Según el filósofo y educador Matthew Lipman, inspirador del proyecto “Filosofía para niños”, el no ayudar a los niños a pensar sobre las cosas que les preocupen no hace otra cosa que preocuparles más. Los niños y los filósofos comparten la inagotable curiosidad por todo lo que les rodea y el no dar nada por sentado. Niños y filósofos se preguntan constantemente por qué, por qué y por qué. Esta actitud característica de una determinada etapa del desarrollo del niño se convierte en modo de vida del filósofo. Hacer filosofía para niños y adolescentes ¿significa presentarles los contenidos de la filosofía en miniatura? ¿O más bien la filosofía para los niños tiene que ver con la formación en el pensamiento lógico y la reflexión crítica? ¿Qué tipo de filosofía debería entrar en las aulas?

Contenido

¿Qué es la filosofía? ¿Qué es un filosofo?  ¿Qué es filosofar?

La filosofía se ocupa del conocimiento de la realidad y del sentido de la existencia. Se basa en el buen uso del lenguaje y de la mente racional, y por esta razón es una buena forma de enseñar a los niños a pensar correctamente. Los niños son pequeños grandes pensadores porque su afán por conocer y preguntarse por las cosas es connatural a ellos, sólo necesitamos la sorpresa. Somos nosotros, los adultos, quienes vamos perdiendo con el paso del tiempo la capacidad de indagar y cuestionarnos las cosas más allá de lo que es puramente utilitarista y productivo.

La palabra filosofía puede sonar grandilocuente, ya que probablemente la relacionamos con la carrera que se estudia en la facultad de filosofía ―en el fondo significa amor a la sabiduría―, y esto hace que se piense que la filosofía es una cosa difícil propia de gente grande y sabia.

Pero cualquier niño, cualquier persona puede hacer filosofía y no tiene por qué ser difícil. Matthew Lipman fue el iniciador, el teórico y dinamizador del movimiento conocido como “Filosofía para niños”. Su objetivo era promover la capacidad de pensar de los niños, sobre todo desarrollar el pensamiento crítico y potenciar aspectos como el pensamiento reflexivo, libertad, democracia, bien común, intercambio de ideas, respeto, escucha, etc.

La filosofía surge a partir de formularse preguntas. Los niños hacen preguntas desde bien pequeños, a veces nos molestan sus preguntas y no las respondemos ―o las respondemos con evasivas― y ellos aprenden que mejor no preguntar. Lástima, es algo que tendríamos que evitar.

Filosofía para niños

Ilustración de Vincent Sorel para el libro ‘El filósofo-perro frente al sabio Platón’

Preguntas abiertas y preguntas cerradas.

Hay que distinguir entre preguntas abiertas y preguntas cerradas. Las preguntas cerradas tienen una respuesta correcta que suele ser breve, por ejemplo: “¿Cuánto son 2 + 2?” “¿Cuál es la capital de Austria?” “¿Quién descubrió América?” “¿Qué has comido hoy en la escuela?”… son preguntas que todos podemos responder, que tienen una respuesta correcta e incorrecta y son las preguntas que normalmente se hacen en la escuela.

Las preguntas abiertas se tienen que pensar y a veces no tienen una respuesta clara. Por ejemplo: “¿De dónde vienen los niños?” “¿Dónde se acaba el mundo?” “¿Adónde vamos cuando nos morimos?” “¿Por qué estás tan enfadado?” “¿Qué puedo hacer para que te sientas mejor?” “¿Los payasos también se enfadan?”… Las preguntas abiertas inducen a la reflexión y al pensamiento crítico, y eso es algo muy importante. Cada vez se ve más claramente la importancia de formularse preguntas abiertas, que es lo que estudia la filosofía, más que responder preguntas cerradas.

La reflexión conjunta entre padres e hijos a partir de preguntas abiertas, tal vez formuladas por ellos mismos, es una manera de iniciarse en la filosofía, de aprender a pensar y de estimular el pensamiento crítico en los niños y en las niñas.

Filosofía para niños

Ilustración de Laurent Moreau para el libro ‘Un día loco en la vida del profesor Kant’

Matthew Lipman y su proyecto “Filosofía para niños”.

El proyecto “Filosofía para niños”, inspirado por Matthew Lipman, tiene como voluntad enseñar a adultos y a niños a dialogar, razonar, buscar e indagar en el pensamiento. Este proyecto ha sido considerado por el Consejo de Europa como una herramienta para una educación democrática, basada en el diálogo y la resolución no violenta de los problemas.

La filosofía es amor al conocimiento. Hacer filosofía en la escuela con los niños, que no estudiar filosofía, puede ser un elemento que ayude a mantener el espíritu del aprendizaje. El niño se coloca en la actitud ingenua del filósofo, la contraria a la actitud que hay detrás de la frase “eso ya lo sé”.

Filosofía para niños

Matthew Lipman (24 de agosto 1923 – 26 de diciembre 2010) fue un filósofo, lógico e investigador sobre pedagogía estadounidense.

La filosofía para niños puede crear espíritu de investigación desde la constatación de que no sabemos y queremos saber. De hecho según este programa se proponen unas clases de filosofía en las que los protagonistas son los mismos alumnos, no un temario lleno de contenidos que tienen que estudiar. Porque lo que se pretende es desvelarles el gusto por la investigación colectiva.

Se hace filosofía en el aula para intentar que los alumnos, todos y cada uno de ellos, se conviertan en personas más razonables, en ciudadanos y ciudadanas participativos con capacidad de formarse opiniones propias basadas en criterios consistentes. Para que sepan afrontar los retos de la vida de forma creativa.

Filosofía para niños

Ilustración de Donatien Mary para el libro ‘El fantasma de Karl Marx’

¿Por qué es importante para el desarrollo infantil estudiar filosofía?

Primeramente porque los niños tienen la capacidad de pensar, de preguntar, de interrogar, de indagar cuestiones… es algo que está y mucho en el potencial de los pequeños. Y además porque les ayuda enormemente a desarrollar habilidades para su vida adulta y profesional: la capacidad de criticar, de dialogar, de llegar a consensos, de cuestionar eso que damos por hecho. Son habilidades que, si se entrena ya al niño en ese conjunto de facultades, permitirán que tenga una formación más integral y más sólida. Será más fácil que cuando el niño llegue a la edad adulta tenga buenas habilidades para la actividad laboral.

Por tanto, se pueden identificar los beneficios no tanto de enseñar filosofía a niños sino de filosofar con ellos o filosofar a partir de sus preguntas.

Filosofía para niños

Ilustración de Laurent Moreau para el libro ‘Un día loco en la vida del profesor Kant’

Los beneficios de estudiar humanidades.

En una época en la que todo es tecnología, más prioritario que aprender filosofía parece que sea el que los niños sepan manejar un ordenador. Pero es que en el fondo, si uno no tiene criterio a la hora de utilizar un ordenador tampoco le va a servir de mucho.

Es algo en lo que muchos intelectuales están insistiendo: las humanidades son absolutamente necesarias para una sociedad tecnológica y para una sociedad científica. Porque las humanidades son las que aportan criterio, alternativas, pensamiento crítico y pensamiento creativo. Nos dan posibilidades realmente de abarcar habilidades ―todas las habilidades que la historia de la filosofía nos ha regalado― pero también actitudes ―actitudes de descubrimiento, actitudes de admirarse, actitudes de sorprenderse, actitudes de ir más allá―, y todo eso es lo que la tecnología pura y dura puede no dar. Necesitamos ese empujón de las humanidades en general para educar en el asombro.

Filosofía para niños

Ilustración de Donatien Mary para el libro ‘El fantasma de Karl Marx’

La filosofía en la educación, cuestión de metodología.

No deberíamos dejar que la filosofía fuese sólo una disciplina académica más, ni pensar que no ofrece muchas más ventajas respecto de las demás. No deberíamos quedarnos sólo con que la filosofía  forma parte de nuestro legado cultural y que podemos transmitirla como cualquier otra materia. Eso no es lo que la filosofía puede aportar a la educación y a la sociedad, y esa es la clave.

No se trata de hacer una mejor educación como un fin en sí mismo sino de vivir en un mundo mejor. Y eso sólo es posible cuando dejamos la filosofía académica y nos centramos en el método mismo del filosofar.

Lo mismo podríamos decir con las ciencias, porque lo que nos enseñan en la escuela son los resultados acabados que nos dan los libros de texto que no tienen nada que ver con el quehacer de los científicos. La  clave está en ir a los procesos y no a los resultados, la clave está en una metodología cooperativa y en una comunidad de investigación donde se investigan las cosas que nos interesan a todos y donde hay un absoluto rigor en los procedimientos.

Muchas veces en las clases de filosofía, en aulas preuniversitarias y en las de la universidad, se lanzan conceptos pero no se enseña a pensar, a indagar, a cuestionar, a interrogar. Y eso tiene como consecuencia la degradación de esa materia o su marginalización ―”no sirve para nada”, “es obsoleta”, “sólo hay que memorizar”, “vaya royo”, “es inaguantable”―. Sin embargo, cuando se empieza a impartir filosofía a niños y a jóvenes en ellos el interés se despierta porque está ahí la pregunta, se utiliza el método.

Por ejemplo el método socrático, un método paradigmático en filosofía. Sócrates lo que hacía en la plaza ateniense ―en el ágora― era intentar aclarar lo que era la virtud. Pero no lo hacía yendo con un rollo preestablecido diciendo “la virtud es…”, sino preguntando: “¿qué dices tú que es la virtud, o el bien, o la verdad, o qué podemos esperar después de la muerte?”. De esa forma el niño empieza a buscar respuestas.

Filosofía para niños

Ilustración de François Schwoebel para el libro ‘El genio maligno del señor Descartes’

Qué interés muestran los niños en las clases de filosofía.

Cuando a los pequeños se les hace ser protagonistas y no solo sujetos pasivos, se sienten estupendamente en ese papel. Para ellos supone una abertura impresionante despertar esas cuestiones que ya les preocupan pero que nunca suelen estar en el aula. Poder hablar de cuestiones como la muerte, la amistad, el compromiso, la mentira, la verdad… son cuestiones que no aparecen estrictamente en ningún programa pero para ellos son preocupaciones fortísimas: “me ha traicionado un amigo”. ¿Qué pasa? ¿Qué es la traición? Se trata de hablar de esas cosas, de hacer filosofía pero a partir de sus propias experiencias, haciendo que los niños sean realmente los protagonistas de los intereses.

Filosofía para niños

Ilustración de Laurent Moreau para el libro ‘Un día loco en la vida del profesor Kant’

A partir de qué edad se puede dar filosofía a los niños.

Pensamiento y lenguaje son muy parejos, por tanto se puede comenzar a filosofar a partir de que los niños pueden hablar. El tono y el nivel no será el mismo, pero sí la preocupación. Cuando los niños pasan la “etapa del por qué” están interesadísimos en cuestiones tremendas: en la otra vida, en la muerte, en el nacimiento…

El niño no sólo pregunta cómo ha pasado eso sino que quiere saber para qué ha pasado:

― El abuelo se ha muerto.
― ¿Cómo se ha muerto?
― Pues mira, ha tenido una enfermedad de tipo terminal y murió.
― Pero, ¿por qué tenemos que morirnos?

Y ahí ya estamos ante una pregunta filosófica. Espera que lo piense, ¿por qué tenemos que morirnos? Porque de entrada no está tan claro que tengamos que morirnos, sin embargo el niño nos hace una pregunta que nos pone ante las cuerdas. Y tenemos que empezar a dar respuestas ―que no es una― a esta posible pregunta.

No hay por tanto una edad ideal. Más que un momento puntual es una cuestión de crear hábitos y de empezar cuanto antes. Lentamente, despacito, lúdicamente ―se puede uno divertir muchísimo en un aula de filosofía―. Se puede trabajar con historias, con juegos, con cine, con pintura… de hecho lo que se intenta es reflexionar y llegar a interpretar que nos sugiere por ejemplo un cuadro. A un niño le sugerirá pobreza y a otro tristeza, y ahí ya se tiene un trabajo espontáneo y directo. Todas las edades son buenas para filosofar.

Filosofía para niños

¿Qué es la filosofía?

Educación en valores. Qué aporta la filosofía en el aula.

Cuando se habla de la infancia, de la adolescencia y de la juventud se carga mucho siempre en el hecho de que no tienen valores, que no tienen educación, que no saben estar, que no saben realmente el lugar que les corresponde, que son pequeños tiranos.

Pero los valores no son específicos de la clase de filosofía. Sí que es cierto que en esa asignatura se tematizan los valores y se hace una reflexión sobre ellos, pero la educación de los valores es algo transversal. No se puede imputar toda la responsabilidad de transmisión de valores ni a filosofía, ni a religión ni a ciencias naturales.

