La ansiedad es una emoción básica que experimentamos todos los seres humanos. ¿Cómo se presenta en los niños? Una cuarta parte de los niños y adolescentes padecen alguna vez en sus vidas algún problema de ansiedad, de los que el 6% son calificados como severos. Estos trastornos son más frecuentes en chicas que en chicos. La ciencia ha demostrado que los menores que están expuestos de forma constante a situaciones de miedo, ansiedad y estrés tienen alterada toda la arquitectura cerebral.

Ansiedad. Ilustración de Gemma Correll.

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es una emoción básica que todos los seres humanos experimentamos. Si bien todos sentimos ansiedad en distinta medida y en diferentes momentos de nuestra vida, en respuesta al estrés, la ansiedad que acarrea problemas es la que con el tiempo empeora.

La ansiedad es una buena aliada en el caso de que estemos enfrente de una amenaza. ¿Por qué la sentimos? El cuerpo es sabio y la mente también, no tenemos ningún tipo de respuesta que no tenga una función evolutiva o una función lógica. La ansiedad es la consecuencia de que el cerebro detecte una amenaza.

Cuando vivíamos en las cavernas la amenaza era la fiera, y ante la fiera ―un peligro― el cerebro se ponía alerta. Ante un peligro se activa el sistema nervioso simpático: respiramos de forma acelerada, se nos tensan los músculos, se nos acelera el corazón… son todo respuestas que nos permiten enfrentarnos con la fiera o salir corriendo.

Después de más de 10.000 años nosotros seguimos reaccionando exactamente igual cuando detectamos una amenaza. ¿Existen amenazas todavía que necesiten esa respuesta? Sí. Si vemos a alguien amenazante, que puede hacernos daño, seguramente necesitemos esa respuesta porque hay que salir corriendo.

Lo que ocurre es que hay muchísimas veces durante el día en las que nosotros convertimos en amenaza situaciones que no requieren esa respuesta. Ir a una entrevista de trabajo, hablar con alguien que nos gusta, presentar un proyecto, hablar en público, meternos en un sitio cerrado… hay gente que interpreta que lo va a pasar mal, que es una situación incómoda, y su sistema nervioso se dispara. A partir de ahí se desencadena una respuesta que no necesita.

Ansiedad. Ilustración de Gemma Correll.

Ansiedad infantil. Síntomas.

Qué grado de ansiedad es normal en los niños.

Las experiencias traumáticas afectan a largo plazo, a la forma en la que se relacionan con los demás, aprenden o resuelven problemas. Es normal que un niño sufra episodios temporales de estrés o de ansiedad cuando ve una película de miedo o cuando vive un conflicto en la escuela o en el hogar. Habitualmente dándoles un poquito de cariño se consuelan y se calman al cabo de un rato.

También es normal que experimenten preocupaciones cuando pasan de una fase de desarrollo a la siguiente. En el proceso de crecimiento hay momentos en los que los niños sienten miedos o perciben el peligro: la oscuridad, los monstruos o el miedo a caerse de la bicicleta son ejemplos que suponen las primeras experiencias o causas de la ansiedad. Para otros niños estos sentimientos aparecen en situaciones sociales y de evaluación, como al hacer un examen, al conocer a otros niños o al ser objeto de una broma.

Tener síntomas de ansiedad en determinadas situaciones y a determinadas edades es completamente normal. Con el tiempo, la mayoría de niños aprende que los monstruos no existen, que los exámenes se aprueban estudiando y cómo deben responder a una broma.

Sin embargo, para otros niños, las sensaciones de ansiedad son muy intensas o aparecen a menudo. En lugar de aprender a manejar la angustia, estos niños sufren ansiedad y se sienten cada vez peor. Afortunadamente, la ansiedad tiene tratamiento. Más del 90% de las personas que se tratan por trastornos de ansiedad se recupera por completo.

Ansiedad. Ilustración de Gemma Correll.

Cuándo debemos buscar ayuda.

Los padres deben buscar ayuda cuando cualquiera de las manifestaciones de la ansiedad, como el trastorno obsesivo compulsivo, el estrés postraumático, la fobia social o la ansiedad generalizada hacen que el niño no pueda desarrollar ya una vida normal.

Curiosamente los síntomas de los niños estresados o los síntomas de la depresión infantil no tienen porqué coincidir con los de un adulto. Mientras los adultos deprimidos muestran tristeza, es frecuente que un niño exprese una depresión mediante enfados y rabietas.

Algunos de los síntomas que deben hacernos sospechar un problema de salud mental infantil son los cambios de humor intensos durante al menos dos semanas. Alteraciones drásticas en la conducta o en la personalidad, o dificultades para concentrarse o para quedarse quietos. También, en los niños, la ansiedad y depresión se puede expresar mediante dolores de cabeza o de estómago.

