sitúa dentro de esa corriente general como una de las propuestas más sólidamente elaboradas para que las buenas intenciones educativas puedan ir más allá de los despachos de los teóricos, incorporándose a la vida cotidiana del profesorado y de los estudiantes. Aprender a pensar bien y a pensar en el diálogo que se establece en el seno de una comunidad de investigación formada por los compañeros de clase y los profesores.

Aplicando con éxito el programa de Filosofía para Niños en cientos de colegios e institutos de toda España y otros países de habla española, y publicada una parte importante de los materiales didácticos para los alumnos y profesores, era necesario contar con esta obra en la que los creadores del método exponen con detalle sus fundamentos teóricos  y su implicaciones prácticas. La filosofía, la pedagogía y la psicología actuales confluyen en esta propuesta educativa alternativa, proporcionando nuevas y sugerentes ideas a todos los que se dedican a la educación. Aquí lo encuentras.

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Matthew Lipman: Pensamiento complejo y educación

En nuestro mundo, cada vez más complejo, la enseñanza del pensamiento se ha convertido en un imperativo. Con todo, las evidencias nos muestran que nuestros niños y niñas aún no están aprendiendo cómo pensar. Matthew Lipman, destacado teórico de la educación, penetra en el corazón de nuestros problemas educativos en este libro y propone profundas y prácticas sugerencias para resolver dichos problemas.

Pensamiento complejo y educación describe los procedimientos que han de aplicarse para que los estudiantes de cualquier nivel educativo sean más reflexivos, más racionales y con más capacidad de juicio. Nos recomienda que la clase se convierta en una comunidad de investigación y que la disciplina de la Filosofía se rediseñe de forma que provea los conceptos y valores hoy perdidos en el currículum. Estas recomendaciones se están llevando a cabo actualmente; la comunidad de investigación es ya una estrategia pedagógica reconocida, y la Filosofía académica tradicional se ha transformado en una disciplina que ofrece un modelo de pensamiento de orden superior y un reflejo de lo que toda educación puede llegar a ser. Aquí lo encuentras.

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Ann Sharp y Laurence Splitter. Hospital de muñecas

En esta novela conocemos a Jess y a su muñeca Roller. Son inseparables. Jess comparte con su muñeca Roller todo su mundo. Desayuna con ella, la lleva todos los días consigo al colegio, charla con ella, duerme con ella, se la lleva a excursiones con su triciclo; hacen todo juntas. Pero un día, yendo en el triciclo, tropieza con un bache y Roller sale volando de la cesta y cae al suelo. Jess la coge en sus brazos para descubrir que se ha quebrado la parte trasera de la cabeza y se entristece profundamente cuando se entera de que es necesario ponerle una nueva cabeza. ¡Cómo si entonces pudiera seguir siendo la misma Roller!

La diferencia entre ser una muñeca y un niño es sólo una de las cosas en que piensa Jess durante los días en los que se desarrolla el relato. Su sabio profesor del colegio también abre una conversación muy actual, entre los niños, sobre las diferencias entre las personas y la necesidad ética de ponerse en el lugar del otro y tratar a todos con respeto, por muy diferentes que nos parezcan.

La novela narra las pequeñas aventuras y sobre todo los descubrimientos intelectuales y sociales de Jess en un lenguaje sencillo y entretenido. Aquí lo encuentras.

Historias para niños. Los mejores libros de filosofía recomendados para niños y para jóvenes.

Ann Sharp y Laurence Splitter. Entendiendo mi mundo. Manual del profesor para acompañar a Hospital de muñecas

Este libro debe ser utilizado como un conjunto de herramientas con los que el profesorado de Primaria podrá promover la reflexión filosófica. Hospital de muñecas, la novela a la que se refiere este manual, aborda temas básicos de la tradición filosófica occidental y de otras culturas. Como subrayan los autores, esos temas «siguen siendo cruciales para los niños de hoy en día: el significado y el estatus de la realidad, la bondad, la verdad y la belleza».

La educación formal de los niños tiende a dedicar mucho tiempo a la adquisición de contenidos y destrezas variados, pero deja poco tiempo para que a partir de esos conocimientos los niños puedan llegar a comprender quiénes son y en qué mundo viven. El profesorado implicado en el Programa de Filosofía para Niños tiene muy en cuenta es problema e intenta ofrecer a los niños, desde la misma escuela infantil, un espacio y un tiempo en el que abordar esos temas y desarrollar las capacidades exigidas para tratarlos con rigor.