Es cierto que en el aula, cuando se filosofa, aparecen valores como el respeto ―este señor ha explicado estas ideas―, o la escucha ―que es fundamental―. Y no sólo están presentes los valores sino que están presentes de una forma vivencial. Por ejemplo se habla poco del respeto, porque no hace falta hablar mucho del respeto o de la generosidad o de saber escuchar. Lo que hay que hacer es practicarlo y ponerse en situación.

Proponer a los chavales trabajar haciendo filosofía permite que esos valores estén encima de la mesa, porque si uno no escucha es incapaz de dialogar. La praxis de ese diálogo conlleva conocimientos, porque hay que buscar información para poder hablar seriamente. Pero además hay que evaluar esa información y hay que tener criterios para evaluarla. Hay que guardar una serie de actitudes, por ejemplo todo el mundo tiene derecho a disentir pero nadie tiene derecho a insultar. Es importante que los niños lo entiendan y que lo internalicen.

Los niños no van a aprender a ser respetuosos copiando mil veces “voy a ser respetuoso”, porque hay muchas cosas que no se  aprenden como la tabla de multiplicar y la filosofía así entendida es una de ellas. Por eso la herramienta clave es el diálogo.

Uno de los principales problemas es que esto casi nunca se evalúa porque la escuela centra su evaluación en factores  principalmente cognitivos y principalmente individuales. Y tanto la filosofía como  la ciencia no la hacen personas individuales, la hacen comunidades. Deberíamos ir hacia una evaluación de los grupos ―un grupo es siempre más que la suma de los individuos que lo componen― o si no algo se va a quedar cojo.

La filosofía dialógica, como la entendía Sócrates, en un proceso de búsqueda de la verdad que el profesor no tiene ―porque Sócrates tampoco la tenía, y aun hoy en toda la cultura occidental estamos buscando esas verdades universales que no sabemos donde estarán―, pero con esa humildad socrática de ponernos todos en camino, todos juntos.

Filosofía para niños

Ilustración de François Schwoebel para el libro ‘El genio maligno del señor Descartes’

El papel del profesor de filosofía.

El profesor va a clase a crear el ambiente, y sobre todo ayuda a los niños a aclarar palabras que a veces utilizamos de un modo muy superficial: ¿qué es felicidad? ¿Qué es libertad? ¿Qué es amor? Si en un aula de segundo de bachillerato planteamos la cuestión: “¿el teléfono móvil nos ha hecho más libres?” El debate está servido. “¿Qué es libertad para ti?”, ahí empieza el debate y empieza la búsqueda. Porque Kant dice algo sobre la libertad, y Sartre dice otra cosa, y Schopenhauer dice otra cosa, y Platón dice otra. Y ahí es donde los chicos empiezan a mover la búsqueda sobre quienes han hablado con autoridad sobre lo que es la libertad.

Lo interesante de este proyecto dialógico es que no se pone a los chicos ante las cuerdas de un filósofo o de una autoridad, sino que van puliendo entre ellos. Entre los ejemplos, las razones, las experiencias… todo eso conforma un magma que va puliendo ese concepto de libertad, de muerte, de amor, de fidelidad o de justicia. Pero no les acaba de dar el concepto final sino que les deja sensibles para seguir buscando.

Se trata de inocular el virus más que de dar respuestas definitivas, que uno se da cuenta que al cabo de poco dejan de ser definitivas. Se consigue buscar ese espíritu indagador y esas ganas de descubrir. Se consigue en definitiva que los niños y jóvenes sean más sensibles, para que cuando lean un titular de un periódico puedan ver dónde está el problema, el prejuicio implícito, el doble juego de palabras. Se trata de hacerles más atentos a la lengua, al discurso y al oír al otro. Se trata más de aportarles esto que no de dar conocimientos, teorías, corrientes… aunque evidentemente quien da esas clases debe de ayudarse de los maestros.

Además de inocularles el virus hace falta aportar a niños y jóvenes las herramientas para desenvolverse en ese proceso. Hace falta capacitarles y dotarles de un pensamiento mucho más crítico, mucho más creativo y mucho más riguroso. Porque a la hora de afrontar qué es la felicidad, o a la hora de afrontar cómo progresa la ciencia o a la hora de afrontar cualesquiera problemas ―que todos ellos son sumamente interesantes y relevantes en la sociedad del siglo XXI, y en ello tenemos que estar porque aquí vivimos― tenemos que hacerlo muy rigurosamente, porque es mucho lo que nos jugamos.

Filosofía para niños

Ilustración de Vincent Sorel para el libro ‘El filósofo-perro frente al sabio Platón’

La diferencia entre los niños de hoy y como éramos años atrás.

Los niños de ahora lo que tienen es una gran libertad expresiva. No son esclavos de los prejuicios ni de lo políticamente correcto y por lo tanto entran en el debate con una gran sinceridad. Lo expresan quizás no de un modo matizado ―no tienen las herramientas conceptuales para precisar y distinguir, eso se les tiene que ofrecer―, pero sí que es verdad que no tabuizan nada. En cambio, en debates adultos sabemos que hay temas que son “temas problemáticos” y que dejamos en un cajón. Los niños y los jóvenes no, ellos ponen cualquier tema encima de la mesa y eso es algo extraordinario. Cuanto más jóvenes más facilidad tienen, menos domesticados están y más espontáneos aparecen.

Los niños de hoy tienen a su favor que tienen más oportunidades. Tienen muchas más oportunidades de viajar, de saber, de conocer, de tener informaciones. Lo que ocurres es que debemos ayudarles a organizar. Como hay más información y más posibilidades de comunicación a veces quizás nos perdemos en un laberinto, y el problema o el trabajo de los educadores sería orientarles.

Cuando un niño busca y en el ordenador escribe la palabra “libertad” o “Immanuel Kant”, se encuentra allí con mareas de información. Cómo distinguir que una cosa es la información que viene de la enciclopedia británica o de la biblioteca de Stanford de filosofía ―que son fuentes serias y fiables― de cualquier iluminado que se levanta por la mañana y escribe lo que Kant dijo.

Filosofía para niños

Ilustración de Donatien Mary para el libro ‘El fantasma de Karl Marx’

¿Cómo ayudar a los niños a formular preguntas abiertas?

En realidad ese tipo de preguntas deberían ser imitadas por los niños. Somos los adultos los que deberíamos hacernos esas preguntas y no limitarnos sólo a preguntas de sí o no, de blanco o negro. Si los adultos formulamos preguntas abiertas también los niños las formularán.

Por otro lado el mundo de los niños es mucho más amplio que el mundo del conocimiento o de la ciencia o del saber, que pide respuestas concretas como el nombre de las capitales o las tablas de multiplicar. El mundo de los niños ―sobre todo cuando son más pequeños― es mucho más grande, incluye desde los juegos hasta distraerse hasta todo tipo de curiosidades. Por tanto hacer surgir estas preguntas no es problema, lo que ocurre es que a veces los adultos las ahogamos. Hay un momento ―a los cuatro años― en que los niños preguntan el por qué de todo, y entonces llega un momento en que los padres dicen “basta”, “porque sí”, “porque lo digo yo”.

Los niños son insaciables, son como esos filósofos importantes que tienen que descubrir el mundo. Y como tienen todo por descubrir todo es una pregunta y todo es una cuestión. Lo que deberíamos hacer los adultos es no ahogar esta curiosidad y, al revés, estimular esta capacidad exploradora de los niños ayudándoles, insistiendo nosotros en preguntas nuevas. No dando respuestas sino respondiendo con otra pregunta e intentando hacer una cadena. Esta sería una posible salida para esta necesidad que tienen los niños de respuestas, pero también y sobre todo de hacerse buenas preguntas.

La diferencia entre preguntas abiertas y preguntas cerradas es nuestra, no es de los niños. Los niños buscan seguridad, buscan siempre que cada pregunta tenga una respuesta. Ocurre que en seguida se dan cuenta de que no siempre es así. Ahí está la habilidad o el arte de educar, de demostrar que no todo tiene una respuesta y que la respuesta la ha de encontrar uno mismo. En los niños es inherente la pregunta pero también es inherente la necesidad de seguridad.

Filosofía para niños

Ilustración de Laurent Moreau para el libro ‘Un día loco en la vida del profesor Kant’

¿Cómo ayudar a los niños a pensar? ¿Qué papel juega la filosofía?

Los niños y los filósofos tienen muchos elementos en común. Son dos colectivos que se preguntan por el mundo sin presuposiciones, sin prejuicios y con una cierta ingenuidad. Esas mismas preguntas que hacen los niños son las que uno tiene que desaprender en la edad adulta para volverlas a relanzar. En definitiva toda la historia de la filosofía no es otra cosa que plantearse las mismas preguntas que se hacían los presocráticos o los filósofos griegos: qué es la justicia, qué es la belleza, qué es la corrección, qué está bien y que está mal… son las preguntas que se hacen los niños porque se tienen que situar en el mundo.

Filosofía y niños tienen en común este intento de buscar respuestas y una cierta seguridad. Aun sabiendo que quizás no encontraremos esas respuestas eso no nos aparta de la dinámica de buscarlas. Un poco como ha pasado con el mundo del arte ―cuando Pablo Picasso dice que él ha tenido que desaprender las técnicas para volver a ser un niño y poder pintar― la filosofía, a través del señor Lipman, ha hecho este ejercicio de ponerse en situación del filósofo originario y decir “por qué no ayudamos a los niños a pensar y a avanzar”.

En el proyecto “Filosofía para niños” se trabajan todos esos aspectos en la escuela de forma colectiva, es un escenario distinto al que los niños tienen en casa. No es una relación padres e hijos sino que es una relación de un grupo de iguales con un maestro que, en este caso, no es el que da las respuestas sino que es el que provoca preguntas y facilita esa labor de reflexión a los niños.

Los niños ―aunque las preguntas son siempre repetidas y los humanos llevamos siglos haciéndonos ciertas preguntas― no se sienten frustrados porque la respuesta siempre es original, siempre es propia y es la que uno busca y va encontrando poco a poco. Es estupendo el momento en que niños y niñas se dan cuenta de que “¡ostras, eso no lo había pensado nunca!” cuando otro alumno hace una pregunta que les sorprende, que no es nada del otro mundo para nosotros pero para ellos sí. Es entonces cuando esta dimensión colectiva adquiere una fuerza muy grande porque moviliza a todo el grupo. La pregunta en cuestión no es propia, es de una compañera o de un compañero, pero incita a los niños a investigar colectivamente.

Filosofía para niños

Ilustración de Laurent Moreau para el libro ‘Un día loco en la vida del profesor Kant’

¿Qué aportó Matthew Lipman a la educación de la filosofía en las escuelas?

“Yo creo que los niños no sólo necesitan la filosofía sino que también la quieren. Los niños se emocionan con la posibilidad o la libertad de discutir las cosas por sí mismas. De repente experimentan una sensación de liberación”, decía Matthew Lipman.

Lo que Matthew Lipman planteaba en los años 70 no era enseñar filosofía sino hacer filosofía, que los niños y jóvenes aprendiesen a pensar. Y aprender a pensar es diferente a dar unos contenidos sobre la filosofía.

Cuando los niños aprenden a pensar lo hacen a partir de sus propias preguntas y por tanto el punto de partida siempre es personal y motivador, porque hay algo que a mí me interesa resolver y lo hago en grupo acompañado de otras personas. Este es un punto fundamental del proyecto “Filosofía para niños” y es una gran intuición de Lipman. El hecho de trabajar haciendo filosofía en grupo, y el hacerlo no a partir de materiales convencionales sino a partir de materiales más de expresión. A partir de la literatura, de las artes y de otras cuestiones que ligan con la razonabilidad pero que ligan también con la parte sentimental y emocional, de cómo nos sentimos descubriendo las cosas y explicándolas. El proyecto aporta la frescura de partir de las necesidades de los niños, de hacerlo en grupo ―entre iguales― y de ir encontrando los criterios que fundamentan los juicios.

El salto que dio Lipman fue el intentar no que los niños supiesen lo qué decían o lo que habían resuelto los filósofos sino que supiesen el cómo lo hacían. Que los niños se pusiesen en situación:

¿Qué hacen los filósofos? Reflexionar.
¿Y cómo lo hacen? Comparando, definiendo, buscando conceptos, averiguando alternativas. Utilizando todas aquellas energías y habilidades que son propias del pensamiento. Que no son propias solamente del pensamiento filosófico, también lo son del pensamiento científico, pero que son las que han hecho que la filosofía haya ido avanzando y aguantando estos siglos.