En un experimento llevado a cabo con un grupo de niños, de entre 7 y 9 años, investigadores de la Universidad de Stanford descubrieron que la amígdala ―el órgano del cerebro que funciona como centro de procesamiento del miedo― es significativamente más grande en aquellos pequeños que tienen niveles altos de ansiedad.

Mediante técnicas de resonancia magnética funcional vieron que ciertas regiones de esta estructura establecen mayor número de conexiones con las áreas cerebrales responsables de funciones como la atención, la emoción o la percepción. El miedo, literalmente, les modifica los circuitos del cerebro.

Ansiedad. Ilustración de Gemma Correll.

La ansiedad en adultos.

Cuándo la ansiedad nos beneficia.

No sería bueno para nosotros no tener nunca ansiedad y no sentir miedo a nada. Sería malo como sería malo no tener nunca fiebre o cualquier otra respuesta que dé el cuerpo que de alguna forma nos está informando. Cuando tenemos ansiedad el cuerpo nos dice que hay algo que nos está activando. Es una señal para saber que tenemos que bajar nuestro ritmo o que nos encontramos ante un peligro.

La ansiedad es una respuesta adaptativa del cuerpo y la necesitamos para combatir las amenazas. Lo que ocurre es que nosotros convertimos en amenazas cosas que no lo son: la posibilidad de perder un empleo o de no alcanzarlo, o de que alguien no nos haga caso, el pensar que un comentario que hemos hecho ha sentado mal… pensamos que son cosas catastróficas y nuestro cuerpo reacciona como si estuviésemos ante una amenaza que pone en peligro nuestra vida.

La ansiedad es necesaria. Imaginemos que tenemos un accidente o que vamos por la calle y alguien intenta robarnos el bolso. Si no reaccionamos con adrenalina, y con esa fuerza que hace que los músculos se tensen para poder correr o luchar, estamos poniendo nuestra vida en peligro.

O imaginemos que ante un examen no nos pusiéramos un poquito nerviosos. Ese nivel de ansiedad positivo nos permite estar mentalmente activos, tomar decisiones y ser ágiles.

Por tanto la ansiedad y la respuesta de miedo son nuestros amigos, nuestros aliados. Pero solamente deberían activarse cuando realmente tuviésemos una situación de amenaza real.

Lo que tenemos que cambiar no es la emoción, la emoción hay que aceptarla. Lo que hay que cambiar es la valoración que hacemos de las cosas que suceden a nuestro alrededor para no percibirlas como si fuesen peligros.

Ansiedad. Ilustración de Gemma Correll.

Síntomas de ansiedad.

La fobia simple, el trastorno obsesivo compulsivo, el estrés postraumático, la ansiedad generalizada o la fobia social son trastornos que tienen la misma sintomatología:

Síntomas físicos: palpitaciones, sensación de ahogo, no poder conciliar el sueño, trastornos digestivos ―como etapas en las que uno está muy estreñido o tiene diarreas―, sudoración, sequedad de boca, dolores de cabeza ―lo que son las cefaleas tensionales―. Como todo esto provoca cansancio y uno no duerme bien, también muchas veces va asociado a mayor consumo de tabaco o mayor consumo de alcohol.

Y, por supuesto, síntomas cognitivos: la gente con ansiedad tiene problemas para tomar decisiones, bloqueos mentales, sensación de confusión, olvidos frecuentes

Ansiedad. Ilustración de Gemma Correll.

¿Se puede morir de un ataque de ansiedad?

La ansiedad nunca nos va a matar, salvo que hablemos de alguien que tiene una cardiopatía. La cardiopatía se puede disparar por ansiedad, como ha ocurrido por ejemplo a alguna persona en un estadio de fútbol. Casos en que la emoción y la adrenalina provocan un infarto.

La ansiedad es incómoda y muy desagradable. Además, cuando se tienen los síntomas y no se sabe de dónde vienen, la persona se confunde y tiene la sensación de muerte súbita, hasta el punto de ir corriendo al hospital pensando que se está muriendo o que le está dando un infarto. Pero la ansiedad, aún siendo muy desagradable, no te va a matar.

Ansiedad. Ilustración de Gemma Correll.

Ataque de ansiedad. Síntomas.

La mayoría de pacientes con crisis de ansiedad terminan haciendo “excursiones” a todos los especialistas: al digestivo, al dermatólogo, al endocrino, incluso al urólogo ―porque hay gente que tiene problemas en la respuesta sexual, la ansiedad impide la erección―. Cuándo el médico hace una analítica o un chequeo y concluye que no tenemos nada nos lo debemos creer. Hay personas que no se acaban de convencer. A veces la respuesta a la ansiedad es tan devastadora que a la gente le cuesta creer que eso lo esté provocando la mente o los pensamientos o la interpretación.