Al hilo de los problemas que se le plantean a Jess, este manual ofrece al profesorado un amplio repertorio de actividades y planes de discusión con los que podrá favorecer en sus clases que los niños consigan entenderse mejor a sí mismos y al mundo que les rodea. Aquí lo encuentras.

Historias para niños. Los mejores libros de filosofía recomendados para niños y para jóvenes.

Gilbert Talbot. Félix y Sofía. (17 a 18 años)

Incidentes y conflictos propios de jóvenes de bachillerato (sexo, drogas,…) abordándolos a partir de las consideraciones de un curso de introducción a la filosofía.

El Programa Filosofía para Niños no sólo plantea la presencia de la filosofía en la educación primaria, sino también que la filosofía esté presente en todos los niveles del sistema educativo y en todos los ámbitos de la educación. Existiendo una asignatura obligatoria de filosofía en el Bachillerato, parecía lógico intentar escribir una novela que se adecuara a la edad de los alumnos de ese nivel. Félix y Sofía intenta hacer frente a ese problema.

El hilo argumental los constituyen los incidentes en la vida cotidiana de un grupo de jóvenes de Bachillerato. Félix muestra una especial inclinación a preguntarse cosas, y Sofía le acompaña en su búsqueda tentativa de respuestas, que no siempre llegan con claridad. Los problemas que surgen a lo largo de la narración son los que habitualmente aparecen en un curso de introducción a la filosofía: la realidad, la verdad, la libertad, el bien, la sociedad, la justicia, las relaciones interpersonales, la belleza, la identidad personal…

Se presta atención a la importancia del desarrollo de un pensamiento crítico y creativo, y al razonamiento formal e informal, buscando potenciar en los alumnos un pensamiento que no se contenta con las opiniones que cada uno podamos tener sobre los temas en cuestión, sino que busca las razones que utilizamos para justificar lo que decimos y hacemos. Aquí lo encuentras. Aquí lo encuentras.

Historias para niños. Los mejores libros de filosofía recomendados para niños y para jóvenes.

Tomás Miranda Alonso. El juego de la argumentación

Sirve de apoyo teórico a las novelas El descubrimiento de Harry y Lisa en las aulas; va dirigido a estudiantes y estudiosos de la “teoría de la argumentación“, condicionada por unas reglas y una práctica necesaria para lograr la competencia argumentativa.

La lógica en Filosofía para Niños no se aprende como un conjunto de procesos formales que se dan al margen del ejercicio real y concreto del razonamiento y del diálogo. En las novelas nos encontramos con situaciones reales de comunicación, en donde se realizan actos de habla concretos, evaluables no sólo desde el punto de vista sintáctico y semántico, sino también pragmático. Por eso este trabajo no es otro más de lógica formal, aunque se ocupa también de las relaciones formales que se dan en el discurso. El razonamiento siempre se produce en un contexto y en el horizonte de un diálogo, y, por ello, el tema central de este libro, así como el de la lógica de Lipman, es el de la argumentación. Este trabajo va dirigido también, en segundo lugar, a aquellos estudiantes y estudiosos que deseen introducirse en lo que hoy se entiende por teoría de la argumentación.

La argumentación, como cualquier juego, está sometida a unas reglas, cuyo seguimiento es condición para ser considerada una actividad racional. Pero, como ocurre con todo juego, el conocimiento de sus reglas no asegura la competencia argumentativa: ésta es cuestión también de práctica. No se busque, pues, en este libro una serie de consejos cuyo seguimiento asegure el éxito en la argumentación. Para argumentar bien, para ser capaces de ofrecer buenas razones que apoyen nuestros puntos de vista, y para saber evaluar bien las razones que los demás nos ofrecen, hay que practicar mucho y cuidadosamente. La escuela debería ser el ámbito principal donde las personas aprenden, mediante la práctica, el arte de la argumentación. Este trabajo nace con el deseo de servir de ayuda teórica a aquellos profesores y profesoras que se quieren tomar en serio la práctica cuidadosa de la argumentación en sus clases. Aquí lo encuentras.

Historias para niños. Los mejores libros de filosofía recomendados para niños y para jóvenes.

Félix García Moriyón. La estimulación de la inteligencia

Este libro pretende ser una aportación valiosa para toda la comunidad que trabaja con el Programa Filosofía para Niños, no sólo los investigadores que se dedican a evaluar el impacto que tiene la filosofía tanto en los estudiantes como en el profesorado. Consideramos que también es valioso para un público más amplio: el formado por todas las personas que trabajan en el ámbito de los programas de mejora de la inteligencia en general o mejora del pensamiento complejo y desarrollo moral.