Este cambio radical, de no repetir lo que dicen los otros sino colocarnos nosotros como sujetos protagonistas, es la gran novedad. La filosofía era algo de gente grande y a veces un poco rara, y ahora es algo en lo que los niños participan y además con una gran pasión y deseo porque toca muy de cerca temas que les interesan.

Filosofía para niños

Ilustración de Junko Shibuya para el libro ‘¿Por qué tienen nombre las cosas?’

¿Cómo hacer reflexionar a un niño de 3, 4, 5 años?

Se ha de hacer muy poco a poco. Con los niños más pequeños ―hasta los 5 años― lo que se hace es generar unos preliminares, para que se pueda dar después eso que llamaremos diálogo. Obviamente no podemos hablar de diálogo entre niños de 3 años, porque algunos aun tienen dificultades lingüísticas o comunicativas, pero sí que podemos poner el punto de partida: que se escuchen, que levanten la mano antes de hablar, que se ordenen y que no digan cosas que ya ha dicho otro.

Y luego, poco a poco, se les van introduciendo elementos reflexivos mientras vamos haciendo cosas ―cuanto más pequeños sean los niños serán cosas más concretas y más prácticas―, a través de juegos, a través de cuentos o a través de la contemplación del mundo del arte ―especialmente la pintura―.

Es algo que nos da la posibilidad de hablar de cosas que podemos hacer y explicar y que tenemos a mano, y que poco a poco van dando vocabulario, van introduciendo la pregunta “¿Por qué?” ―”¿eso por qué lo dices?, ¿podría ser de otra manera?” ―. De manera muy lenta se van introduciendo esas preguntas que van abriendo horizontes a los niños. A un niño en concreto igual algo no se le ocurre, pero en el colectivo siempre hay uno u otro que puede tener una respuesta.

Los niños y niñas no solo piensan cuando hablan, también piensan cuando hacen y cuando se mueven. “Si yo decido ir aquí es por alguna razón”. Se trata de hacer que sean conscientes de eso ―¿por qué has escogido este color?  ¿Por qué has puesto esta figura? ¿Por qué has dicho eso?―, son este tipo de preguntas las que van estirando lo que pasa ―primero pasa una cosa y luego, a partir de ahí, vamos estirando un contenido, haciendo una pequeña investigación―.

Cuando a un niño se le pregunta “¿Por qué has dicho eso?” o “¿eso se parece a lo que ha dicho tu compañera?”, ese niño está haciendo un ejercicio grande de comparar y de analizar, y esto se hace desde muy pequeños. A los tres años es más difícil y por eso ha de ser muy poco a poco. Pero lo fantástico es que este trabajo, cuando se hace bien y se hace con una continuidad, da la idea de que “yo no me educo, es el grupo el que nos educamos, es el grupo el que va trabajando” y se adquiere una dimensión diferente de la educación.

Filosofía para niños

Ilustración de Junko Shibuya para el libro ‘¿Por qué tienen nombre las cosas?’

La respuesta de los niños a la clase de filosofía.

La sesión ideal de filosofía no existe. Existen sesiones reales, y por tanto unas son más logradas y otras no lo son tanto. Hay momentos puntuales muy potentes y otros que son de transición.

Una de las primeras cosas que se  hace, cuando un grupo ya está algo trabajado y se han hecho esos pasos previos, es escribir en la pizarra ―de tiza o digital― las preguntas y el nombre al lado. Hay un elemento muy valioso que es el reconocimiento: “lo que yo pienso, lo que yo digo y lo que yo me pregunto tiene valor”. A partir de ahí los niños ya están motivados, quieren hablar de eso, quieren hablar de su tema.

La respuesta de los niños es muy estimulante ―no ilimitadamente estimulante―, a veces al cabo de dos minutos el tema se ha acabado y se pasa a otra cuestión porque no tienen la capacidad de perdurar como tenemos los adultos. Pero realmente, cuando un grupo está bien estructurado y cuando se ha trabajado con una cierta constancia, si las clases son relativamente reducidas cosa que no siempre es posible, si el escenario y la manera de estar dispuestos es relativamente cómoda cosa que tampoco no siempre es posible y si las condiciones materiales son aceptables, un día por otro la cosa va fluyendo.

Filosofía para niños

Ilustración de Yann Le Bras para el libro ‘Las cien vidas del filósofo Sócrates’

¿Cómo explicar a los padres los beneficios de la filosofía para los niños?

Las clases de filosofía hacen que los niños y niñas piensen mejor y más cuidadosamente y que sean más reflexivos, y son también una especie de antídoto contra la violencia ―ya sea verbal o física―, entre otros muchos beneficios.

La filosofía es algo que ayuda a los niños a pensar desde bien pequeños, es un refuerzo de su propia autonomía y les da herramientas para poder decir NO a según qué tentaciones que se pueden encontrar a lo largo de su vida.

Si no ayudamos a los niños a que piensen por ellos mismos ―con el riesgo de que puedan pensar de manera muy diferente a nosotros, pero que piensen por ellos mismos― alguien pensará por ellos, y eso sí que es un riesgo. Quizás nos gustará más o menos lo que piensen, pero podremos hablar. En el momento en que alguien piense por ellos, estaremos en un mundo mucho más de dogmatismos y de prejuicios. Por eso es importante para los niños entrar de bien pequeños a tener esta posibilidad de debatir las dificultades y las situaciones, y hablarlas.

Además, materias que necesitan más reflexión como matemáticas o lengua se ven muy beneficiadas. Porque los niños tienen la capacidad de deducir mejor, de hacerse buenas preguntas, de investigar, de hacer hipótesis, de poder comparar, de averiguar “que pasaría si…”. Hay toda una serie de aspectos en la filosofía que están en la base de las otras materias.

Filosofía para niños

Psicología educativa y psicología emocional. En clase de filosofía todo se aprovecha.

A través de las cosas que van ocurriendo en clase el grupo se va sintiendo cada vez más cómodo desde el respeto y la aceptación del otro. Hay dos aspectos que son fundamentales:

― Uno es la empatía: cuando uno es empático con el otro, cuando es capaz de ponerse en la piel del otro, estamos ayudando a un ejercicio intelectual que no se da de entrada en muchos casos sino que se tiene que ir trabajando a lo largo de los años.
― Y el otro es la autoestima: cuando uno es capaz de quererse a sí mismo su energía crece.

Todo esto tiene mucho que ver con el error. En la vida no todo está bien o está mal, a veces nos damos cuenta de que hay cosas que no hemos acertado o que no han funcionado bien y a eso lo llamamos error. Pero de eso podemos aprender.

El papel del error en la filosofía que se hace en clase es capital. Es capital en algunos de los materiales que se utilizan en los programas de diversas edades y es capital en el sentimiento que se les queda a los niños y niñas: “yo en clase de filosofía me puedo equivocar” “Y no es que no pase nada, sí que pasa y pasa mucho, pasa que de eso puedo aprender”.

Si alguien se equivoca no es penalizado porque es algo que sirve al grupo: “¿qué ha pasado aquí? ¿Cómo es que hemos llegado a esta conclusión? ¿No ves que con este ejemplo no funciona?”. Los mismos alumnos van redirigiendo, de una manera muy infantil pero práctica y efectiva, a la consideración del error como una fuente de aprendizaje. Y eso tiene una capacidad educativa muy potente y permite ir por el mundo con una cierta seguridad. “Me puedo equivocar pero, no es que no pase nada, puedo aprender de eso”. Es una novedad respecto al sistema tradicional del lápiz rojo, es convertir el error en una virtud.

Hay una diferencia enorme entre cuando un niño dice “¡Qué va! ¡Qué dices!” a cuando dice “Mira, yo no estoy de acuerdo. A mí me parece… Yo creo…”.

Con el “¡Qué dices! ¡Qué tontería!” el niño está desautorizando y ahí no entra nadie, o tú o yo, o blanco o negro. Mientras que cuando el niño dice “Yo creo… Yo pienso…Yo opino que…” está abriendo un horizonte a otros, no se queda en un “tú o yo” sino que invita a los otros a que también piensen, opinen, crean, etc. Se consigue de esta manera una educación ética y en valores en profundidad. No se trata de hablar un día puntual de la tolerancia o de la generosidad, sino que se trata de hacer efectivo este tipo de trabajo.

Filosofando. Taller de pensar.

Hacernos preguntas sobre el mundo que nos rodea y sobre cómo nos tenemos que relacionar con él es algo que los humanos comenzamos a hacer desde una edad muy temprana, aunque no lo llamemos hacer filosofía. ¿A qué edad empezamos a emocionarnos con el arte o con la música? ¿A qué edad empezamos a dibujar o a cantar? ¿A qué edad se empieza a preguntar si aquello que uno hace está bien o no y qué es lo que hay que hacer o qué es lo que no se puede hacer?

Tendemos a pensar, equivocadamente, que la filosofía es una ocupación de adultos. Pero la filosofía siempre ha sido eso, preguntarse por las cosas, preguntarse por uno mismo, preguntarse por los otros e intentar entender algo con la ambición de una vida lúcida. Espontáneamente esto comienza con esa curiosidad instintiva y prácticamente irrefrenable de los niños que se preguntan por las cosas. Con la pregunta filosófica por excelencia, que es una pregunta infantil, el “por qué”. Esa pregunta que lleva cada vez a hacer más preguntas.

Ante esas preguntas espontáneas que se hacen a veces los niños los adultos solemos decir “mira que cosas tan curiosas pregunta el niño” “mira que gracia hace”. Esa indulgencia es quizás, en cierta medida, nuestra propia impotencia para responder.

Se ha comparado en ocasiones a la filosofía con una especie de gimnasia del pensamiento, y es una comparación acertada. La tendencia que tenemos, por pura inercia, es a pasar por encima de las cuestiones: “no hagas tantas preguntas”, “no pienses tanto” o “hazlo así y no preguntes”. La filosofía en cambio nos fuerza continuamente a poner ese freno ante la inercia a la que la vida seguramente nos llevaría. Un “por qué” pide una razón con respuesta, no pide una orden o una instrucción o un consejo, un “por qué” requiere una respuesta argumentada y justificada. De ahí la repulsión infantil al “porque sí” o “porque no”, que es a menudo la respuesta con la que intentamos ―por suerte generalmente con poco éxito― tapar las preguntas.

Quizás lo mejor que hacen los filósofos y los niños es hacer preguntas. Los niños preguntan con espontaneidad, sin apriorismos y con curiosidad por todo lo que nos rodea y por la misma existencia. En Catalunya hay una importante tradición, aunque poco conocida, de trabajo filosófico con niños en las escuelas. Estos dos vídeos nos acercan a esta realidad y a este trabajo:

La filo (1):

La filo (2):

‘Solo es el principio’ (‘Ce n’est qu’un début’)

En Francia, como en otros países europeos, lo tienen claro. ‘Solo es el principio’ es un documental que refleja la importancia de aprender a pensar y la importancia de las preguntas,  a través de un proyecto educativo en el que se introducen clases de filosofía para niños de 3 y 4 años. Los niños pueden desarrollar así su capacidad de argumentar.

Este es el tráiler de la película:

Ce n’est qu’un début’ es una película documental francesa de Jean-Pierre Pozzi y Pierre Barougier. Los niños protagonistas de este curso de filosofía para niños comentan en clase lo que piensan acerca de temas como el amor, la libertad, el pensamiento y la muerte. En su día a día vemos como van aprendiendo a escucharse unos a otros y a reflexionar cada vez mejor.

En España existen escuelas donde en la clase de filosofía los alumnos aprenden a ser más hábiles para pensar, aprenden a razonar sobre temas cotidianos y sobre la vida. El objetivo no es que de estas clases salgan grandes filósofos, sino que los alumnos se enamoren de la sabiduría. Una idea que choca con un mundo cada vez más competitivo que se mueve por rentabilidades y números.

Dice Martha Nussbaum, filósofa de la Universidad de Chicago que ha investigado sobre el declive de las humanidades, que tal vez la formación humanística no sirva para ganar dinero, pero sí sirve para generar otro tipo de riqueza: riqueza cultural, riqueza crítica, riqueza emocional y lógica. Sería interesante que pensáramos en ello.

Filosofía para niños

Cómo filosofar con los hijos.

Consejos para que en un ámbito que no es el de la escuela, sino en el ámbito familiar, padres y madres tengan en cuenta esta perspectiva que nos abre la filosofía en lo que respecta a las preguntas. Porque muchas veces nos encontramos con que hacemos preguntas a nuestros hijos y las respuestas son muy cerradas. ¿Cómo podemos abrir nuestro espacio familiar a esta perspectiva amplia que nos aporta el pensamiento filosófico?