Entonces lo que hay que hacer es acudir a un especialista, a un psicólogo en este caso, y en el caso de que la ansiedad esté limitando y bloqueando tu vida igual hace falta medicación. Una vez que te dicen haz esto y trabaja los pensamientos y las emociones de esta manera, tienes que trabajarlo por ahí. Porque básicamente la ansiedad y los ataques de ansiedad van a desaparecer o los vas a manejar cuando aprendas a enfocar de forma diferente.

Piensa en cuando vamos por la calle. Tenemos 100.000 estímulos visuales: tráfico, coches, semáforos, personas, animales, árboles… nosotros no vemos todo a la vez porque hacemos una selección. La atención es selectiva y sólo vamos mirando aquello que vamos buscando: igual miramos la ropa de la gente si nos interesa, o los modelos de los coches o si pasa un perro.

Con las emociones pasa lo mismo. Si nosotros atendemos de forma catastrófica y le damos un valor tremendo a lo que estamos sintiendo, se vuelve cada vez más poderoso porque estás centrando la atención. Tenemos que aceptar que tenemos esa emoción, pero vamos a minimizarla: “Vale, esto es ansiedad. No pasa nada. La voy a dejar dentro de mí y, mientras, voy a seguir haciendo esto”. Porque si empiezas a pensar “Tengo que hablar en público, que miedo, me está latiendo el corazón”, cada vez serán mayores los latidos porque el propio pensamiento se vuelve una amenaza. Tenemos que minimizar, quitarle el valor: “Mira que bien, tengo latidos. Estoy vivo. Este pensamiento lo aparco y ahora me centro en que tengo que hablar en público y eso es ahora lo importante para mí.”

Se trata de alguna forma de hablar con nuestra ansiedad y decirle donde está su sitio. No es ella la que tiene que decirnos que puede con nosotros y que lo embauca todo, que es realmente lo que está haciendo con las personas que le prestan atención y le dan mucho valor a lo que sienten.

Ansiedad. Ilustración de Gemma Correll.

¿Puede la ansiedad llevarnos a una depresión?

Por culpa de la ansiedad podríamos llegar a una depresión o a tener sintomatología relacionada con la tristeza y la apatía. De hecho la tristeza y la ansiedad conviven de la mano. En ocasiones es difícil de diagnosticar cual es la célula madre, porque la persona que continuamente va aislándose y bloqueando su vida y limitándose se siente triste. Se siente insegura y baja su autoestima.

Ansiedad. Ilustración de Gemma Correll.

¿Por qué hay personas que tienen ansiedad y otras que no?

El hecho de que haya personas que sufran ansiedad y otras que no la acusen es una cuestión del enfoque. Dos personas ante una misma situación la valoran de forma diferente. Imaginemos a dos personas que se enfrentan a una entrevista de trabajo:

Una de ellas va pensando: “seguro que no soy el candidato ideal. Me voy a poner nervioso. Ya me ha pasado otras veces. ¿Y si tartamudeo? ¿Y si me nota que no…?”, va anticipando el fracaso. Va prestando atención a lo malo que puede ocurrir y por lo tanto su cerebro entiende que está ante un peligro y le genera adrenalina y la respuesta de miedo.

La otra persona va pensando: “Me voy a sentar tranquilo. Voy a contestar cuando me pregunten. Voy a mantener el contacto ocular. Voy a intentar incluso disfrutar la entrevista, y ojalá tenga suerte y sea la persona elegida.” Como no va contemplando la situación de entrevista de trabajo como algo amenazante seguramente disfrute, lo pase bien y conteste más tranquilo. Se acordará de las cosas porque no tiene miedo.

Al final a la primera persona le irá peor. No porque lo haya anticipado sino porque su situación emocional y cognitiva en ese momento no le hace estar pendiente de la entrevista sino de cómo se siente y de lo que está pensando.

Ansiedad. Ilustración de Gemma Correll.

¡Doctor, deme algo!

¿Qué tratamientos existen para gestionar los síntomas que provoca la ansiedad? Ante una situación así lo primero que uno piensa es “¿Qué me puedo tomar?”.

Es cierto que cuando vamos al médico de cabecera él no es un psicólogo ni tampoco tiene tiempo para entrenar a una persona para que gestione su ansiedad. Se recetan muchísimos ansiolíticos, es algo rápido y deja al paciente tranquilo. Pero es un parche.

La gente que lo tiene que tomar está claro que lo tiene que tomar, y tiene que seguir el tratamiento de su médico. Pero a la larga lo que tiene que aprender la persona es a manejar y gestionar sus emociones, aceptándolas, haciendo técnicas de relajación para controlar esa actividad del sistema nervioso, utilizando la risa ―la risa y el humor son una respuesta incompatible con la ansiedad. Cuando contemplamos la vida desde el punto de vista humorístico y sin darle ese valor catastrófico, no desencadenamos la respuesta de miedo―. Hay también una risa relacionada con la ansiedad, cuando nos da ese ataque de risa que no podemos controlar es una respuesta que tiene el sistema nervioso cuando estamos muy nerviosos.