Esta guía debe servir como una introducción general para incrementar la reflexión sobre la propia práctica docente y puede utilizarse igualmente como una obra de referencia en la que es posible encontrar indicaciones muy concretas para trabajar aspectos precisos en el aula. Aquí lo encuentras.

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Félix García Moriyón. Pregunto, dialogo, aprendo. Cómo hacer filosofía en el aula.

La Filosofía puede desempeñar un papel importante en la educación actual, y así lo reconocen la mayoría de los expertos, que insisten en la necesidad de que los estudiantes aprendan a aprender y a dotar de sentido el mundo en el que viven y así hacer frente a los retos que plantea una sociedad cada vez más compleja.

Este libro parte de un riguroso análisis del papel de la educación en la construcción de sociedades democráticas y aporta múltiples sugerencias para que la filosofía dé lo mejor de sí misma.

El autor, avalado por una larga experiencia, recoge aportaciones de la Filosofía para Niños y la práctica filosófica y expone cómo practicar la filosofía en la educación: no basta con que la asignatura esté incluida en los planes de estudio, sino que es necesario que esté presente de una determinada manera. Consiste en profundizar en el diálogo filosófico, tal y como fue esbozado por los filósofos griegos, en el marco de una comunidad de investigación, un diálogo que debe practicarse desde la escuela infantil y salir también a otros ámbitos de la educación no formal. Aquí lo encuentras.

Historias para niños. Los mejores libros de filosofía recomendados para niños y para jóvenes.

Félix García Moriyón. Matthew Lipman: Filosofía y Educación

Este libro se compone de veinticinco artículos realizados por personas vinculadas al programa Filosofía para niños. Supone un homenaje al creador de dicho programa y analiza el impacto que Filosofía para niños ha tenido en la carrera profesional de los autores.

No se trata en absoluto de convertirlo en una especie de gurú, sino de reconocer y agradecer la aportación que ha realizado a la comunidad de personas que se dedican a la enseñanza de la filosofía. Aunque en algún caso el tono de lo que aquí aparece pueda resultar laudatorio, el hilo conductor de todos los trabajos es el análisis del impacto que el programa de Filosofía para Niños ha tenido en la carrera profesional de los autores.

El homenaje consiste, por tanto, no en ensalzar una figura, aunque pueda merecerse los mayores elogios, sino en exponer cómo ha influido en lo que hacemos y cómo hemos podido desarrollar nuevas ideas partiendo de su obra. Aquí lo encuentras.

Historias para niños. Los mejores libros de filosofía recomendados para niños y para jóvenes.

Juan Carlos Lago. Redescribiendo la comunidad de investigación

En nuestra sociedad actual, es fundamental tomar en cuenta el factor de diferencia cultural o marginación social. El autor propone utilizar su experiencia personal así como sus conocimientos de filósofo para tratar esta cuestión en el ámbito de la educación.

Este trabajo es el resultado de una larga experiencia profesional y de una búsqueda de construcción de sentido. En este trayecto, el autor reúne la reflexión filosófica y la acción educativa desde una clara mirada pragmatista que nos lleva a considerar el pensamiento desde la acción. Desde esta enriquecedora perspectiva nos invita a reflexionar sobre el proyecto de Filosofía para Niños como una propuesta que no se reduce a aportar interesantes recursos pedagógicos en el ámbito de la filosofía de la educación, sino que supone un proyecto vital de edificación de la persona.

Desde el convencimiento de que la reflexión auténtica y útil se genera en la práctica, el autor nos advierte del peligro de transformar unas pautas de acción en fórmulas o técnicas educativas estereotipadas y alejadas del pensamiento filosófico que las sustenta.

La tarea que emprendemos desde la primera página, responde, por lo tanto, a una pregunta central de doble vertiente: cómo recuperar desde las inquietudes del momento presente el sentido filosófico del proyecto Filosofía para Niños, de modo que nos ayude a mostrar sus posibilidades de acción en ámbitos tan conflictivos y necesarios de atención como son los de la exclusión social y la marginación. Aquí lo encuentras.

Historias para niños. Los mejores libros de filosofía recomendados para niños y para jóvenes.

Fuente: Para todos la 2 de RTVE (19/10/2011) / Filosofía para profanos en Para todos la 2 de RTVE /L’ofici d’educar de Catalunya Ràdio (15/08/2015) / Imagen de portada: pixabay

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