Lo primero es recordar a padres y madres que tenemos dos orejas y una sola boca, por tanto escuchar mucho y hablar poco. Y segundo preguntar, preguntar mucho a los niños. Preguntar el “por qué” que nos da pie al pensamiento crítico y a justificar las razones. No sólo el “qué” sino el “por qué”.

También es interesante, aunque es algo que los padres no acostumbramos a preguntar tanto, el “cómo” y el “y sí…” Un pensamiento algo más allá que haga a los niños salir. El “cómo” porque muchas veces preguntamos a los niños “¿qué quieres ser cuando seas mayor?” pero pocas veces les preguntamos “¿cómo quieres ser cuando seas mayor?”, y es una diferencia enorme como pregunta.

Y otra recomendación es no juzgar. Cuando uno se siente juzgado se cierra. Hemos de intentar hacer y decir cosas para que el niño esté bien con nosotros. Esa recepción y abertura de orejas también ha de ser de sentimientos, acogiendo lo que los niños nos explican e implicándonos: “Te ha pasado esto, ¿qué podemos hacer?”, no respondiéndoles “bueno, a ver si sale. A ver si te espabilas”. Con el “¿qué podemos hacer?” estamos planteando un cuestión de razonamiento y buscando alternativas, pero también estamos transmitiendo emocionalmente una proximidad.

Y por último intentar ciertas cosas fuera de las situaciones de conflicto. Hay momentos en los que uno está muy atrapado, incluso las relaciones entre padres e hijos tienen esos momentos en los que es mejor no hablar. Como adultos hemos de tener una cierta habilidad para poder buscar los buenos momentos.

Grandes pensadores. Frases de filósofos. Frases filosóficas para pensar.

Los grandes filósofos nos dejan frases para la historia, citas filosóficas que nos inspiran gracias a su gran mensaje. Las frases filosóficas cortas son pensamientos que nos hacen reflexionar. Hacen que nos cuestionemos nuestros valores y nuestras creencias y nos recuerdan el camino que debemos seguir para ser felices haciéndonos reflexionar sobre distintos temas: la felicidad, la libertad, el amor, la vida, la muerte… Todos deberíamos aplicarlas a nuestro día a día.

Albert Camus, su idea del tiempo y el uso de las metáforas.

El novelista y filósofo francés afirmaba que, al igual que la rebeldía, toda acción política debe tener una base moral sólida. Todo lo que se puede explicar de Albert Camus es bonito. Aunque escribió en francés nació en Argelia, era argelino. Provenía de una familia extremadamente pobre. Su madre era casi sordomuda y totalmente ignorante, era analfabeta. Él se crió por lo tanto en unas circunstancias en las que todo lo que era de prever es que hubiera sido un niño de la calle, uno más. Pero no, gracias a algunas becas y gracias al apoyo de algunos profesores se convirtió en lo que se convirtió, en todo un Premio Nobel de Literatura.

Ya a los 20 años él tenía una preocupación, pensaba que la filosofía tenía que servirle para saber cómo tenía que vivir. Albert Camus no era uno de esos filósofos metidos dentro de una torre de marfil que elaboran teorías muy sesudas, sino que era alguien que pensaba que el desafío más  grande que podemos tener los humanos es llevar una vida buena y hermosa y que valga la pena.

Para él eso significaba que, puesto que salía de la pobreza y de la ignorancia, su problema (ya que además él por encima de todo adoraba y amaba a su madre) era cómo salir de la pobreza sin traicionar a la pobreza,  siguiendo siendo fiel a algo. Fiel a su madre y fiel a aquello. No renunciar a todo lo que había vivido sino ser capaz de crear una forma de vida que conectara directamente con aquello de donde provenía y que no lo traicionara.

Albert Camus (7 de noviembre de 1913 - 4 de enero de 1960) fue un novelista, ensayista, dramaturgo, filósofo y periodista francés nacido en Argelia.

Albert Camus (7 de noviembre de 1913 – 4 de enero de 1960) fue un novelista, ensayista, dramaturgo, filósofo y periodista francés nacido en Argelia.

Es recomendable leer un escrito muy breve de Albert Camus que se titula ‘Bodas en Tipasa‘. Es un escrito de diez páginas de una belleza absoluta. En ‘Bodas en Tipasa’ Camus habla de un día de playa en el Mediterráneo. Es un día de playa con un sol espléndido, con ese calor que calienta la tierra y que hace que huela. Porque el Mediterráneo huele. Huele a las plantas aromáticas, huele, dice él, al ajenjo. Para los que hemos nacido en el Mediterráneo, para los que nos hemos bañado en esas aguas, sabemos que hay momentos en los que se te queda el olor casi en el cuerpo, y entonces sientes todo, sientes la naturaleza, sientes el olor, sientes lo fresca que está el agua… él lo que cuenta en este texto es un día glorioso. Camus tenía 23 años cuando lo escribió, y es como si hubiera encontrado ahí la clave.

Explica un día maravilloso, de esos días que salen redondos y que se le quedan a uno grabados. Y tanto es así que él dice “no hace falta aquí tener mitos como Deméter o como Dioniso”, porque no hace falta ninguna trascendencia, los sentidos (lo que sentimos, lo que olemos, lo que tocamos) ya nos unen con la naturaleza. Él no quiere que de esa experiencia haya un pensamiento más allá, el pensamiento es el del más acá. Lo que le parece grandioso es justamente esos olores, esas sensaciones corporales cuando dice “me desnudé y me metí en el mar desnudo”… La palabra “bodas” ahí lo que significa es “las bodas entre el sol y el mar”, pero “las bodas entre el cuerpo, el sol y el mar”. Estamos hablando de una unión que no trasciende, sino que se queda justamente en una unión terrenal.

Es un texto totalmente poético, pero además como él es filósofo extrae una enseñanza. Lo que él quería (ser filósofo pero no traicionar sus orígenes) lo encuentra justamente en lo que representa Tipasa. Porque dice que allí hay una grandeza o una dignidad de la simplicidad, y que él ha encontrado en Tipasa la dignidad de la simplicidad. Y la dignidad de la simplicidad son los dos elementos que él piensa que tiene su madre, su madre es digna y su madre es sencilla. Y si nosotros somos capaces de ir a la naturaleza y de quedarnos en ese nivel inmanente (no trascendente), si nos quedamos en el nivel de la tierra, si ponemos por delante valores terrenales, eso es la felicidad y eso es lo que nos une al mundo. Y tenemos derecho a ser felices como él dice que lo fue en ese momento en Tipasa.

El texto es propio de alguien que tiene 23 años que cree que ha encontrado algo valiosísimo, y efectivamente te lo hace pensar cuando lo lees. Además a Camus le permaneció como una metáfora para siempre. Él, veinte años después, vuelve a Tipasa, y el texto que escribió entonces se titula ‘Retorno a Tipasa‘. Veinte años después significa que ha pasado todo (la Segunda Guerra Mundial, él ha sido un combatiente en la clandestinidad porque estaba en la resistencia, se ha casado, ha tenido hijos, ha tenido amantes…), y entonces sin embargo dice una frase maravillosa que nos ha quedado de Camus: “en el invierno de mi existencia aprendí que en mí siempre habría un verano eterno”. Ese verano eterno es Tipasa. Esa idea, de que aunque estés pasando una temporada que sea un invierno, en ti hay un verano eterno, es que en ti existe ese núcleo de valores terrenales.

Eso mismo lo va a decir por ejemplo con su principal amante (tuvo varias). El fue amante de Maria Casares, famosísima actriz hija de Santiago Casares Quiroga, uno de los últimos presidentes de la Segunda República Española que se exilió a París. La niña entonces se educó en París, devino actriz y fue amante durante más de veinte años de Camus. Y él siempre decía “María, tendríamos que encontrar el verano de nuestras estaciones”.

María Casares, en 1949 en un montaje de ‘Los justos’, de Camus, en el Teatro Hébertot de París. ROGER VIOLLET (CORDON PRESS)

María Casares, en 1949 en un montaje de ‘Los justos’, de Camus, en el Teatro Hébertot de París. ROGER VIOLLET (CORDON PRESS)

Frases de filósofos. Frases filosóficas para pensar.

Albert Camus: “Fui colocado a media distancia de la miseria y del sol”.

Albert Camus, el escritor y filósofo francés, fue premio Nobel de Literatura y autor de la novela ‘La peste’. Con la frase “Fui colocado a media distancia de la miseria y del sol”, ¿qué quería decir Albert Camus?

Se trata de una frase estrictamente autobiográfica. Él recuerda con esos dos extremos, miseria y sol, las dos condiciones en las cuales el nació, en las cuales él fue arrojado a la vida.

La miseria porque su familia era extremadamente pobre. Nació en Argelia, podía haber nacido en una familia con una situación económica e incluso intelectual mejor. Teniendo en cuenta que él fue premio Nobel es sorprendente que naciera en una familia en la que el padre había fallecido y la madre y la abuela con las que él vivía eran totalmente ignorantes, no sabían ni leer ni escribir. El sol, que es el otro componente de la frase, es Argelia y el Mediterráneo. Argelia es un país como España, aun más soleado que España.

Son estas frases que son como tesoros, que si las recuerdas te dan la posibilidad de pensar algo, porque Camus decía que ambas cosas le habían enseñado mucho. La miseria, decía, le había enseñado que no todo está bien bajo el sol y en la historia. Y ese “no todo está bien” se lo enseña a alguien que verdaderamente es un amante de la vida. Albert Camus era una persona entusiasta, era una persona a la que le gustaba todo, le gustaba vivir, le gustaba comer, le gustaba ir con los amigos, le gustaba tener muchas novias, le gustaba la vida. Y  por lo tanto su tendencia sería a que “el mundo está bien y me gusta vivir”, pero la miseria le enseñó que no todo está bien bajo el sol en la historia. Que hay miseria, que hay ignorancia y que hay que intentar cambiarla, que no se puede uno satisfacer con eso.

Pero luego está la parte del sol, y también el sol le enseñó algo. Es como el contrapunto. El sol le enseña que la historia no lo es todo, dice Camus. Con eso quiere decir que no podemos pensar que para explicar una situación nos baste con las leyes de la historia, o con una explicación histórica que haga alusión a reglas económicas o a reglas culturales, sino que hay un componente vital que es fundamental.

Él decía una cosa que es digna de recordarse y de pensar en ella, Camus decía que cuando conoció los suburbios de París entendió que existía una injusticia climática. Es decir, que ser pobre y ser miserable en Argelia tenía, por así decirlo, la ventaja del sol, de la que carecían los trabajadores miserables e ignorantes de los suburbios de París. Y que entonces esa injusticia climática había que tenerla en cuenta, era ese contrapunto.

Si juntamos las dos cosas, si juntamos la miseria y el sol, lo que nos tenemos que preguntar es cómo se juntan porque verdaderamente parece que se contradicen. La miseria te dice “no todo está bien bajo el sol”, el sol te dice “no todo es la historia”. ¿Cómo lo juntamos? Una conclusión puede ser que hay que cambiar cosas en la historia, pero que si se puede hay que cambiarlas desde la alegría y desde la ilusión.

La situación puede ser miserable, puede ser angustiosa, pero tú que la combates no tienes por qué aportar más miseria o más angustia a lo que estás combatiendo. Tú puedes aportar el sol, tú puedes ser como el sol. Tú puedes aportar ese plus de optimismo. Y entonces esa balanza que hay entre las dos cosas queda perfectamente entendible. Está diciendo algo, está diciendo que quizás frente a los intelectuales parisinos que combatían la miseria desde unas posiciones existencialistas, que parece que a veces ellos también tenían que compartir esa miseria, él combatía desde el sol.

Para acabar dos detalles biográficos de Albert Camus. Uno que murió de accidente de tráfico, en Francia. Otro que era un gran amante del fútbol, incluso era jugador de fútbol. El fútbol a él le aportó filosóficamente también algunos planteamientos ante la vida. Camus pensaba que el fútbol encerraba una enseñanza moral. La enseñanza moral de que hay ciertas cosas en las que tienes que apoyar a tus compañeros, ser uno con ellos. La enseñanza de ese vínculo y esa  estrecha relación cuando en cambio la tarea intelectual es mucho más individualista. Desgraciadamente él, como era tuberculoso, tampoco pudo jugar tanto al fútbol, pero sí escribió mucho de fútbol.

Frases de filósofos. Frases filosóficas para pensar.

Antonio Gramsci: “Todos los hombres son filósofos”.

Antonio Gramsci fue un filósofo italiano, político y periodista del siglo XX. Con la frase “Todos los hombres son filósofos”, ¿qué quería decir?