Ansiedad. Ilustración de Gemma Correll.

Manejar los pensamientos.

Sobre todo es importante manejar los pensamientos. Aprender a interpretar lo que ocurra a nuestro alrededor sin esa parte tremendista con la que muchas personas lo hacen. Hay que quitarle valor a las cosas que no lo tienen.

Tenemos que elegir las batallas, no podemos estar todo el día anticipando que las cosas nos van a ir mal o que vamos a estar en peligro o que nos vamos a contagiar de una enfermedad o que el mundo es amenazante para nosotros o  que vamos a tener mala suerte o que a nuestros hijos les va a ir mal. Hay muchas personas que piensan en esa dirección y sólo van pensando los peligros con los que se encuentran, que ni siquiera son tantos. Porque realmente muchos de esos miedos, cuando realmente llegan a ocurrir, nos damos cuenta de que tenemos recursos personales para afrontarlos.

Uno de los problemas de la ansiedad es que ante la situación la primera valoración que hace la persona es: “¿Estoy preparado para hacerle frente o no?”, y muchas veces se ve sin recursos para hacer frente a esas situaciones.

Se trata de valorar las cosas desde otro punto de vista. Cuando al final nos ponemos a pensar en que es lo peor que nos puede suceder nos damos cuenta de que tampoco es tan catastrófico. “Lo peor que me puede suceder es que no me cojan para este trabajo. Pues ya me cogerán para otro”. Nuestra atención y nuestro miedo no puede estar en las cosas que no podemos controlar, como es la decisión del entrevistador de cogernos o no. Nuestra atención tiene que estar puesta en qué depende de nosotros y en qué podemos hacer para conseguirlo, y si al final no ocurre pues tampoco pasa nada.

Ansiedad. Ilustración de Gemma Correll.

¿Se pueden “curar” los trastornos que nos provoca la ansiedad?

Por supuesto que sí. Todos esos síntomas que vienen, no como consecuencia de una enfermedad sino como consecuencia de la respuesta de miedo, van a eliminarse o desparecer en el momento en el que manejemos y gestionemos nuestro miedo.

Y nuestro miedo depende de esa interpretación catastrófica, tremenda y subjetiva que estamos haciendo sobre las situaciones que nos provocan miedo: ya sea un ratón, un perro, la suciedad, la enfermedad o el conocer a una persona que pensamos que nos puede rechazar. Es nuestra mente la que tiene que empezar a enfocar en lo que sí puede funcionar y en lo que vamos a hacer bien en lugar de en lo que puede fallar y en que la vida nos puede ir mal.

Ansiedad. Ilustración de Gemma Correll.

Consejos para alejarte de tu ansiedad.

Deja de rumiar.

¿Qué hacemos cuando algo nos preocupa? Normalmente cuando algo preocupa le damos 20.000 vueltas. Empiezas a rumiar, y le das una vuelta, y luego otra, y otra… Cuando una preocupación tiene solución dejas de rumiar y la pones en práctica.

A lo que la mayoría de veces damos vueltas es a preocupaciones que no dependen de nosotros. Las podemos llamar “preocupaciones inútiles”, porque no hay nada que nosotros podamos hacer por solventar esa situación: “¿Esta persona me querrá toda la vida?” “¿Seguiré siempre en este trabajo?” “¿La analítica que me he hecho tendrá un resultado positivo o negativo?” “¿Qué me depara el futuro?”

Son cosas en las que no podemos intervenir pero les damos 20.000 vueltas. Lo que estamos haciendo es entrenar al cerebro para que le dé vueltas a las cosas, y cada vez que das una vuelta no llegas a ninguna solución. Vueltas y vueltas y vueltas. El cerebro sabe que algo te preocupa y te lo recuerda, a ver si en una de esas vueltas encuentras una solución. Pero no la vas a encontrar. El problema no es rumiar, el problema es que no aparecen soluciones.

¿Qué tenemos que hacer? Dejar de rumiar, y para dejar de rumiar lo que tenemos que hacer es dejar de dar valor a ese pensamiento.

Un ejercicio: cada vez que algo te preocupe y no dependa de ti ―eso es importante, porque de lo que dependa de ti te tienes que ocupar― simplemente déjalo estar y da las gracias a la mente. Si la mente te dice: “¡Oye! Y la analítica que te has hecho, ¿cómo saldrá?” “Bueno, pues lo veremos. Gracias mente”. No intentes resolver esa pregunta porque no tiene una solución lógica.