La frase es muy fácil, aunque a veces hay frases fáciles que luego se convierten en un pensamiento más complicado. Aunque Gramsci en esta frase dice “todos los hombres”, interpretemos que no estaba pensando sólo en los varones sino que estaba pensando en los seres humanos: “Todos los seres humanos son filósofos”.

Es una frase sencilla, pero saber lo que quiere decir es quizás un poco más complicado. Quiere decir que no es que yo sea filósofa, sino que tú eres filósofo y que todos son filósofos.

Antonio Gramsci (22 de enero de 1891 - 27 de abril de 1937) fue un filósofo, teórico marxista, político y periodista italiano. Retrato de Gramsci de comienzos de los años 1920.

Antonio Gramsci (22 de enero de 1891 – 27 de abril de 1937) fue un filósofo, teórico marxista, político y periodista italiano. Retrato de Gramsci de comienzos de los años 1920.

El modo que tenía de explicar esto es que todos lo somos porque todos tenemos y participamos de algunas cosas que tienen un trasfondo filosófico. Por ejemplo todos tenemos un lenguaje, todos tenemos un sentido común, y participamos de ese lenguaje y de ese sentido común. Participamos de algunas nociones de religión natural, más o menos, de un folclore… y esos son como elementos comunes. Pero esos elementos comunes provienen de teorías filosóficas, quizás pasadas, de carácter político, de carácter social, de carácter psicológico, de carácter mental… que han pasado sin que nosotros supiéramos al lenguaje y al sentido común.

Entonces, cuando decimos o pensamos ciertas cosas, sin saberlo, estamos utilizando contenidos filosóficos. Podemos perfectamente decir que distinguimos entre la mente y el cuerpo, y utilizamos esa denominación de mente y cuerpo. O podemos decir que, en cuanto a  la vida sexual, existen heterosexuales y homosexuales. O podemos decir que existen naciones. Cuando hacemos afirmaciones de ese tipo, damos por descontado que lo que estamos diciendo tú lo vas a entender, que yo lo voy a entender y que lo va a entender todo el mundo. Lo damos como hechos, sin embargo todas esas afirmaciones provienen de contenidos que pertenecen a teorías que han configurado concepciones del mundo.

Tenemos esos restos de concepciones del mundo, que incorporamos a nosotros mismos y que a veces incluso pueden entrar en contradicción. Puede entrar en contradicción aquello que pensamos con aquello que hacemos. Se da el caso de que hay personas que dicen tener ciertas concepciones del mundo sobre las cosas mencionadas y, sin embargo, actúan de manera que entraría en contradicción con esas concepciones que dicen tener.

Lo que Gramsci quiere decir es que dentro de nosotros albergamos una especie de caos filosófico, somos filósofos pero un poco caóticos. Todos tenemos pensamientos lo que ocurre es que están desordenados, porque si no no tendría sentido que hubiera después filósofos que actuaran de manera profesional. Todos somos filósofos pero no todos tenemos la función de filósofo en la sociedad, y el que la tiene lo que tiene que hacer es intentar poner en claro esas concepciones.

Gramsci interpretaba que eso es lo que quería decir el mandato de Sócrates “conócete a ti mismo”. El mandato socrático “conócete a ti mismo” sería “analiza que concepciones del mundo hay en ti, que no sabes muy bien de donde vienen pero que tu las usas para conocer el mundo y para actuar sobre él, y, además, analiza si eso está o no en contradicción con aquello que haces. Y el filósofo lo que haría es introducir una metodología o una indicación para que todos hiciéramos estas cosas

Antonio Gramsci fue uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano, lo que le llevó a la cárcel con Benito Mussolini. Acabo muriendo fuera de la cárcel, pero lo sacaron para morir. Su legado tiene mucha actualidad a día de hoy y curiosamente la tiene en España, probablemente porque ha habido jóvenes políticos que utilizan a Gramsci y que nos han hecho volverlo a estudiar y volverlo a leer y encontrar elementos interesantísimos para defender una democracia, una revolución democrática diferente a como el marxismo se pensó a principios del siglo XX.

Repasando su biografía un dato curioso de su persona es que era muy bajito (no llegaba a 1,50 m. de altura). Hay alguna anécdota curiosa al respecto que nos da la medida de cómo era visto Gramsci por sus propios camaradas. Gramsci primero estaba desterrado y de ahí lo trasladaron a la cárcel. En la cárcel lo estaba esperando un camarada pensando en que importancia que llegaba Antonio Gramsci, y cuando lo vio entrar exclamó “¡Pero este no es Antonio Gramsci!, porque Antonio Gramsci es un grande”.

Frases de filósofos. Frases filosóficas para pensar.

Baruch Spinoza, sus pensamientos y su filosofía.

Baruch Spinoza fue un filósofo holandés de origen judío del siglo XVII. Dijo que el cuerpo y alma o mente son una unidad.

Hay algunas cosas de su vida que son cuanto menos interesantes para entender qué tipo de pensador era. Por ejemplo, con tan solo 24 años fue excomulgado. Él pertenecía a una familia judía y fue expulsado de la sinagoga. Hay que tener en cuenta que a esa edad todavía no había publicado nada, o sea que solamente por lo que él decía ya le excomulgaron.

Tanto es así que, a la salida de la sinagoga, intentaron asesinarlo y con un cuchillo le rasgaron el abrigo. Para darnos cuenta de qué tipo de personaje era, ese abrigo desgarrado por el cuchillo lo mantuvo dentro de su armario toda la vida (que no fue muy larga porque murió a los 44 años) para recordar hasta donde podían llegar las pasiones humanas y que es lo que había que temerse.

Curiosamente, de este gesto y de esta excomunión, surgió el tipo de profesión que él desarrolló: él desarrolló la profesión de pulir lentes para instrumentos ópticos. Le habían expulsado de una familia comerciante donde probablemente él hubiera tenido su lugar, y entonces él se dedicó, para ganarse la vida (aparte de que pensaba, escribía, etc.), a pulir lentes. Ese era su oficio.

Baruch Spinoza (24 de noviembre de 1632 - 21 de febrero de 1677) fue un filósofo neerlandés. Retrato de Baruch de Spinoza, cerca de 1665.

Baruch Spinoza (24 de noviembre de 1632 – 21 de febrero de 1677) fue un filósofo neerlandés. Retrato de Baruch de Spinoza, cerca de 1665.

Es curioso porque de alguna manera coincide esa profesión, que es para ganar dinero, con el tipo de filosofía que desarrolla. Porque él fue verdaderamente alguien que acercaba la lupa (o las lentes) a las pasiones humanas, a los humanos. Han dicho algunos estudiosos que era una especie de entomólogo de la humanidad. Hasta tal punto que le encantaba (eso dicen sus biógrafos) asistir a los combates de arañas y moscas, y los miraba para entender algo acerca de la naturaleza.

Nos podemos preguntar que qué es lo que decía Spinoza tan grave como para llegar a excomulgarlo. Lo que decía es que la naturaleza humana no es una excepción dentro de la naturaleza, y que por tanto todos nosotros estamos hechos de la misma pasta, de la misma sustancia de la que están hechas las arañas y las moscas por ejemplo. Y que hay que analizar a los humanos sabiendo que son parte de la naturaleza, no como si fueran seres excelsos con un alma que excede totalmente la sustancia material. No, somos ese tipo de materia.

Su grandeza está en que justamente intenta acercar esa lente para demostrar que las pasiones humanas podrían ser reducidas a cosas que podríamos reconocer también en el resto de la naturaleza.

Para poner un ejemplo, Baruch Spinoza escribió un gran libro titulado ‘Ética‘ en el que hace una descripción de las pasiones humanas. En ese libro ¿Cómo describe el amor? Del amor dice que es una alegría que surge del encuentro con otro cuerpo, asociada a la idea errónea de que la causa de esa alegría es el otro cuerpo.

Ahí de repente se han juntado dos elementos. Uno es que es verdad que el amor es alegría por el encuentro de otro cuerpo. Pero los humanos, al pensar, pensamos sin darnos cuenta de manera errónea, como si nos faltaran elementos del pensamiento de lo que está sucediendo, elementos casi científicos. Y atribuimos la alegría del amor al otro cuerpo, lo hacemos causante de la alegría cuando la causa de la alegría es el encuentro.

Es importantísimo, porque los celos, porque la pasión cuando tú piensas que es el otro el que está en el origen de tú amor, te hace confundir todo, te hace atribuir a otro cuerpo una importancia sobre tu vida que probablemente no tendría. Cuando si a lo mejor si lo analizaras como lo hace Spinoza entenderías que, si el amor es la alegría del encuentro, probablemente en el encuentro entre dos cuerpos hay elementos de un cuerpo y del otro. Hay elementos que hacen coincidir esos dos cuerpos.

La ‘Ética‘ de Spinoza es un libro muy difícil. Es uno de los libros más complicados porque analiza las pasiones casi matemáticamente, decía él, geométricamente, aplicando esa lente de entomólogo. Y lo hace desde una concepción que a nosotros nos choca, porque queramos o no siempre pensamos que no somos estrictamente parte de la naturaleza. Pensamos que siempre tenemos algo que nos salva, que nos sitúa por encima de la naturaleza. Y ver reducido el amor, los celos, la envidia, la ambición, el agradecimiento… pero, al mismo tiempo, si nos atrevemos a dar un paso dentro de la ‘Ética‘ lo que encontramos es algo original y valiosísimo.

Ética (en latín: Ethica ordine geometrico demonstrata o Ethica more geometrico demonstrata) es una obra del filósofo neerlandés Baruch Spinoza escrita en latín y no publicada hasta su muerte en 1677. Es su obra más conocida y apreciada.

Ética (en latín: Ethica ordine geometrico demonstrata o Ethica more geometrico demonstrata) es una obra del filósofo neerlandés Baruch Spinoza escrita en latín y no publicada hasta su muerte en 1677. Es su obra más conocida y apreciada.

Hay una anécdota curiosa de la vida de Spinoza cuando, él siempre puliendo sus lentes pero escribiendo sus libros, su fama trascendió. El rector de la universidad de Heidelberg quiso contratarlo, y le mandó una carta diciéndole “querríamos que usted fuese profesor de la universidad de Heidelberg”, y él responde y dice “Vale, estoy de acuerdo. Pero dígame, ¿Podré hablar con libertad desde la cátedra y podré decir que es lo que yo pienso?” El rector le contestó que sí mientras no estableciese nada en contra de las autoridades religiosas o políticas. A lo que Baruch Spinoza respondió: “mire, ¿sabe lo que lo digo?, gracias, yo me quedo puliendo lentes”.

Frases de filósofos. Frases filosóficas para pensar.

Baruch Spinoza: “Nadie sabe lo que puede un cuerpo”.

¿Qué quería decir Baruch Spinoza con la frase “Nadie sabe lo que puede un cuerpo”? Spinoza se refería a un cuerpo vivo, y al cuerpo vivo de un ser humano.

Nos podemos preguntar el por qué no dijo una cosa más sencilla como “nadie sabe lo que puede una persona”. Pero lo hizo a posta, no quería decir persona sino que quería decir cuerpo, para que de esa manera se pensara inmediatamente que el ser humano es un cuerpo vivo y por tanto hay que analizarlo desde un punto de vista más material, más materialista. Eso no quiere decir que el cuerpo vivo de un ser humano sea idéntico al cuerpo vivo de una planta o de un animal, tiene capacidades mentales que no tienen otros seres vivos.

Pero el modelo es el de un cuerpo vivo natural que por tanto necesita desarrollar su propia vida, necesita llegar a una especie de plenitud de crecimiento, y para eso le servía decir “nadie sabe lo que puede un cuerpo”.

Además, si pensamos en un cuerpo, inmediatamente llegamos a la conclusión de que los cuerpos son diferentes. Por lo tanto cuando se dice “nadie sabe lo que puede un cuerpo” lo que se está diciendo es que no sabemos, a priori, cual es el grado de desarrollo vital que puede tener ese cuerpo para llegar a una plenitud. No sabemos cuál es la forma de vida más conveniente para ese cuerpo. O, si seguimos traduciendo, nadie sabe lo que puedes tú en tanto ser vivo y cuál es la forma de vida que más te conviene. Esta es la traducción paulatina que podríamos hacer de esa frase de Spinoza.

En ese momento está claro que la frase tiene una carga crítica muy grande, porque hay quien pretende saberlo. Hay quien pretende establecer que existen formas de vida buenas o formas de vida adecuadas o convenientes y otras que no lo son, y por lo tanto establecer una especie de moral. Así que la frase sería una crítica a quien defiende que existe una moral universal y que existe algo que está bien para todos los cuerpos vivos, y algo que está mal para todos los cuerpos vivos.

La frase tiene esa carga crítica. Hasta ahí bien. Pero si pudiéramos entrar en diálogo con alguien que se alarmara por esta interpretación, esa persona podría criticar y decir: “bueno, pero es que para todo hay límites. Lo que no puede ser es que no se establezcan esos límites. No todo lo puede un cuerpo vivo, y por eso la moral establece unos límites y dice hasta aquí sí y hasta aquí no”.

Utilizando un ejemplo, una comparación que algún intérprete de Spinoza ha utilizado. Imaginemos que cada cuerpo vivo, cada ser humano, fuera una esfera. Y que todos nosotros fuéramos esferas de la misma medida pero hechas con distinto material. Tú serías una esfera de mármol, yo soy una esfera de papel, otra persona es una esfera de madera. Tú eres azul, yo soy rojo, etc. Existirían unos límites geométricos que serían los mismos para ti, para mí y para cualquiera, que indicarían por ejemplo que si bebemos lejía nos sentará mal y moriremos. Eso es un límite, no lo podemos todo. Pero al mismo tiempo resultaría que el material del que estamos hechos, al ser diferente, emitiría una luz en el espacio u ocuparía el espacio de una manera diferente, geométricamente idéntica. Si ponemos en una sala un sofá azul y un sofá blanco que tienen la misma medida, no ocupan el espacio de la misma manera y la percepción es distinta. Eso lo saben perfectamente los artistas porque la luz que se extiende es diferente.

Los límites geométricos son estos de la moral universal, de todo es lo mismo, y los límites de los que habla Spinoza (porque sí que habla de límites) son dinámicos. Entonces no todo se puede, pero habría que ir experimentando, comprobando hasta donde se puede. Y observando que entonces los seres vivos no tienen por qué tener exteriormente una norma que les diga “esta es la vida que te conviene”, sino que la vida más conveniente para cada cual es aquella que iluminara con una luz más amplia hasta donde llegue su luz, que no es infinita claro está pero que es diferente según el color, el material y todas estas cosas.

Esto que está diciendo tiene sus ventajas y sus inconvenientes. La ventaja de quien defiende un modelo de moral universal es que puede estar seguro de lo que tiene que hacer, la desventaja es que a lo mejor no alcanza nunca la plenitud.

Frases de filósofos. Frases filosóficas para pensar.

Karl Marx: “La religión es el opio del pueblo”.

En ocasiones leemos en algunos periódicos que “el fútbol es el opio del pueblo“. Es una transformación de la conocida frase de Karl Marx “la religión es el opio del pueblo. Nos suena a que se critica el fútbol como se critica también la religión, o quizás no. El opio es un veneno pero también, convenientemente administrado, es una medicina. ¿Qué quería decir Marx exactamente? ¿De dónde viene esta frase que se ha utilizado tantas veces?

Esta frase la escribió Marx en un libro que se titula ‘Crítica de la filosofía del derecho de Hegel, y es interesante saber que la frase tiene una coletilla, por así decirlo: “La religión es el opio del pueblo, es el espíritu de una sociedad carente de espíritu“. Y es interesante la coletilla porque nos da la clave para entender la primera parte.

Efectivamente en la primera parte opio hace alusión a algo que tiene una serie de efectos analgésicos (que te puede hacer dormir y te puede hacer también soñar, porque el opio tiene esos dos efectos posibles). Cuando se dice que la religión es el opio del pueblo se está diciendo que la religión aleja de la realidad, porque te hace dormir y soñar. Y dormir y soñar es no estar con los pies en el suelo, como un tipo de anestesia.

Mencionábamos el fútbol, pero esta frase se ha utilizado también en otros contextos. Por ejemplo una conocida frase feminista dice “el amor es el opio de las mujeres, y ahí de nuevo se está diciendo que el amor ha podido servir históricamente para que las mujeres se despegaran de su propia realidad, y entonces soñaran con otra realidad diferente a la que estaban viviendo o durmieran y no fueran conscientes de lo que estaban viviendo (del sometimiento o de la miseria de sus propias vidas). Como algo que solucionaría ese aspecto miserable. En este sentido el fútbol puede ser opio, el amor puede ser opio, y todo viene de la frase “la religión es el opio del pueblo“.

Karl Marx (5 de mayo de 1818 - 14 de marzo de 1883) fue un filósofo, economista, sociólogo,​ periodista, intelectual y militante comunista prusiano de origen judío. Marx en 1875.

Karl Marx (5 de mayo de 1818 – 14 de marzo de 1883) fue un filósofo, economista, sociólogo,​ periodista, intelectual y militante comunista prusiano de origen judío. Marx en 1875.

La segunda parte de la frase de Marx nos da la clave. Porque si dice que es el espíritu de un mundo sin espíritu, que la religión es el espíritu de un mundo sin espíritu, está señalando que no sólo existen necesidades materiales. Y eso es interesante saberlo, porque en la interpretación vulgar que se hace del marxismo parece que el marxismo solamente esté aludiendo a necesidades de orden material. Pero no, lo que está diciendo es que una sociedad tiene que tener espíritu porque los humanos tenemos espíritu, y las necesidades no son sólo materiales sino que son también de carácter espiritual.

La gente, todos, no necesitamos solamente comer y dormir, sino que además necesitamos también tener una idea de nosotros mismos de dignidad que nos hace vivir, entusiasmarnos, emocionarnos. Y esa es una parte de nuestra existencia. Cuando una situación es tan miserable que ni siquiera tenemos dignidad, que ni siquiera tenemos entusiasmo por mínimo que sea en la vida que estamos llevando, entonces la religión se convierte en el sustituto. Es el opio del pueblo para una situación en la que no existe el espíritu, no existe la dignidad.

La religión en ese punto, si no es una necesidad viene a cumplir un papel. Pero claro, la crítica de Marx es evidente que a lo que está señalando es a que las situaciones sean de tal manera que la gente luche por la dignidad y al mismo tiempo se entusiasme por luchar por la dignidad y de esa forma aporte espíritu a su situación miserable. Es decir que lo que sería deseable es que la religión no tuviera que venir a suplir esa ansia de espiritualidad, sino que la gente ya tuviera la fuerza y la emoción de luchar en esta vida para cosas que quieren para esta vida, y no que tuvieran que dormirse, adormecerse o drogarse para pensar que en otro mundo las cosas iban a ir mejor.

Es una frase que sigue teniendo vigencia a día de hoy. También en el mundo político mucha gente se ha dado cuenta de que es un elemento fundamental el que en las situaciones no solamente se ponga de manifiesto que la miseria es material sino que la miseria también puede ser de carácter espiritual. Y si eso la política o la vida pública lo pone de manifiesto, la religión no tendrá donde colarse. Si por el contrario estamos en una situación en la que no existe esa especie de asunción pública de que las personas tenemos unas aspiraciones espirituales, entonces habrá quien venga a ofrecernos una alternativa espiritual.

Frases de filósofos. Frases filosóficas para pensar.

Epicuro: “el principio y raíz de todo bien es el placer del vientre”.

Epicuro fue uno de los grandes filósofos de la antigüedad, de la Grecia clásica. Él decía que “El fin de la vida humana es procurar el placer, evadir el dolor y evitar los excesos”.

Es habitual encontrar el nombre del filósofo Epicuro asociado a restaurantes y a tiendas para gourmets. Pensamos que epicúreo es una persona sibarita, incluso hay un puro habano que lleva su nombre. Pero ¿es eso lo que predicaba Epicuro? ¿Invitaba a disfrutar de los placeres como hacen los buenos sibaritas? ¿Por qué ha habido esta deriva de Epicuro a los restaurantes que se llaman epicúreos?

Todo viene de una frase que dijo el filósofo: “el principio y raíz de todo bien es el placer del vientre. De esta frase es importante señalar que no dice que el  principio y la raíz de todo bien sea el placer del cuerpo, sino que dice que es el vientre. Y el vientre tiene unas características respecto del cuerpo que quizás se entienden menos a primera vista, porque el vientre queda más plebeyo, más bajo, más parte del pueblo. Entonces, que Epicuro diga que el principio de todo bien tiene como modelo el vientre resulta un poco escandaloso. Eso explica también parte del escándalo al que se ha visto sometido siempre este filósofo, que es casi un milagro que haya llegado hasta nosotros alguno de sus escritos porque verdaderamente hubo una intención clara por parte del cristianismo de eliminarlo por cosas como esta que decía o  quizás por cómo se interpretó.

Epicuro (aproximadamente 341 a. C. - 270 a. C.)​ fue un filósofo griego, fundador de la escuela que lleva su nombre (epicureísmo). Busto de Epicuro. Copia romana del siglo II de un original griego de la primera mitad del siglo III a. C. Museo Metropolitano de Arte de Nueva York.

Epicuro (aproximadamente 341 a. C. – 270 a. C.)​ fue un filósofo griego, fundador de la escuela que lleva su nombre (epicureísmo). Busto de Epicuro. Copia romana del siglo II de un original griego de la primera mitad del siglo III a. C. Museo Metropolitano de Arte de Nueva York.

Si decimos que el vientre es el modelo para todo bien o para toda felicidad, hay que entender en qué sentido lo está diciendo. Epicuro cogía el placer del vientre como una especie de ejemplo, de paradigma: cuando tú tienes hambre notas el estómago vacío y entonces sientes dolor, insatisfacción. Cuando comes llenas el estómago y entonces sientes satisfacción, placer. Y el placer y el dolor es esa satisfacción e insatisfacción que recibimos cuando tenemos el estómago lleno o vacío.

Epicuro hace notar dos cosas. La primera que el vientre no engaña, es irrefutable. Si tienes hambre y tienes el vientre vacío lo notas, y si está lleno y estás satisfecho también lo notas, ahí hay una certeza enorme. Y lo segundo es que tu vientre y el mío son diferentes. Tú admites una clase de alimentos, o una cantidad o en un momento determinado, y hay una diferencia entre tu vientre y el mío. Esas dos cosas son las que le sirven a él trasportando el vientre como modelo de todo el resto de las sensaciones de que está compuesta nuestra vida, o de todo el resto de las cosas con las que queremos llenar nuestra vida. Está diciendo del vientre que es el modelo porque es irrefutable y en cada uno de nosotros es diferente.

¿Qué sucede cuando hay gente insaciable?, alguien podría decir “mi vientre es insaciable”. Frente al bien o la felicidad o cualquiera de las cosas, si alguien se muestra insaciable, Epicuro diría que la insaciabilidad es una especie de enfermedad cultural. Eres insaciable pero no porque tu vientre naturalmente lo sea sino porque tú cada vez quieres siempre más. Quieres oír más cosas, sentir más cosas, comer más cosas, beber más cosas, tener más dinero, tener más amigos, hacer más viajes… pero ese es un defecto de enfermedad. En cambio el vientre nos daría un modelo de moderación porque sería inequívoco, la moderación la tendríamos en nosotros mismos. Tendríamos una especie de control natural que además estaría puesto en cada uno de nosotros, nunca en una prohibición externa. Por eso el epicureísmo estaba muy reñido con el cristianismo, porque estaba opuesto a que cualquiera diera instrucciones desde el punto de vista moral tipo no hagas esto o haz lo otro.

Y ese modelo del vientre es un modelo para todo tipo de placer. De manera que Epicuro pensaba que no es que hay que poner límites a los placeres sino que el placer en sí mismo ya es un límite. ¿Por qué? Porque si tú comes mal, o comes demasiado o demasiado poco, tu no recibes placer. El placer es la satisfacción, y esa satisfacción no puede convertirse en otra cosa (en una vomitona). Lo mismo cuando bebes. Por lo tanto el estómago, el vientre, tiene su propio límite. Y ese límite es el límite del placer.

Hay que tener en cuenta que Epicuro era una persona enferma del estómago, lo que quiere decir que poca cosa o cosa muy medida podía comer. Y de hecho lo que predicaba era moderación, frugalidad. Que las cosas se seleccionaran, que no se comiera cualquier cosa. Y como eso es un modelo para toda la vida no sirve solamente para comer.

Por ejemplo, ¿qué era el Jardín de Epicuro? Era una especie de comuna (de casa con jardín) donde él había seleccionado con quien vivir. No se puede estar viviendo con todo el mundo. Los amigos son pocos, esos pocos que tenemos son aquellos con los que quiero vivir. Por tanto yo selecciono lo que como, selecciono con quien hablo, selecciono de lo que hablo… hago siempre esa especie de selección frugal de lo que a mí puede llenarme.