Ansiedad. Ilustración de Gemma Correll.

Deja de justificarte.

Cuando la gente se ve y se compara con otras personas que emprenden, que se atreven, que ligan, que salen, que se van de viaje solas, que tienen autonomía… cuando ellos ven que no pueden hacerlo ―que realmente hacerlo si pueden, lo que pasa es que no quieren sentir la emoción negativa del latido del corazón, de la sensación de ahogo o cualquier otro síntoma que provoca la ansiedad―, entonces lo que hacen es justificarse: “es que yo no tengo tiempo” o “es que yo me siento mal”.

Y están continuamente justificándose con los demás, para no ser percibidos como personas poco valientes, y ante ellos mismos para entender por qué no se atreven.

Ansiedad. Ilustración de Gemma Correll.

Enfréntate… no evites.

Tenemos que dejar de justificarnos y aprender a convivir con esas emociones. ¿A ti quien te ha dicho que no puedes conducir con ansiedad? ¿A ti quien te ha dicho que no puedes viajar con la sensación de ahogo? Claro que podemos, lo que ocurre es que huimos de esas emociones pensando en la felicidad absoluta. Y eso de que todos tenemos que ser felices en todos los momentos de nuestra vida es falso.

Necesitamos convivir con emociones como la frustración, la tristeza y la ansiedad porque forman parte de la vida. Y cuando convives con ellas te das cuenta de que no eran tan temerosas como en un principio parecían, pero tenemos que pasar por esa experiencia.

Ansiedad. Ilustración de Gemma Correll.

No pienses en todas las consecuencias.

Ser valientes y un poco inconscientes ayuda. ¿Qué significa ser un poco inconscientes? Nosotros no podemos vivir en un mundo en el que sólo fantaseemos porque no sería lógico, tenemos que tener los pies en la tierra. Pero si cada vez que vas a tomar una decisión, bien sea porque quieras cambiar de trabajo o meterte en un curso de formación  o lo que sea, analizas todos los pros y los contras, y los analizas de forma minuciosa, siempre habrá algún “pero…” que te bloquee.

Cuando tienes una motivación, tienes un por qué y un para qué, tiene que llegar el momento en que has de actuar. El momento perfecto para dar un paso al frente normalmente no existe, siempre hay un pequeño riesgo que vamos a correr. Si quieres que algo pase en tu vida tienes que participar, porque si no participas nunca llegas al objetivo. Y en ese camino tenemos que perder, no podemos salir siempre a ganar.

Ansiedad. Ilustración de Gemma Correll.

Deja de hacer “juicios de valor” “¿Y si…?”.

Los juicios de valor que hacemos sobre todo lo que nos pasa y ocurre alrededor están relacionados con los famosos: “¿Y si…?”. Y normalmente esos “¿y si…?” siempre acaban en catástrofe.

Nadie ha muerto de ansiedad, ni  nadie ha muerto por tomar una mala decisión, ni  nadie ha muerto por equivocarse y errar. La equivocación y el error forman parte del aprendizaje. “¿Y se me caigo?”, te levantas. “¿Y si lo paso mal en el trayecto en tren?”, pues te abanicas y distraes tu atención leyendo. “¿Y si aquella persona me da calabazas cuando la llame?”, pues ya tienes la experiencia de lo que supone que te den calabazas. No pasa nada ni es tan temible. Tenemos que fracasar muchísimas veces para sacar un aprendizaje que nos lleve al lugar que nosotros deseamos. “¿Y si me sale bien?”, “¿Y si al final la persona me atiende?”, “¿Y si al final el trayecto es maravilloso y consigo viajar a donde quería?”. Vamos a pensar que hay “¿Y si…?” con finales felices.

Ansiedad. Ilustración de Gemma Correll.

Olvídate de tu monotema.

¿Qué hace la gente con ansiedad? Hablarle de su ansiedad a todo el mundo. Igual que ocurre a muchos padres con sus hijos, que en cualquier lugar sacan la foto de los niños. Es algo que puede cansar, no a todo el mundo le interesan tus hijos y no a todo el mundo le interesa tu ansiedad.

Pero aparte de que aburra a los demás y de que contaminamos y nos convertimos por un ratito en gente tóxica, es que no es bueno para ti centrar la atención en aquello de lo que quieres alejarte.

¿Qué haces pensando en lo que no quieres que pase? Si realmente quieres separarte de tu ansiedad, deja de hablar de ella. Céntrate en lo que está ocurriendo: a tu amiga ¿cómo le va en el trabajo?, ¿cómo están sus hijos?, ¿qué tal lo pasaron en las vacaciones? Pregúntale a la gente y aliméntate de ese tipo de información, y pasa página.

Ansiedad. Ilustración de Gemma Correll.

No te escanees.