Realmente ser epicúreo es de lo más complicado, porque en general las personas preferimos que las cosas estén prohibidas o permitidas antes que moderadas por uno mismo. Si te dicen no fumes o fuma, o no bebas o bebe, eso es aceptable porque es una orden y obedecemos. Ahora bien, si te dicen por ejemplo “tú tienes que conocer tu estómago, por tanto tú puedes saber cuántas cervezas puedes beber sin que eso se convierta en un displacer, en un sufrimiento” o “tu puedes saber cuánta comida puedes ingerir sin que eso se convierta en su contrario”, modérate… porque además cada estómago es una medida, no puede comer ni beber lo mismo una persona que mida 1,65 y pese 70 kg que una que mida 2 metros y pese 100 kg. Modérate según tu medida, tú tienes que ser tu medida. Y eso es mucho más complicado, las personas preferimos un blanco o negro.

El criterio de la moderación es más inteligente pero más difícil de seguir, porque no te está diciendo no comas estos alimentos o no bebas esto, sino que te está diciendo “come según tu estómago”, “busca el placer según tu estómago, no te pases.

La frase de Epicuro “El principio y raíz de todo bien es el placer del vientre” que ha llegado a nuestros días asociada a restaurantes y comidas sibaritas es la lectura sesgada que ha introducido el cristianismo: “los epicúreos son excesivos”, cuando, pobre Epicuro, era un enfermo de estómago y él no podía ser excesivo. El tenía muy claro que su cuerpo era la medida, que su cuerpo era el control y el equilibrio y que ese equilibrio era armonioso con la naturaleza y era armonioso con los demás. Y que si todos mantuviéramos ese equilibrio no seriamos depredadores respecto de nada, tendríamos una especie de punto de equilibrio nosotros mismos y con la naturaleza y con los demás respecto a no apropiarnos de las cosas indebidamente y a disfrutar de ellas con moderación. Pero la moderación a veces está mal vista, o si no está mal vista muchos prefieren obedecer una prohibición o una indicación que no que les pongas en sus manos la posibilidad de gobernarse a sí mismos.

Una comida epicúrea (pensando en Grecia en el siglo IV a. C.) podría ser unos higos, un poco de uva, un vaso de buen vino y un trozo de queso, con unos amigos, en una discusión interesante, bajo una parra y mirando el mar de Grecia delante. Eso es un festín, un lujo. Eso es el refinamiento en el placer y no a lo mejor otro tipo de cosas.

Frases de filósofos. Frases filosóficas para pensar.

Friedrich Nietzsche: “¿Esto es la vida? Pues, venga, ¡otra vez!”. 

“El hombre da sentido a la vida creando valores. La vida cambia, el individuo permanece”. A Friedrich Nietzsche le gustaba mucho reflexionar sobre la vida, es el filósofo vitalista por antonomasia. Nietzsche fue capaz de amar la vida en sus abismos, en los aspectos más duros y más fuertes, y eso es lo que lo hace muy singular.

Qué quería decir Friedrich Nietzsche con la frase “¿Esto es la vida? Pues, venga, ¡otra vez!”.  En principio la frase puede parecer una chulería: “¿Es esto la vida?”, “¿Es esta porquería la vida?”, “Esto que me ha tocado ¿esto es la vida?”. Y cuando dice “otra vez” es como si dijera “toma, dos tazas”.

Lo que hay que entender, para ver el sentido exacto de la frase, es que para Nietzsche la vida es algo muy muy fuerte, es una potencia enorme. Es como un licor fuerte, no como agua del grifo. La vida no es un estanque de nenúfares, es una tormenta. Esa tormenta, esa fuerza, eso es la vida para él.

Y hay muchos momentos en los que no somos bastante fuertes o no somos tan fuertes como la vida, y entonces sucumbimos. Son los momentos en los que cualquiera puede decir “¡Caramba, es que cuando a mí me salen mal las cosas!”, “Es que cuando yo sufro un abandono…”, “Es que cuando de repente todo se me tuerce… la vida no vale la pena”. Y es entonces cuando tiene sentido ese “otra vez”, viniendo a decir que a veces tendríamos que ser tan valientes o tan fuertes como la vida. Tendríamos que colocarnos en la cresta de la ola si nos imaginamos que la vida es una ola, y esa ola puede arrasarnos y hacernos sucumbir o podemos colocarnos por encima de la ola y surfear.

Friedrich Nietzsche (15 de octubre de 1844 - 25 de agosto de 1900) fue un filósofo, poeta, músico y filólogo alemán, considerado uno de los pensadores contemporáneos más influyentes del siglo XIX. Nietzsche en 1882.

Friedrich Nietzsche (15 de octubre de 1844 – 25 de agosto de 1900) fue un filósofo, poeta, músico y filólogo alemán, considerado uno de los pensadores contemporáneos más influyentes del siglo XIX. Nietzsche en 1882.

Por ejemplo Martin Eden, el protagonista de la novela de  Jack London, es un personaje totalmente nietzschiano. Jack London incluso hace que Martin Eden lea a Nietzsche y lo cite. Tenemos ahí a un personaje al que le pasan muchas cosas, muchas vicisitudes. Y él, cada vez que le ocurre algo, siempre sale a la mar y dice que los vientos alisios del noroeste le insuflan suficiente fuerza como para no mostrarse cobarde ante sí mismo y ante lo que le sucede. Toda la historia es esto, hasta que llega un momento en el que sale al mar y dice “los vientos alisios del noroeste me aburren”. Y en ese momento sucumbe, en ese momento es en el que dice “la vida no vale la pena”. Ese “la vida no vale la pena” es justo en el momento de decaída, en el momento en el que la ola te ha cogido.

Aunque es verdad que parece una frase de chulería, en realidad es un grito. No es un suspiro sino que es un grito, como que te subes encima y dices “¡Otra vez!”.

Friedrich Nietzsche, 1869.

Friedrich Nietzsche, 1869.

Frases de filósofos. Frases filosóficas para pensar.

Gilles Deleuze, sus planteamientos y su metodología como profesor.  

Gilles Deleuze fue un gran filósofo y también fue un grandísimo profesor. No todos los filósofos han sido grandes profesores, no siempre va unido, pero cuando va unido es absolutamente apoteósico.

Hay una experiencia en su vida que le marcó, él la cuenta y por lo tanto le da una cierta importancia, él dice que sí mismo que cuando tenía catorce años era un alumno mediocre y que era un poco idiota. Y, de repente, tuvo un profesor de literatura que estaba completamente loco. La locura hacía que cogiera a todos los alumnos y se los llevara delante del mar, entonces a voz en grito recitaba poemas de Charles Baudelaire mirando al mar.

Deleuze dice que este profesor le salvó de su idiotez porque lo aspiró hacia arriba. Le comunicó algo que no tiene que ver con la letra de las materias que se estudian sino con algo que es mucho más fuerte. Le comunicó el deseo de aprender, el deseo de saber. De hecho de él, cuando después escribió sus libros, dijo que el deseo se comunica por contagio, y que por tanto tienes que estar ante una persona muy deseante y muy entusiasmante para que eso te capture y estire de ti. Y esto es lo que hizo ese profesor de literatura con Deleuze.

Gilles Deleuze ha sido como un Sócrates moderno. Ha habido otros grandes profesores, Martin Heidegger por lo visto fue un grandísimo profesor para quienes lo escucharon, Immanuel Kant también fue un magnífico profesor. Ahí hay algo más que explicar sencillamente lo que ellos escriben o lo que ellos piensan, hay el capturar y coger a alguien y sacarlo, salvarlo y tirarlo hacia arriba. Todo ello con muchos elementos, no sólo con lo que dicen sino con la forma en que lo dicen y con la actitud que tienen.

Gilles Deleuze (18 de enero de 1925 - 4 de noviembre de 1995) fue un filósofo francés, considerado entre los más importantes e influyentes del siglo XX. Desde 1953 hasta su muerte, escribió numerosas obras filosóficas sobre la historia de la filosofía, la política, la literatura, el cine y la pintura.

Gilles Deleuze (18 de enero de 1925 – 4 de noviembre de 1995) fue un filósofo francés, considerado entre los más importantes e influyentes del siglo XX. Desde 1953 hasta su muerte, escribió numerosas obras filosóficas sobre la historia de la filosofía, la política, la literatura, el cine y la pintura.

¿Qué tenía Gilles Deleuze de especial? ¿Cómo daba sus clases? A veces pensamos que los grandes profesores han tenido plataformas para dar sus clases tan importantes como ellos han sido después para la posteridad, y sin embargo por ejemplo en el caso de Deleuze no es así. Él daba sus clases en prácticamente barracones, en condiciones que no son las de la Sorbona (la histórica universidad de París) como todos podríamos pensar. Estaba en una universidad periférica y los medios físicos eran tremendos, pero el clima que creaba Deleuze era increíble, maravilloso.

A sus clases asistía gente de todas las edades, desde 90 a 15 años. Solamente tenía a 10 matriculados y asistían como doscientas o trescientas personas, todas las que cabían en un aula (de hecho se sacaban las mesas y las sillas para que entrara la gente, y sólo se dejaban las sillas para que los primeros o los más ancianos pudieran sentarse). Y él empezaba a hablar. Y hablaba, hablaba y hablaba… a veces preguntaba a sus oyentes si estaban cansados. Tenía la virtud de plantear las cuestiones filosóficas como si fueran problemas en los cuales tuviéramos que entrar y tuviéramos que resolverlos también.

Un ejemplo hablando de límites. En general los límites acostumbran a parecernos negativos y pensamos que lo contrario a tener una vida con límites es llevar una vida loca. Y sin embargo, Deleuze planteaba la cuestión de si era posible el límite positivo. ¿Es posible que haya límites que no sean negación? ¿Es posible que haya límites que sean afirmación? Él dejaba caer la pregunta y a lo mejor hasta la siguiente semana no la recogía y la resolvía, pero tenía a sus seguidores toda la semana pensando. La gente podía interpelarlo, pero él daba al final una respuesta en este caso a través de la filosofía de Spinoza.

Muchas veces nos preguntamos cómo enseñar, cómo transmitir, cómo enseñar a los alumnos a que sepan aprender por sí mismos… eso es tener un deseo de aprender. Pero, ¿cómo se transmite el deseo? No es algo que puedas repetir, es algo en lo que te tienes que sentir contagiado.

Deleuze decía de su filosofía que era pop (pop es popular). De la misma manera que cuando nosotros oímos música clásica no podemos ponernos a llevar el ritmo con los pies, y sin embargo si asistimos a un concierto de música pop sería absolutamente un fracaso que estuviéramos quietos, parados y sin pestañear, al contrario, hay que llevar el ritmo y ponerse a bailar. Deleuze decía que su filosofía era pop porque lo que hace es contagiar el deseo de bailar con los conceptos, el deseo de pensar.

Los libros de Deleuze son difíciles, pero él decía que había que entrar en la filosofía por el medio. Eso quiere decir que tú entras y si algo te interesa y conectas con eso, con eso es con lo que te has visto arrastrado y con eso es con lo que tienes que seguir. Si por el contrario no conectas tienes que abandonarlo, tienes que dejarlo.

Con esa idea Gilles Deleuze está proponiendo que cualquiera puede entrar en la filosofía porque no a todo el mundo tiene que gustarle todo, es imposible que a todo el mundo le guste todo.

Frases de filósofos. Frases filosóficas para pensar.

Gilles Deleuze: “¡Haced rizoma, no raíz!”.

¿Qué quería decir el filósofo francés Gilles Deleuze con la frase “¡Haced rizoma, no raíz!”? Lo primero decir que Deleuze quiere dar un imperativo, y como estamos en filosofía tiene que ser un imperativo moral.

La cuestión es que árbol y rizoma ahí están como metáforas. La primera aproximación a la metáfora te indica que el árbol es vertical y el rizoma es horizontal. Las plantas rizomáticas son por ejemplo la hierba, todas aquellas que crecen en ese sentido horizontal. En cambio el árbol tiene raíces que van de arriba a abajo. Se trata de que entendamos que representa el árbol y que representa el rizoma, agarrándonos a la propia metáfora.

Árbol, además de ser vertical, es algo que está fijo, es inmóvil porque sus propias raíces lo anclan al suelo; es al mismo tiempo algo que tiene principio y final, crece en un sentido; y hay cosas que son fundamentales que están en la base y otras que están en las ramas. De tal manera que el árbol se ha utilizado por ejemplo para hacer árboles genealógicos, el árbol genealógico es el árbol en el que se empieza por el principio y poco a poco se va ampliando. El árbol tiene esa imagen de lo que es seguro, de lo que es fijo, de lo que tiene su orden, de lo que tiene su jerarquía, su trascendencia incluso y su inmovilidad.