Hay gente que se conoce mucho mejor por dentro que por fuera. Cuando una persona tiene ansiedad normalmente hay una sintomatología: se acelera el corazón, también se acelera la respiración, hay quien tiene problemas digestivos, problemas de sueño, se produce sudoración excesiva, hay quien se bloquea mentalmente, que palidece ―porque la sangre está en los músculos periféricos para poder salir corriendo y la cara se queda blanca―. Hay quien está continuamente mirándose en el espejo: “tengo ojeras, estoy más blanco, este dolor me dura muchos días…”, se conocen mucho más de lo que un médico podría decirles. Están pendientes de síntomas a los que cualquier otra persona no atiende, y que seguramente todos tenemos.

Pero ellos se especializan en atender esos síntomas y por lo tanto los escuchan, y al escucharlos les prestan atención. Se meten en un bucle: “me noto una palpitación, ¿será peligroso?”. Y al pensar que es peligroso, como tienen un mensaje de amenaza vuelve a activarse el sistema nervioso simpático que dispara la ansiedad.

El propio síntoma no es peligroso, lo que es peligroso es el valor que esa persona le está dando que hace que desencadene lo que se llama en ansiedad: el miedo al miedo. “Me da miedo cualquier síntoma y, a partir de ahí, lo atiendo. Y como lo atiendo lo desencadeno y lo potencio”. Y todo aquello en lo que centramos la atención se expande.

Ansiedad. Ilustración de Gemma Correll.

No estás enamorado de tu ansiedad.

Estar enamorado significa estar muy pendiente de algo. Y me valoro, y me escaneo, y hablo de ella, y le dedico tiempo y atención, y estoy todo el día observando, y leyendo en Internet… ¡PROHIBIDO!

Igual que los ginecólogos le dicen a las que van a ser madres: “no leas nada y escúchame a mí”, lo mismo con la ansiedad. Cuantos más síntomas miras en Internet ―donde hay muchísima información― más te atribuyes todo lo que tienes y te identificas con todo. ES UN ERROR.

Distánciate. Te estás divorciando de la ansiedad. No la llames, no le mandes un mensaje y deja de pensar en ella.

Ansiedad. Ilustración de Gemma Correll.

VIVE. Se puede convivir con la ansiedad.

Muchas personas dejan de hacer un montón de cosas por miedo a sus síntomas, y ningún síntoma ha matado a nadie. Puedes estar trabajando y tener ansiedad. ¿Estarás más incómodo? Sí, pero estás actuando.

En el momento en que empiezas a evitar situaciones: el grupo social, meterte en unos grandes almacenes… claro que te sientes seguro y tranquilo dónde estás, pero tu mundo se va reduciendo y cada vez te dará más miedo todo aquello que estás evitando.

Para vivir de forma plena tienes realmente que participar de todo lo que ocurre: de tu vida profesional, de tu vida social y de tu propia vida, tu deporte, tu familia. No puedes mantenerte al margen porque la ansiedad te esté bloqueando. Cuanto más te aísles más te va a bloquear, mayor se va a ir haciendo el monstruo y tú cada vez más pequeño.

Ansiedad. Ilustración de Gemma Correll.

Qué es la fobia simple.

La fobia simple es un miedo exagerado―que además la persona reconoce que es exagerado― a algo en concreto. En la fobia simple la ansiedad la producen determinadas situaciones específicas que se evitan, por ejemplo: viajar en avión, ir al dentista, los espacios cerrados, los ascensores, animales inofensivos, etc.

Normalmente este trastorno no lleva a las personas a la consulta del especialista, salvo que tengan necesidad de afrontar las situaciones fóbicas (por ejemplo si necesitan viajar en avión, ponerse inyecciones con frecuencia, etc.)

Cuanto más se evitan estas situaciones, más grande se hace el temor a las mismas. En cambio la exposición gradual, por aproximaciones sucesivas, con entrenamiento en manejo de las respuestas de ansiedad, reduce el miedo y llega a eliminar la fobia.

Ansiedad. Ilustración de Gemma Correll.

Qué es la fobia social.

En la fobia social ―a veces denominada ansiedad social― los sentimientos exagerados de timidez e inhibición se transforman en un poderoso miedo. Como resultado de ello, las personas se sienten incómodas en situaciones sociales del día a día.

Las personas que padecen fobia social suelen ser capaces de interactuar con su familia y con unos pocos amigos cercanos. Pero el hecho de conocer a gente nueva, hablar en un grupo o en público puede hacer que su timidez excesiva salte a la luz.

En la fobia social la timidez excesiva, la inhibición y los temores de sentir vergüenza interfieren con la vida diaria. En lugar de disfrutar de las actividades sociales, las personas que la sufren probablemente les teman y las eviten.

La fobia social en los niños: A medida que crecen los niños se relacionan socialmente con otros niños, y también con adultos. Sin embargo, algunos niños sienten ansiedad ante la proximidad de ciertas situaciones sociales. Tienen dificultades para hablar en voz alta en clase, unirse a una conversación, hacer amigos y hablar con ellos, hacerse valer o participar en las actividades de las clases de educación física o de música. Son niños que suelen inquietarse demasiado por lo que piensan los demás y muestran una excesiva preocupación por si hacen o dicen algo embarazoso. Manifiestan mucha ansiedad y evitan situaciones por miedo a hacer el ridículo o a ser objeto de críticas.

Ansiedad. Ilustración de Gemma Correll.

Qué es el trastorno de ansiedad por separación.

En los niños la angustia por la separación de personas queridas y por cambios en situaciones conocidas es una parte normal del crecimiento. Un niño que muestra demasiados síntomas de angustia ante la separación cotidiana de sus padres o de las personas encargadas de su cuidado puede estar sufriendo este trastorno.

El llanto, la necesidad de aferrarse a alguien, o las crisis de pánico ante la separación son indicadores muy comunes, así como una excesiva preocupación porque algo pueda pasarles a ellos o a sus seres queridos. También suponen claros indicios que el niño tenga miedo de que sus padres no vuelvan a casa, o que no quiera dormir solo y se niegue a ir al colegio.

Qué es el trastorno de ansiedad generalizada (TAG).

Los síntomas del trastorno de ansiedad generalizada son una preocupación y ansiedad exagerada y excesiva sobre cualquier aspecto del día a día sin ningún motivo aparente para esta preocupación.

Las personas que lo sufren siempre esperan que las cosas salgan mal y no pueden dejar de preocuparse por su salud, el dinero, la familia, el trabajo o la universidad.

Ese  miedo o preocupación irracional, irreal y desproporcionada, hace que la vida diaria se convierta en una preocupación constante. La ansiedad acaba dominando a la persona, lo que afecta negativamente a su funcionamiento normal en las distintas áreas de su vida, como las actividades sociales o laborales y en las relaciones interpersonales.

El trastorno de ansiedad generalizada. Síntomas en niños: Los niños con este trastorno se preocupan por todo tipo de cosas, desde el rendimiento escolar y la salud hasta cuestiones familiares y lo que sucede en el mundo. Si bien es normal mostrar preocupaciones, los niños con TAG no pueden dejar de inquietarse, aunque se les dé consejo. Tienden, además, a presentar síntomas como irritabilidad, alteraciones del sueño así como molestias o dolores musculares causados por la preocupación.

Ansiedad. Ilustración de Gemma Correll.

Qué es el trastorno obsesivo compulsivo (TOC).

El Trastorno obsesivo compulsivo, también llamado por sus siglas, TOC, es un trastorno que se fundamenta en dos componentes principales: las obsesiones y las compulsiones.

Las obsesiones se refieren a pensamientos intrusivos: impulsos, imágenes o pensamientos que vienen a la mente, y la persona que las piensa o visualiza las experimenta como desagradables, “intrusivas”, al fin y al cabo no las desea  y quisiera no pensarlas, imaginarlas o visualizarlas y hace intentos activos para neutralizarlas, eliminarlas o combatirlas.

El otro componente esencial es lo que se llaman compulsiones: un conjunto de comportamientos o acciones (mentales o físicas) que se realizan de manera ordenada y rígida (siempre es la misma acción o comportamiento) y que tienen como objetivo reducir o eliminar el malestar (ansiedad) que provoca la obsesión.

El TOC puede aparecer durante la infancia, la adolescencia o incluso la edad adulta. Es uno de los cinco trastornos mentales más frecuentes y puede ser muy agotador y auto-limitante para la persona que lo padece.

La obsesión excesiva por la limpieza, por el orden o por comprobar constantemente las cosas son los trastornos obsesivos compulsivos más habituales. Es difícil saber cuántas personas sufren esta enfermedad mental. Los expertos calculan que alrededor de un 1%, pero muchos no llegan a las consultas o tardan años en buscar ayuda.

Casi en la mitad de los casos el TOC ―trastorno obsesivo compulsivo― aparece antes de los 18 años. Estos enfermos no pueden evitar repetir una y otra vez determinados rituales aunque se den cuenta de que no tienen sentido. Es algo que lleva a la locura, a la verificación de todo. Y a la vez la persona nunca se satisface, con lo cual pierde muchísimo tiempo y sufre mucho con estas comprobaciones constantes.

Los psiquiatras aclaran que no hay que confundir el TOC con las pequeñas manías que todos tenemos y a las que no dan importancia. Por ejemplo Rafa Nadal repite los mismos gestos antes de cada saque. Al margen de supersticiones, manías como esta ayudan a los deportistas a concentrarse. Pero el resto de personas también tenemos manías: colocar las cosas de una determinada manera, clasificar la ropa por colores… eso nos hace sentir que todo está en orden.