En cambio el rizoma, al ser horizontal, es casi todo lo contrario. No tiene principio ni fin. Cualquiera que sea un poco aficionado a la botánica sabe que para trasplantar o para hacer crecer un rizoma basta con coger un trozo por el medio (no hace falta que sea por el final ni por el principio) y transportarlo a otro terreno. Sabemos que el rizoma invade y que conecta cosas, y crece por donde quiere y por donde puede. De hecho lo que se llaman las malas hierbas son rizomáticas, el césped también lo es. Ahí tenemos una imagen de movilidad, no de lo que está fijo, no de lo que es seguro. El rizoma tampoco tiene jerarquía, porque no puedo decir dónde está el principio ni dónde está el final de la hierba.

Si eso lo transportamos al imperativo, es como si Deleuze nos estuviera diciendo “vivid como el rizoma y no viváis como el árbol”. Si tú quieres tener una vida segura (al mismo tiempo dice Deleuze “tu vida será más aburrida”) entonces vive como un árbol: acógete a las cosas que tienen principio y tienen final, al orden jerárquico, a lo que es fundamental… Si tú en cambio te arriesgas a tener una vida más abierta, más de conexiones y no sabiendo muy bien quién eres ni a qué orden genealógico tienes que acogerte, probablemente tendrás una vida con más riesgos pero más divertida.

Tú puedes decidir perfectamente si quieres esta vida o quieres la otra. Si vives como un árbol sintiéndote muy seguro de ti mismo, de quien eres, de dónde vienes y adónde vas. Lo otro es la vida más abierta, en la vida de rizoma no sabes quién eres, no sabes adónde vas, todo se puede conectar, todo puede ser experimentado y ciertamente es más divertido.

Frases de filósofos. Frases filosóficas para pensar.

Hannah Arendt: “Nunca he amado a un pueblo o a una colectividad. Sólo amo a mis amigos”.

Hannah Arendt, filósofa alemana de origen judío, dijo en una ocasión: “Nunca he amado a un pueblo o a una colectividad. Sólo amo a mis amigos. ¿Cuándo y en qué contexto hizo Hannah Arendt esta afirmación?

Es importante saber cuándo, porque responde a una experiencia vital de ella el llegar a decir esa frase y se entiende si hacemos referencia a esa experiencia. Ella era judía, y en 1933 fue detenida por ciertas actividades que hacía siempre en solidaridad con los judíos. Cuando ella vio que las leyes raciales empezaban a ponerse en marcha y que ella había sido detenida se fue del país, se fue de Alemania. Como consecuencia se quedó durante muchos años como una persona sin pasaporte, como una persona que no tenía nacionalidad. Estuvo primero muchos años en Francia y después pasó a Estados Unidos. Solamente veinte años después de haber abandonado en 1933 Alemania le dieron la nacionalidad norteamericana.

Ella después volvió a Alemania, pero volvió ya con el pasaporte norteamericano. En una ocasión, en 1963, le hicieron una entrevista en la televisión. El entrevistador tenía mucho interés en que ella dijera algo positivo de Alemania, con lo cual empezó a preguntarle que cómo se encontraba al regresar. Ella dijo entonces que había sentido una gran emoción por encontrar que la gente hablaba en la calle alemán, porque ella se había pasado veinte años sin ese contacto, sin ese impacto que da el oír a otros como hablan la misma lengua tuya, tu lengua materna en la que ella dice hay todo un background (sabemos poesías, sabemos canciones y nos reconocemos en esa lengua). El entrevistador, animado por esa respuesta, le dijo: “¿entonces usted tendrá nostalgia de Alemania?”, a lo que ella respondió la frase “Nunca he amado a un pueblo o a una colectividad. Sólo amo a mis amigos”.

Hannah Arendt (14 de octubre de 1906 - 4 de diciembre de 1975) fue una filósofa y teórica política​ alemana, posteriormente nacionalizada estadounidense, de origen judío y una de las personalidades más influyentes del siglo XX. Fotografía de 1969 de la escritora Hannah Arendt. ASSOCIATED PRESS.

Hannah Arendt (14 de octubre de 1906 – 4 de diciembre de 1975) fue una filósofa y teórica política​ alemana, posteriormente nacionalizada estadounidense, de origen judío y una de las personalidades más influyentes del siglo XX. Fotografía de 1969 de la escritora Hannah Arendt. ASSOCIATED PRESS.

Se puede entender que la frase es el resultado de una experiencia. Pero también es verdad que los pensadores hacen de esa experiencia teoría, y le sirvió para entender ciertas cosas. Le sirvió por ejemplo para entender que la lealtad o el compartir ella lo hacía con los amigos y no con una comunidad o un pueblo.

A Hannah Arendt le gustaba mucho una frase de Cicerón que decía: “prefiero estar equivocado con Platón que tener razón con los pitagóricos, que si queremos se puede hacer una traducción más banal “prefiero estar en el infierno con x (mi amiga o mi amigo) que en el cielo con todos esos, que se supone que tienen más razón que x pero con los que yo no quiero estar”.

Toda su experiencia vital la llevó a desconfiar de las ideologías, a pensar que la gente cuando quiere demostrar una lealtad por las ideas en muchas ocasiones puede equivocarse porque son una cosa demasiado abstracta. Compartir y tener lealtad se hace con las personas que pueden llegar a encarnar esos valores. Tú tienes lealtad a una persona porque te gusta cómo vive, porque te gusta el mundo que representa, porque te gusta el mundo porque está esa persona.

Si tú eliges la identificación con una persona concreta es como si bajaras a un terreno más práctico, no te quedas en el cielo de las ideas y de las ideologías. Una ideología puede tener razón, es como la frase de Cicerón, los pitagóricos pueden tener razón, pero ¿quién quiere tomarse una cerveza con los pitagóricos? ¿Quién quiere estar con ellos? ¿Quién quiere compartir con ellos? En todo caso Cicerón que pronunciaba esta frase no, con quien quiere estar en con Platón que para él es una muestra viva del mundo como él quiere que sea.

Hannah Arendt representa, y además en su vida lo demuestra, una serie de cosas. Cuando te acercas a ella es por su sentido del humor, porque compartes ciertos gustos… Hay tendencia a veces a pensar que los gustos son muy individuales, y no es verdad. Los gustos son intersubjetivos, son no solamente de una persona sino que son de varias personas. Cuando a ti te gustan unas películas, te gustan unos libros, te gusta una manera de estar… eso quiere decir que tú formas un mundo con esas personas, y no con las ideas abstractas.

Entrevista a Hannah Arendt realizada por Günter Gauss y emitida por la televisión de Alemania Occidental el 28 de Octubre de 1964 (subtitulada en castellano):

Frases de filósofos. Frases filosóficas para pensar.

Hannah Arendt: “La banalidad del mal”.

En ‘Hannah Arendt‘, la película de 2012 dirigida por Margarethe von Trotta sobre la vida de la esta filósofa, se empleaba el concepto “la banalidad del mal”. La impresionante película trata de la actitud de Arendt frente al juicio de un famoso criminal nazi, Otto Adolf Eichmann.

Al  poner estas dos palabras juntas, banalidad y mal, parece que lo que decía Arendt era que el mal es banal. Uno puede pensar que eso es una barbaridad. ¿Cómo se puede decir que el asesinato de seis millones de judíos en las cámaras de gas durante la Segunda Guerra Mundial fue un hecho banal? ¿Cómo y cuándo empleó Hannah Arendt este concepto?

Ocurrió que fue un acontecimiento histórico que a Eichmann lo raptaran los servicios secretos de Argentina, lo llevaran a Jerusalén y le montaran un juicio allí. Para cubrir la noticia la importante e interesante revista The New Yorker quiso mandar, como ha hecho en muchas ocasiones, a alguien de relevancia a seguir el proceso, para de esa forma hacer una narración más bien pensada y bien escrita (enviando en este caso no a un periodista sino a una pensadora). Enviaron a Hannah Arendt a Jerusalén a que hiciera esa crónica, ella fue allí y por tanto estuvo en vivo y en directo y pudo ver las declaraciones de Eichmann. Arendt publicó una serie de crónicas que al final se convirtieron en un libro que tituló ‘Eichmann en Jerusalén‘, y como subtitulo le puso ‘la banalidad del mal.

Sucede que oímos banalidad y mal y vinculamos las dos palabras. Hay muchísima gente que lee las portadas de los libros, a veces leen incluso las contraportadas de los libros, pero no se molestan en leer el libro. Con lo cual inmediatamente la primera asociación que les viene a la mente es que lo que está diciendo Hannah Arendt es que el mal es banal, lo cual es una barbaridad. Escandalizó por supuesto a la comunidad judía norteamericana, a la comunidad judía internacional y a mucha más gente, y persiste esta idea. La pobre Hannah Arendt tuvo que arrastrar hasta la muerte esta polémica y tuvo que defenderse, que a veces la defensa no era nada más que “lea usted el libro por favor, y verá que no estoy diciendo eso”.

¿Qué estaba diciendo Hannah Arendt cuando estaba hablando de la banalidad del mal? ¿Qué carga de profundidad llevaba ese concepto? Hannah Arendt está hablando de quien hace el mal. El que es banal no es el mal, es el sujeto que lo comete. Otto Adolf Eichmann es banal, eso es lo que está diciendo Arendt.

Arendt consideraba a este personaje un fanfarrón, un mequetrefe. Alguien que está en una posición en un momento determinado que quizás no le correspondería, y que entonces se infla como un pavo y se atribuye a sí mismo cosas por soberbia y por fanfarronería y por ser alguien que quiere estar en el centro de la cuestión, cuando en el fondo es un hombrecillo. Esto es lo que estaba diciendo Arendt.

El hecho es que además lo analiza, porque considera que las cosas que dice Eichmann en el juicio delatan esa manera de ser. Por ejemplo ella señala que en ocasiones dice frases banales, vulgares, metidas en un contexto que no toca. En alemán tiene sentido porque lo que hace es emplear dichos.

Un dicho semejante que en castellano podría decir alguien en un juicio en el que le están atribuyendo la muerte de miles de hebreos, que diga por ejemplo “ustedes me han cogido porque más vale pájaro en mano que ciento volando”… y uno piensa que como se le ocurre a ese hombre decir eso. Y sobre todo como se le ocurre cuando luego lo repite, porque tiene esa frase que es como un latiguillo y la suelta una y otra vez. Eichmann está continuamente diciendo ese tipo de cosas. Eso corresponde a alguien que se ha aprendido una frase, la ha oído y la repite.

También en ocasiones su manera de hablar era totalmente contradictoria. Era alguien que decía rimbombantemente “yo estoy absolutamente en contra de todo juramento”. Y al día siguiente podía decir “esto que estoy diciendo lo quiero jurar”. Vamos a ver, ¿en qué quedamos?

Era una persona inconsistente, en realidad lo que era es una persona normal. Y lo que dijo Hannah Arendt, que sí que dolió a la comunidad hebrea, es que no estaban frente a un Macbeth o frente a un Ricardo III, que son dos figuras de William Shakespeare que son malévolas (son malos, pero son héroes malos). Eichmann no era un héroe malo, Eichmann no tenía ninguna grandeza. Eichmann era un hombre normal. Podríamos decir quizás la mediocridad del mal, que no era un buen malo sino que era un malo más malo que en una película mala. Pero más malo a lo mejor que los grandes criminales, ahí está la cuestión.

La importancia de lo que decía Arendt es que descubrió al mismo tiempo por qué había podido ser un criminal como lo fue. Arendt lo que dice es que Eichmann es una persona que no sabe pensar por sí misma, que no tiene conciencia. Y eso es curioso porque volviendo a los ejemplos, cuando vemos a Ricardo III que es un malo absoluto, él un poco antes de la batalla en la que al final va a decir “mi reino por un caballo” tiene una especie de sueño-pesadilla en el que su conciencia le recuerda a todos aquellos a los que ha asesinado, y él se dice a sí mismo “conciencia, ¡cállate!”.

Eichmann no tenía conciencia, no ejercía conciencia, no pensaba por sí mismo. Por eso repite. Las personas que no piensan por sí mismas repiten, las personas que no piensan por sí mismas en  un momento determinado siguen el orden establecido y no cuestionan si el orden establecido puede ser una barbaridad o puede ser un orden asesino. No se lo cuestionan y duermen tranquilas por la noche. Así que los grandes criminales son aquellos hombres normales, banales, que no piensan por sí mismos, que no tienen conciencia y que pueden dormir tranquilamente por la noche pensando que han cumplido con su deber porque están dentro del orden establecido.

Fuente: Para todos la 2 de RTVE (19/10/2011) / Filosofía para profanos en Para todos la 2 de RTVE /L’ofici d’educar de Catalunya Ràdio (15/08/2015) / Imagen de portada: pixabay

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