Algo que se consigue gracias a una pequeña manía es tranquilidad y distracción de las preocupaciones. El problema viene cuando la manía se convierte en una obsesión excesiva. Obsesión por la limpieza, por el orden, por comprobar si la puerta o los grifos están cerrados.

Una persona maniática, cuando hace caso a sus manías, al final se encuentra bien y no lo vive como algo anormal, absurdo o desagradable. Sin embargo el obsesivo sí, porque es muy exagerada su conducta, porque es muy angustioso el afán que tiene por hacerlo y porque aunque lo haga no se queda satisfecho y tiene que seguir repitiéndolo. Y lo repiten 10, 20, 30 veces, porque si no piensan que algo malo va a ocurrir. Dedican cada vez más tiempo a esos rituales que acaban condicionando su vida, siendo habitual por ejemplo que lleguen tarde al trabajo.

La persona que por ejemplo tiene una obsesión o preocupación por la contaminación no sólo es que se lave las manos, sino que también evita el contacto físico con las personas, evita tocar objetos materiales, tiende a aislarse y a participar menos socialmente. Con tratamiento psicológico, y también con determinados antidepresivos, esas obsesiones se van controlando.

El cine nos ha mostrado hasta dónde puede llegar un trastorno obsesivo compulsivo, por ejemplo en Mejor… imposible (As Good As It Gets) ―excelente película de 1997 protagonizada entre otros por Jack Nicholson―, pero la realidad está muchas veces oculta.

Señales de alerta en la infancia: como padres, las conductas o señales a las que deberíamos estar alerta son fundamentalmente a las compulsiones. Es la característica más visible y fácil de reconocer. Las compulsiones son similares a las “manías” o “rituales”, pero tienen una carga patológica en cuanto a que la no realización de esta manía o ritual puede provocar sufrimiento y malestar muy intenso y que es significativamente recurrente.

Algunas de las compulsiones más frecuentes son aquellas relacionadas con la revisión, verificación, comprobación, limpieza y acumulación material, entre otros. Ejemplos de estas compulsiones podría ser lavarse las manos varias veces, limpiar ropa, habitación, etc. de manera significativamente frecuente y como consecuencia a pensamientos intrusivos sobre la posibilidad de contaminación. En cuanto a las de verificación, algunas compulsiones comunes hacen referencia a si se ha apagado la luz, si se ha apagado el ordenador o cerrado puertas, varias veces para asegurarse de que no pueda pasar ningún desastre o incidencia grave (que es un pensamiento intrusivo). Otras conductas muy visibles son las que hacen referencia a tocar determinados objetos o realizar determinadas acciones un número concreto de veces.

Algunas de estas conductas pueden parecer comunes, pero cuando se convierten en auto-limitantes, recurrentes y provocan malestar intenso, entonces muy probablemente no estemos hablando de una simple “manía”, sino que es posible que forme parte de lo que llamamos TOC.

Ansiedad. Ilustración de Gemma Correll.

Qué es el estrés postraumático.

Ser parte de una catástrofe, un accidente o un secuestro deja evidentes huellas físicas, pero también secuelas psicológicas, como el estrés postraumático, que puede incapacitar al afectado en su día a día.

El trastorno de estrés postraumático es una patología que se da aproximadamente en el 8% de la población general y suele ser más frecuente en mujeres. Sobreviene cuando el paciente ha padecido una situación de mucho estrés como puede ser una catástrofe o una violación.

La sintomatología que acompaña al trastorno de estrés postraumático suele asociarse a una reminiscencia del pasado con reconocimiento de los episodios sucedidos y con una sensación de mucha tensión y de hiperexcitación difícil de controlar, incluso se reviven los episodios durante el sueño. La sintomatología además se asocia a trastornos afectivos como depresión, ansiedad, angustia, trastornos de concentración, trastornos de memoria, etc.

El tratamiento consta de dos partes, se asocia  tratamiento psicofarmacológico con tratamiento psicoterapéutico.

Ilustraciones de Gemma Correll.

Los dibujos que ilustran este post son de la artista británica Gemma Correll. Ella combate a la depresión o la ansiedad mirándolas a la cara y con buen humor. Su estilo es sencillo e ingenioso. Un reflejo divertido, irónico y sin dramatismos de los trastornos de ansiedad y fobia social que padece. Con sus ilustraciones nos hace reflexionar y sonreír, a veces con sonrisas tristes y cómplices.

Ansiedad. Ilustración de Gemma Correll.

Fuente: Secretos del cerebro de Radio 5 (13/12/2017) / Para todos la 2 de RTVE (14/10/2013) y (28/04/2014) /  Imagen de portada: pixabay e Ilustraciones de Gemma Correll.

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